Crece la amenaza de que Trump provoque una guerra contra Irán para fomentar su conspiración golpista

por Bill Van Auken
7 enero 2021

Mientras el intento de golpe de Estado del presidente Donald Trump se desarrolla en Washington, crece hora tras hora la amenaza de que la Casa Blanca provoque una nueva guerra catastrófica en Medio Oriente.

El Pentágono ha concentrado un inmenso poder militar en el Golfo Pérsico para prepararse para una confrontación militar con Irán que podría arrastrar a toda la región, y de hecho al mundo.

El domingo se produjo la extraordinaria revocación de una orden para que el grupo de portaaviones de ataque USS Nimitz volviera a su base doméstica en los Estados Unidos. En cambio, fue enviado de vuelta al Golfo Pérsico por orden personal de Trump tras una reunión en la Casa Blanca con su recientemente nombrado secretario de defensa, Christopher Miller.

El USS Nimitz que está actualmente desplegado en el Golfo Pérsico. (Fuente de la imagen: Marina de los EEUU/Flickr)

Un antiguo coronel de las fuerzas especiales, Miller reemplazó a Mark Esper tras las elecciones del 3 de noviembre como parte de una purga generalizada de la dirección civil del Pentágono. Esper ha provocado la ira oponiéndose públicamente a la invocación de la Ley de Insurrección y el despliegue de tropas del ejército regular para reprimir las protestas contra la violencia policial el verano pasado. Miller y su nuevo ayudante, Ezra Cohen, son parte de una camarilla fascista pro-Trump y fanáticamente antiiraní que ha sido colocada en altos cargos en el Departamento de Defensa.

Al Nimitz, que transporta 90 aviones de combate y al que acompaña una flotilla que incluye destructores de misiles guiados, se le ha unido en el despliegue al Golfo el submarino nuclear USS Georgia, que está armado con misiles crucero y está escoltado por su propio equipo de buques de guerra.

Estos despliegues navales han sido suplementados a lo largo del mes pasado con tres sobrevuelos del Golfo Pérsico por pares de bombarderos pesados B-52 Stratofortress con capacidad nuclear, en lo que equivale a prácticas para un devastador bombardeo aéreo de Irán.

Las aguas cada vez más agolpadas y peligrosas del Golfo Pérsico son también el destino visible de un submarino israelí clase Dolphin que surcó a lo largo del Canal de Suez a finales del mes pasado y un destructor surcoreano que ha sido despachado tras la toma por parte de Irán de un petrolero surcoreano. Las autoridades iraníes alegaron que el petrolero estaba derramando químicos tóxicos. El incidente ha tenido lugar en medio de una disputa entre Teherán y Seúl por $7 mil millones en bienes iraníes mantenidos por Corea del Sur, que antes era uno de los principales importadores del petróleo iraní. Corea del Sur ahora se está sometiendo a la campaña de sanciones de "máxima presión" de Washington que prohíbe las transacciones petroleras y financieras con Irán.

Después de tres décadas de guerras dirigidas por los EEUU, el estallido de una tercera guerra mundial, en la que se lucharía con armas nucleares, es un peligro inminente y concreto.

Cualquier enfrentamiento entre las fuerzas navales iraníes y el buque de guerra surcoreano podría desencadenar una guerra con los EEUU, un aliado militar comprometido con defender a Corea del Sur contra cualquier "ataque armado externo".

Por su parte, Israel se ha aprovechado de la decisión de Irán de retomar el enriquecimiento de uranio a niveles del 20 por ciento en sus instalaciones subterráneas Fordo para amenazar con la guerra. Aunque el enriquecimiento incrementado es parte de una serie de medidas tomadas por Irán en respuesta a la rescisión unilateral de Washington del acuerdo nuclear de 2015 entre Teherán y las principales potencias nucleares, y la incapacidad de Europa de desafiar el régimen de sanciones de Washington, Tel Aviv ha insistido en que es un preparativo para producir armas nucleares.

El ministro de defensa israelí Benny Gantz, refiriéndose a las tensiones crecientes que rodean la crisis política en los EEUU, les dijo a los periodistas: "No sé si la situación estallará. Un estallido de la situación es una función de lo que pase en estos acontecimientos. Debo añadir que las FDI [Fuerzas de Defensa Israelíes] y el resto de las fuerzas de seguridad israelíes están en alerta y son plenamente conscientes de lo que está pasando en este frente".

Irán ha acusado a Israel de buscar deliberadamente instigar una confrontación militar antes de que Trump deje el cargo. El sábado, el ministro iraní de exteriores, Mohammad Javad Zarif, dijo, "Nuevos datos de inteligencia desde Irak indican que agentes provocadores israelíes están planeando ataques contra estadounidenses" para darle a Trump "un falso casus belli".

El razonamiento del jefe del Pentágono Christopher Miller para ordenar que el portaaviones Nimitz invierta su rumbo y se dirija de nuevo al Golfo eran las supuestas amenazas "contra el presidente Trump y otros cargos gubernamentales estadounidenses".

