El significado de la discusión en línea del 4 de julio, “El lugar de las dos revoluciones estadounidenses: pasado, presente y futuro”

7 julio 2020

El 4 de julio, el World Socialist Web Site conmemoró el 244º aniversario de la Declaración de Independencia celebrando una discusión con cinco importantes historiadores: Victoria Bynum, Clayborne Carson, Richard Cawardine, James Oakes y Gordon Wood.

La discusión, intitulada “El lugar de las dos revoluciones estadounidenses: pasado, presente y futuro” y moderada por el profesor de la universidad Kings College, Tom Mackaman, y el presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, David North, fue una experiencia fascinante y que invita a la reflexión. (Se puede ver completa aquí.)

El lugar de las dos revoluciones estadounidenses en el pasado, presente y futuro

La discusión atrajo a una gran audiencia internacional de 72 países. Más de tres mil personas la vieron en vivo y miles más en las 24 horas después de que el evento fuera publicado en YouTube y otras plataformas de redes sociales. Esto evidencia el inmenso interés en cuestiones históricas y su relación a los problemas contemporáneos.

El evento abordó de una manera honesta y directa los temas que cualquier observador objetivo debería considerar los más apremiantes e inquietantes de la historia estadounidense y mundial, incluyendo la influencia intelectual y social de la Declaración de Independencia, los papeles desempeñados por figuras como Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Frederick Douglass, el impacto internacional de la guerra civil estadounidense, la presencia o ausencia de los conceptos de “revolución” y “clase” en la historiografía contemporánea, los ataques continuos contra ambas revoluciones estadounidenses y el aumento maligno de la desigualdad social hoy día, profundizado y empeorado por la horrenda pandemia del COVID-19.

Si bien trató de eventos ocurridos principalmente en suelo estadounidense, la discusión no dio muestra de nada parroquial ni provincial. Todos los temas sustanciales que fueron considerados, incluidas las problemáticas del nacionalismo, la raza y la política basada en razas, son de carácter internacional. Más allá, tomando en cuenta el enorme papel del imperialismo estadounidense en los eventos globales, esta historia revolucionaria ha de generar un gran interés global, como lo ha hecho. La mesa de debate fue seguida por espectadores de todos los continentes habitados.

Al introducir la discusión, David North señaló el hecho de que no hay por qué pretender que las cuestiones históricas pueden ni deben ser separadas de las preocupaciones actuales. Pero argumentó,

La historia, como historia, tiene sus reclamos. Independientemente de cómo interpretemos el pasado, amerita un esfuerzo serio para arraigar cualquier interpretación en un desvelo principista por fundamentar nuestros argumentos en los hechos. Una “versión” de la historia que no esté basada en los hechos —ni hablar de una basada en distorsiones deliberadas o falsificaciones directas del registro histórico— no tiene ningún valor intelectual.

Aludiendo a los ataques en marcha contra el legado de la primera y segunda revolución estadounidense y aquellos que las lideraron, North declaró, “Debo admitir estar preocupado por las implicaciones de llegar a la conclusión de que el mundo sería un mejor lugar si hubiera perdido la Revolución estadounidense y si Abraham Lincoln nunca hubiera nacido”.

En el marco de una defensa de principios de la Revolución estadounidense y la guerra civil, se examinaron varias cuestiones históricas críticas.

“La marcha a Valley Forge” (1883), una pintura famosa de William Trego, parte de la colección del Museo de la Revolución estadounidense en Filadelfia

Gordon Wood, profesor emérito de historia de la Universidad Brown y el autor de numerosas obras, incluyendo The Creation of the Republic (La creación de la República), The Radicalism of the American Revolution (El radicalismo de la Revolución estadounidense) y Empire of Liberty (Imperio de libertad), apuntó al inicio de la discusión a las implicaciones de que la Declaración de Independencia invocara la igualdad humana.

Sus autores no sabían, aseveró Wood,

cuán importantes se volverían esas palabras en un futuro no muy distante, en la medida en que la gente recurría a ellas y las utilizaba, especialmente la “igualdad”. Considero que la idea de que todos los hombres son creados iguales es la fuerza más poderosa en la vida estadounidense y quizás en el mundo también… Muchos pensaron que este fue un gran momento en la historia mundial.

En su trabajo sobre los unionistas sureños, es decir, los sureños opuestos a la Confederación que, en muchos casos, acabaron luchando por la Unión, Victoria Bynum, una distinguida profesora emérita de la Universidad Estatal de Texas, descubrió que los principios de la Ilustración y la Declaración de independencia perduraron.

La autora de The Free State of Jones: Mississippi’s Longest Civil War (El Estado Libre de Jones: la guerra civil más larga de Misisipi) y The Long Shadow of the Civil War: Southern Disisent and Its Legacies (La larga sombra de la guerra civil: la disensión sureña y sus legados) comentó:

Descubrí que la Revolución estadounidense siempre permaneció de forma prominente en las mentes… de los unionistas sureños todos esos años después, durante la guerra civil.

