El ataque de Estado policial de Trump en Portland, Oregón

21 julio 2020

El Gobierno de Trump está llevando a cabo una intervención extraordinaria en la ciudad de Portland, Oregón, en la cual agentes federales han realizado ataques violentos y lo equivalente a secuestros de los manifestantes que se oponen a los asesinatos policiales. Matones armados de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, siglas en inglés) y otras agencias federales han disparado gas lacrimógeno CS, balas de goma y armas sónicas que pueden causar lesiones físicas permanentes. Al menos un manifestante ha quedado severamente herido por una “munición de impacto” disparada por un agente federal.

Los agentes federales se han acercado a grupos de manifestantes para detener a personas, agruparlas en furgonetas particulares y llevárselas a lugares no divulgados para interrogarlas. Muchos de estos agentes utilizaron vestimentas con camuflajes genéricos, en vez de uniformes que normalmente identifican sus nombres y agencias. Un manifestante detenido por hombres en vestimenta militar y parches que solo decían “Policía”, dijo que no sabía si realmente eran policías o extremistas ultraderechistas trabajando con la policía. “Se siente como fascismo”, dijo.

Portland está siendo utilizado para poner a prueba el tipo de métodos que Trump prometió emprender el 1 de junio, cuando amenazó con invocar la Ley de Insurrecciones de 1807 contra las protestas de masas por el asesinato policial de George Floyd y ordenó a miles de agentes federales y tropas de la Guardia Nacional en las calles de Washington D.C.

Agentes federales utilizan gas pimienta y golpean a un manifestante en Portland (crédito: captura de video de Zane Sparling)

Las protestas relativamente pequeñas en unas pocas cuadras del centro de Portland no representan ninguna amenaza a la vida ni la propiedad, al consistir principalmente de grafitis, juegos pirotécnicos y desafiar las órdenes de la policía local de dispersarse. Unos cuantos cientos de personas se han reunido regularmente en la noche durante las últimas siete semanas para exigir el desfinanciamiento de la policía y otras reformas al famosamente violento y represivo Buró de la Policía de Portland.

Trump utilizó deliberadamente las protestas, en una ciudad y estado controlados por el Partido Demócrata, para poner a prueba sus métodos de represión brutal. La semana pasada, urgió al secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Chad Wolf, a intervenir en Portland. Wolf visitó la ciudad el 16 de julio para supervisar los ataques provocadores y realizó declaraciones denunciando a “anarquistas violentos” y acusando a oficiales locales de “promover un ambiente que sigue reproduciendo este tipo de ilegalidad”.

Los agentes federales fueron desplegados a dos edificios federales en el centro de la ciudad que colindan con el tribunal local, donde se han concentrado las protestas nocturnas. El ataque federal fue encabezado por BORTAC, una fuerza de estilo SWAT desplegada por la CBP, a pesar de que Portland se encuentre a más de 640 km de la frontera más cercana. Además de BORTAC, participaron fuerzas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Administración de Seguridad de Transporte, el Servicio de Alguaciles Federales, la Guardia Costera y el Servicio Federal de Protección, el cual vigila los edificios federales.

La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) presentó una demanda en Oregón contra el DHS y el Servicio de Alguaciles por el “uso indiscriminado de gases lacrimógenos, balas de goma y armas acústicas”. Un portavoz de la ACLU dijo, “Usualmente, cuando vemos a personas en carros particulares llevarse a alguien de las calles, lo llamamos un secuestro. Las acciones de los oficiales federales militarizados son absolutamente inconstitucionales y no se quedarán sin respuesta”.

Las fuerzas federales no solo están infringiendo los derechos constitucionales de los manifestantes locales. Efectivamente están usurpando la autoridad del Gobierno local y el estatal. Dos senadores y dos congresistas de Oregón publicaron una carta llamando la intervención federal “inaceptable bajo nuestra Constitución”, indicando que “secuestrar a gente de la calle sin una razón aparente” constituye una acción “que refleja las tácticas de un Gobierno liderado por un dictador…”.

