La ciencia sobre la pandemia respalda las preocupaciones de los maestros sobre los peligros de reabrir las escuelas—Segunda parte

por Benjamin Mateus
22 enero 2021

Primera parte | Segunda parte

Lo que muestran los estudios sobre las reaperturas de escuelas

Los defensores de las reaperturas de escuelas han hecho referencia a muchos estudios o informes pequeños que intentan respaldar su posición de que las escuelas son seguras. Lo que caracteriza a muchos de estos estudios es el alcance limitado de sus datos escolares, el pequeño intervalo de tiempo para evaluar estos problemas y la limitación de su análisis a principios del otoño cuando la incidencia de casos de COVID-19 estaba en su punto más bajo.

Entre estos, un informe nacional más reciente y citado con frecuencia de la Universidad de Tulane merece ser discutido. El estudio intenta discernir el impacto de la reapertura escolar en las tasas de hospitalización, que es un tema de importancia crítica. El informe concluye que en entornos donde la transmisión viral y las hospitalizaciones ya eran bajas, la apertura de escuelas para clases presenciales o híbridas no pareció afectar los sistemas de salud. Sin embargo, en las regiones donde las infecciones eran más extensas, la apertura de las escuelas pareció empeorar las cosas.

Estudiantes de primaria en Godley, Texas, miércoles 5 de agosto de 2020 (AP Photo/LM Otero)

Hay limitaciones en el estudio que vale la pena mencionar. Los autores utilizan un estrecho lapso de dos a cinco semanas entre la exposición a las personas infectadas y las posibles hospitalizaciones. Escriben: “Ni siquiera podemos intentar estimar los efectos de los cambios en el estado de apertura que ocurrieron después de septiembre. Incluso si tuviéramos datos más recientes, es probable que cualquier cambio posterior implique endogeneidad [contradicciones inherentes] en la dinámica de la reapertura de las escuelas que sería difícil de explicar en cualquier análisis empírico”.

También dicen: “La mayoría de las escuelas que ofrecen clases presenciales también les brindan a las familias la opción de instrucción remota, y muchas familias la están aprovechando. Esto significa que lo que en realidad estamos estimando es el efecto de la política de enviar a todos los niños de regreso en persona, no el efecto de tener a todos los estudiantes en los edificios escolares como estaban antes de la crisis. Por lo tanto, incluso si estos resultados se tomaran literalmente, no significan que sea seguro enviar a todos los niños de regreso a clases presenciales, incluso en los condados de baja hospitalización inicial”.

El problema, como se señaló anteriormente, es que en muchos casos tan solo un tercio de los niños han regresado a la educación presencial, por lo que aún no se pueden medir las consecuencias totales de la reapertura de las escuelas.

Los datos analizados de junio a agosto, según lo informado por NPR, muestran que las personas de 20 a 29 años representaron la mayor parte de los casos confirmados. Debido a la naturaleza asintomática o los síntomas leves en este grupo, los departamentos de salud pública los pasarán por alto y no contribuirán significativamente al uso de los recursos sanitarios. Los aumentos de infecciones en este grupo preceden a los aumentos de COVID-19 en al menos cuatro a 15 días entre las personas mayores de 60 años, si no más, dependiendo de las interacciones sociales y la variación regional en la demografía, lo que hace que el estudio de Tulane sobre la apertura de escuelas y las hospitalizaciones sean desafiantes de interpretar.

Un estudio reciente de Montreal, Quebec, evaluó la transmisión de COVID entre niños en edad escolar desde septiembre hasta principios de enero, un período de más de cuatro meses. Los autores informaron que “la transmisión de COVID entre los niños en edad escolar no es una consecuencia, sino un factor determinante del nivel general de infección en las comunidades circundantes”. En otras palabras, los niños son la fuente de propagación comunitaria. Los datos revelaron que los casos empezaron a aumentar entre las personas de 10 a 19 años, con un aumento posterior entre los adultos de 30 a 49 años. Como señaló el Montreal Gazette, “el estudio encontró que son los niños quienes transmitieron el virus a los adultos cuando las escuelas reabrieron en el otoño, alimentando la alarmante propagación vista en Montreal durante la segunda ola de la pandemia”.