Cuando se le preguntó sobre la actitud de Abraham Lincoln hacia Thomas Jefferson, Richard Carwardine, un profesor por muchos años en las universidades de Sheffield y Oxford y autor de la biografía Lincoln: A Life of Purpose and Power (Lincoln: una vida de propósito y poder), galardonada con el premio Lincoln, observó que, si bien Lincoln no admiraba el orden agrario que Jefferson defendía ni a la clase de dueños de esclavos a la cual pertenecía, “Cabe distinguir la opinión de Lincoln sobre Jefferson el hombre, creo, de su opinión sobre la Declaración de Independencia por la cual le rendía honor”. Subrayó que la declaración fue “absolutamente central en la carrera política de Lincoln entre 1854 y 1860”. Después de asumir la presidencia, Lincoln buscó “acercar la opinión pública a los principios de la declaración, lo que por supuesto logra de manera tan magnífica en Gettysburg, en noviembre de 1863”.

En sus primeros comentarios, James Oakes, un distinguido profesor de historia del Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y el autor de otro libro galardonado con el premio Lincoln, The Radical and the Republican: Frederick Douglass, Abraham Lincoln, and the Triumph of Antislavery Politics (El radical y el republicano: Frederick Douglass, Abraham Lincoln y el triunfo de la política antiesclavista) y Freedom National: The Destruction of Slavery in the United States (1861-1865) (Connacional de la libertad: la destrucción de la esclavitud en Estados Unidos (1861-1865)), señaló que no fue hasta la Revolución estadounidense que apareció “un movimiento organizado para abolir la esclavitud y [la revolución] puso en marcha esa lucha de 88 años que culminó en la guerra civil”.

Me cuesta concebir cómo ese movimiento pudo haberse justificado a sí mismo, ciertamente cuesta imaginarse a Abraham Lincoln justificándolo, sin recurrir constantemente al principio de la igualdad humana fundamental y a la declaración.

El profesor Wood luego comentó, respecto a las consecuencias de la Ilustración y “el comienzo de la modernidad”,

Así que todo esto es parte de esta gran historia que tenemos, que vincula estas dos revoluciones. No me cabe ninguna duda que… la victoria del norte en la guerra civil fue la culminación de la Revolución estadounidense.

Clayborne Carson, profesor de historia estadounidense en la Universidad de Stanford, editor de los documentos de Martin Luther King, Jr. y director del Instituto Martin Luther King, Jr. de Investigación y Educación, mencionó al gran abolicionista Frederick Douglass y su famoso discurso pronunciado el 5 de julio de 1852, ahora conocido como “¿Qué significa el Cuatro de Julio para el esclavo?”.

En ese discurso, Douglass explicó que él también celebra la Declaración de Independencia, pero planteó la interrogante a su audiencia principalmente blanca, en palabras de Carson, “¿Cuál es el significado de este documento que ustedes crearon, el principio de igualdad que ustedes crearon?”. Luego describió una imagen devastadora de “la realidad… de que esta nación no ha estado a la altura de esos principios”.

Carson continuó,

Quizás necesitemos un feriado de dos días: uno en el 4 de julio para celebrar la declaración y luego el 5 de julio criticamos lo que ha ocurrido… si hemos estado a la altura o no de la declaración.

Con respecto a la “disyunción entre las palabras de la Declaración de Independencia y la realidad”, el profesor Oakes sugirió que Lincoln consideró que este documento “no era una descripción de la realidad, [sino] una aspiración; es la idea que sostenemos y a la que nos aferramos, lo mejor de nosotros mismos”.

El profesor Carson comentó que, en cualquier “momento de grandes cambios... los resultados son siempre inciertos”. Sugirió que, poco antes de emitir la Proclamación de Emancipación, Lincoln había considerado la noción de permitir que el sur mantuviera la esclavitud y dejó claro “que su objetivo es, en última instancia, la Unión, su objetivo secundario es poner fin a la esclavitud”.

Introduciendo un comentario sobre el impacto internacional de la guerra civil, el profesor Carwardine se refirió al comentario de Lincoln “de que quería ver la emancipación de todos los hombres en todas partes. La guerra civil no solo se trataba de preservar la Unión, sino de preservar un cierto tipo de Unión, una Unión que sería en realidad una Unión antiesclavista”.

Carwardine subrayó que Lincoln creía sinceramente en que “la Unión estadounidense tenía un lugar especial en la historia del mundo”. Los inmigrantes de muchas naciones se alistaron para luchar por el ejército de la Unión, debido a lo que significaba su resultado para EE.UU. y lo que significaba para los países de donde venían. Cawardine explicó conmovedoramente,

Cuando Lincoln murió... en toda Europa hubo un llanto pasmado, [por] hombres y mujeres adultos, que sintieron que lo que se les habían quitado era al demócrata por excelencia, la encarnación del nuevo mundo.

