En discurso acusa falsamente de fraude electoral masivo

El Mein Kampf de Donald Trump

4 diciembre 2020

El discurso de Donald Trump publicado en su página de Facebook el miércoles por la tarde fue una declaración de guerra contra la democracia estadounidense. Fue un llamado poco velado a una insurrección derechista para derrocar los resultados electorales y mantener en la Casa Blanca a un presidente que ha repudiado al pueblo estadounidense.

La diatriba de 46 minutos, que Trump llamó “el discurso más importante que he hecho”, respalda todas las acusaciones fraudulentas de fraude electoral, embarazo de urnas y el uso de programas de computadora para “cambiar” votos que sus abogados Rudy Giuliano, Jenna Ellis y Sidney Powell han avanzado durante las últimas tres semanas. En un estado tras otro, por jueces tanto republicanos como demócratas, estas acusaciones han sido ridiculizadas en los tribunales por no contar con una pizca de evidencia.

Trump declaró que los comicios de noviembre estuvieron “manipulados” y exigió que la Corte Suprema intervenga para anular los resultados en todos los estados reñidos, lo declare ganador y le conceda sus votos electorales y, consecuentemente, un segundo término como presidente.

No obstante, el principal propósito de su discurso, que describe al Partido demócrata y a la mayoría de los oficiales electorales estatales como criminales, fue incitar a los seguidores más fervientes de Trump para que organicen ataques violentos contra cualquiera que el führer en potencia señale. Denunciando a los que “quieren herir al presidente de Estados Unidos”, Trump exigió que “algo tiene que ocurrir”. Añadió, “Estos intereses arraigados se oponen a nuestro movimiento porque nosotros colocamos a EE.UU. primero”.

El lenguaje del discurso y su línea argumentativa absoluta y antidemocrática sugieren que fue escrito por Stephen Miller, el cabecilla de la guerra de Trump contra los inmigrantes, quizás con la asistencia de Steve Bannon, el exasesor político principal de Trump. Miller y Bannon han sido los mayores partidarios de que Trump transforme el Partido Republicano en un movimiento abiertamente fascistizante, con él como jefe dentro o fuera de la Casa Blanca.

Los oficiales de la Casa Blanca han indicado que Trump grabó su discurso la semana pasada, antes de que el fiscal general William Barr, uno de sus servidores políticos más obedientes, concediera en una entrevista el martes: “Hasta la fecha, no hemos visto un fraude a una escala que pudiera haber generado un resultado diferente en la elección”. Esta administración por sí sola demuestra que el discurso de Trump fue planeado según los principios de Hitler y Goebbels: cuanto más grande la mentira, mejor.

El momento elegido para publicar el discurso es relevante, ya que ocurrió apenas 24 horas después de una rueda de prensa en la que el más alto administrador electoral del estado de Georgia y un leal republicano por mucho tiempo, realizó una denuncia pública extraordinaria personalmente contra Trump, acusándolo de amenazas cada vez mayores de violencia. Gabriel Sterling mencionó que se dejó una soga en la casa de un trabajador electoral informático, así como miles de amenazas de muerte contra el titular electoral Brad Raffensperger, la esposa de Raffensperger, el propio Sterling y muchos más involucrados en el recuento y la tabulación de las urnas en el estado.

Los comentarios de Sterling fueron una acusación explícita contra Trump. “Sr. presidente, usted no ha condenado este lenguaje ni estas acciones”, afirmó. “Esto debe detenerse”. También denunció a los dos senadores republicanos de Georgia, quienes han exigido la renuncia de Raffensperger y respaldado los ataques de Trump contra los comicios en Georgia el 3 de noviembre.

“Senadores, ustedes no han condenado este lenguaje ni estas acciones”, dijo. “Dejen de inspirar a las personas a que cometan posibles actos de violencia”. Sterling dijo que parece que Trump perdió los 16 votos electorales de Georgia —Biden mantiene una ventaja de 13.000 votos tras dos recuentos— mientras que los senadores republicanos no lograron una mayoría y se enfrentarán a los rivales demócratas en una segunda vuelta el 5 de enero.

El oficial republicano de Georgia también condeno los comentarios de Jow diGenova, un abogado de la campaña de Trump que exigió que el exdirector de ciberseguridad federal Christopher Krebs fuera “acribillado al amanecer” por haber declarado que no hubo ninguna manipulación informática de las elecciones. “Alguien va a salir herido”, concluyó Sterling. “Alguien va a ser acribillado. Alguien va a terminar muerto”.

En el contexto de esta crítica, que dominó las noticias estadounidenses sobre la situación postelectoral por 24 horas, el discurso de Trump en Facebook tuvo un mensaje claro: está alentando deliberadamente el uso de violencia sobre el que han advertido Sterling y otros oficiales.

Hay un diálogo en curso entre el criminal en la Casa Blanca y sus seguidores más violentos y reaccionarios por fuera. El martes, el Washington Times, un diario ultraderechista en la capital estadounidense, publicó una página completa y pagada por un grupo fascista con sede en Ohio, la “We The People Convention”, exigiendo a Trump declarar ley marcial y ordenar una nueva elección bajo la supervisión del ejército estadounidense.

