"Izquierdistas" de sindicato docente estadounidense le escriben una carta de amor a Biden

por Renae Cassimeda y Evan Blake
19 diciembre 2020

Más de una docena de funcionarios de sindicatos docentes locales, incluyendo a los presidentes de sindicato supuestamente "de izquierdas" de Chicago, Los Ángeles y Oakland, le escribieron una carta servil al presidente electo Joe Biden. De la manera más adulatoria, los autores de la carta felicitan a Biden, apoyan su plan de reabrir las escuelas en medio de la devastadora pandemia de COVID-19, y le ruegan al presidente electo que nombre un Secretario de Educación que apoye su tipo de política racialista e identitaria.

La carta de tres páginas se hace eco de la afirmación mentirosa de Biden de que los docentes tendrán a uno de los suyos en la Casa Blanca porque su esposa es miembro de la Asociación Nacional de Educación (NEA) y profesora de un centro de estudios superiores. Se presenta a Biden y a la vicepresidenta electa Kamala Harris como los salvadores de la educación pública que serán el polo opuesto de la despreciada administración Trump y la Secretaria de Educación Betsy DeVos.

El presidente del Sindicato Docente de Chicago (CTU) Jesse Sharkey (en el medio) y la presidenta de la Federación Docente Estadounidense (AFT) Randi Weingarten (en el medio a la izquierda). (George Gallanis/wsws.org)

"Cuando usted llamó al presidente del Sindicato Docente de Chicago Jesse Sharkey a la línea de piquete durante la histórica huelga de 11 días en 2019", escriben, "una de las primeras cosas que usted dijo para enfrentarse a los educadores fue 'Enseñar no es lo que ustedes hacen, es lo que ustedes son'. Es una frase que usted ha repetido a menudo a lo largo de su campaña, y el reconocimiento de ese hecho —y el que usted valore nuestra profesión— es lo que le separa a usted de su predecesor en la Casa Blanca".

"Docentes de todo el país jalearon cuando usted pidió desde el plató del debate más financiación para nuestras escuelas, edificios mejor ventilados, clases más pequeñas e incrementar el personal docente", dicen los autores de la carta. "Su mensaje de tener a uno de los nuestros en la Casa Blanca durante su discurso de agradecimiento nos dio esperanza a la luz de los cuatro últimos años, que han sido, francamente, un ataque malicioso y sostenido a la educación pública desde el gobierno federal".

Todos los firmantes saben que Biden es un feroz enemigo de la clase trabajadora y de los docentes en particular. Se ha comprometido a reabrir la mayor parte de las escuelas de los EEUU en sus primeros 100 días en el cargo, una medida que produciría un crecimiento todavía más catastrófico de contagios y muertes por COVID-19. Fiel sirviente de Wall Street, Biden está comprometido con un programa de austeridad brutal y con la profundización de los esfuerzos de décadas por privatizar la educación pública, que fueron muy extendidos bajo las administraciones de Obama y Biden de 2008-2016. Pero nada de esto les impide afirmar falsamente que el presidente demócrata defenderá los intereses de los docentes y de la educación pública.

Todos los firmantes están implicados en las traiciones más miserables de los docentes a lo largo de los últimos años. Esto incluye al presidente del Sindicato Docente de Chicago (CTU) Jesse Sharkey, dirigente de la ya extinta Organización Socialista Internacional, que traicionara huelgas en 2019 y 2012, allanando el camino para que el establishment político demócrata cierre montones de escuelas públicas, despida a miles de docentes y extienda las escuelas concertadas con ánimo de lucro.

También firmaron la presidenta del Sindicato Docente de Los Ángeles (UTLA) Cecily Myart-Cruz, quien junto al entonces presidente del sindicato Alex Caputo-Pearl, entregaron la huelga de 2019 de 33.000 educadores de Los Ángeles; y el presidente de la Asociación de Educación de Oakland (OEA) Keith Brown, quien puso fin a una huelga poco tiempo después alcanzando un acuerdo con el Partido Demócrata predicado sobre la austeridad masiva y el cierre de escuelas.

Entre otros firmantes está la administradora del grupo de Facebook de Educadores Unidos de Arizona (AEU), Rebecca Garelli, quien junto con Noah Karvelis trabajaron junto a la Asociación de Educación de Arizona (AEA) y los demócratas para sofocar la rebelión de los docentes de Arizona en 2018. Otros firmantes son de sindicatos docentes de Philadelphia, Boston y Baltimore que están asociados con la promoción de planes de estudio racialistas respaldados por Black Lives Matter at School [las vidas de los negros importan en las escuelas].