Los distintos participantes reflexionaron sobre los problemas y eventos contemporáneos.

James Oakes señaló de manera importante la tendencia en la historiografía “a borrar las revoluciones de toda la historia humana”. Este proceso, señaló, ha estado ocurriendo por décadas.

Primero... los revisionistas ingleses dijeron que nunca hubo una Revolución inglesa, y luego llegó François Furet y dijo que no hubo ninguna Revolución francesa. Los historiadores nos dicen que las revoluciones hispanoamericanas fueron en realidad solo luchas entre las élites coloniales que se salieron de control y resultaron en la abolición de la esclavitud.

La Revolución Rusa también está siendo eliminada, “y por supuesto tenemos una historiografía... que nos dice que no hubo una Revolución estadounidense y que la guerra civil no fue una transformación revolucionaria”. Tales tendencias, argumentó Oakes, “no dejan dónde plantar nuestros pies en el pasado, para ver cómo se hicieron las cosas, cómo se deshicieron las cosas, y eso me preocupa”.

Oakes expresó su preocupación por el hecho de que la generación actual está siendo inducida a creer que no hubo antirracistas en la historia estadounidense, y que nunca hubo victorias progresistas. Dijo que no es solo importante celebrar las revoluciones, “sino también entender qué es una revolución, y por qué las revoluciones son tan importantes en la historia estadounidense y humana”.

En la última parte del debate, se prestó cierta atención –y surgieron ciertas diferencias de interpretación— a los actuales esfuerzos por retirar las estatuas de Washington, Jefferson, Lincoln, Ulysses S. Grant y varios abolicionistas. David North les preguntó a los historiadores si les preocupaba llegar a una situación en la que esas figuras fueran desestimadas o vilipendiadas sobre la base de una interpretación racial de la historia. “¿Qué pasaría... si la gente llegara a ver la Revolución estadounidense, la guerra civil estadounidense, como conspiraciones esencialmente racistas sin ningún interés para la gran masa del pueblo?”.

En respuesta a North, el profesor Carson declaró que compartía estas preocupaciones, pero sentía que las acciones como la remoción de estatuas eran “parte del tumulto que va con cualquier gran movimiento social... Tengo mucha más esperanza de que a veces el aprendizaje histórico viene después del activismo”.

Más tarde añadió que esperaba que los espectadores del panel de discusión...

tomen sus propias decisiones sobre cómo avanzar de manera progresista hacia otro momento revolucionario en la historia... no va a resultar en un mundo perfecto, sino en un mundo mejor.

Victoria Bynum también se refirió a los “excesos” que “van con el territorio”, en relación con las actuales protestas de masas. Continuó señalando que,

la pandemia ciertamente ha expuesto muchos de los problemas de desigualdad en nuestra sociedad. Tenemos a algunas personas que se están enriqueciendo mucho con ello. Tenemos a algunas personas que se ven condenadas a situaciones en las que pueden morir a causa de ella y eso hace que todo el mundo piense más en la estructura de la sociedad, y eso es algo bueno.

Más tarde, Bynum expresó su preocupación de que “la clase se enfatice cada vez menos en la historia” y se refirió poderosamente a las “bien documentadas disparidades de clases que realmente nos presentan hoy día una pesadilla estadounidense de desigualdad”.

En esta breve reseña, solo es posible dar un sentido de la discusión y alguna referencia a las complejas cuestiones, cuestiones del más alto orden histórico y social, que se abordaron. El enfoque de todos los participantes fue totalmente de principios y sincero. ¿Con cuánta frecuencia se celebran reuniones en que se cuestionan claramente las banalidades embrutecedoras del discurso académico actual, el cual está obsesionado con cuestiones de identidad personal, y en las que se discute abiertamente la centralidad de las clases sociales y las revoluciones en el proceso histórico?

En este importante e intrigante intercambio de ideas, no hubo un acuerdo en todas las cuestiones, ni se resolvieron todos los asuntos. Este es un debate que debe desarrollarse y ampliarse a partir de este punto. Es necesario que se escuchen más voces. El examen y las críticas de la historia no harán más que profundizarse. No hay necesidad de una historia apologética ni del más mínimo grado de creación de mitos. De nuevo, ante todo, lo que se requiere es honestidad, junto con los valores democráticos.

Al concluir la discusión, North sugirió que la discusión del 4 de julio fue en sí “una causa de gran optimismo”. Anhelaba que los participantes y la audiencia se llevaran del evento “una conciencia de que... algo nuevo está emergiendo”, que la mesa de debate fue “un reflejo de un proceso mucho más amplio”. La actual pandemia y sus consecuencias están movilizando a “masas de personas”, y que en la situación profundamente cambiada, “las grandes cuestiones históricas están forzando su camino hacia la superficie, y creo que todos podemos sacar valor de esto y ser muy optimistas”.

(Artículo publicado originalmente el 6 de julio de 2020)

David Walsh