Trump indulta a los asesinos de Blackwater implicados en la masacre de la plaza Nisour

25 diciembre 2020

El indulto del presidente Trump para cuatro mercenarios de Blackwater, quienes fueron procesados y condenados por un asesinato en masa en Bagdad durante la guerra en Irak, es una clara señal de que los soldados estadounidenses y los matones paramilitares que los asisten pueden matar con impunidad en las guerras de agresión libradas por el imperialismo estadounidense. Además, envía un mensaje sobre la política tanto nacional como exterior. Trump está buscando desarrollar fuerzas fascistas, incluidos sectores de la policía y el ejército, que estén preparadas para llevar a cabo masacres similares contra los trabajadores y jóvenes estadounidenses.

Trump ha estado amenazando con indultar a los asesinos de la plaza Nisour por varios años, durante los cuales ha indultado a varios otros condenados a crímenes de guerra perpetrados en Irak y Afganistán. Los guardias de Blackwater tienen un apoyo de alto nivel, tanto entre los comentaristas de Fox News que Trump mira y los miembros de su gabinete. Su milmillonaria secretaria de Educación, Betsy DeVos, es la hermana de Erik Prince, el fundador de Blackwater.

Trump indultó al contratista de Blackwater, Nicholas Slatten, de una cadena perpetua derivada de su participación en el tiroteo contra civiles desarmados en Irak en 2007 (AP Photo/Cliff Owen, archivo)

No restan dudas sobre las circunstancias de la masacre en la plaza Nisour tras investigaciones completas del ejército estadounidense, el FBI y las autoridades iraquíes. Un escuadrón de mercenarios de Blackwater, desplegados como guardias para los oficiales del Departamento de Estado de EE.UU., dejaron su base en la Zona Verde, el recinto del Gobierno estadounidense en el centro de Bagdad, la mañana del 16 de septiembre de 2007 cargando armas pesadas. En la primera plaza de la ciudad en la que entraron, los mercenarios detuvieron el tráfico y luego abrieron fuego indiscriminadamente con sus armas automáticas y lanzadores de granadas contra los carros, taxis y buses que llevaban cientos de iraquíes ordinarios en sus actividades cotidianas. Ningún iraquí les disparó, ni mostró armas o amenazó de cualquier forma a los agentes de Blackwater.

Cuando se acabó la masacre, al menos 14 iraquíes habían fallecido y 17 habían quedado heridos. Ninguno de los estadounidenses había sufrido ni un rasguño. La lista de los fallecidos muestra lo indiscriminado del ataque. Eran 10 hombres, dos mujeres y dos niños, impactados en la lluvia y balas y explosivos. No hay ninguna referencia a estos nombres en la declaración de la Casa Blanc

La masacre de Nisour se produjo en la cúspide de la matanza en Irak, cuando el presidente George W. Bush ordenó un “incremento” en los despliegues de tropas y las operaciones en todo Irak para prevenir la inminente desintegración del régimen títere iraquí instalado tras la invasión estadounidense de 2003. La cifra de muertes se disparó con los enfrentamientos continuos con fuerzas insurgentes iraquíes. Era imposible que los oficiales estadounidenses se trasladaran fuera de la Zona Verde sin escoltas fuertemente armados, provistos principalmente por Blackwater, una empresa que tenía un contrato de $1 mil millones en servicios de protección en las zonas de guerra. Tomados principalmente de hombres exmilitares y convertidos en mercenarios con altos salarios, Blackwater estaba caracterizada por un desdeño colonialista hacia los “nativos” y una tendencia a disparar antes y nunca preguntar.

El juicio de 2014 en EE.UU. incluyó 30 testigos enviados desde Irak para rendir testimonio, la mayor cantidad de personas jamás trasladadas a EE.UU. para tal propósito. Sus descripciones fueron gráficas y desgarradoras. “Le dispararon a todo lo que se moviera en la plaza Nisour. Mueres, niños, jóvenes, les dispararon a todos”, dijo Hassan Jaber Salman, un abogado que sobrevivió el ataque junto a su hijo. Blackwater alegó que el convoy había sido atacado, que las versiones de los testigos eran inventadas y que los asesinatos estuvieron justificados. No obstante, un reporte legislativo descubrió que, en el 80 por ciento de los casos en que los guardias de Blackwater utilizaron sus armas en Irak entre 2005 y 2007, ellos habían disparado primero.

