Secretario de Estado de EE.UU. aprueba hipócritamente sanciones a oficiales chinos por derechos humanos en Hong Kong

por Peter Symonds
10 diciembre 2020

El lunes, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, aprovechó la inhabilitación el mes pasado de cuatro miembros de la oposición del Consejo Legislativo en Hong Kong para sancionar a 14 miembros del comité permanente de la Asamblea Popular Nacional de China (APN). El comité permanente había autorizado a la administración de Hong Kong a inhabilitar a los legisladores que promovieron la independencia de Hong Kong, se negaron a reconocer la soberanía china o pidieron la intervención extranjera. Los miembros de la oposición del Consejo Legislativo dimitieron en masa de protesta.

En su declaración, Pompeo, que es conocido por sus diatribas contra China, volvió a arremeter contra “el implacable asalto de Beijing contra los procesos democráticos de Hong Kong [que] ha destruido su Consejo Legislativo, convirtiendo al organismo en un sello de aprobación sin una oposición significativa”. Atacó las acciones del comité permanente de la APN por haber “neutralizado efectivamente la capacidad del pueblo de Hong Kong para elegir a sus representantes electos”.

El secretario de Estado Mike Pompeo y el presidente Donald Trump durante una rueda de prensa en marzo de 2020 (AP Photo/Evan Vucci)

Pompeo también condenó al comité permanente de la APN por aprobar una Ley de Seguridad Nacional antidemocrática amplia en junio que se ha utilizado para reprimir las protestas contra Beijing que estallaron el año pasado por los intentos de la administración de Hong Kong de promulgar un nuevo tratado de extradición. La semana pasada, los tribunales de Hong Kong condenaron a tres destacados líderes de la protesta, Joshua Wong, Agnes Chow, Ivan Lam, a penas de cárcel por su participación en una asamblea no autorizada el año pasado.

Bajo las sanciones, los 14 miembros del comité permanente de la APN y sus familiares inmediatos no podrán ingresar a los Estados Unidos, sus activos en los Estados Unidos serán bloqueados y los ciudadanos estadounidenses no podrán hacer negocios con ellos. Con el pretexto de defender la democracia en Hong Kong, el Departamento de Estado de EE. UU. ya impuso sanciones similares a varias personas, incluyendo a su directora ejecutiva, Carrie Lam, que ocupa el puesto más alto del territorio.

Temiendo que las protestas en Hong Kong puedan animar revueltas en China continental, el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) ha recurrido desde entonces a métodos cada vez más antidemocráticas para reprimir la oposición. Sin embargo, que la Administración de Trump se presente como defensora de los derechos democráticos en Hong Kong, o en cualquier otro lugar, es el colmo de la hipocresía. Trump no tuvo ningún reparo en movilizar a las fuerzas paramilitares federales para reprimir brutalmente las protestas generalizadas en Estados Unidos contra la violencia policial y, además, ha conspirado para subvertir la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales del mes pasado.

Washington tiene un largo historial de sacar partido selectivamente de los problemas de derechos humanos para promover sus intereses económicos y estratégicos, mientras hace la vista gorda ante los abusos flagrantes de los derechos democráticos por parte de sus aliados y socios estratégicos. Las denuncias de Pompeo contra China sobre un conjunto cada vez más amplio de cuestiones, desde los derechos humanos en Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet hasta los reclamos territoriales chinos en el mar de China Meridional y las acusaciones a Beijing por el coronavirus, son parte de la creciente confrontación económica y estratégica liderada por Estados Unidos contra China durante la última década.

En un comentario titulado “China es la amenaza número uno para la seguridad nacional” publicado en el Wall Street Journal la semana pasada, el director de Inteligencia Nacional de EE. UU., John Ratcliffe dejó absolutamente claro que la principal preocupación de Washington no son los derechos democráticos, sino la amenaza que presenta China para el dominio global del imperialismo estadounidense.

