Reseña de libro

Every Drop of Blood: The Momentous Second Inauguration of Abraham Lincoln (Cada gota de sangre: la trascendental segunda inauguración de Abraham Lincoln)

por Shannon Jones
9 julio 2020

Edward Achorn, Atlantic Monthly Press, 416 páginas

El segundo discurso de toma presidencial de Lincoln es considerado uno de sus discursos más memorables. De solo 700 palabras, está inscrito en piedra en el Monumento a Lincoln (Lincoln Memorial) en Washington, DC, junto con el discurso de Gettysburg.

El segundo discurso inaugural de Lincoln fue único por ser su primer discurso que rechazó la esclavitud como un mal absoluto. Puso fin a décadas en las que la esclavitud había sido objeto de intentos repetidos de transigencia para establecer un modus vivendi entre el sur esclavista y el norte.

Un libro nuevo de Edward Achorn, periodista de Providence, Rhode Island, rastrea los sucesos que rodearon la segunda inauguración de Lincoln y explora varias historias laterales relacionadas con las vidas del abolicionista afroestadounidense Frederick Douglass, el asesino John Wilkes Booth y el poeta Walt Whitman.

Every Drop of Blood

Un prólogo proporciona cierto contexto histórico. A principios de marzo de 1865, la guerra civil estadounidense llegaba a su fin. Después de cuatro años de derramamiento de sangre sin precedentes, la Confederación estaba en sus últimas semanas. Las tropas de Sherman, general de la Unión, marchaban hacia el norte a través de las Carolinas, mientas que el ejército de Grant mantenía un fuerte control de las fuerzas menguantes de Lee, general de las fuerzas confederadas, que defendían Richmond.

La guerra, provocada por la secesión de los estados sureños, se había peleado originalmente para preservar la Unión. A través de una lógica implacable, se había convertido en una lucha revolucionaria contra el sistema de esclavitud. Se armó a cientos de miles de esclavos liberados para pelear contra la Confederación, y en enero de 1865 el congreso de Estados Unidos aprobó la 13a Enmienda, que prohibió la esclavitud.

En el verano de 1864, cuando la guerra entró en una etapa de desgaste, parecía que Lincoln podía perder la elección presidencial con el exgeneral de la Unión, George McClellan, que apoyaba la paz con la Confederación y la preservación de la esclavitud. La campaña demócrata fue la más racista en la historia de Estados Unidos, con afirmaciones terribles de que se iba a obligar a las mujeres blancas a vivir con los afroestadounidenses. Lincoln, empero, se mantuvo firme detrás de la Proclamación de Emancipación y el objetivo de abolir la esclavitud.

La toma de Atlanta en septiembre, por parte del general William Tecumseh Sherman, ayudó a cambiar el estado de ánimo popular, y Lincoln ganó la reelección por un margen decisivo, con el impulso de los votos de los soldados de la Unión.

La importancia de la lucha en Estados Unidos fue reconocida en todo el mundo. Achorn no lo menciona, pero en la reelección de Lincoln, Karl Marx, a nombre de la Primera Asociación Internacional de Trabajadores, envió sus felicitaciones a Lincoln. “Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social”.

General William T. Sherman

La Confederación estaba a punto de colapsar y el final parecía estar cerca. Tomaba gran relevancia la pregunta de qué pasaría con los esclavos liberados. La segunda inauguración marcó la conclusión de un cambio importante de Lincoln, y de la opinión pública en general, en su posicionamiento contra la esclavitud y a favor de la aceptación de los afroestadounidenses como ciudadanos.

El segundo discurso inaugural es uno de los discursos políticos más elocuentes de la lengua inglesa. Cargado de alusiones bíblicas, contiene estas palabras inmortales:

“Esperamos con afecto —oramos con fervor— que este poderoso flagelo de la guerra desaparezca rápidamente. Sin embargo, si Dios quiere que continúe hasta que se hunda toda la riqueza acumulada durante los doscientos cincuenta años de trabajo ingrato que realizaron los esclavos, y hasta que cada gota de sangre extraída con el látigo sea pagada con otra extraída con la espada, como se dijo hace tres mil años, debemos decir que ‘los juicios del Señor son verdaderos y justos’”.

