El líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, llama a un masivo incremento de las fuerzas armadas francesas

por Will Morrow
20 julio 2020

En una entrevista con el Journal de Dimanche publicada el domingo, Jean-Luc Mélenchon, el líder de la Francia Insumisa (LFI), pidió un masivo despliegue militar y la preparación de Francia para las grandes guerras.

"Consideremos nuestra concepción de la defensa nacional", dijo. "¿Está garantizada la protección de nuestro territorio? ¿Podemos continuar con una marina cuyo despliegue en nuestros territorios marítimos corresponde, en densidad, a tener dos coches de policía para toda la masa terrestre francesa?"

"¿Cuál es el carácter operativo de las armas nucleares [francesas] cuando la ciberguerra y la presencia en el espacio permiten la piratería de las comunicaciones de un adversario?" Incapaz de contener su ira por la supuesta insuficiencia de armamento francés, Mélenchon dijo que era "como si en la época del cañón fuéramos a la batalla con ballestas". En el siglo XXI hay tres nuevos escenarios de conflicto: el mar, el espacio y el ciberespacio. Las condiciones de poder ya no son las mismas. Francia debe estar activa en todos estos escenarios. Tenemos todos los medios humanos y técnicos para hacerlo. Esto sería una poderosa fuente de innovación y entusiasmo colectivo".

Mélenchon no especificó las implicaciones de su llamado a un "entusiasmo colectivo" para un aumento militar. ¿Contra qué países debería estar Francia preparada para lanzar ataques nucleares o ciberataques paralizantes? ¿Cuántas personas morirían en esos ataques?

Mélenchon habla y actúa como un agresivo defensor del imperialismo francés porque eso es lo que es. Presenta las ambiciones depredadoras de los bancos y corporaciones francesas para asegurar el control de los recursos geoestratégicos y los mercados como "defensa nacional". Su crítica a la administración de Macron es de derecha: que no es lo suficientemente agresiva en la búsqueda de estos intereses.

El llamamiento a la carrera armamentista como fuente de "entusiasmo colectivo" es un llamamiento nacionalista a la fiebre de la guerra que no tiene nada que ver con la izquierda, y mucho menos con la política marxista. Es, por otra parte, una concepción política que los regímenes de derecha y fascistas de la Europa del siglo XX entendieron bastante bien, ya que buscaban desviar las tensiones de clase hacia el exterior a través de la guerra. Sin embargo, este es un elemento cada vez más central de la respuesta de Mélenchon a la pandemia de coronavirus.

El mes pasado, en una entrevista con un grupo de periódicos españoles, suizos, italianos y alemanes, Mélenchon declaró que al formular su respuesta al coronavirus, LFI había examinado cuidadosamente las políticas seguidas por la clase dirigente francesa durante la Primera Guerra Mundial.

"Miramos en las leyes de 1915-16 para ver lo que se había hecho", explicó. "La sociedad francesa era una sociedad campesina; todos los hombres estaban en el frente y morían por millones. Nos interesaba ver cómo se garantizaba la cohesión social en esa época." Este fue un período en el que la clase dominante utilizó propaganda militarista, xenófoba y antisemita para mantener la "cohesión social" durante la matanza de la Primera Guerra Mundial y suprimir la oposición antiguerra y socialista en la clase obrera internacional. Esta oposición finalmente estalló en la Revolución Rusa de 1917.

Como en la Primera Guerra Mundial, la pandemia del coronavirus ha expuesto ante los ojos de cientos de millones el conflicto inherente entre los intereses de lucro de la élite capitalista y la defensa de la vida de la clase obrera, planteando la necesidad del derrocamiento del capitalismo. Mélenchon habla no como un revolucionario que busca movilizar a la clase obrera para derrocar al capitalismo, sino como un defensor contrarrevolucionario del sistema capitalista que busca prevenir tal movimiento a toda costa.

Mélenchon y LFI también han sido los principales defensores de la introducción del servicio universal para la juventud por parte de la administración Macron. El programa incluye el servicio militar opcional y tiene como objetivo allanar el camino para el reclutamiento. En una conferencia de prensa en febrero de 2018, el diputado de LFI Alexis Corbière exigió un servicio nacional más extendido, "que sería la base de una Guardia Nacional de ciudadanos que nos permitiría reconstruir el vínculo entre el Ejército y la Nación".

