Crece el apoyo de los trabajadores a cerrar la producción no esencial, mientras EE.UU. supera las 250.000 muertes

20 noviembre 2020

La ira crece en las fábricas y lugares de trabajo de EE.UU. mientras la pandemia de coronavirus se sale de control. El número de muertos ha superado los 250.000 y los nuevos casos y las hospitalizaciones están aumentando bruscamente en casi todos los estados del país. Los trabajadores, sin embargo, están siendo obligados a trabajar y arriesgar sus vidas y las de sus seres queridos para generar ganancias.

Las preocupaciones y la oposición de los trabajadores son ignoradas en gran medida por los medios de comunicación corporativos. Sin embargo, los artículos publicados en el World Socialist Web Site sobre la propagación del contagio en los lugares de trabajo están siendo leídos ampliamente por los trabajadores y circulados en las redes sociales.

Un trabajador de la planta de ensamblaje de GM en Flint, Michigan, le escribió al WSWS: “¡Creo que cada planta debería hacerle pruebas a cada empleado y enviarnos a casa para hacer cuarentena durante dos semanas, así como recortar todas las horas extras hasta que este virus se haya ralentizado!”.

Un trabajador de una planta de repuestos de Fiat Chrysler en Michigan escribió: “No se olviden de nosotros aquí en la planta de ejes de Marysville. Tenemos docenas de empleados y supervisores fuera debido al Covid y casi ningún protocolo de seguridad, excepto los controles de temperatura en la puerta. Ni una sola persona aquí siente que sus vidas importan. Las piezas de automóviles son más importantes que nuestras vidas”.

Prevalecen condiciones similares en todo el país y en todas las industrias. Mike Hull, un educador victimizado de Texas y fundador del grupo de Facebook “Maestros contra la muerte”, dijo al WSWS: “Demasiadas personas se ven obligadas a salir, demasiadas mueren, y lo más repugnante es lo tanto de esto que se pudo prevenir. Tiene que haber urgencia”.

Los trabajadores están exigiendo una acción colectiva. En la Planta de Ensamblaje de Sterling Heights (SHAP), donde al menos un trabajador, Mark Bianchi, ha muerto recientemente, los trabajadores están discutiendo “ir a la línea azul”, es decir, bajar sus herramientas y trasladarse a un área segura lejos de la línea de montaje. Esto es lo que los trabajadores del SHAP y otros trabajadores de Fiat Chrysler en Michigan, Ohio, Indiana y Windsor, Canadá, hicieron a mediados de marzo, forzando el cierre de la industria automotriz norteamericana y otros cierres, lo que salvó la vida de decenas de miles de personas.

Los educadores, enfermeros y otros trabajadores ya están tomando medidas. Mientras los hospitales se ven abrumados por una avalancha de pacientes de COVID-19, 800 enfermeros del área de Filadelfia del Centro Médico Saint Mary's en Langhorne, Pensilvania, hicieron huelga el martes para exigir niveles de personal y equipo de protección adecuados y salarios dignos.

Con los educadores arriesgando sus vidas cada vez que se ven obligados a entrar en un recinto escolar, los maestros de Utah organizaron una huelga de hambre la semana pasada, al igual que los educadores de Midland, Texas, donde se anunció el martes que el maestro de la secundaria Midland John Anthony había muerto a causa de COVID-19. El viernes, los maestros de Alabama organizaron una protesta y buscaron el apoyo de los trabajadores de la planta de Hyundai en Montgomery. Después de semanas de aumentos de las infecciones y demandas de los maestros para detener las clases presenciales, las escuelas de la ciudad de Nueva York cerrarán hoy, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos de la ciudad y el estado, dirigidos por el Partido Demócrata, para mantenerlas abiertas.

Toda la élite política se opone a la acción más elemental para salvar vidas: el cierre inmediato de las empresas, escuelas y universidades no esenciales hasta que la pandemia esté bajo control.

La mera sugerencia la semana pasada del epidemiólogo Michael Osterholm, quien forma parte del equipo de trabajo sobre el coronavirus de Biden, de que debía haber un cierre de cuatro a seis semanas, combinado con ingresos completos para los afectados, llevó a una caída en Wall Street, a negaciones inmediatas por parte del equipo de transición de Biden y a la declaración de Trump de que “esta Administración no hará ningún cierre”, lo que llevó a una recuperación de las acciones.

La pérdida masiva de vidas es el producto de políticas definidas, que sirven a intereses de clase definidos. El Gobierno de Trump y el Partido Demócrata ocultaron primero los peligros de la pandemia para proteger el mercado de valores y evitar paros generalizados de los trabajadores. Después de la aprobación de la Ley CARES bipartidista a finales de marzo, ambos partidos lanzaron la campaña de regreso al trabajo para obligar a los trabajadores a pagar el rescate masivo de los súper ricos.

