Oficiales españoles planean un golpe fascista para imponer política de “inmunidad colectiva” ante COVID-19

por Alejandro López y Alex Lantier
4 enero 2021

El flujo de revelaciones sobre simpatías fascistas y llamados para realizar asesinatos en masa en el ejército español constituyen una advertencia para la clase obrera española e internacional. Amplios sectores de la élite política española han reaccionado a la pandemia de COVID-19 haciendo planes para una dictadura. Mientras que apuntan supuestamente contra el Gobierno del Partido Socialista (PSOE)-Podemos, el cual ha intentado adormecer a los trabajadores negando las pruebas cada vez mayores de las tramas golpistas de los oficiales, el golpe está de hecho dirigido contra la oposición de la clase obrera a la política asesina de “inmunidad colectiva” de la élite gobernante.

Miembros de la Unidad Militar de Emergencia llegan a la estación de tren de Abando, en Bilbao, al norte de España a principios de este año. (Foto AP/Alvaro Barrientos)

Estas revelaciones son aún más significativas dado que se producen en medio de un colapso generalizado e internacional de las formas democráticas de gobierno. Después de que intentó ordenar a unidades militares estadounidenses a que atacaran las protestas contra el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis esta primavera, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado repetidamente su voluntad de desafiar los resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020. En Alemania, además, los agentes de la extrema derecha que participaron en el asesinato del político Walter Lübcke fueron liberados cuando se conocieron los detalles de las redes neonazis generalizadas en el ejército.

Este mes, el teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea Española, José Ignacio Domínguez, habló con la prensa después de que cientos de oficiales retirados enviaran cartas comprometiéndose a apoyar al rey Felipe VI contra el Gobierno del PSOE-Podemos. Domínguez conoce personalmente a los firmantes de las cartas. Estuvo en los grupos de chat de WhatsApp donde los oficiales llamaron a asesinar a “26 millones” de personas e imitar el golpe fascista del general Francisco Franco que desencadenó la guerra civil española de 1936-1939. Los miembros de estos grupos de chat recibieron mensajes amistosos de apoyo del partido fascista Vox.

En entrevistas radiales, Domínguez vinculó las amenazas golpistas a “la radicalización de Vox” en marzo: “Coincide con lo que llamaron Operación Albatros, esto de crear un Gobierno de salvación nacional. Querían nombrar de presidenta del Gobierno a la ministra de Defensa [Margarita Robles]. Empezaron a tratar de movilizar al resto de las promociones del Ejército del Aire y contactaron con la del Ejército de Tierra [...]. Como desistieron de ver al rey, acordaron lo de las cartas y movilizar a los demás”.

El militar retirado asegura que “ha habido y hay un movimiento”. Además, defiende que “no son monárquicos ni constitucionalistas, son franquistas y defienden la dictadura y no solo la pasada, sino la futura. Ellos aspiran a que haya una dictadura”.

El momento es significativo: la discusión de la Operación Albatros comenzó en marzo, cuando una ola de huelgas salvajes se extendió por toda Europa contra la política de inmunidad colectiva de la Unión Europea (UE). Ocurrió en medio del resurgimiento inicial de COVID-19 en Europa, que mató a casi 50.000 personas e infectó a más de medio millón solo en España. Las huelgas salvajes obligaron al Gobierno del PSOE-Podemos a implementar una política de refugiarse en casa, al igual que varios otros Gobiernos de la UE, incluyendo Francia e Italia. Esta política fue denunciada por Vox y el Partido Popular (PP) de derecha como un paso hacia la “dictadura”.

Detrás de los llamamientos de Vox a la dictadura y los llamamientos del ejército a golpes de Estado y asesinatos en masa, hay poderosos sectores de la burguesía tanto de España como del resto de la UE e internacionalmente. Estaban decididos a imponer una política de regreso al trabajo, lo que provocó que se acumularan millones de nuevos contagios, sobre todo en la clase obrera, para rellenar los bolsillos de la aristocracia financiera con billones de euros en rescates bancarios de la Unión Europea (UE) y ganancias empresariales.