Recientemente, en Europa, el Reino Unido, Alemania, Irlanda, Austria, Dinamarca y los Países Bajos han anunciado cierres de escuelas debido a preocupaciones con la nueva variante del coronavirus que lo hace más transmisible. Según Antoine Flahault, director del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra, “En la segunda ola, obtuvimos mucha más evidencia de que los niños en edad escolar se infectan igual, si no más, del SARS-CoV-2 que otros”. Incluso el primer ministro Boris Johnson admitió abiertamente después de su abrupto cambio en cuanto a mantener abiertas las escuelas primarias después de las vacaciones de Navidad: “El problema no es que las escuelas no sean seguras para los niños. No obstante, el problema es que las escuelas pueden actuar como vectores de transmisión y hacer que el virus se propague entre los hogares”.

El Dr. Flahault explicó que en un estudio que aún no ha sido revisado por pares, las pruebas de anticuerpos realizadas al azar en Ginebra en mayo y diciembre encontraron que los niños de 6 a 18 años se infectaban tanto como los adultos jóvenes. Las escuelas suizas han permanecido abiertas desde el verano.

Un testeo nacional austriaco encontró que los niños menores de 10 años tenían tasas de infección similares a las de los niños mayores. Además, estos niños se infectaban con la misma frecuencia que sus profesores, según Michael Wagner, microbiólogo de la Universidad de Viena que supervisó el estudio. Testeos recientes antes de Navidad en el Reino Unido, cuando las escuelas aún estaban abiertas, encontraron que la tasa de positividad entre los niños era más alta que entre los adultos. En un pueblo holandés cerca de Rotterdam, se descubrieron 30 casos de la variante B.1.1.7 en una escuela primaria.

Las escuelas como vectores de infección

Según un informe reciente de ABC News del 15 de enero, las tasas de positividad en las escuelas de Austin, Texas, son de hasta el 20 por ciento en las escuelas secundarias, el 27 por ciento en las escuelas intermedias y el 19,8 por ciento en las escuelas primarias. La OMS recomendó que esta tasa se mantenga por debajo del 5 por ciento durante más de 14 días antes de que los distritos consideren la apertura.

Las escuelas en Austin tienen una ocupación del 70 al 90 por ciento. El Dr. Mark Escott, director médico interino y titular de salud pública de Austin, dijo: “Esta es una receta para un desastre. Es una receta para brotes en nuestras escuelas. Y además del impacto en la salud de nuestros niños, en nuestros maestros y el personal escolar, también lo es la continuidad de las clases. Vamos a ver rápidamente que nos vamos a quedar sin maestros para poder brindar educación en persona”.

Volviendo a las afirmaciones descaradas de Miguel Cardona, la evidencia indica que el cierre de las escuelas ha desempeñado un papel fundamental en la mitigación de la propagación del coronavirus. En un estudio de JAMA publicado el 29 de julio, los autores encontraron que los cierres de escuelas en todo el estado en la primera ola de la pandemia llevaron a una disminución en la incidencia de COVID-19 de 62 por ciento por semana. Del mismo modo, la mortalidad experimentó una disminución del 58 por ciento por semana. Los estados que cerraron antes vieron el cambio relativo más significativo por semana. En cifras concretas, si las escuelas hubieran permanecido abiertas cuando la pandemia surgió por primera vez en los EE.UU., para el 21 de abril, en lugar de 46.395 muertes, el estudio estimó que hubiera habido 87.000 muertes.