Hoy en día, Mélenchon está respondiendo con hostilidad y miedo a un giro a la izquierda en la clase trabajadora. Tras dos años de protestas de "chaleco amarillo", huelgas ferroviarias en toda Francia y crecientes huelgas de trabajadores a nivel internacional, hay una creciente oposición de los trabajadores a la respuesta de la clase dirigente a la pandemia. La élite gobernante europea utilizó la crisis para entregarse a sí misma billones de dólares en rescates a los bancos y las empresas y ha aplicado una política de regreso al trabajo que ya está conduciendo a una mayor propagación del virus. Ahora está intensificando la austeridad para reducir drásticamente los programas sociales críticos y pagar sus billones en donaciones corporativas.

En Francia, el recién instalado primer ministro de Macron, Jean Castex, ha establecido una agenda acelerada para finalizar los recortes drásticos de las pensiones y otros derechos sociales y los recortes masivos de puestos de trabajo. Se está reuniendo estrechamente con los "interlocutores sociales" de los sindicatos para llegar a un acuerdo sobre los recortes y la forma de reprimir la oposición de la clase obrera.

Mélenchon apoya esta política. Sus críticas a la respuesta de Macron a la pandemia se han enmarcado en gran medida desde el punto de vista de su fracaso en adoptar un grado suficiente de planificación económica para defender los intereses de las empresas francesas contra sus rivales.

En la entrevista del domingo, Mélenchon se quejó: "Durante la crisis sanitaria, nuestro país fue humillado: dependíamos de China simplemente para las máscaras de tejido, las pruebas y los productos farmacéuticos básicos. Una vez más, la planificación es la clave del futuro para producir el pueblo soberano del mañana". La planificación y "la soberanía permiten el reshoring (el regreso a Francia) de la actividad económica".

Mélenchon critica habitualmente una u otra política de austeridad de la administración de Macron y pide uno u otro aumento limitado de los gastos sociales, que en cualquier caso no tendría intención de llevar a cabo si fuera elegido. Pero su política económica nacionalista significaría la adopción de políticas de guerra comercial contra los rivales imperialistas de Francia combinada con una vasta escalada de los ataques sociales a la clase obrera.

Bajo las condiciones de la producción capitalista globalizada, su demanda de atraer capital de ultramar a Francia requiere recortar los salarios y condiciones de la clase obrera francesa, recortar los impuestos de las empresas y colaborar con los sindicatos para suprimir la oposición de la clase obrera. Sus himnos a los militares y la política de la "Unión Sagrada" de la clase dirigente francesa durante la Primera Guerra Mundial muestran que esto se combinaría con una construcción masiva de un estado policial.

Esto, de hecho, es lo que los aliados de Mélenchon ya han implementado donde sea que hayan llegado al poder. En España, el aliado de Mélenchon, Podemos, está en el poder con el Partido Socialista (PSOE), donde ha aprobado un rescate bancario de 100 mil millones de euros, está preparando una nueva ronda de austeridad, ha desatado la policía antidisturbios contra los trabajadores del acero en huelga, y ha perseguido una reapertura de la economía a través de la pandemia que ha propagado aún más el virus.

En Grecia, el antiguo gobierno de Syriza que llegó al poder con el apoyo de Mélenchon aplicó las medidas de austeridad más brutales que se han visto en décadas, utilizó la policía antidisturbios contra las protestas contra la austeridad e intensificó las medidas enérgicas contra los refugiados.

Aunque Mélenchon no lo mencionó explícitamente, su entrevista reflejó las discusiones en los círculos dirigentes del actual conflicto franco-turco en el Mediterráneo. Francia y Turquía están respaldando facciones rivales de la milicia en Libia que fueron desatadas por la guerra dirigida por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos para el cambio de régimen en 2011. Mélenchon apoyó la guerra neocolonial francesa y alegó fraudulentamente que su objetivo era proteger la democracia. Hoy en día, exige un nuevo armamento militar para poder hacer valer los intereses del imperialismo francés frente a sus rivales en el desmembramiento del país y de la región.

La clase obrera no apoya la política de austeridad, la dictadura del Estado policial y el militarismo que aplica la clase dominante europea. El desarrollo de una lucha revolucionaria de la clase obrera requiere el desenmascaramiento y la ruptura política con demagogos como Jean-Luc Mélenchon.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de julio de 2020)