El asesinato de George Floyd y la lucha contra la violencia policial en EE.UU.

29 mayo 2020

El Partido Socialista por la Igualdad (PSI) condena el asesinato de George Floyd en el Día de los Caídos, en Minneapolis, Minnesota, y exige el procesamiento de los oficiales policiales responsables de su muerte.

El asesinato de George Floyd es un crimen horrendo. Floyd, quien era afroamericano, murió el lunes tras ser prensado en el suelo por cuatro oficiales policiales en frente de una multitud que les exigía que lo soltaran. Gran parte del crimen fue capturado en videos de testigos y cámaras de seguridad.

Un video muestra al oficial Derek Chauvin, quien es blanco, sosteniendo su rodilla con fuerza sobre el cuello de Floyd por varios minutos, mientras el hombre de 46 años suplica por su vida, reclamando, “No puedo respirar” y “¡Me vas a matar!”.

George Floyd (Foto: Offices of Ben Crump Law)

Floyd fue detenido después de una llamada de una tienda local de que había intentado utilizar un billete de 10 dólares falso. El dueño de la tienda luego le comentó a la prensa que él no sabía si Floyd estaba consciente de que era falso. Los policías se apresuraron para llegar a la escena, detuvieron a Floyd, lo sacaron de su vehículo, le colocaron esposas y luego lo colocaron en una posición ahorcándolo hasta que su cuerpo se volvió inmóvil.

Los tres otros oficiales que participaron en someter a Floyd han sido identificados como Thomas Lane, Tou Thao y J. Alexander Kueng.

Mientras el reporte oficial de la policía señala que Floyd se resistió al arresto, el video de seguridad publicado el miércoles por el dueño de un restaurante local deja en claro que no hubo ningún forcejeo en ningún momento cuando lo sacaron del carro y le pusieron esposas.

A pesar de que su muerte haya sido un claro asesinato a plena luz del día y sin justificación alguna, para el miércoles en la noche, Chauvin, Lane, Thao y Kueng seguían siendo hombres libres. El Departamento de Policía los suspendió sin paga y luego el alcalde demócrata, Jacob Frey los despidió en respuesta al malestar popular el martes.

El asesinato y la negativa a arrestar a los asesinos de Floyd ha generado gran ira entre los trabajadores de todas las razas, quienes han participado en dos días de manifestaciones.

Miles de trabajadores y jóvenes, tanto blancos como negros, participaron en la protesta el martes en la intersección donde Floyd fue asesinado y en una estación policial cercana. La policía disparó una ronda tras otra de gases lacrimógenos y rondas no letales para dispersar a la enojada manifestación. Se organizaron más protestas anoche en Minneapolis y otras ciudades de EE.UU.

El asesinato de George Floyd es el más reciente de una serie interminable de muertes a manos de la policía en EE.UU. En lo que va del año, según killedbypolice.net, ha habido 400 asesinatos policiales. El número asciende cada año a más de mil.

Han pasado casis seis años desde que Michael Brown fue matado a tiros en Ferguson, Missouri (9 de agosto de 2014) y que Eric Garner fuera ahorcado a muerte en la Ciudad de Nueva York (17 de julio de 2014), desencadenando protestas masivas contra la violencia policial. Aproximadamente seis mil personas han sido asesinadas por la policía en este periodo.

No cabe duda de que el racismo tome parte en incidentes de violencia policial. Si bien el mayor número de víctimas de asesinatos policiales son blancas, los afroamericanos e hispanos son desproporcionadamente sometidos al hostigamiento, abuso, arresto y encarcelaciones. El Gobierno de Trump ha cultivado a las capas más atrasadas y reaccionarias, incluyendo entre oficiales policiales. Trump proclamó que le gusta ver videos de tratos “duros” contra “matones” y ha llamado a la policía a no ser “demasiado gentil”.

Sin embargo, el origen de la violencia policial no son los antagonismos raciales, sino la opresión de clase. La característica que une a las víctimas de la violencia policial —sean negros, blancos, hispanos o indios americanos— es que son pobres y se encuentran entre los segmentos más vulnerables de la población.

El papel de Black Lives Matter (Las vidas negras importan) y otros promotores de la política racial, quienes afirman que el racismo es la causa de la violencia policial, es fomentar la idea de que contratar a más policías negros o elegir a más políticos negros resolverá el problema. Inevitablemente, esto significa encarrilar la oposición detrás del Partido Demócrata, uno de los partidos gemelos de Wall Street y el ejército. Y la epidemia de violencia policial continúa sin tregua.

Este reino de terror tuvo lugar bajo el presidente demócrata Barack Obama y continúa bajo el republicano fascistizante Donald Trump. Independientemente de que el estado tenga un gobernador demócrata o republicano, de que el alcalde o jefe policial sea negro, blanco, hombre, mujer, heterosexual o gay, los asesinatos policiales continúan a un ritmo constante.

Han pasado tres años desde que un policía somalí-estadounidense de Minneapolis matara a tiros a Justine Damond, una mujer blanca, en un callejón y cuatro años desde que un policía hispano matara a Philando Castille, un hombre afroamericano, durante un control de tránsito en un suburbio cercano, lo cual fue grabado en vivo en Facebook.

Después de que se expongan públicamente actos particularmente brutales de violencia policial, inevitablemente por la casualidad de ser grabados, los políticos, tanto demócratas como republicanos, se dedican a hacer gestos nerviosos y promesas de una investigación. Tales investigaciones casi nunca llevan a imputaciones ni sentencias.

En su El Estado y la revolución, Lenin señaló que el poder estatal está compuesto por “cuerpos especiales de hombres armados con prisiones, etc. bajo su mando”. Citando a Friedrich Engels, Lenin indicó que el Estado es fundamentalmente “un producto y un reflejo del carácter irreconciliable de los antagonismos de clases” y que el poder y la violencia del Estado “se recrudecen… en la medida en que los antagonismos de clases dentro del Estado se vuelven más severos”.

Con la pandemia de coronavirus, estos antagonismos de clases están entrando en una nueva etapa. La oligarquía corporativa y financiera, después de no hacer nada para proteger a la población, ha utilizado la pandemia para transferirse varios billones de dólares a sí misma, con el apoyo unánime de los políticos demócratas y republicanos.

Esto ha sido seguido por una campaña para “reabrir la economía” y obligar a los trabajadores a arriesgar sus vidas a fin de pagarle a Wall Street. Al mismo tiempo, la élite gobernante planea utilizar el desempleo masivo y la bancarrota del Estado para aumentar su explotación, recortar programas sociales y empobrecer a la población.

El conflicto entre la aristocracia financiera y la clase obrera es la fuente fundamental de la brutalidad y violencia del Estado. El mismo conflicto crea la base objetiva para un movimiento político que pueda poner fin a esta brutalidad: el movimiento independiente y unido de toda la clase obrera para tomar el poder político en sus propias manos y acabar con el sistema de lucro capitalista.

El Partido Socialista por la Igualdad está encabezando esta lucha. Únete y apoya nuestra campaña electoral en socialism2020.org .

(Publicado originalmente en inglés el 28 de mayo de 2020)

Joseph Kishore—candidato presidencial en EE.UU. del Partido Socialista por la Igualdad