Las mejores películas y series de televisión de 2020 y la devastación de la vida cultural

por David Walsh y Joanne Laurier
11 enero 2020

El año llega a su fin. No podemos analizar ningún aspecto de la vida artística, o de la vida en general, del 2020 sin una referencia central a la pandemia del COVID-19, que está asolando a la población mundial gracias a la inacción de las diversas élites gobernantes.

A fines de marzo dijimos que «la calamidad sanitaria y económica mundial» no tenía precedentes. «Cualquiera que sea el desenlace a corto plazo», escribimos, «la vida y conciencia sociales jamás volverán a sus estados previos. Hemos cruzado el Rubicón. Desde ahora, decenas de millones verán el orden actual como ilegítimo y una amenaza inmediata para su futura existencia».

And Breathe Normally

No tenemos que retractarnos de estas palabras. Por el contrario, durante los nueve meses transcurridos hemos sido testigos de la indiferencia gubernamental y la pérdida de vidas a gran escala, de protestas globales contra la violencia policial y las condiciones sociales, de conspiraciones fascistas y del saqueo de la economía por parte de la oligarquía empresarial y financiera. El estado de la pandemia es ahora peor que nunca. En medio del crecimiento de la pobreza y el hambre, en un contexto de gran inestabilidad política, miles siguen muriendo innecesariamente todos los días.

En octubre, Anna DeForest, neuróloga del Hospital Yale–New Haven, en New Haven, Connecticut, publicó un ensayo conmovedor en el New England Journal of Medicine en donde se dirige a una paciente de coronavirus gravemente enferma:

¿Quién eras antes del virus, antes de ser esto, esta lista de órganos dañados atendida desesperadamente por una neuróloga practicante reconvertida? ¿Tienes hijos que sonríen al oír tu voz? ¿Qué fue lo último que les dijiste, antes de que llegaras sola al hospital, antes del tubo respiratorio, del coma inducido? (...)

Este es el día en que empiezas a cambiar. Lo que succionamos de tus pulmones se vuelve rosado espumoso y luego rojo como la sangre. No sabemos si tu corazón está fallando o si el virus ha destruido tanto tejido que esto es necrosis, hemorragia en tus pulmones. Hay exámenes, pero nadie está dispuesto a hacerlos —estás demasiado enferma y nunca has eliminado el virus. Nadie querría ser lo que tú eres ahora: un peligro, una amenaza, un objeto aterrador al borde de la muerte. Tratamos de no tocarte. Hacemos planes para salvarte manteniéndonos lo más lejos que podemos de ti.

Waiting for the Barbarians

Casi dos millones de personas ya han perecido de esta manera dolorosa porque los intereses de las grandes empresas y sus agentes políticos en todos los gobiernos del mundo determinaron sin vacilar que sus ganancias y riqueza tenían prioridad sobre la vida humana. Mientras tanto, los cerdos que escriben para el New York Times y el Wall Street Journal explicaron sin vergüenza a sus lectores que la cura, la erradicación sistemática de la enfermedad con medidas contundentes, que podía desembocar en una caída del mercado de valores, no podía ser peor que la enfermedad.

Tal sistema, como afirmó una vez León Trotsky, «está condenado por la historia a pudrirse y a ser devorado por los gusanos mientras está vivo».

La pandemia de coronavirus ha demolido la vida cultural global y las condiciones de vida de los artistas como pocos acontecimientos en la historia moderna.

Martin Eden

La semana pasada la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señaló que la crisis continúa «devastando al sector cultural y creativo. En marzo de 2020 la industria cinematográfica mundial ya había perdido 7 mil millones de dólares en ingresos y se pronosticaba que perdería unos 160 mil millones en los próximos cinco años». El estudio indicó que, en comparación con 2019, «se prevé que el mercado editorial mundial se contraiga un 7,5 por ciento en 2020 como resultado del COVID-19».

La UNESCO comentó que la cuarentena por la pandemia «ya había tenido un impacto muy significativo en el empleo en los sectores cultural y creativo. Muchas instituciones y organizaciones artísticas han tenido que cerrar o recortar personal debido a la pandemia. Un tercio de las galerías de arte consultadas por Art Basel habían reducido su personal a la mitad debido al impacto del COVID-19. En la industria cinematográfica se estima que se perderán 10 millones de puestos de trabajo en 2020 si se tienen en cuenta los efectos indirectos y colaterales».

First Cow

En septiembre los investigadores Richard Florida y Michael Seman señalaron en USA Today que «la pandemia del COVID-19 diezmó las artes y la cultura en Estados Unidos, destruyó la mitad de los empleos para los artistas interpretativos y músicos y casi un tercio de los empleos para quienes trabajan en la economía creativa, que abarca las artes en general, la música, el teatro, el diseño, el entretenimiento y los medios de comunicación».