A pesar de las intervenciones repetidas en defensa de los mercenarios de Blackwater por parte de los políticos estadounidenses y los fallos judiciales que anularon varios veredictos de culpables, cuatro de ellos finalmente fueron sentenciados. Nicholas Slatten fue el primero en disparar, matando a la Dra. Al-Khazali y su hijo Ahamad, quien la llevaba a una cita médica en un Kia blanco. Slatten fue condenado a cadena perpetua. Tres otros, Dustin Heard, Evan Liberty y Paul Slough, participaron en los asesinatos. Recibieron penas de 11 a 15 años.

Al mismo tiempo en que los asesinos de Blackwater fueron condenados, el WSWS escribió:

Los mercenarios de Blackwater fueron unos de los asesinos más flagrantes en Irak pero no fueron los únicos. Hay muchos incidentes reportados de asesinatos en masa a manos de soldados estadounidenses, fuerzas especiales y contratistas privados. Muchos incidentes más no fueron registrados porque las víctimas no sobrevivieron. Pero algunos de ellos se cuentan entre cientos de atrocidades hechas públicas por la soldado Chelsea (Bradley) Manning, quien filtró archivos de reportes militares a WikiLeaks, algunos bajo el título “Asesinato Colateral”.

Lo que es más importante, los políticos y generales que organizaron y encabezaron la guerra estadounidense en Irak han salido ilesos. Bajo los principios establecidos por el Tribunal de Nuremberg tras la Segunda Guerra Mundial, los líderes del Gobierno estadounidense durante la Guerra de Irak —George W. Bush, Richard Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice, Colin Powell, George Tenet, Paul Wolfowitz— y los principales comandantes militares, desde Tommy Franks hasta David Petraeus son culpables del crimen de planificar y ejecutar una guerra de agresión. Colectivamente son responsables de todas las muertes que resultaron de sus acciones.

En la actualidad, se podrían añadir muchos nombras más a la lista, incluyendo todo el personal en la cúpula de la Administración de Obama y Biden (ahora el presidente electo y el futuro distribuidor de indultos), así como a todos los que supervisaron las guerras con drones y los actos a gran escala de las agresiones en Irak, Siria, Libia, Yemen y otros países.

Hubo declaraciones superficiales de indignación por parte de varios congresistas demócratas sobre los indultos de Trump. “Si matas a civiles durante una guerra, recibirás un indulto”, dijo el representante Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

Pero la supresión de las sentencias de la plaza de Nisour por parte de Trump es solo la manifestación más cruda de una política acogida por los Gobiernos demócratas y republicanos, por igual. Nadie puede olvidar que fue Obama quien bloqueó todo enjuiciamiento a los oficiales de la CIA por administrar cámaras de tortura clandestinas en todo el mundo, afirmando que quería “ver adelante, no atrás”. Lo que quería “ver adelante” era utilizar a la CIA para llevar a cabo asesinatos con misiles de drones por todo el mundo, incluyendo ciudadanos estadounidenses entre sus víctimas.

El presidente electo Biden, quien fue vicepresidente bajo Obama, ya ha indicado que perseguirá la misma política, oponiéndose a enjuiciar a oficiales del Gobierno de Trump por crímenes como separar a miles de niños inmigrantes de sus padres, brutalizar e incluso asesinar a migrantes en la frontera y llevar a cabo violaciones flagrantes del derecho internacional, como el asesinato con un misil de dron del general iraní Qasem Soleimaini.

Y mientras habla sobre haber aprendido las lecciones de las masacres en Irak y Afganistán de boquilla, Biden ha llenado los cargos de seguridad nacional de su gabinete y personal de la Casa Blanca con asesores y participantes en estas guerras. Como nominado para liderar el Pentágono, eligió al general Lloyd Austin, quien fue adjunto de David Petraeus en 2008, durante uno de los periodos más sangrientos de la guerra, y luego estuvo al mando en Bagdad en 2010-2011, presidiendo las últimas etapas del retiro estadounidense. Austin luego encabezó el Comando Central de EE.UU. mientras las tropas volvían a Irak para combatir las fuerzas del Estado Islámico que estaban pasándole por encima al ejército iraquí.

La principal acusación del Partido Demócrata contra Trump durante los últimos cuatro años es que no ha sido lo suficientemente agresivo en perseguir sus operaciones militares en Siria y avanzar la confrontación militar y de inteligencia de EE.UU. contra Rusia que había emprendido el Gobierno de Obama. El remplazo de Trump por Biden el próximo mes no significará ninguna disminución en la beligerancia del imperialismo estadounidense, sino tan solo nuevos peligros.

La lucha contra la guerra imperialista y la barbarie exige la movilización política de la clase obrera contra ambos partidos del imperialismo, el Partido Demócrata tanto como el Partido Republicano, con base en un programa socialista y contra la guerra.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de diciembre de 2020)

Patrick Martin

 

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