La conspiración para reabrir escuelas

2 diciembre 2020

El domingo, el alcalde del Partido Demócrata Bill de Blasio anunció que la ciudad de Nueva York abandonaría sus pautas de seguridad escolar y reabriría las escuelas a pesar de que el COVID-19 se esté saliendo de control en toda la ciudad.

Al decidir reabrir las escuelas, de Blasio simplemente ignoró la regla de la ciudad de que las escuelas se cerrarían cuando la tasa de positividad de pruebas superara el tres por ciento. La regla se estableció inicialmente en un esfuerzo por contener la oposición masiva de los maestros a la reapertura insegura del distrito escolar. La tasa no solo está por encima del tres por ciento, sino que se ha elevado a casi el cuatro por ciento.

Un padre le ayuda a su hija a ponerse una mascarilla en la escuela Bradford de Jersey City, Nueva Jersey, 10 de junio de 2020 (AP Photo/Seth Wenig, archivo)

La decisión del alcalde, respaldada por los sindicatos, no está motivada por consideraciones científicas o de salud pública, sino por las demandas de Wall Street. La clase dirigente quiere que las escuelas permanezcan abiertas y reciban a los niños en condiciones inseguras para que sus padres puedan volver a trabajar, también en condiciones inseguras. La reapertura de las escuelas en la ciudad de Nueva York, el distrito escolar más grande del país, establece el patrón para todo el país y tiene la intención de hacer cumplir la política de la clase gobernante de “inmunidad colectiva”.

De Blasio justificó sus acciones con una sola frase: “Sabemos, en primer lugar, que los estudios muestran consistentemente que los niños más jóvenes están teniendo una experiencia menos negativa y que hay menos inquietudes sobre la propagación cuando se trata de niños más jóvenes”.

Esta es una mentira descarada. Todos los estudios científicos de renombre contradicen su afirmación de que ahora hay “menos inquietudes” sobre la propagación del COVID-19 en las escuelas. Un estudio publicado hace solo dos semanas en Nature, una de las revistas científicas más importantes del mundo, descubrió que cerrar las escuelas es una de las formas más efectivas de contener el COVID-19.

El estudio, “Clasificación de la eficacia de las intervenciones gubernamentales de COVID-19 en todo el mundo”, fue publicado por investigadores de la Universidad Médica de Viena, Austria. A medida que llegan más datos, se ha hecho más claro que el cierre de escuelas previene la propagación de COVID-19. El informe señala que “se ha descubierto que el cierre de escuelas en los Estados Unidos reduce la incidencia y la mortalidad de COVID-19 en un 60 por ciento aproximadamente”. Este resultado también está en línea con un estudio de rastreo de contactos de Corea del Sur, que identificó a los adolescentes de 10 a 19 años como más propensos a propagar el virus que los adultos y los niños en el ámbito doméstico”.

El artículo de Nature citó un estudio publicado en julio por el Journal of the American Medical Association, “Asociación entre el cierre de escuelas en todo el estado y la incidencia y mortalidad de COVID-19 en los EE.UU.”, que encontró que “el cierre de escuelas estuvo relacionado a una disminución significativa tanto de la incidencia de COVID-19... como de la mortalidad”.

En otras palabras, cerrar las escuelas salva vidas. Además, el estudio, realizado por investigadores radicados en el Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati, encontró que “los estados que cerraron las escuelas antes, cuando la incidencia acumulada de COVID-19 era baja, tuvieron la mayor reducción relativa en incidencia y mortalidad”.

Los resultados del estudio de rastreo de contactos de Corea del Sur al que hace referencia Nature se publicaron en octubre en la revista Emerging Infectious Diseases, dirigida por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC).

El 25 de octubre se publicó otro estudio en el Medical Journal of Australia, “COVID-19, los niños y las escuelas: pasados por alto y en peligro”, de Zoë Hyde, epidemióloga de la Universidad de Australia Occidental. Descubrió, “Los niños pueden ser más susceptibles de lo que originalmente se pensaba y podrían desempeñar un papel en la transmisión en la comunidad”. Hyde insistió en que “las escuelas no deben permanecer abiertas para las clases presenciales en el marco de una transmisión importante en la comunidad”.

Esto está en línea con las recomendaciones tanto de la Organización Mundial de la Salud como de los CDC contra la reapertura de las escuelas cuando existe una amplia y creciente difusión de COVID-19 en la población en general, como ocurre actualmente en la ciudad de Nueva York.

El anuncio de De Blasio sigue a una campaña de semanas en los medios de comunicación de EE.UU., dirigida por el New York Times, para afirmar falsamente que la apertura de las escuelas es segura, supuestamente basándose en “nuevos” estudios científicos.

El 22 de octubre, el Times publicó un artículo, “Los estudiantes parecen ser poco propensos a alimentar las oleadas de coronavirus, dicen los científicos”, que declaraba que “las escuelas no parecen estar alimentando la transmisión del coronavirus en la comunidad”. El artículo del Times no citó ni un solo estudio publicado en una revista de revisión por pares para apoyar la conclusión en su titular, basándose en citas aisladas de individuos y fuentes no revisadas por pares.