«De abril a julio», continuaron, «se perdieron alrededor de 2,7 millones de empleos y alrededor de $150 mil millones en ingresos. Al estallar la crisis, en primavera, el ingreso promedio de los artistas y creativos estadounidenses se desplomó a casi $14.000 al año».

En noviembre, en base a una encuesta, la Alianza Estadounidense de Museos (AAM) publicó un conjunto de estadísticas alarmantes sobre la peligrosa situación de sus instituciones miembros. La Alianza descubrió que casi el 30 por ciento de los museos de Estados Unidos permanecían cerrados; casi un tercio de los directores de museos hablaron del riesgo de cierre permanente o dijeron que «no sabían» si estos sobrevivirían; el 82 por ciento de las instituciones tenía 12 meses o menos de reservas operativas; y más de la mitad había dejado de trabajar o despedido personal. En promedio, cada institución consultada había perdido unos $850.000 en ingresos. «Los museos», escribió la AAM, «están operando, en promedio, al 35 por ciento de su capacidad, una reducción de asistencia que es insostenible a largo plazo».

Adu

Las orquestas y compañías de ópera interrumpieron sus actividades desde marzo o abril; miles de músicos, cantantes y ayudantes técnicos se dispersaron y, en la mayoría de los casos, han tenido que valerse por sus propios medios. Se impusieron grandes recortes salariales a ciertas orquestas, mientras los multimillonarios que integran las juntas directivas de las compañías artísticas más grandes siguen acrecentando su riqueza gracias a sus inversiones en tecnología y atención médica.

La agencia de noticias France-Presse señaló a mediados de octubre que «la reducción de espectáculos y ensayos ha sido dura para los músicos, que están luchando con recortes salariales y modos limitados de cultivar su arte», y citó el comentario de Simon Woods, quien dirige la Liga de Orquestas Estadounidenses: «Me preocupa mucho que los músicos abandonen el oficio porque la situación es muy difícil». El violinista Maxim Moston le dijo a la agencia de noticias: «La gente no puede pagar un alquiler en la ciudad de Nueva York mientras está sentada, esperando el momento en que puedan volver a ejercer sus profesiones y pasiones con seguridad».

La industria de la música popular en vivo ha sido muy afectada por la pandemia. Desde el verano pasado, Live Nation, la productora más grande de eventos de entretenimiento y música en vivo en Estados Unidos, tenía previsto perder más de 20.000 shows sólo en 2020. Según Rolling Stone, «la compañía produjo más de 28.000 shows en América del Norte en 2019, pero su conteo de 2020, al 31 de marzo, fue inferior a 5.000». La segunda productora más grande de este tipo, AEG, anticipó que cancelaría 10.000 shows en América del Norte en 2020, o el 75 por ciento de su negocio (una pérdida de 2 a 3 mil millones de dólares), más al menos la mitad de ese número en 2021. Save Our Stages, una organización de la industria estima que «el 77 por ciento de los trabajadores de espectáculos en vivo han perdido el 100 por ciento de sus ingresos».

El reciente paquete de «estímulo» aprobado por el Congreso incluye $15 mil millones para «locales de espectáculos en vivo, cines y museos con dificultades». Este esfuerzo, demasiado tardío para muchos locales, sin duda ayudará a algunos a sobrevivir. Sin embargo, si la experiencia sirve para algo, muy poco de ese dinero llegará a quienes más lo necesitan, los 12 millones de trabajadores en la industria de espectáculos en vivo.

The Queen's Gambit

En síntesis, durante la pandemia el sistema capitalista global ha demostrado que es el enemigo implacable y mortal de la vida cultural. En esto hay un contundente aspecto financiero —cada vez más, la oligarquía ve como un obstáculo cualquier actividad que no genere cotizaciones de acciones inmediatamente más altas— y uno ideológico. Lo que Trotsky señaló en 1938 es aún más universal hoy en día: «el capitalismo decadente (...) se muestra absolutamente incapaz de ofrecer las condiciones mínimas de desarrollo de las corrientes artísticas de su época. Teme supersticiosamente cada nueva palabra, porque ya no se trata de correcciones y reformas del capitalismo, sino de vida o muerte».

Si el orden social existente ve a los artistas con tanto desprecio, si no pestañea ante su devastación e incluso su desaparición, ¿no es hora de que los artistas le devuelvan el favor?

Homecoming, Segunda Temporada

En marzo argumentamos que parecía seguro predecir «que la atención de los mejores artistas girará hacia un examen más crítico de las contradicciones sociales y económicas del sistema en el que viven, que ahora los pone en peligro a ellos y a todos los demás. Los artistas, como toda la población, querrán saber: ¿Cómo fue posible esto? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué se puede hacer?».

Seguimos así: «Una de las consecuencias debe ser un renovado interés en el realismo como enfoque estético, un compromiso más serio con la vida en general y con la vida y el destino de las masas populares en particular, ligado a una oposición política cada vez más frontal al statu quo».

