“Queremos que se contagien”: cómo llegó EE.UU. a 300.000 muertes por COVID-19

19 diciembre 2020

Las autoridades de salud anunciaron el jueves que se agotaron las camas de unidades de cuidados intensivos en el sur de California, según la pandemia de COVID-19 continúa abarrotando el sistema de salud estadounidense. Por todo el país, los doctores se enfrentan a la inminencia de racionar la atención. Más de 300.000 personas fallecieron y los expertos de salud pública advierten que cientos de miles podrían fallecer en los siguientes meses.

Este desastre no es el resultado de mera negligencia, sino de una política deliberada de sacrificar vidas para proteger las ganancias de las mayores corporaciones.

El miércoles, Político publicó un conjunto de documentos que detallan las discusiones tras bastidores este verano entre la Casa Blanca, los gobernadores estatales y el Congreso para presidir la reapertura completa de escuelas y negocios en todo el país, desafiando las advertencias de los expertos de salud pública.

El presidente Donald Trump se pronuncia sobre el coronavirus en la rosaleda de la Casa Blanca, 15 de abril de 2020 en Washington (AP Photo/Alex Brandon)

Contrario a la forma en que se presentaron oficialmente, los correos electrónicos muestran que la política gubernamental de EE.UU. no iba dirigida a salvar vidas, sino promover la propagación del COVID-19 en las escuelas y centros laborales.

En un correo electrónico enviado el 4 de julio, Paul Elias Alexander, un asesor del secretario adjunto de Salud para Asuntos Públicos, Michael Caputo, dijo que el Gobierno debería abrir los negocios y las escuelas para contagiar a la mayor cantidad de personas posibles.

“Los bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes, personas de mediana edad sin condiciones, etc. tienen un riesgo de nulo a pequeño… así que los utilizamos para desarrollar [inmunidad] colectiva… queremos que se contagien”, escribió Alexander.

Los memorándums de Alexander dan a entender ala postura de que las vidas de los adultos mayores y enfermos tienen menos valor que las de los jóvenes. “Los datos muestran, escuché ahora, que solo el 3,5 por ciento de las muertes son de personas menores de 44 años”, escribió Alexander “Dios no quiera” que esto cambie, añadió.

Estas declaraciones solo pueden describirse como diatribas fascistas. La población es vista como una granja de conejillos de india para contagiar a voluntad, mientras las vidas de los adultos mayores se tratan como desechables.

En otra comunicación, Alexander continuó, “Así que, si hay una mayor infecciosidad, la cuestión de fondo es: ¿a quién le importa? Si está causando más casos entre jóvenes, lo que pienso es que a quién le importa… ¿a quién le importa si hacemos más pruebas y recibimos más pruebas que den positivo?”.

En sus disparates asesinos, Alexander hablaba en nombre tanto de la Casa Blanca como de secciones dominantes de la élite política. Junto con su jefe, Michael Caputo, Alexander logró suprimir la publicación de las cifras de mortalidad y contagios del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades y forzó a los científicos a minimizar el peligro de la pandemia.

Lo que es aún más importante, la política de “inmunidad colectiva” de la Casa Blanca fue apoyada y promovida por todos los sectores de la prensa estadounidense. Utilizando a Suecia como modelo, que no cerró los negocios ni escuelas durante la pandemia, el Wall Street Journal, Washington Post, y el New York Times promovieron la teoría anticientífica de “inmunidad colectiva”.

El 22 de marzo, el columnista del New York Times, Thomas Friedman, declaró que la “cura” no puede ser “peor que la enfermedad”, argumentando que el Gobierno debería “permitir que muchos de nosotros contraigamos el coronavirus, nos recuperemos y volvamos a trabajar”. En mayo, el Washington Post escribió en un editorial que “Suecia ofrece un modelo atractivo para muchas personas hartas de las dificultades del confinamiento pandémico o que nunca se convencieron de que fuera completamente necesario”.

Desde el principio de la pandemia, toda la respuesta del Gobierno estadounidense y la élite política ha buscado preservar los intereses de lucro de las mayores empresas.

Incluso antes, ya se había tomado una decisión para minimizar el peligro. En enero y febrero, el presidente Donald Trump, su gabinete y el Congreso recibieron reportes de alto nivel de las agencias de inteligencia estadounidenses, que advirtieron que la pandemia era “la mayor amenaza de seguridad nacional” para la Presidencia de Trump. Pero, en vez de alertar a la población, Trump buscó “minimizarlo”, como el mismo lo admitió. En los primeros dos meses del año, no hubo ningún testeo sistemático de la enfermedad en el país, permitiendo que se propagara ampliamente, incluso cuando se le instaba a la población viajar, hacer compras y reunirse.

Para marzo, la enfermedad se expandió tanto que sus efectos se volvieron imposibles de ocultar. Para mediados del mes, los trabajadores comenzaron a realizar paros en las principales instalaciones manufactureras de EE.UU., llevando al cierre de la producción en GM, Ford y Chrysler.