"Sindicalistas locales de nuestra coalición han ido a la huelga por el bien común, donde miembros de la base usaron su poder para luchar por asuntos que iban más allá de salarios justos y prestaciones", escriben. En cada uno de los casos, sin embargo, las varias demandas de "justicia social" que obtuvieron, que estaban en gran medida asociadas con políticas raciales e identitarias, eran solo un camuflaje para el abandono de las demandas más fundamentales de los docentes para acabar con la brutal austeridad, los cierres de escuelas y la privatización.

Los pseudoizquierdistas apoyan el plan de Biden de abrir las escuelas

Mientras la pandemia causa estragos descontroladamente, la carta retoma el fraude promocionado por Biden y los demócratas y los sindicatos docentes de que se pueden reabrir las escuelas con "seguridad" siempre que los funcionarios de las escuelas trabajen estrechamente con la Federación Estadounidense de Docentes (AFT) y la Asociación de Educación Nacional (NEA).

"Celebramos su compromiso con dejar atrás esta crisis con seguridad, y el próximo secretario de educación debe compartir ese mismo compromiso para asegurar la seguridad de nuestras escuelas y la protección de estudiantes y educadores", declara la carta. No puede haber una "reapertura segura" de las escuelas mientras la pandemia no esté completamente controlada. Según el Monitor de COVID, hasta el momento ha habido 363.791 casos reportados de COVID-19 entre alumnos y personal de escuelas K-12, cifra que crece constantemente y que probablemente es mucho mayor debido a que se esconden datos en todo el país referidos a casos, muertes y brotes ligados a escuelas públicas.

La carta fue publicada el día después de la redada policial fascist izante en la casa de la denunciante Rebekah Jones, la cofundadora de Monitor de COVID, y los firmantes —igual que el propio Biden— no dicen nada sobre este ataque a la libertad de expresión y acceso a la información. Tampoco merece una mención en su carta de amor a Biden la muerte de cientos de educadores, empleados de escuelas y estudiantes en todo el país durante la pandemia.

Desde que ganara las elecciones, Biden ha sido firme en asegurar a Wall Street que no habrá confinamiento nacional y que reabrir las escuelas será una de sus mayores prioridades durante los primeros 100 días de su administración. Lejos de defender la vida de educadores y estudiantes, los elementos pseudoizquierdistas de los sindicatos están ofreciendo su apoyo a la política de regreso a las escuelas de Biden. Esto es coherente con el apoyo a la política homicida de la "inmunidad colectiva" de la revista Jacobin, la publicación semioficial de los Socialistas Demócratas de América (DSA), que promociona regularmente a estos dirigentes sindicales supuestamente "de izquierdas".

La promoción tóxica de las políticas raciales

El meollo de la carta sirve para promocionar políticas raciales divisorias, coherentes con la plataforma del Partido Demócrata. La carta intenta oscurecer el hecho de que decenas de millones de estudiantes de la clase trabajadora y de la clase media y personal docente de todas las razas están ante condiciones terribles como resultado de la respuesta de la clase gobernante a la pandemia. En cambio, la pandemia y la crisis económica y social son presentadas en términos raciales.

"El COVID-19 también ha expuesto vastas desigualdades en nuestra sociedad, en detrimento de una población estudiantil desproporcionadamente negra y latina. El capitalismo racial es incompatible con la justicia para nuestros estudiantes. No podemos tener una conversación sobre reabrir las escuelas sin discutir un conjunto más amplio de demandas que reflejen nuevos compromisos con la vidas negras y morenas" (subrayado en el original). Los autores también exigen al Departamento de Educación que brinde "financiación para más educadores de color".

Esta promoción de políticas raciales sirve tres propósitos interconectados. Primero, se propone esconder que la aniquilación de la educación pública y la respuesta criminal de la clase gobernante a la pandemia es una cuestión de clase, no de raza. Segundo, tiene por objetivo dividir a los educadores y padres y facilitar así el ataque continuado a la educación pública por parte de los dos partidos controlados por las corporaciones, con el consentimiento de los sindicatos. Por fin, las políticas raciales se utilizan para promocionar la carrera de varias capas de minorías, mujeres, etc., de clase media alta que quieren estar a cargo de libros de texto y acuerdos de planes de estudio y otras oportunidades de negocios abiertas por la privatización de la educación pública.