Naturalmente, entendemos que los sentimientos y estados de ánimo siempre sobreviven a las condiciones sociales que los producen. Los instintos y hábitos vinculados con las circunstancias anteriores no desaparecen fácilmente. No obstante, al final, deben desaparecer —y el pensamiento social se pone al día de manera aún más explosiva cuando se asienta la dura realidad, con los nuevos hechos de la vida.

«Las cosas no cambiarán de la noche a la mañana», escribimos a principios de 2020, «pero los prejuicios existentes, incluidos el anticomunismo y las ilusiones en el Partido Demócrata, se disolverán. Los artistas y otros encontrarán su camino a través de la reconstrucción completa y radical de la sociedad». Este sigue siendo nuestro punto de vista, ahora con más confianza que nunca.

En 2020 vimos muy pocas películas en las salas de cine, por razones obvias. Asistimos al festival de cine de Toronto «online» por primera vez. Muchas de las obras interesantes fueron estrenadas en 2019 e incluso en 2018, y los espectadores recién tuvieron acceso a ellas el año pasado.

Estas son algunas de las películas de ficción, documentales y series de televisión más interesantes comentadas por los críticos del WSWS en 2020 (ninguna de ellas sin defectos), incluidas algunas proyectadas en los festivales de cine de Berlín y Cottbus.

Películas de ficción: Y respiren normalmente (And Breathe Normally, Isold Uggadottir, 2018) Amin (Philippe Faucon, 2018) The Nightingale (Jennifer Kent, 2018) El banquero de la resistencia (The Resistance Banker, Joram Lürsen, 2018) Waiting for the Barbarians (Ciro Guerra, 2019) Martin Eden (Pietro Marcello, 2019) First Cow (Kelly Reichardt, 2019) Greed (Michael Winterbottom, 2019) La trinchera infinita (Aitor Arregi, Jon Garao, José Mari Goenaga, 2019) La verdad ( La vérité, Hirokazu Kore-eda, 2019) El traidor (Il traditore, Marco Bellocchio, 2019) Sorry We Missed You (Ken Loach, 2019) El año que dejamos de jugar (When Hitler Stole Pink Rabbit, Caroline Link, 2019) Buscando justicia (Just Mercy, Destin Daniel Cretton, 2019) Madame Curie (Radioactive, Marjane Satrapi, 2019) Colewell (Tom Quinn, 2019) The Last Vermeer (Dan Friedkin, 2019) Un día lluvioso en Nueva York (A Rainy Day in New York, Woody Allen, 2019) Adú (Salvador Calvo, 2020) Chicas perdidas (Lost Girls, Liz Garbus, 2020) Curveball (Johannes Naber, 2020) El profesor de persa (Persian Lessons, Vadim Perelman, 2020) 5 sangres (Da 5 Bloods, Spike Lee, 2020) Kids Run (Barbara Ott, 2020) Adventures of a Mathematician (Thor Klein, 2020) Jak najdalej stad (I Never Cry, Piotr Domalewski, 2020) La vida ante sí (The Life Ahead, Edoardo Ponti, 2020) Gaza Mon Amour (Arab Nasser, Tarzan Nasser, 2020) The Disciple (Chaitanya Tamhane, 2020) Sitting in Limbo (Stella Corradi, 2020) Resistencia (Resistance, Jonathan Jakubowicz, 2020) Druk (Another Round (Otra ronda) Thomas Vinterberg, 2020)

Series y miniseries de televisión: The Queen’s Gambit Homecoming The Plot Against America The Accident Trial 4 Immigration Nation Unorthodox World on Fire After Life The Innocence Files Challenger: The Final flight Five Came Back The Politician

Documentales: Belly of the Beast (Erika Cohn, 2019) Coup 53 (Taghi Amirani, 2019) #Anne Frank Parallel Stories (Sabina Fedeli, Anna Migotto, 2019) Shusenjo: The Main Battleground of the Comfort Women Issue (Miki Dezaki, 2019) Once Were Brothers: Robbie Robertson & The Band (Daniel Roher, 2019) Push (Fredrik Gertten, 2019) 63 Up (Michael Apted, 2019) Advocate (Philippe Bellaiche, Rachel Leah Jones, 2019) 76 Days (Weixi Chen, Hao Wu, Anonymous, 2020) Grève ou crève (Strike or Die, Jonathan Rescigno, 2020) Speer Goes to Hollywood (Vanessa Lapa, 2020) David Byrne’s American Utopia (Spike Lee, 2020) Jetzt oder morgen (Running on Empty, Lisa Weber, 2020)

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de diciembre de 2020)

 

El autor también recomienda:

Best films and television of 2019 and the decade
[31 diciembre 2019]

Best film and television of 2018
[31 diciembre 2018]

Entrevista con Michael Fitzgerald, productor de ‘Waiting for the Barbarians’
[21 septiembre 2020]

And Breathe Normally from Iceland: Two women in conditions “when everything is going wrong”
[4 diciembre 2020]