La paradoja del alza en Wall Street

11 junio 2020

El lunes fue testigo de lo que parece ser una asombrosa paradoja. Ese día, el Buró Nacional de Investigaciones Económicas declaró que EE.UU. cayó en una recesión —una contracción económica que terminará siendo la más profunda desde la Gran Depresión— mientras que los índices de Wall Street regresaron a los niveles alcanzados a inicios del año.

Desde su derrumbe a mediados de marzo, cuando los mercados financieros en EE.UU. e internacionalmente se congelaron de manera generalizada, Wall Street ha disfrutado un repunte espectacular. El índice Dow aumentó 48 por ciento desde el 23 de marzo, el índice Nasdaq —donde pesan más las empresas tecnológicas— creció 45 por ciento, sobrepasando por mil puntos el nivel al inicio del año, y el índice S&P500, tras subir 45 por ciento también ha regresado a donde estaba cuando golpeó la pandemia del COVID-19.

El alza del mercado, en medio de la mayor crisis de salud en un siglo, cuando las tasas de infecciones y muertes siguen aumentando en EE.UU. e internacionalmente, contrasta fuertemente con la economía subyacente real.

Personas pasan frente a una pantalla con el índice bursátil de Hong Kong en las afueras de un banco local. Martes, 3 de marzo de 2020 (AP Photo/ Kin Cheung)

La semana pasada, la Oficina Presupuestaria del Congreso de EE.UU. advirtió, contrario a las afirmaciones del presidente Trump y otros que la economía “rebotará agresivamente”, los efectos en marcha de la pandemia durarán al menos una década.

Las estimaciones del efecto de la pandemia en las cinco economías más grandes de Europa, estiman contracciones de 14 por ciento en Reino Unido, 11,6 por ciento en España, 10,3 por ciento en Francia, 9,2 por ciento en Italia y 6,1 por ciento en Alemania. El Banco Mundial pronosticó que el producto interno bruto (PIB) mundial se contraerá 5,2 por ciento este año.

En estas condiciones, las métricas tradicionales para determinar los precios de las acciones, como la proporción de precio a ganancias, han sido descartadas. Siguen aumentando los precios de las acciones de empresas que están registrando pérdidas o ni siquiera pueden ofrecer un estimado franco de sus ingresos por la pandemia.

¿Qué significa esta manía especulativa entre tanta muerte, la destrucción de millones de empleos y el continuo empobrecimiento de capas masivas y cada vez mayores de la población obrera?

La respuesta se encuentra en la reacción de la clase gobernante a la pandemia. Desde el principio, no trató al COVID-19 como una crisis de salud que debía abordarse aplicando medidas respaldadas científicamente, sino como una oportunidad para acumular ganancias, y actuaron de manera correspondiente.

El Gobierno de Trump, con el apoyo de toda la élite política, organizó un rescate de más de $3 billones para las corporaciones bajo la Ley CARES, mientras que la Reserva Federal intervino para inyectar varios billones de dólares de dinero gratis en los mercados financieros.

Tras aumentar su balance de activos financieros de $800 mil millones a más de $4 billones tras la crisis financiera global de 2008, la Reserva Federal lo ha aumentado aún más a $7 billones, con la expectativa de que alcanzará los $9 billones. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha dejado en claro que las acciones del banco central de EE.UU. “no tienen límite”. La Reserva Federal ahora funciona como el garante de los mercados financieros en todo sector.

Sus acciones están siendo imitadas en todo el mundo. Según una publicación del Banco de Pagos Internacionales, el efecto combinado de las medidas de los cinco mayores bancos centrales del mundo significa que sus hojas de balance crecerán hasta 23 por ciento del PIB antes del final de 2020, en comparación con un aumento de 10 por ciento después de la crisis de 2008 y permanecerá indefinidamente a estos niveles históricamente sin precedentes.

Personas esperan en fila para solicitar beneficios por desempleo en el One-Stop Career Center de Las Vegas (AP Photo/ John Locher)

Desde el punto de vista de las casas financieras y los especuladores de Wall Street, la pandemia ha sido una situación en la que todos ganan. Se han visto envalentonados por el impulso homicida del regreso al trabajo y el conocimiento de que tienen el pleno respaldo de una élite política que defiende abiertamente la primacía de los ingresos y ganancias corporativos por sobre las vidas de los trabajadores.

También saben que, si hubiera una caída significativa en el mercado de valores, la Reserva Federal intervendría para hacer disponible aún más dinero gratis.

Además, reconocen que hay enormes ganancias que se pueden obtener de la devastación económica. Proporciona las condiciones para que las grandes corporaciones puedan absorber las empresas que se hunden, aumentando así el tamaño y las ganancias de las que sobreviven.

Al mismo tiempo, pueden utilizar el aumento de los niveles de desempleo a máximos desde la Segunda Guerra Mundial como un mazo para atacar los salarios y las condiciones de los trabajadores, a medida en que reestructuran sus operaciones, utilizando nuevas tecnologías para emplear a menos trabajadores y a sueldos reducidos.

En resumen, los oligarcas corporativos y financieros están descubriendo que no solo pueden vivir con el coronavirus, sino que pueden prosperar y beneficiarse de él.

Sin embargo, hay límites objetivos a la bacanal de especulación. La creación de una montaña de capital ficticio por medio de la inyección de dinero con solo pulsar un botón no crea por sí misma valor real. Los activos financieros, incluidas las carteras de acciones infladas, representan un reclamo sobre el valor futuro que debe extraerse del trabajo de la clase obrera.

Esto requiere la intensificación de la explotación de la clase obrera a niveles sin precedentes. Las clases dominantes, en EE.UU. y todo el mundo, están haciendo sus preparativos para la confrontación masiva de clases que esto conllevará.

Esta es la fuerza subyacente y motivadora detrás del impulso de la Administración de Trump hacia el establecimiento de una dictadura militar-policial y la eliminación de las normas constitucionales. Para usar las palabras del secretario de Defensa de Trump, Mark Esper, el proceso de acumulación de ganancias es el “espacio de batalla” que el Estado capitalista debe “dominar” a la fuerza.

El estallido de protestas contra el asesinato policial de George Floyd es un anticipo de los enfrentamientos de clases aún más grandes que vendrán. Las últimas palabras que pronunció, “No puedo respirar”, han resonado en todos los EE.UU. e internacionalmente porque encapsulan la situación que enfrentan los trabajadores en todas partes.

Se está volviendo cada vez más imposible “respirar”, es decir, vivir bajo el sistema capitalista, ya que las clases dominantes buscan preservar su sistema de lucro por todos los medios necesarios, sin importar el costo.

La cuestión candente a la que se enfrenta la clase obrera es entender conscientemente la lógica objetiva de la situación a la que se enfrenta ahora y la naturaleza de la lucha que ya está librando contra una clase dominante asesina y dictatorial.

La Declaración de Independencia de Estados Unidos invocó el derecho inalienable a la vida en primer lugar. Hoy en día, la realización de ese derecho sólo puede llevarse a cabo mediante una lucha consciente por el poder político, el derrocamiento del sistema de lucro y el establecimiento de un Estado obrero como el primer y más decisivo paso en la reconstrucción de la economía sobre bases socialistas.

(Publicado originalmente en inglés el 10 de junio de 2020)

Nick Beams