La promoción de tales políticas no tiene nada que ver con el socialismo ni con la lucha por la expansión de la educación pública y otros derechos democráticos. Por el contrario, las políticas raciales han sido plenamente adoptadas por la clase capitalista. Esto puede verse en la "coalición arcoiris" de banqueros, criminales de guerra y otros reaccionarios del gabinete de Biden. Ya sean negros o blancos, hombres o mujeres, gay o hetero, la administración Biden, incluyendo al futuro Secretario de Educación, servirán los intereses de los gobernantes corporativos.

Tras el colapso financiero de 2008 y el rescate de Wall Street, Biden ayudó a supervisar un ataque masivo a la educación pública bajo la administración de Obama. Esto incluyó el despido de cientos de miles de empleados de escuelas públicas y el odiado programa "Carrera hacia arriba", que les dio a distritos necesitados de dinero incentivos financieros para implementar una paga por mérito, la expansión de las escuelas charter y esquemas punitivos de "responsabilización" de los profesores, estandarizados y basados en tests, que hicieron de los docentes el chivo expiatorio de los problemas educativos producidos por décadas de recortes presupuestarios.

La crisis de la educación pública no la causa el "capitalismo racial", sino el capitalismo, un sistema que subordina cada aspecto de la vida al enriquecimiento cada vez mayor de la oligarquía corporativa y financiera. Los dos partidos han supervisado una transferencia de la riqueza desde hace décadas de la clase trabajadora a los súper ricos. Después de entregarle más billones a Wall Street con la bipartidista Ley CARES, a Biden se le ha encomendado dejar sin recursos a la educación pública y otros servicios sociales vitales para pagar este rescate corporativo sin precedentes.

A pesar de las mentiras de los autores de la carta sobre Biden y Harris, ellos consistentemente intentarán llegar a acomodos con sus "colegas" republicanos que han conspirado con Trump para revertir las elecciones. Biden se unirá a Mitch McConnell y los republicanos para declarar que no hay dinero para las escuelas y arrear a docentes y niños de regreso a escuelas infectadas para que se pueda obligar a los padres a volver a trabajar para producir ganancias para las empresas.

Habiendo trabajado estrechamente con la AFT y la NEA para impedir que la oleada de huelgas de 2018-2019 se volviera una huelga nacional, los firmantes de la carta están entusiasmados por la perspectiva de que Biden pueda escoger a la presidenta de la AFT Randi Weingarten o a la antigua presidenta de la NEA Lily Eskelsen García como su secretaria de educación. Esto, esperan, aumentaría sus posibilidades de obtener cargos lucrativos en la administración de Biden mientras esta impone sus medidas contra los docentes.

Pero el impulso a volver a las escuelas y la salvaje austeridad producirán una respuesta poderosa de los educadores contra el Partido Demócrata y los sindicatos corporativos, que irá más allá de las huelgas de docentes de 2018-2019. Para que estas luchas tengan éxito, sin embargo, se necesitan nuevas organizaciones de lucha y nuevas perspectivas.

Los educadores ya han empezado a responder al llamamiento del Boletín de los educadores del Partido Socialista por la Igualdad y el WSWS para formar comités de base para la seguridad, independientes de los sindicatos. Esto es crucial para unirse a otros sectores de la clase trabajadora para construir un poderoso movimiento para exigir el cierre de las escuelas y toda la producción no esencial hasta que la pandemia esté bajo control, al tiempo que se garantice el salario pleno a todos los trabajadores afectados, y brindar los recursos necesarios para una enseñanza a distancia de calidad.

Hay que combinar esto con una nueva estrategia política, incluyendo una ruptura completa con el Partido Demócrata y la política capitalista. La solución a la crisis no es una redistribución de la riqueza entre las razas —un programa reaccionario procapitalista difundido por los firmantes pseudoizquierdistas de la carta a Biden— sino entre las clases. La lucha por la plena financiación de la educación pública requiere la lucha por el socialismo. Esto incluye la expropiación de las fortunas privadas de los usureros de la pandemia como los multimillonarios Bezos, Musk y Tyson, y la redirección de los billones dilapidados en rescates corporativos y el presupuesto de guerra del Pentágono para mejorar enormemente la educación pública y otros programas sociales vitales.

Para luchar por esto, instamos a los educadores a adherir y construir el Partido Socialista por la Igualdad para dirigir estas luchas históricas que hay por delante.

(Publicado originalmente en inglés el 16 de diciembre de 2020)

 

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