Antes de este elevado pasaje, el discurso de Lincoln había proporcionado una clara exposición del papel de la esclavitud como causa de la Guerra de Secesión. Merece ser leído en su totalidad.

La inscripción de la segunda inauguración en el Monumento a Lincoln por la noche

Achorn hace un análisis cuidadoso y, en mi opinión, sensible y conmovedor del discurso extraordinario de Lincoln. Achorn muestra que este discurso oscuro y perturbador, en el que no había rastro de triunfalismo autocomplaciente, fue la obra de un hombre que había analizado profundamente la relación de la nación con su historia y las ineludibles demandas del pasado sobre el presente. Fue una denuncia condenatoria e incontestable de la esclavitud —un crimen enraizado en circunstancias históricas, que solo podía ser expiado a través del derramamiento de sangre en gran escala.

El autor se concentra en las citas de Lincoln de la Biblia, pero no lo hace para apropiarse de Lincoln desde el lado de la religión. Aunque no menciona a Melville, es difícil creer que Lincoln no había leído y releído la obra maestra del novelista, Moby Dick. Hay un pasaje inolvidable, del discurso de Ahab a Starbuck, que puede haber servido de inspiración para Lincoln:

“Ahab es por siempre Ahab. Todo está decretado de manera inmutable. Lo ensayamos tú y yo mil millones de años antes de que se meciera el océano. ¡Tonto! Soy el teniente del destino; actúo bajo órdenes”.

Lincoln, en parte como Ahab, sintió que estaba actuando bajo la compulsión de fuerzas que ningún individuo puede resistir.

Lincoln, el materialista que (según William Herndon) había estudiado a Feuerbach, tenía un profundo sentido de la fuerza de las circunstancias históricas, que determinan las acciones y abruman a los motivos. Como él escribió en otra ocasión: “Afirmo no tener eventos controlados, pero confieso claramente que los eventos me han controlado a mí”.

El libro tiene un alcance bastante grande y sigue una serie de eventos y figuras diferentes.

El autor dedica un capítulo a la marcha de Sherman a través de las Carolinas, que puso al ejército de Lee en una mordaza, entre Ulysses S. Grant en el norte y Sherman en el sur. Con un gusto por lo teatral, Sherman hizo que sonara el primer cañón usado para disparar contra el Fuerte Sumter mientras Lincoln tomaba posesión de su cargo.

Al considerar el papel de Sherman, el autor hace un énfasis un tanto unilateral en la destrucción de la oligarquía esclavista por parte del ejército de la Unión en Carolina del Sur. Se presentan los relatos de algunas de las damas ricas del sur como el punto de vista “del sur”, excluyendo en gran medida las opiniones de los esclavos e ignorando por completo a la masa de blancos pobres que no tenían ni esclavos ni plantaciones, y de hecho no tenían interés alguno en la esclavitud.

Frederick Douglass (circa 1879)

Algunos de los pasajes más interesantes del libro abordan las actitudes cambiantes de Frederick Douglass hacia Lincoln. Siempre un opositor de la esclavitud, Lincoln no era un abolicionista y solo quería detener la propagación de la esclavitud a otras regiones.

La primera reunión cara a cara de Douglass con Lincoln fue en la Casa Blanca en agosto de 1863. Como señala el autor, aquel fue recibido de inmediato a pesar de que no tenía una cita. Douglass comentó más tarde: “En su compañía, nunca me recordaron de manera alguna mi origen humilde, o mi color de piel impopular”. Cuando Lincoln le pidió su punto de vista sobre la situación política y militar, Douglass criticó a Lincoln por lo que él veía como “medidas políticas tardías, dubitativas y vacilantes” del presidente. Lincoln respondió que podría parecer lento pero que no vacilaba. “Creo que no se puede demostrar que haya retrocedido alguna vez cuando he tomado una decisión”.

En su segunda reunión, en agosto de 1864, Lincoln le dijo a Douglass que podía perder las siguientes elecciones. Le pidió a Douglass que ayudara a alentar a tantos esclavos como fuera posible para buscar protección detrás de las líneas de la Unión, con el fin de que fueran libres cuando la guerra terminara. Douglass recordó: “Lo que dijo ese día tenía una convicción moral más profunda contra la esclavitud de lo que había visto antes en cualquier cosa dicha o escrita por él”.