Vox pronto apeló abiertamente al ejército para que se opusiera al Gobierno del PSOE-Podemos. El 19 de abril, la legisladora Rocío de Meer —nieta de Carlos de Meer, un gobernador militar franquista que, tras la transición al régimen parlamentario en 1978, fue acusado de conspirar para derrocar al Gobierno del PSOE en 1986— tuiteó: “Aunque la inmensa mayoría de ellos [del ejército], jamás lo han olvidado, hoy más que nunca, es hora de recordarle al ejército que la nación no es lo mismo que el Estado. Y que ellos juraron lo primero”.

La primera mención pública de la Operación Albatros llegó el 21 de abril, cuando el sitio de noticias de extrema derecha Mil21 publicó un artículo titulado “Aparece la ‘Operación Albatros’ para reconducir la situación política y económica”. Incluye una fotografía de un archivo cuya portada dice: “Operación Albatros. Simulación y etapas para su implementación de manera urgente ante la gravedad sociopolítica y económica que se prevé en los próximos diez años en España. No enviar por sistemas informáticos en la Red”.

El autor del artículo, Joaquín Abad, relacionó la Operación Albatros con la crisis política y bursátil provocada por la pandemia. Afirmó que el informe tenía como objetivo “reconducir la desastrosa situación económica, social y política que se vive en la actualidad en España. Agravada, por supuesto, por la pandemia cuyos efectos, se calcula que durarán una década.” La Operación Albatros, añadió Abad, tiene como objetivo “neutralizar a [presidente del Gobierno] Pedro Sánchez y [el dirigente de Podemos y vicepresidente] Pablo Iglesias”.

Significativamente, Abad era el jefe de los reporteros del diario El Alcázar, un periódico de extrema derecha publicado de 1936 a 1988. Durante la transición del régimen franquista al parlamentario, El Alcázar desempeñó un papel protagonista en los planes golpistas del ejército entre 1977 y 1982. Publicó regularmente artículos a favor de los golpes de Estado —incluido uno poco antes de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, cuando Antonio Tejero llevó a 200 oficiales armados de la Guardia Civil al Parlamento durante la votación para elegir al presidente.

Poco después, comenzaron a circular nuevos informes sobre la Operación Albatros. El ex teniente coronel Fernando Reinlein informó, en un artículo de Infolibre del 20 de mayo titulado “Los golpistas calientan motores”, que la prensa de derecha estaba haciendo campaña a favor de un golpe. Escribió que “una cierta profusión de panfletos y pretendidos informes, como el de la Operación Albatros, recorren ‘discretamente’ despachos y consejos de administración”.

En ese momento, Vox apoyaba pequeñas protestas de extrema derecha contra el confinamiento en los barrios ricos de Madrid, denunciando al PSOE y a Podemos como un Gobierno “social comunista”.

Significativamente, el Gobierno del PSOE-Podemos reaccionó a las amenazas golpistas intensificando sus políticas de “inmunidad colectiva” y austeridad exigidas por los mandos del ejército, y que en cualquier caso ya estaba intentando aplicar. Aunque no hicieron ningún esfuerzo para establecer un sistema eficaz de rastreo de contactos después del fin prematuro de los cierres, el PSOE y Podemos apoyaron con entusiasmo los rescates bancarios de la UE. Al mismo tiempo, tras haberle ordenado ya a la policía antidisturbios que atacara a los trabajadores acereros en huelga que exigían el derecho a refugiarse en casa, intensificaron el espionaje masivo de la población en línea.

En febrero, Iglesias se había incorporado a la Comisión de Asuntos de Inteligencia, que supervisa el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Poco después, el CNI estaba llevando a cabo activamente una vigilancia masiva en línea utilizando el software de ciberseguridad ELISA. Como informó el WSWS, esto fue seguido en mayo por la “orden 21/20 'Delta Papa'” de la policía para utilizar la vigilancia masiva contra la “alta probabilidad” de un creciente malestar social mientras el Gobierno disminuía las medidas contra el COVID-19.