El Congreso permitió deliberadamente que la ayuda federal para el desempleo expirara en julio, lo que provocó una asombrosa caída de medio billón de dólares en los ingresos personales. Se ha negado a aprobar un nuevo paquete de estímulo, dejando a unos 12 millones de trabajadores sin empleo en peligro de perder su ayuda al desempleo para la Navidad. El objetivo es hacer que los trabajadores se mueran de hambre para arriesgar sus vidas en el trabajo.

Los trabajadores quieren tomar medidas para detener la propagación del virus. Saben que cada día que entran en el trabajo están arriesgando sus vidas y las de sus familiares. Sin embargo, muchos se preguntan cómo pueden sobrevivir si no están trabajando. “Realmente no sé qué hacer porque no puedo permitirme dejar de trabajar”, dijo un trabajador de la industria automotriz en Flint, Michigan, al WSWS. “Sigo sufriendo económicamente por el cierre en marzo. Pero, por otro lado, no quiero contagiar de esta enfermedad a mis seres queridos”.

La “elección” que los trabajadores se ven obligados a hacer, entre sacrificar su salud o su bienestar económico, se basa en la subordinación de la respuesta a la pandemia a las ganancias de las corporaciones y la riqueza de la clase dirigente.

El Partido Socialista por la Igualdad exige el cese de toda la producción no esencial y el cierre inmediato de las escuelas y universidades. Si bien las mascarillas y el distanciamiento social son necesarios, tales medidas no detendrán la propagación del virus en los lugares de trabajo. En cuanto a la posibilidad de que haya una vacuna ampliamente disponible en algún momento del próximo año, esto hace aún más necesario tomar todas las medidas ahora para salvar vidas.

Esto debe ir acompañado de una compensación total a todos los trabajadores afectados por los cierres, incluyendo 1.000 dólares a la semana para su sustento, junto con la suspensión de los pagos estudiantiles y de tarjetas de crédito, alquiler e hipotecas. Las pequeñas empresas deben ser compensadas por lo perdido, para que puedan sobrevivir hasta que la pandemia esté bajo control.

Se necesita una asignación masiva de recursos para asegurar que los niños tengan tecnología de punta y conexiones de Internet de alta velocidad para las clases remotas, que los padres tengan los medios para cuidar a los niños y que los problemas psicológicos y sociales asociados con un período de aislamiento sean abordados de manera adecuada y compasiva. Debe ponerse en marcha un programa masivo de obras públicas para construir la infraestructura necesaria para distribuir la vacuna cuando esté disponible y para proporcionar pruebas regulares, seguimiento de contactos y tratamiento médico gratuito para contener y finalmente erradicar la enfermedad.

Los recursos para esto existen. Se han entregado billones de dólares a los bancos y corporaciones para alimentar un aumento récord de los mercados de valores, en medio de muertes a escala masiva y devastación social. Las fortunas privadas de Jeff Bezos, Elon Musk y el resto de los milmillonarios de EE.UU. han incrementado 637.000 millones de dólares. GM, Ford y FCA acumularon casi 8.000 millones de dólares en ganancias solo en el tercer trimestre. Las gigantescas cadenas de hospitales con fines de lucro HCA, Tenet y Universal, todas rescatadas con fondos públicos, vieron un aumento en las ganancias del tercer trimestre.

La lucha contra la pandemia no es solo un asunto médico. Es una lucha política. Las medidas necesarias para salvar vidas requieren un ataque frontal a la riqueza y el poder de la oligarquía corporativa y financiera, que controla ambos partidos políticos.

Para tomar las medidas necesarias, los trabajadores necesitan nuevas organizaciones de lucha, independientes de los sindicatos, para movilizar el apoyo para los paros y una huelga general para detener la producción. A lo largo de esta crisis, los sindicatos han sido irrelevantes. En los lugares donde están presentes, simplemente han avanzado las mentiras de los ejecutivos y políticos proempresariales sobre la “reapertura segura”, ocultando información sobre los brotes.

Los trabajadores de la industria automotriz, los maestros, entre otros trabajadores están construyendo una red de comités de seguridad para coordinar esta lucha. Estas iniciativas deben ser ampliadas y expandidas para abarcar a todos los sectores de la clase trabajadora, y para unir las luchas de los trabajadores de los EE.UU. con las de los trabajadores de Europa, América Latina y de todo el mundo.

La lucha por la defensa de la salud y la seguridad de los trabajadores debe combinarse con la construcción de un poderoso movimiento político de la clase obrera en los Estados Unidos y a nivel internacional que tenga como objetivo establecer el poder obrero, apoderarse de las fortunas mal habidas de los súper ricos y reorganizar la vida económica a lo largo de líneas socialistas, basándose en los principios de la solidaridad humana y la igualdad social.

(Publicado originalmente en inglés el 19 de noviembre de 2020)

Jerry White

 

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