La élite política estadounidense utilizó la crisis desatada por la pandemia para llevar a cabo un rescate masivo de los ricos, poniendo unos $6 billones a disposición de las empresas y mercados financieros por medio de la intervención conjunta de la Reserva Federal y el Tesoro, lo cual fue autorizado por la bipartidista Ley CARES, promulgada a fines de marzo.

Tras garantizar el rescate, se tomó la decisión de abandonar cualquier esfuerzo para contener la propagación de la pandemia. Esta política fue acordada y adoptada en los niveles más altos del Estado, involucrando ambos partidos y el Congreso.

Sin duda en colaboración con los Gobiernos de EE.UU. y el resto de Europa, Suecia sirvió como modelo para una política que sería llevada a cabo en EE.UU. y toda Europa. (Varios meses luego, Suecia tiene una mortalidad per cápita diez veces mayor que la de su vecina Dinamarca, mientras que los hospitales están totalmente saturados.)

Dicha política se basó en una falsificación de la ciencia y la desinformación. En sus correos electrónicos, Alexander argumentó, sin ofrecer evidencia, que las vacunas no serán efectivas para proteger a la población, afirmando que “una vacuna no nos llevará a la [inmunidad] colectiva por sí sola… eso significa intuitivamente que necesitamos a personas contagiadas”.

Los delirios de Alexander no tienen ningún fundamento científico. Dado que ya hay muchas vacunas siendo producidas y que muestran resultados sumamente positivos, tales afirmaciones ya fueron completamente desmentidas.

Los promotores de la inmunidad colectiva, incluyendo a Alexander y el New York Times, argumentan que la pandemia prácticamente no ha afectado a los jóvenes.

Pero, el día después de que los correos electrónicos de Alexander se hicieran públicos, el Times publicó un artículo de opinión de los científicos Jeremy Samuel Faust, Harlan Krumholz y Rochelle Walensky, quienes reportaron el hallazgo de una nueva investigación de que “entre los adultos estadounidenses de 25 a 44 años, de marzo al final de julio, hubo casi 12.000 muertes más de lo que se esperaba según las normas históricas”.

Los investigadores añadieron, “De hecho, parece que julio fue el mes más letal para este grupo etario en la historia moderna estadounidense. Durante los últimos 20 años, se han muerto en promedio 11.000 adultos jóvenes cada julio. Este año esta cifra superó los 16.000”.

La afirmación de que sería posible de alguna manera proteger a los adultos mayores del COVID-19 en medio de contagios masivos en la población también ha quedado expuesto como una mentira. Casi el 40 por ciento de las muertes por COVID-19 han ocurrido en hogares de ancianos, que se han vuelto trampas mortales para los adultos mayores.

El 14 de marzo, el World Socialist Web Site caracterizó las políticas de las clases gobernantes en respuesta a la pandemia de COVID-19 como “negligencia maligna”. Escribimos:

En la superficie, esta respuesta parece ser caótica, desorganizada e improvisada. Todo esto es cierto. Pero de este caos aparece una política definida, que puede definirse como negligencia maligna. Es decir, los Gobiernos están tomando una decisión deliberada de minimizar su respuesta y adoptar una actitud de indiferencia ante la propagación del virus.

En septiembre, el World Socialist Web Site explicó que, “esta política se ha convertido en algo aún más siniestro que podría catalogarse de ‘eutanasia social’”. Añadimos:

El trabajador que ya no pueda trabajar es menos que inútil, desde el punto de vista de la clase gobernante. No solo no está generando ganancias, sino que los recursos dedicados a la salud de los adultos mayores constituyen una fuga de riqueza que, de lo contrario, podría ir a apuntalar los mercados o financiar la máquina de guerra.

La política de contagios masivos promovida por la Casa Blanca se ha vuelto la norma en todo Estados Unidos y Europa. Ante la saturación de los hospitales en todo el país, no ha habido ni una parte de EE.UU. donde se haya cerrado la industria manufacturera y otra producción no esencial.

En otras palabras, las diatribas desquiciadas de Alexander representan la política real siendo implementada en EE.UU. El “modelo sueco” se ha vuelto el “modelo estadounidense”. Por eso fallecen 3.000 personas cada día.

La respuesta de la clase gobernante a la pandemia es un crimen social masivo. Las decisiones de alto nivel están siendo tomadas a pesar de saber que resultarán en cientos de miles de muertes. En el siguiente periodo, debe haber una investigación del desastre. Los individuos culpables deben ser identificados y deben ser obligados a rendir cuentas legalmente por sus crímenes.

A pesar de las afirmaciones falsas de la Casa Blanca, la pandemia puede y debe ser contenida. Pero esto exige un movimiento de la clase obrera para frenar la producción no esencial, detener las clases presenciales y garantizar el pago de todos los salarios perdidos e ingresos para las pequeñas empresas.

La élite gobernante no abandonará deliberadamente esta política de sacrificar vidas humanas para su propio enriquecimiento. ¡Depende de los trabajadores salvar sus propias vidas y las de sus seres queridos! El Partido Socialista por la Igualdad urge a los trabajadores y jóvenes que quieren luchar por este programa a contactarnos hoy.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de diciembre de 2020)

Andre Damon

 

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