En un estudio más reciente publicado en Science, que analiza varias intervenciones gubernamentales utilizadas contra COVID-19, un equipo internacional de investigadores afiliados a Oxford, Harvard, Cambridge y la Universidad Nacional de Australia estimó los efectos que tuvieron siete intervenciones no farmacéuticos en la propagación del COVID- 19 en 41 países. La combinación del cierre de escuelas y universidades, la limitación de las reuniones a 10 personas o menos y el cierre de la mayoría de los negocios no esenciales redujeron el número reproductivo, R0, a menos de uno. En otras palabras, condujo a una reducción general del número de infecciones en la comunidad. Entre las intervenciones enumeradas, el cierre de escuelas y la limitación de las reuniones a 10 personas tuvieron el mayor impacto en la mitigación de la pandemia.

Sin embargo, son precisamente estas medidas que protegen a la comunidad a las que se oponen las élites gobernantes, ya que vulneran su capacidad de extraer plusvalía de la clase trabajadora. Es por eso que sus posiciones políticas tienen tantas contingencias, poniendo en cuestión si hay fondos disponibles, si se mantienen medidas de control prístinas y si todos los estudiantes siempre permanecen enmascarados y separados por seis pies, y si hay suficiente personal para implementar responsabilidades adicionales. El objetivo es engañar a los educadores para que regresen al aula con promesas imposibles. Donde existe una oposición abierta, como en Chicago, el desafío por parte de los maestros se enfrenta con amenazas y coacción.

Otro factor que los defensores de la reapertura de las escuelas suelen pasar por alto en estas discusiones es que las infecciones se propagan a través de aerosoles. Recientemente, se han realizado numerosos estudios elegantes que han demostrado que la regla de los seis pies no tiene sentido en una habitación mal ventilada. Las mascarillas no sustituyen a una medida integral de distanciamiento social y nunca se pretende que sustituyan todas las demás formas de mitigación. Por ejemplo, si un maestro infectado impartiera dos horas de clase sin mascarilla en una habitación con poca ventilación, hasta 12 estudiantes, independientemente de dónde estén sentados, podrían potencialmente infectarse. Con una mascarilla, eso solo bajaría a cinco estudiantes, pero no garantiza la seguridad si no hay flujos frecuentes de aire.

La transmisión progresiva del COVID-19 ocurre a través de eventos de superpropagación. No es que una persona infectada infecte a una o dos más, sino que muy pocas infectarán a muchas. James Collins, profesor Termeer de Ingeniería y Ciencia Médica (IMES) y del Departamento de Ingeniería Biológica del MIT, señaló que “los eventos de superpropagación son probablemente más importantes de lo que la mayoría de nosotros habíamos pensado inicialmente. Aunque son eventos extremos, son probables y, por lo tanto, es probable que ocurran con una frecuencia más alta de lo que pensábamos”.

Esto plantea la pregunta, ¿cuán seguras son las escuelas en los EE. UU.? Según un informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de EE. UU. de junio 2020, para evitar la propagación del coronavirus dentro de las escuelas, “más del 41 por ciento de los distritos escolares necesitan actualizar o reemplazar sus sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado en al menos la mitad de sus edificios”. Un informe reciente de Edsource indicó que algunos distritos de California están encontrando insostenibles los costos de actualizar sus sistemas. Escriben, “pocas fuentes de financiación están garantizadas y pueden no ser suficientes para cubrir las inspecciones periódicas y los estrictos reemplazos de filtros que requieren los sistemas HVAC”. Otra pregunta es ¿cuánto tiempo llevará implementar estas medidas y realizar las inspecciones apropiadas?

En un informe publicado por el sindicato NEA en agosto de 2020, Kevin Enos, profesor de ciencias de Franklin, Massachusetts, y miembro del Comité de Seguridad y Salud Ambiental de la Asociación de Maestros de Massachusetts (MTA), señaló que tales inversiones serían “propuestas poco probables”. Añadió: “Los edificios más antiguos constituyen el grueso de los edificios en Massachusetts, como ocurre en muchas áreas de los EE. UU., y las escuelas simplemente no tienen los recursos financieros para repararlos. No se trata de la voluntad de los distritos, se trata de la capacidad financiera. Los Gobiernos federales, estatales y locales no están aportando el dinero necesario, pero estoy seguro de que no querrían ir a trabajar en un edificio con este tipo de calidad”.