Mientras que el principal objetivo de la vigilancia del PSOE-Podemos era la clase obrera, también monitoreaban los golpes de Estado de la extrema derecha y los llamados a levantamientos antigubernamentales en cientos de sitios web de la extrema derecha. Así pues, el Ministerio del Interior ha aprobado recientemente nuevas directrices para el Centro Permanente de Información y Coordinación. Filtradas por El Confidencial Digital, las directrices muestran que uno de los principales objetivos de la vigilancia son los grupos “involucionistas”. Este término suele ser utilizado por los servicios de inteligencia para designar a las fuerzas militares opuestas a la transición del franquismo al régimen parlamentario.

Sin embargo, el PSOE y Podemos guardaron un silencio ensordecedor sobre el peligro de un golpe fascista, aunque conocían bien los planes golpistas urdidos por Vox y el cuerpo de oficiales. Esto se vio reflejado en los comentarios de Pablo Iglesias al portavoz parlamentario de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, en mayo, que si bien fueron crípticos, dejaron en claro que Iglesias conocía bien los planes de la “Operación Albatros”.

Iglesias dijo que estaba “dispuesto a hablar con cualquiera”, incluyendo Vox, “aunque parezca que están más cerca de querer dar un golpe de Estado que de proteger la democracia”. Cuando Espinosa exigió una rectificación, Iglesias respondió: “Voy a ser aún más preciso. Creo que a usted le gustaría dar un golpe de Estado, pero no se atreve. Porque para eso, además de quererlo y pedirlo, hay que atreverse”.

En junio de este año, el Gobierno del PSOE-Podemos despidió repentinamente al coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, quien hasta entonces había gozado de un apoyo unánime de la élite política española por su papel en dirigir la brutal represión policial contra el referéndum independentista catalán de 2017. La razón oficial que se dio fue una “pérdida de confianza” en Pérez de los Cobos. Fuentes del Ministerio del Interior pronto declararon que estaba detrás de un caso judicial contra el Gobierno del PSOE-Podemos, demandándolo por permitir una manifestación feminista el 8 de marzo en Madrid a pesar de la pandemia.

Se desató una tormenta política cuando Vox, el Partido Popular (PP) y los medios de comunicación de la derecha acudieron en defensa del coronel de Pérez de los Cobos. Incluso se le llegó a preguntar a la ministra de Defensa Margarita Robles en la radio Onda Cero si existía el peligro de un golpe de Estado. Dijo, “Rotundamente no”, añadiendo “Nadie tiene derecho a capitalizar la bandera, la Guardia Civil y las fuerzas armadas. Creo rotundamente que no hay peligro de golpe de Estado por parte de las Fuerzas Armadas”.

Cabe notar que el despido de Pérez de los Cobos se produjo en medio de una ola de protestas masivas y multirraciales en los Estados Unidos, Europa y a nivel internacional tras el asesinato policial de George Floyd. Los círculos de extrema derecha españoles se pusieron histéricos tanto por el despido como por las protestas mundiales contra la violencia policial.

Abascal, qien había viajado a Washington en febrero para escuchar a Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), saludó a Trump mientras trataba de movilizar ilegalmente a los militares contra las protestas. Abascal tuiteó: “La mafia progre europea y americana pretenden imponer a los EEUU una primavera de la ira. Son los mismos millonarios progres que con sus medios alentaron las primaveras árabes causando guerras y migraciones. Nuestro apoyo va al presidente Trump y a las instituciones norteamericanas”.

Las negaciones del Gobierno del PSOE-Podemos de que existan amenazas de un golpe de Estado solo han ayudado a los conspiradores. En noviembre, hubo una crisis política cuando se produjeron varias revelaciones de llamados a un golpe fascista en el cuerpo de oficiales. Cientos de exoficiales enviaron tres cartas diferentes al rey Felipe VI, presionándolo para que lanzara un golpe contra el Gobierno del PSOE-Podemos, subrayando su “juramento de defender la integridad de España y el orden constitucional, dando nuestras vidas si fuera necesario”.

