La propagación de la pandemia y las lecciones de la última semana

23 marzo 2020

Durante la última semana, ha quedado indisputablemente claro que la pandemia del coronavirus es un evento de inmensa importancia histórica. A medida que se propaga por todo el mundo, la emergencia de salud global se está convirtiendo rápidamente en una crisis de todo el orden social existente. Según aumenta la cifra de muertos, se ponen en cuarentena grandes ciudades, y cientos de millones de personas se enfrentan a la pérdida de empleos, ingresos, está quedando plenamente desnuda la bancarrota social, económica, política y, cabe añadir, moral del capitalismo.

La bancarrota social del capitalismo: La negativa criminal de los Gobiernos capitalistas a prepararse para una pandemia está resultando en miles y potencialmente millones de muertes. Los casos están llegando a 300.000 y siguen aumentando rápido. Las muertes superaron las 11.000 e incrementan exponencialmente.

Una pandemia de este carácter fue tanto predecible como predicha. No obstante, los requisitos más básicos para garantizar la salud y seguridad de la población fueron ignorados.

Italia se encuentra en un estado de descalabro social. Han quedado grabadas en la consciencia de masas y nunca serán olvidadas las fotografías de pacientes desesperados acostados en condiciones miserables y esperando su muerte en los hospitales italianos y las otras imágenes de desesperación y desolación. Los pacientes en condición crítica superan con creces los equipos disponibles. Los doctores están siendo obligados a decidir quién vivirá y quién morirá. En España, los hospitales de Madrid, cuya población es de más de seis millones, están al borde del colapso. En Francia, todo el espacio disponible en los hospitales parisinos se ha adaptado para tratar a los pacientes de coronavirus, pero aún así escasean seriamente los respiradores artificiales y otro equipo básico.

Se traslada a una persona en una camilla en el Centro Médico United Memorial en Houston, Texas, después de ser sometida a una prueba para el COVID-19 el jueves (AP Photo/David J. Phillip)

En EE. UU., los enfermeros y doctores han realizado llamados desesperados para que se disponga de un mayor equipamiento básico. Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, sigla en inglés), emitieron guías la semana pasada sugiriéndoles a los trabajadores médicos a que usen pañuelos o pañoletas de ser necesario por la escasez de mascarillas. El país entero solo cuenta con 160.000 respiradores para salvar vidas y se estima que se necesitarán cerca de un millón para tratar la enfermedad. Han pasado dos meses desde el primer caso reportado y aún la mayoría de personas, incluso con síntomas severos, no tiene acceso a pruebas.

Setenta y cinco millones de estadounidenses viven en estados donde se han impuesto cierres para la mayoría de negocio y actividades sociales. Cientos de millones temen por sus empleos, familias, hijos, preguntándose si podrán volver a comprar sus bienes básicos, ni hablar de tratamientos médicos adecuados. Los pacientes con otras enfermedades potencialmente mortales están preocupados sobre si podrán recibir los tratamientos y cirugías que necesitan dado que los hospitales están abrumados. El impacto psicológico es incalculable.

El fracaso económico del capitalismo: Por segunda vez en menos de una década, la economía global está en un estado de colapso, esta vez a una escala mucho mayor a la de 2008. El banco de inversiones Goldman Sachs anunció el viernes que espera que la economía estadounidense se contraiga un 24 por ciento en el segundo trimestre del año (abril-junio) debido a la paralización de la producción y los servicios. Esta sería la mayor contracción trimestral en la historia de EE. UU., superando por mucho lo sucedido durante la Gran Depresión.

La Organización Internacional del Trabajo reporta que hasta 25 millones de trabajadores en todo el mundo podrían perder sus empleos durante los próximos meses, pero esta es una gran subestimación. Solo en EE. UU., los cierres obligatorios afectarán 14 millones de empleos en el sector de ocio y hotelería. Moody’s Analytics reporta que casi 80 millones de empleos o la mitad de la economía estadounidense corren riesgo.

Mientras que la pandemia ha desatado la crisis, las causas del derrumbe económico son mucho más profundas. El proceso de financiarización —la separación sistémica e ilimitada de la acumulación de niveles pasmosos de riqueza y la producción real— creó una económica global sumamente inestable, basada en la inyección irrestricta de liquidez por parte de los bancos centrales (por ejemplo, la expansión cuantitativa) para aumentar las bolsas de valores a niveles cada vez más irreales e insostenibles.

El fracaso político del capitalismo: Se ha puesto en evidencia la deliberada indiferencia y hostilidad hacia la vida de millones por parte de los Gobiernos capitalistas, en primer lugar el estadounidense. Esta semana finalizó con las noticias de que varios líderes congresistas, incluyendo los senadores republicanos Richard Burr y Kelly Loeffler y la senadora demócrata Dianne Feinstein, vendieron varios millones de acciones en enero y febrero, incluso cuando no hicieron nada para preparar a la población para lo que se avecinaba.