Años más tarde, Douglass recordó que, según la perspectiva de los abolicionistas, Lincoln podría haber parecido “tardío”. Pero, agregó: “Medido por el sentimiento de su país, un sentimiento que estaba obligado a consultar como estadista”, Lincoln era “rápido, fervoroso, radical y decidido”.

Esta visión de Lincoln contradice los intentos recientes del New York Timesy su Proyecto 1619 de ofrecer una visión racializada de la historia de Estados Unidos, que presenta a Lincoln como otro presidente blanco, racista y desinteresado por el destino de los esclavos, y niega la importancia enorme, revolucionaria de la guerra civil estadounidense.

El segundo discurso inaugural de Abraham Lincoln

Como dijo Douglass en un discurso de enero de 1864 en Cooper Union, en Nueva York, el mundo nunca había visto una “guerra más noble o grande que la que las personas leales de este país están librando contra los rebeldes esclavistas. El golpe que damos no es simplemente para liberar a un país o un continente de la esclavitud, sino a todo el mundo —porque cuando la esclavitud caiga aquí, caerá en todas partes”.

Como es lógico, el segundo discurso inaugural de Lincoln provocó puntos de vista muy polarizados. El prodemócrata Chicago Times dijo que no parecía posible que Lincoln produjera “un documento tan descuidado, tan desarticulado, tan pueril no solo en la construcción literaria sino en sus ideas, sus sentimientos, su comprensión”.

Por otro lado, el Philadelphia Enquirer escribió que el discurso era notable por su brevedad y “aún más notable por su simplicidad, fuerza, claridad de estilo y su nobleza de espíritu. Es digno del hombre y de la ocasión”.

Escribiendo a un partidario, Lincoln dijo que esperaba que el segundo discurso inaugural “sea tan duradero —tal vez más— como cualquiera cosa que he producido; pero creo que no será popular de inmediato”.

Charles Francis Adams Jr.

Charles Francis Adams Jr., hijo del embajador de Estados Unidos en Gran Bretaña, calificó a Lincoln como una de las “maravillas de los siglos” y pensó que el discurso era “la clave histórica de la guerra”.

En la recepción celebrada después de la inauguración, Douglass estaba decidido a estrecharle la mano a Lincoln, a pesar de los esfuerzos de seguridad para evitarlo debido a su raza. Logró entrar con la ayuda de un miembro no identificado del Congreso, que lo reconoció. Lincoln insistió en detenerse para preguntar a Douglass lo que pensaba sobre el discurso de la inauguración. Fue un “esfuerzo sagrado”, dijo Douglass.

Achorn concluye su libro con un epílogo que relata los eventos oscuros en el Ford’s Theatre y el asesinato de Lincoln. Booth había planeado secuestrar a Lincoln durante mucho tiempo y siguió al presidente durante toda la inauguración. Cambió su plan por un complot de asesinato después de enterarse de que Lincoln estaba a favor de conceder el voto a algunos esclavos liberados.

El asesinato de Lincoln puso al vicepresidente Andrew Johnson a cargo. Achorn aborda con cierto detalle el discurso borracho e incoherente de Johnson en la inauguración. Johnson era un amargo opositor de los derechos civiles para los afroestadounidenses y de todo el programa de reconstrucción radical.

Soldados afroamericanos marchan durante la segunda inauguración de Lincoln

Es legítimo especular sobre el impacto de la Reconstrucción si Lincoln no hubiera sido asesinado. Pero a la larga, la decisión de las élites gobernantes del norte de finalizar la Reconstrucción y restaurar el poder de los restos de la vieja esclavocracia del sur estaba determinada por su temor común al surgimiento de la clase obrera industrial como una fuerza social poderosa.

No se debe criticar ningún esfuerzo por no ser capaz de abordar cada aspecto del inmenso drama histórico que es la guerra civil estadounidense. Achorn ofrece los ojos de un periodista a las historias y “ángulos” que rodean la segunda inauguración de Lincoln. Tal detalle solo puede enriquecer el significado revolucionario de la Guerra Civil, tan bellamente articulado por el segundo discurso inaugural de Lincoln.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de junio de 2020)