Un año de pandemia y 65.000 muertes en un solo mes en EE.UU.

30 diciembre 2020

Un año desde que se identificaron los primeros casos de COVID-19 en China, el mes de diciembre fue el más letal de la pandemia tanto en EE.UU. como en el mundo.

Más de 65.000 estadounidenses perdieron sus vidas por el virus en los últimos 28 días. Al ritmo actual, las muertes en diciembre serán el doble que las de noviembre, cuando fallecieron 37.000 personas. Estados Unidos representa una tercera parte de las 175.000 muertes en el mundo en el último mes.

Personal médico en una unidad de cuidados intensivos para pacientes de COVID-19 en el hospital MontLegia CHC en Liege, Bélgica, 6 de noviembre de 2020 [AP Photo/Francisco Seco]

Al finalizar esta semana, las muertes totales en EE.UU. superarán las 350.000 y la cifra de personas que han dado positivo al COVID-19 alcanzará 20 millones. Otras 193.000 personas podrían morir en el país en los próximos dos meses, según las predicciones del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud en la Universidad de Washington.

Los expertos advierten que incluso este escenario puede ser optimista. “Bien podríamos ver un rebrote posterior a las festividades—en el sentido de la Navidad y el Año Nuevo”, dijo el domingo el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. “Las proyecciones son simplemente una pesadilla”, le comentó a CNN el especialista de enfermedades infecciosas Peter Hotez del Baylor College of Medicine.

En una advertencia para el resto del mundo, la cifra de nuevos casos alcanzó un récord de 42.000 en Reino Unido ayer, alimentada por la aparición de una nueva cepa cuya transmisibilidad según los expertos médicos es 56 por ciento mayor que la cepa original.

El secretario adjunto de Salud en EE.UU., Brett Giroir, comentó el lunes que la cepa nueva y más peligrosa del virus “probablemente” ya está presente en EE.UU. Sin embargo, solo pudo especular dado que, a diferencia de Reino Unido, EE.UU. no cuenta con un sistema de monitoreo genético para confirmar la presencia de distintas cepas de la enfermedad.

Mientras tanto, la pandemia de COVID-19 sigue propagándose por todo el país. “California es ahora el único lugar (estado o país) en el mundo” con más de mil casos nuevos de COVID-19 por millón de habitantes, indicó el doctor Eric Topol.

El sur de California, la región más poblada del estado, junto al valle San Joaquín en el centro del estado, tienen una disponibilidad de camas de UCI de cero por ciento. El domingo, el director médico del centro médico del condado de Los Ángeles y USC, el Dr. Brad Spellberg dijo que el hospital se enfrenta a una “crisis masiva”. Otro hospital en la región ha comenzado a publicar guías para los pacientes y sus familiares sobre cómo toma decisiones el hospital de quién vivirá y quién morirá si se raciona el acceso a cuidados.

En medio de este desastre, ningún sector de la élite política estadounidense está llamando a implementar medidas de emergencia para contener la pandemia. La semana pasada, el presidente electo Joe Biden advirtió que “los días más oscuros están por delante, no detrás de nosotros”. Pero aún así rechazó la demanda del Dr. Michael Osterholm y otros científicos de implementar cierres de emergencia de la producción no esencial, declarando “No voy a cerrar la economía, punto”.

A pesar de hacer campaña en oposición al manejo de la pandemia por parte de Trump, Biden adoptó las demandas políticas que caracterizaron a Trump: “abran las escuelas” y “abran los negocios”.

Esto hace caso omiso a la afluencia de datos científicos que prueban la importancia de cerrar las escuelas y los negocios para contener el COVID-19. Un estudio publicado este mes en la revista Science descubrió que el cierre de escuelas y universidades reduce la propagación del COVID-19 un 38 por ciento y que el cierre de los negocios no esenciales con interacciones en persona reduce la transmisión un 18 por ciento.

En la prensa, la magnitud de la catástrofe en marcha en Estados Unidos se reporta cada vez menos. Se tomó la decisión de alejar la atención de las muertes masivas y la saturación del sistema de salud en EE.UU. y enfocarla en la producción y distribución iniciales de las vacunas.