En la cima del Estado está el sociópata Trump, quien encarna la corrupción y brutalidad de la oligarquía estadounidense, y el conjunto de reaccionarios en su Administración. Trump volvió a utilizar su rueda de prensa el viernes para escupir su mugre chauvinista sobre el “virus chino”, hablar sobre una vacuna inminente que solo existe en su imaginación, para negar la magnitud de la crisis y promover la agenda de la oligarquía financiera y empresarial.

Todos los días se anuncian nuevas medidas centradas en inyectar dinero y recursos financieros ilimitados en los mercados y las corporaciones, mientras no se hace nada para atender las urgentes necesidades sociales.

La propuesta de $1 billón discutida en el Congreso estadounidense será un enorme despilfarro dirigido a la élite corporativa. Decenas de miles de millones irán a las aerolíneas y otras industrias, junto con recortes de impuestos, desregulación y más obsequios para Wall Street. Los pagos en efectivo para los trabajadores, si fueran a incluirse en la versión final, serían completamente insuficientes para enfrentar las masivas necesidades sociales. En un acto específico de crueldad, el Congreso está proponiendo someter a los solicitantes a “comprobaciones de recursos”. Aquellos que no pagan impuestos por su nivel de pobreza recibirán significativamente menos.

La catástrofe en la que se está sumiendo el país es producto del incendio social prendido por las élites gobernantes, tanto bajo los demócratas como republicanos, por cuatro décadas, desechando programas sociales y de infraestructura para transferir dinero a los ricos.

El fracaso moral del capitalismo: El sistema capitalista está siendo desacreditado en una sociedad que subordinada todo a la grotesca avaricia y corrupción de la oligarquía. Mientras el coronavirus se propaga en Nueva York y el estado implementa una cuarentena, los superricos de Manhattan están tomando jets privados a los Hampton, vaciando las tiendas de bienes esenciales y en algunos casos infectando a las comunidades locales con el virus.

El nivel indescriptible de egoísmo e indiferencia hacia la vida humana prevalece en la clase gobernante, que trata las vidas de los trabajadores como desechables. Estados Unidos e una sociedad en que los 400 individuos más ricos tienen una riqueza colectiva de $2,96 billones y los tres estadounidenses más ricos controlan más riqueza que el 50 por ciento más pobre de la población.

La resistencia de la clase obrera: La oposición social está aumentando. Una serie de huelgas salvajes en Michigan y Ohio forzó el cierre temporal de la industria automotriz en América del Norte. Los trabajadores se rehusaron a permitir que las empresas automotrices “los maten en la línea” en pro de u ganancias. Existe un enojo latente por el hecho de que muchos trabajadores están siendo obligados a seguir trabajando en condiciones insalubres, mientras que otros están siendo expulsados de sus empleos sin ningún ingreso.

La tarea en los días, semanas y meses adelante es construir una dirección socialista consciente en la clase obrera por todo el mundo.

Todos lo eventos de la última semana han demostrado la necesidad de poner fin al capitalismo y luchar por el socialismo. La pandemia ha expuesto en forma concreta la incapacidad de una sociedad arraigada en el lucro privado, en la acumulación interminable de la riqueza y en los antagonismos entre Estados naciones para atender cualquier problema de la sociedad masiva.

Como insistió el Comité Nacional del Partido Socialista por la Igualdad en su declaración del 17 de marzo: “El principio esencial que debe guiar la respuesta a la crisis es que las necesidades del pueblo trabajador deben asumir prioridad absoluta e incondicional por sobre toda consideración de lucro corporativo y riqueza privada”.

La clase obrera debe exigir pruebas universales y acceso gratis e igualitario a la atención médica; el cierre de toda producción no esencial con ingresos plenos para los afectados; condiciones laborales seguras en las industrias esenciales para el funcionamiento de la sociedad; y un programa de emergencia para construir infraestructura sanitaria y garantizar que todos los trabajadores médicos tengan acceso al equipo necesario.

Sin embargo, estas demandas no se pueden separar, sino que están conectadas a la lucha por la transformación de la vida social y económica.

“Sin una revolución socialista”, escribió Trotsky en 1938, “es más, en el siguiente periodo histórico, una catástrofe atenta contra toda la cultura de la humanidad”.

Estas palabras fueron escritas en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, una catástrofe que cobró decenas de millones de vidas, pero adquieren una nueva y candente urgencia en la crisis actual. Lo que enfrenta la clase obrera y la humanidad en su conjunto no es solo una batalla contra la pandemia, sino en cambio contra el sistema capitalista.

El Partido Socialista por la Igualdad llama a los trabajadores, jóvenes y todos aquellos que reconozcan la necesidad para poner fin al capitalismo y renovar la civilización humana sobre una base socialista que se unan al PSI y asumir la lucha por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 21 de marzo de 2020)

Joseph Kishore y David North