La fiscala general de Oregón, Ellen Rosenblaum presentó una demanda en busca de una orden de restricción temporal para prevenir más arrestos. Además, la gobernadora Kate Brown pidió que se retirarán todas las fuerzas federales de Portland. El alcalde Ted Wheeler declaró el domingo, “Su presencia aquí de hecho está generando más violencia y más vandalismo. No están ayudando a la situación del todo. No son queridos aquí”.

Como dejan claro los comentarios de Wheeler, el principal temor de los demócratas es que la intervención de los agentes federales haga estallar una situación que preferirían reprimir con la policía local. Wheeler, un multimillonario, estaba siendo denunciado como “Tear Gas Ted” (Ted Gases Lacrimógenos) hasta que los oficiales federales fueron enviados para reemplazar a los policías de Portland como los principales agentes de represión en la ciudad.

Según el juez Marco Hernández del tribunal federal de distrito, comentando sobre una demanda realizada por una organización de protesta, existe “evidencia de que los oficiales han violado los derechos constitucionales de manifestantes pacíficos” y que al menos un manifestante, que estaba acatando las órdenes del Buró de la Policía de Portland, fue igualmente “sometido a balas de goma, gases lacrimógenos y bombas aturdidoras a corta distancia”.

Trump busca utilizar la situación de Portland como un modelo para otras ciudades. Un memorándum interno del DHS obtenido por el New York Times cita la necesidad de prepararse para “confrontaciones futuras con los manifestantes (y agentes federales) en otras ciudades”.

Pero Trump y uno de sus principales asesores, el fanático antiinmigrante Stephen Miller, hicieron declaraciones la semana pasada amenazando con una intervención federal frente a un supuesto “colapso del estado de derecho en varias ciudades controladas por los demócratas, incluyendo Chicago, Nueva York y Los Ángeles, las tres más grandes del país. En una típica gran mentira, Trump le dijo a Fox News el domingo que “podríamos perder Portland” si él no procedía con una intervención federal.

No es un accidente que Trump haya elegido al CBP y BOTAC como puntas de lanza para su arremetida. Su llamado en junio para una intervención militar contra los manifestantes fracasó, no por alguna oposición de los demócratas —no hubo ninguna— sino porque el Pentágono sintió que la acción no había sido políticamente preparada y era excesivamente riesgosa, presentando el peligro de una reacción política masiva contra los militares.

Pero, en la CBP, Trump cuenta con una agencia que tiene una “cultura” abiertamente fascistizante, como lo demostraron los reportes de grupos internos en Facebook de oficiales de la CBP donde intercambian mensajes racistas y antidemocráticos. La semana pasada, la CBP tuvo que despedir a cuatro empleados y suspender a docenas más por participar en estos grupos, principalmente uno llamado “Soy 10-15”, un código apara referirse a “extranjeros en custodia”, el cual tenía 9.000 miembros, incluyendo altos oficiales.

Trump ha buscado apelar repetidamente al apoyo de la policía local, estatal y federal sobre la base del racismo, el chauvinismo antiinmigrante y el anticomunismo. En otoño del año pasado, viajó a Minneapolis para celebrar un mitin al que llegó toda una fuerza de policías locales. Ahí, pronunció una diatriba antisocialista contra lo que llamó la “izquierda radical”. Ocho meses después, el policía de Minneapolis, Derek Chauvin, puso en práctica los preceptos de Trump asesinando a George Floyd ahorcándolo con su rodilla.

Al recrudecerse la crisis política de su Gobierno causada por su total negligencia y sus malas prácticas deliberadas durante la pandemia del coronavirus, el repentino aumento del desempleo a niveles de la Depresión, y las protestas masivas contra la violencia policial tras el asesinato de George Floyd, Trump está intentando recurrir cada vez más a las medidas más desesperadas y antidemocráticas.

En su entrevista con Fox News el domingo, Trump volvió a rehusarse a decir si aceptaría o no los resultados de las elecciones del 3 de noviembre. Las encuestas muestran que el apoyo al Partido Republicano y el propio mandatario está colapsando. El uso de la fuerza bruta en Portland es una advertencia de que Trump está preparando tales métodos para mantener su poder y golpear de vuelta a su principal enemigo: la clase obrera estadounidense.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de julio de 2020)

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Patrick Martin