Además, cualquiera que lea realmente el artículo concluiría que su titular fue simplemente añadido por un editor, ya que contradice mucho de lo que el autor dice en realidad. El artículo señala que “las tendencias en los niños mayores... sugieren una mayor posibilidad de que las infecciones se propaguen”. Describiendo la situación en Suecia, afirma: “Los maestros de escuelas con niños mayores tenían el doble de la tasa de infecciones en comparación con los que enseñaban a distancia”.

Además, cualquiera que lea realmente el artículo concluirá que su titular fue simplemente añadido por un editor, ya que contradice mucho de lo que el autor dice realmente. El artículo señala que “las tendencias en los niños mayores... sugieren una mayor posibilidad de que las infecciones se propaguen”. Describiendo la situación en Suecia, afirma: “Los maestros de escuelas con niños mayores tenían el doble de la tasa de infecciones en comparación con los que enseñaban a distancia”.

El Times siguió su distorsionada cobertura con un editorial el 11 de noviembre exigiendo: “Mantén las escuelas abiertas, Nueva York”.

La campaña del Times se contradice con artículos anteriores publicados por el mismo Times. El 5 de mayo, Apoorva Mandavilli, el autor del artículo citado, escribió en “Nuevos estudios añaden a la evidencia de que los niños pueden transmitir el coronavirus” y que “los expertos dijeron que los nuevos datos sugieren que los casos podrían dispararse en muchas comunidades de EE.UU. si las escuelas reabren pronto”.

A finales de septiembre, el Times informó de la existencia de un complot de “altos funcionarios de la Casa Blanca” para presionar “a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades este verano para restarle importancia al riesgo de enviar a los niños de vuelta a la escuela”.

Como resultado del impulso sin precedentes de la Administración para someter a los CDC a la presión política, los CDC publicaron una declaración el 23 de julio titulada, “La importancia de reabrir las escuelas de EE.UU. este otoño”, que declaraba, “Estudios científicos sugieren que la transmisión de COVID-19 entre los niños en las escuelas puede ser baja”.

La declaración de los CDC fue universalmente condenada por los médicos y científicos como la cobarde capitulación de una de las principales agencias científicas de EE.UU. a la presión política de la Casa Blanca. En una admisión descarada de que el documento era una parodia pseudocientífica, los CDC retiraron la declaración de su sitio web el 28 de octubre, y nunca ha aparecido en ningún sitio web del Gobierno desde entonces.

El enlace al documento eliminado ahora redirige a los lectores a una guía actualizada de los CDC, que afirma correctamente que el “riesgo comparativamente bajo de hospitalización y muerte entre los propios niños debe ser contextualizado al riesgo que se plantea a los profesores, administradores de escuelas y otro personal en el entorno escolar”. La declaración agrega: “Se espera que el riesgo de los maestros, administradores de escuelas y otro personal en las escuelas refleje el de otros adultos en la comunidad si contraen el COVID-19”.

La campaña para reabrir las escuelas está siendo encabezada por el Partido Demócrata. No cabe duda de que uno de los que le pidieron a de Blasio que insistiera en revertir la decisión de cerrar las escuelas de la ciudad de Nueva York fue el presidente electo Joe Biden.

La Administración entrante de Biden se opone a cualquier medida coordinada para detener la propagación del virus, y ha rechazado repetidamente un cierre nacional y el cierre de la producción no esencial, ya que la enfermedad está fuera de control. Cualesquiera que sean sus diferencias tácticas, tanto los demócratas como los republicanos están comprometidos con la política de la clase dirigente de “inmunidad colectiva”, siendo la reapertura de las escuelas un componente central.

Tomando en cuenta que la repartición generalizada de vacunas está a pocos meses de distancia, ¡el sacrificio innecesario de una sola vida es inconcebible! Los profesores, padres y la clase obrera en su conjunto deben oponerse al impulso de sacrificar sus vidas para que la oligarquía financiera pueda ganar aún más dinero.

La clase obrera debe intervenir para hacer cumplir las medidas de emergencia para detener la propagación del virus. ¡Cientos de miles de vidas están en juego!

El Partido Socialista por la Igualdad está encabezando la lucha por construir comités de seguridad de base, independientes de los sindicatos y de los dos grandes partidos patronales, en cada escuela y lugar de trabajo. Estos comités deben establecer, y están estableciendo, conexiones con todos los demás sectores de la clase trabajadora para organizar una lucha común contra la respuesta de la clase dirigente a la pandemia.

Las escuelas deben permanecer cerradas y la producción no esencial debe cesar. Los billones de dólares entregados a Wall Street y a las corporaciones deben ser confiscados para proporcionar un ingreso completo a todos los trabajadores afectados y financiar los programas necesarios para asegurar que todos los estudiantes reciban una educación en línea de la más alta calidad.

La lucha contra la pandemia es, cada vez más claramente, una lucha política de la clase obrera contra la Administración de Trump, el Partido Demócrata y toda la clase dominante. Es una lucha por reorganizar la vida económica y social en base a satisfacer las necesidades sociales y no el lucro privado. Es la lucha por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de diciembre de 2020)

Andre Damon