Pero, según el Gobierno federal comienza a distribuir las dosis de las vacunas a los estados, EE.UU. solo ha vacunado a una décima parte de las personas a las que tenía planeado—tan solo2 millones d ellos 20 millones que las autoridades sanitarias dijeron que vacunarían para fines del año. Aparecieron imágenes ayer de cientos de pacientes de mayor edad haciendo cola para la distribución de una cantidad limitada de dosis.

Un reporte en Kaiser Health News tildó la distribución de vacunas de “desastre”, señalando que muchos estados no han recibido ni cerca de lo que les prometieron. La publicación escribió: “A lo largo de la pandemia de COVID-19, el sistema de salud de EE.UU. ha demostrado que no está hecho para una respuesta pandémica coordinada (entre otras cosas)… ¿Por qué sería distinta la distribución de las vacunas?”.

Incluso en las mejores circunstancias, la vacuna no estará ampliamente disponible hasta algún momento en la primavera o el verano del próximo año. Es más, los científicos han advertido que la cepa nueva y más transmisible del virus significa que un porcentaje mayor de la población debe ser vacunado para detener la propagación comunitaria del coronavirus.

La negativa de toda la élite política a tomar las medidas necesarias para salvar vidas es una continuación de su política durante toda la pandemia. Ninguna medida puede ser contraria a los intereses de la oligarquía financiera. Para ello, los Gobiernos de todo el mundo acogieron la doctrina de la “inmunidad colectiva”, llamando al contagio masivo de la población. Un oficial de la Casa Blanca incluso declaró, “Queremos que se contagien”.

Esto resultó en la propagación descontrolada de la pandemia, cientos de miles de muertes y el mayor brote de hambre y desempleo desde la Gran Depresión. Por el otro lado, esta misma política ha producido el enriquecimiento masivo de la oligarquía financiera, cuya riqueza se ha disparado en la medida en que el banco central estadounidense ha inyectado billones de dólares en los mercados financieros.

Y los mercados continúan su incremento incansable. El índice bursátil Dow Jones Industrial Average aumentó 200 puntos ayer para llegar a otro récord, elevando aún más la riqueza de los milmillonarios estadounidenses. En el último año, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, vio su fortuna crecer $77 mil millones, alcanzando un total de $192 mil millones el lunes. La riqueza de Elon Musk, el segundo hombre más rico del mundo, saltó de $28,5 mil millones a $160 mil millones.

¡Hay que tomar medidas urgentes para prevenir muertes masivas! Pero esto exige que la clase obrera intervenga independientemente, en oposición a los que han lucrado de la pandemia y sus representantes políticos.

El Partido Socialista por la Igualdad exige el cierre inmediato de todos los negocios no esenciales y las escuelas. Esto debe ir acompañado de una compensación completa por los salarios y los ingresos de las pequeñas empresas que se hayan perdido. Esto se debe pagar por medio de la expropiación de las enormes sumas acaparadas por los ricos. Se deben invertir varios billones de dólares en la infraestructura de salud para tratar, contener y erradicar el COVID-19, así como para garantizar que la sociedad esté protegida de la amenaza de las enfermedades infecciosas en el futuro.

El Partido Socialista por la Igualdad y sus partidos hermanos en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han avanzado estas demandas por casi un año. Si se hubieran implementado al inicio de la pandemia, se habría podido salvar cientos de miles de vidas en EE.UU., Europa y todo el mundo. El PSI llama a todos los trabajadores a organizar comités de acción de emergencia para hacer valer medidas de emergencia incluido el cierre de la producción no esencial. Esta lucha presenta la cuestión de quién controla la sociedad, la clase capitalista con base en las ganancias o la clase obrera con base en las necesidades sociales.

La pandemia está demostrando la realidad básica de que el capitalismo está en guerra con la sociedad. La clase obrera debe movilizarse en una lucha unificada contra este sistema asesino y en bancarrota.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de diciembre de 2020)

Andre Damon

 

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