Después de declarar que “la República Popular de China representa la mayor amenaza para Estados Unidos en la actualidad, y la mayor amenaza para la democracia y la libertad en todo el mundo desde la Segunda Guerra Mundial”, Ratcliffe acusó a China, sobre la base de afirmaciones infundadas, de que robó propiedad intelectual de las empresas estadounidenses y tecnología de defensa sensible y desarrolló sus propias “capacidades de clase mundial en tecnologías emergentes”.

En otras palabras, Estados Unidos teme que China lo supere económica y tecnológicamente, incluso en el ámbito militar. Ratcliffe declaró que China planteaba un “desafío único de una generación”: “Esta generación será juzgada por su respuesta al esfuerzo de China por reorganizar el mundo en su propia imagen y reemplazar a Estados Unidos como la superpotencia dominante”. E instó a una respuesta bélica, equivalente a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial para derrotar “el flagelo del fascismo” y las medidas de la Guerra Fría destinadas a “derribar la Cortina de Hierro”.

Si Joe Biden asume la presidencia el próximo enero, su Administración solo intensificará la campaña de guerra de Estados Unidos contra China. Como vicepresidente de la Administración de Obama, Biden estuvo muy involucrado en su agresivo “giro hacia Asia” que implicó una ofensiva diplomática, económica y estratégica generalizada con el objetivo de socavar a China. Su “reequilibrio” militar había asegurado que el 60 por ciento de los activos navales y aéreos estadounidenses estuvieran estacionados en la región del Indo-Pacífico para 2020 y ha fortalecido las alianzas estadounidenses, estableciendo acuerdos y alianzas estratégicas en toda la región.

Durante su campaña electoral, Biden buscó flanquear a Trump como un defensor más agresivo y de línea dura de los intereses del imperialismo estadounidense. Tildó al presidente chino Xi Jinping de “matón” y, en uno de sus anuncios electorales, declaró que “Trump se doblegó a los chinos; les tomó la palabra” sobre COVID-19. Mientras que el enfoque táctico de Biden hacia China puede ser diferente, está igualmente decidido a evitar que desafíe la hegemonía global de Estados Unidos.

Los “derechos humanos” son la bandera cada vez más de mal gusto bajo la que Estados Unidos lleva adelante su agresivo enfrentamiento con China. El mes pasado, el grupo de intercambio de inteligencia de alto nivel Five Eyes, que incluye a Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, dio el paso inusual de intervenir junto a Washington en condenar la inhabilitación de los legisladores de Hong Kong y presentarse como defensores de la democracia.

Hong Kong, que era una colonia británica hasta su entrega a China en 1997, nunca ha sido gobernada democráticamente. Beijing simplemente se hizo cargo de las estructuras antidemocráticas a través de las cuales Londres administraba su colonia; el todopoderoso gobernador colonial británico pasó a llamarse director ejecutivo y fue seleccionado por un comité de personas designadas por Beijing. El Consejo Legislativo, con sus poderes limitados, permaneció mayoritariamente como estaba: elegido solo parcialmente mediante elecciones directas. Por supuesto, Estados Unidos nunca criticó a Reino Unido por su gobierno colonial antidemocrático.

La debilidad política del movimiento de protesta que estalló el año pasado es que estaba dominado por organizaciones y partidos que promovían la falsa esperanza de que Estados Unidos y Reino Unido defenderían los derechos democráticos en Hong Kong. Para Washington, los derechos de las personas en Hong Kong, o si vamos al caso en toda China, son simplemente un pretexto conveniente para su campaña de guerra. Los verdaderos aliados de los trabajadores de Hong Kong son los trabajadores de China e internacionales, no el imperialismo estadounidense y británico, que rápidamente abandonarán su fanfarronada “democrática” cuando les convenga.

Además, la orientación hacia Washington y Londres juega directamente en manos de Beijing, que explota las afirmaciones de “injerencia extranjera” para justificar sus métodos antidemocráticos. El martes, China denunció las sanciones de Estados Unidos a los miembros del comité permanente de la APN. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, condenó “el comportamiento grosero e irrazonable, loco y detestable del lado estadounidense”. El mismo día, la policía de Hong Kong arrestó al menos a ocho líderes de la oposición en una nueva redada en virtud de la draconiana Ley de Seguridad Nacional.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de diciembre de 2020)