La afirmación de "amenazas" iraníes fue puesta en el contexto del primer aniversario el 3 de enero del asesinato del alto cargo iraní Qasem Soleimani, que fue fusilado con un dron estadounidense poco después de llegar al aeropuerto internacional de Bagdad para una visita de Estado oficial.

En el aniversario hubo grandes manifestaciones en Irak, en las que los manifestantes pedían la retirada de todas las tropas estadounidenses del país, y lo mismo otras protestas en otras partes en la región. A pesar de las advertencias de Washington de ataques iraníes en represalia por el aniversario —dando un pretexto para una guerra estadounidense de agresión— no se produjo ninguno. Se dijo que Teherán les pidió a las milicias chiíes proiraníes en Irak, cuyo propio dirigente, Abu Mahdi al-Muhandis, fue asesinado en el mismo ataque que se cobró la vida de Soleimani, que no atacaran a las fuerzas e instalaciones estadounidenses en suelo irakí.

En una rueda de prensa en Teherán el martes, Gholamhossein Esmaili, portavoz del poder judicial iraní, les dijo a los periodistas que Irán le había pedido a Interpol que emitiera una "notificación roja" para el arresto del presidente Trump y 47 otros cargos estadounidenses responsables por el asesinato de Soleimani. Anteriormente, Interpol declaró que no está autorizada a intervenir en asuntos de carácter político o militar.

La amenaza de una guerra estadounidense en el Golfo Pérsico como parte de un complot golpista en los EEUU está siendo tomado muy seriamente por los antiguos altos comandantes militares británicos entrevistados por el Independent. El mayor general Jonathan Shaw, un exjefe asistente del estado mayor de la defensa y comandante británico en Irak, le dijo al diario británico que en medio de las preocupaciones crecientes por la intentona golpista en Washington, "la posibilidad de que Trump lance un ataque a Irán recibe menos atención, y sin embargo hay indicadores preocupantes de que deberíamos también tomarnos en serio esta amenaza".

Continuó, "La primera señal preocupante es que al venidero equipo de defensa de Biden le han restringido los informes del Pentágono. Negarle el acceso al equipo entrante rompe todas las reglas de la política partidista y de la buena gobernanza y amenaza con una peligrosa ruptura de la continuidad en la defensa a lo largo del período del traspaso del mando. Pero si estás planificando acciones que sabes que tu sucesor no aprobaría, ¿no es caso esto exactamente lo que estarías haciendo entonces?".

El general Shaw añadió: "Si se ordenara un ataque concertado a las instalaciones iraníes, allí están las herramientas para hacerlo. Bombarderos B-52, con petroleros de apoyo y escoltas de cazas; la fuerza de ataque del portaaviones USS Nimitz. El USS Georgia transitó el estrecho de Hormuz hacia el Golfo, incrementando así tanto su potencia como su vulnerabilidad en las aguas llanas, y los israelíes nos están enviando un submarino de ataque de clase Dolphin por el Canal de Suez para unirse a las fuerzas estadounidenses, aunque no en el Golfo propiamente. Lo único que tiene que hacer Trump es decir la palabra".

El general Sir Richard Barrons, el exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas, le dijo al diario que además de Trump, hay elementos dentro del comando militar estadounidense que quieren una guerra con Irán. "El ejército estadounidense está dividido respecto al alcance de esto. Hay un sector que es bastante militarista respecto a Irán y lo ve como una amenaza. Son casi cuasimesiánicos en su actitud respecto a esto", dijo.

Claro representante de este estrato es el general retirado Michael Flynn, el primer asesor de seguridad nacional de Trump condenado como criminal, que el mes pasado discutió con él la perspectiva de imponer la ley marcial para revertir las elecciones.

La declaración conjunta de los 10 últimos secretarios de defensa que están vivos, tanto republicanos como demócratas, publicada el domingo por el Washington Post, en la que declaraban que el Pentágono no tiene competencias para determinar el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses, fue un indicador inequívoco de que el complot para utilizar al ejército solo con este propósito está muy avanzado.

Una guerra en Irán, con el potencial para bajas masivas entre las decenas de miles de tropas estadounidenses desplegadas en la región, podría darle a Trump el pretexto para imponer la ley marcial y negarse a entregar la Casa Blanca.

Aunque hasta los generales británicos reconocen esta amenaza, el presidente electo Joe Biden y los demócratas no han levantado ninguna alarma, y en cambio apenas insisten en que el dejarlos fuera del Pentágono socava un traspaso impecable de la maquinaria de guerra estadounidense. Lo que quieren evitar, por encima de todo, es que los trabajadores en los Estados Unidos cobren consciencia del peligro y que opten por el camino de una lucha independiente contra este.

(Publicado originalmente en inglés el 5 de enero de 2021)

 

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