Jean Fay, asistente de educación especial de Amherst, Massachusetts, y colega de Enos, continuó: “Es espantoso lo que esperamos que los estudiantes y el personal aguanten en términos de calidad de construcción, pero con escuelas tan drásticamente desfinanciadas año tras año, los sistemas de ventilación HVAC no están en la parte superior de la lista de inversiones”. Sin embargo, para muchos distritos escolares, el informe encontró que mejorar la seguridad sigue siendo su máxima prioridad (92 por ciento). Otros déficits incluyen la necesidad de que los estudiantes tengan acceso a la tecnología (87 por ciento) y monitorear los peligros para la salud (78 por ciento).

Las nuevas cepas del coronavirus

Durante casi un mes, se ha prestado mucha atención a las nuevas variantes del virus SARS-CoV-2 que se encuentran en numerosos países, y los científicos y epidemiólogos están demasiado preocupados. La variante más discutida, B.1.1.7, también conocida como variante del Reino Unido, se ha convertido en la versión más común del virus en Inglaterra ya que se propaga alrededor del 50 por ciento más fácilmente. Aunque las variantes no parecen ser más letales, sí significa que se deben tomar medidas más estrictas para reducir su número reproductivo, R0, nuevamente. Un virus más transmisible conducirá a una explosión de nuevas infecciones con sistemas hospitalarios ya inundados en el Reino Unido y el condado de Los Ángeles.

Según el epidemiólogo de Harvard Marc Lipsitch, “una vez que [la variante] se vuelva común, acelerará la transmisión considerablemente. Con un aumento del 50 por ciento en la infecciosidad, en menos de dos semanas, se duplica el número de casos. Y en un mes más o menos, tiene cuatro, cinco veces más casos. Pero eso es muy aproximado. Podría ser más alto. Un 50 por ciento más de transmisibilidad del virus significa que tenemos que reducir nuestros contactos en otro tercio en comparación con las ya fuertes restricciones [ya vigentes] para poder volver al mismo lugar donde estábamos. Eso podría significar cerrar negocios que han vuelto a abrir parcialmente, cerrar escuelas y otras medidas de cierre similares”.

Los CDC de EE. UU. declararon recientemente que al menos 76 personas en 12 estados se han infectado con la variante B.1.1.7 y que esto amenaza con empeorar la situación en las próximas semanas al convertirse en la cepa dominante a fines de marzo. El informe advierte: “La mayor transmisibilidad de esta variante requiere una implementación combinada aún más rigurosa de medidas de vacunación y mitigación para controlar la propagación del SARS-CoV-2. Estas medidas serán más efectivas si se instituyen más temprano que tarde para frenar la propagación inicial de la variante B.1.17. Se justifican los esfuerzos para preparar el sistema de atención de la salud para nuevos aumentos repentinos de casos. El aumento de la transmisibilidad también significa que se debe lograr una cobertura de vacunación más alta que la anticipada para lograr el mismo nivel de control de enfermedad para proteger al público en comparación con las variantes menos transmisibles”.

Es fundamental que los educadores, los padres y el público comprendan plenamente la necesidad de cerrar inmediatamente las escuelas y los lugares de trabajo que no son esenciales, mientras se adhieren estrictamente a la limitación de reuniones para controlar la pandemia. La mayor propagación solo brindará al virus más oportunidades de mutar. Los maestros deben armarse con la ciencia de la pandemia y no ser coaccionados ni obligados a aceptar las demandas criminales de proporcionar clases presenciales.

Concluido

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de enero de 2021)