En diciembre, un manifiesto firmado por casi 500 exmilitares atacó al Gobierno del PSOE-Podemos, pocos días después de que se supiera que un grupo de oficiales retirados de la Fuerza Aérea había usado un grupo de WhatsApp para hablar de “asesinar a 26 millones de hijos de puta”, y describiendo a Franco como el “irremplazable”. Vox apoyó abiertamente a los firmantes de las cartas, diciendo en el Parlamento: “Por supuesto que es nuestra gente”. El PP los respaldó como “ciudadanos preocupados”.

El Gobierno del PSOE-Podemos sigue insistiendo furiosamente en que no ocurre nada de importancia. La ministra de Defensa Robles destacó su lealtad a Sánchez, diciendo al editorialista de La Vanguardia, Enric Juliana, que “No tuve ninguna noticia de esa supuesta operación. Tenía otras cosas de que ocuparme. … Me considero una persona seria, rigurosa, que tiene un fuerte compromiso con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Yo voy a continuar con ese compromiso. Esas maniobras son lo más lejano a mí y a la inmensa mayoría de los ciudadanos”.

Iglesias fue enviado a restarle importancia al peligro fascista después de la publicación de las charlas fascistas de WhatsApp, dando una entrevista televisiva en horario de máxima audiencia para insistir descaradamente en que no se había revelado nada importante. Dijo: “Lo que estos caballeros dicen, a su edad y ya retirados, en un chat con unos cuantos tragos de más, no representa ninguna amenaza”. Su misión era amortiguar la creciente indignación entre los trabajadores y la juventud que se estaba desbordando en redes sociales.

Desde entonces, esto ha sido expuesto como un fraude. La Marea filtró videos que mostraban soldados cantando y bailando canciones neonazis mientras hacían el saludo fascista, y Público filtró chats fascistas de WhatsApp entre soldados. Iglesias ha guardado silencio sobre estas revelaciones.

Estos eventos reivindican la evaluación hecha por el WSWS: la pandemia es un evento desencadenante en la historia mundial. Antes de la pandemia, frente a la creciente ira de la clase trabajadora a niveles insostenibles de desigualdad social, la burguesía de toda Europa estaba rehabilitando el fascismo e integrando los partidos neofascistas en la vida oficial. El auge de Vox, así como el de la ultraderechista Alternativa para Alemania y la brutal represión policial del referéndum independentista catalán de 2017, apuntaban a ello.

El asombroso número de muertos, más de 530.000 en Europa y 1,8 millones de personas en todo el mundo, ha intensificado enormemente estos antagonismos. La propaganda de la UE de que la transición del franquismo al Gobierno parlamentario y la integración de España en la UE habían terminado con la era del fascismo y las conspiraciones militares violentas ha quedado expuesta. En realidad, las mismas contradicciones objetivas del capitalismo que llevaron a Franco a lanzar su golpe en el siglo XX y a la burguesía española a unírsele, están impulsando un giro hacia formas autoritarias de gobierno para hacer valer la orden de los bancos de “inmunidad colectiva” en el siglo XXI.

Las amenazas públicas de un golpe neofranquista en España y la traicionera respuesta de Podemos constituyen una advertencia: las lecciones de los años 30 deben ser aprendidas. No hay ninguna facción “progresista” en la élite capitalista, incluidos los “populistas de izquierda” de Podemos, que la clase obrera pueda intentar presionar para obtener una política menos cruel y represiva. Podemos ha respondido a las protestas con una política viciosa de “inmunidad colectiva” y austeridad, mientras que encubre los planes de represión militarizada. Responderán a un movimiento más amplio desplazándose más a la derecha.

La tarea consiste en crear comités de seguridad en los lugares de trabajo y las escuelas, independientes de las burocracias sindicales y los partidos parlamentarios, avanzar una batalla con bases científicas contra la pandemia y construir un movimiento político para transferir el poder estatal a esos órganos en toda Europa y a nivel internacional. Esto significa construir secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) en España y en toda Europa contra las traiciones pequeñoburguesas de partidos como Podemos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de diciembre de 2020)

 

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[25 diciembre 2020]