El anuncio denunció la “amenaza a nuestros Estados Unidos presentada por la izquierda socialista/comunista internacional y nacional”, advirtió sobre la existencia de “marxistas bien financiados, armados y entrenados en ANTIFA y BLM [Black Lives Matter] estratégicamente posicionados en nuestras principales ciudades”, y tachó la elección de “corrupta y comprobablemente fraudulenta”.

El diario no solo aceptó publicar esta diatriba demente, sino que dos figuras cercanas a Trump inmediatamente tuitearon en apoyo a la imposición de ley marcial: el general retirado Michael Flynn, el primer asesor de seguridad nacional de Trump, quien fue indultado por el mandatario la semana pasada después de declararse culpable de dar falso testimonio; y Lin Wood, un abogado que ha encabezado los desafíos de la campaña de Trump en varios estados. Wood también representa a Kyle Rittenhouse, un vigilante pro-Trump que mató a tiros a dos manifestantes que protestaban la violencia policial en Kenosha, Wisconsin.

Flynn y Wood declararon que EE.UU. “se dirige a una guerra civil” y afirmaron que el Partido Demócrata está aliado a la “China comunista” en derrocar el Gobierno de Trump. Wood también alegó que el gobernador de Georgia Brian Kemp, un republicano, era un “traidor y un criminal” y que recibió sobornos de China para favorecer a Biden en la elección.

El Partido Demócrata y la prensa prodemócrata han respondido con silencio a la declaración abierta de Trump de que ganó la elección y permanecerá en el cargo. Hasta la publicación de este artículo, la campaña de Biden no ha hecho ninguna declaración, como tampoco lo han hecho los líderes congresistas demócratas como la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, los senadores Chuck Schumer, Bernie Sanders ni Elizabeth Warren.

Hubo poco o ningún reportaje en los noticieros televisivos vespertinos sobre el presidente de EE.UU. declarando que la elección en la que fue derrotado fue un fraude. Las cadenas televisivas de desestimaron el discurso de Trump como si fuera una repetición de sus alegatos previos y desacreditados, sin gran importancia.

Esto va en línea con la postura de Biden y los demócratas ante el arresto de varios simpatizantes fascistas de Trump en Michigan cuando se preparaban para secuestrar y asesinar a la gobernadora demócrata del estado, Gretchen Whitmer, después de que Trump la atacara varias veces, incluso llamando a sus simpatizantes en un tuit a que “liberen Michigan” de los cierres por coronavirus impuestos —pero ya levantados hace mucho— por la gobernadora.

Los demócratas no temen las amenazas de violencia y dictadura de Trump, sino la rebelión popular masiva que pueden desencadenar si Trump busca cumplir sus prolongadas amenazas de un golpe electoral. Los demócratas saben muy bien que EE.UU. es un polvorín social que se encuentra profundamente dividido entre una aristocracia financiera fabulosamente adinerada, a la cual sirven tanto los demócratas como los republicanos, y la gran mayoría de la población que tiene dificultades para sobrevivir.

Las últimas amenazas de Trump se producen cuando la pandemia de coronavirus se está saliendo de control debido a las políticas homicidas de la clase gobernante. El promedio de muertes diarias se está acercando al máximo anterior en la primavera, mientras los hospitales de todo el país colapsan. El director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, sigla en inglés), Robert Redfield, advirtió el miércoles que los próximos meses se contarán entre “los más difíciles en la historia de la salud pública de esta nación”.

Hace dos semanas, mucho tiempo después de que las cadenas televisivas y los otros medios “declararan” a Biden ganador de la elección y de que los demócratas comenzaran a organizar su gabinete y personal para la Casa Blanca, el Partido Socialista por la Igualdad advirtió :

Trump seguirá siendo presidente, la cabeza del poder ejecutivo en Estados Unidos, por 65 días más, y la situación política puede virar en distintas direcciones. Si fuere expulsado del cargo, Trump está creando una narrativa de que fue “apuñalado en la espalda”, que las elecciones fueron ilegítimas y que él sigue siendo el presidente legítimo.

Esta advertencia ha sido más que confirmada y no solo por el discurso fascistizante de Trump, sino por su reorganización de la cúpula del Pentágono para colocar las fuerzas militares estadounidenses bajo el control de sus propios leales personales, así como sus esfuerzos para provocar una crisis internacional —como una guerra con Irán— que le daría el pretexto para declarar un estado de emergencia nacional y desplegar una represión masiva.

La cuestión central sigue siendo la siguiente: la clase obrera necesita intervenir como una fuerza independiente en la crisis en marcha de la clase gobernante estadounidense. Al oponerse a Trump, los trabajadores y jóvenes no pueden depender ni por un minuto del Partido Demócrata, que es un instrumento plenamente reaccionario de la oligarquía financiera. La clase obrera necesita apoyar las conspiraciones de la Casa Blanca de Trump y sus matones fascistas a través de los métodos de la lucha de clases y la lucha política por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de diciembre de 2020)

Patrick Martin

 

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