Los miles de millones de Bloomberg y la política de la oligarquía

18 febrero 2020

El milmillonario Michael Blomberg gastó más de $300 millones en anuncios televisivos y en internet que presentan a “Mike” como un paladín del progreso y la decencia que salió de la pobreza con su propio esfuerzo, así como un amigo del hombre común.

El mercadeo de Bloomberg involucra distorsiones tan grotescas que un comentarista recordó la campaña publicitaria masiva de Ford Motor Company en los primeros días de la televisión para promover un emocionante modelo nuevo llamado Edsel, posiblemente el automóvil más horrendo y menos exitoso jamás producido.

La campaña de Bloomberg está gastando más de $1 millón por día en promedio solo en anuncios de Facebook. Antes de las primarias del 3 de marzo apodadas el “Súper martes”, cuando votarán 14 estados, Bloomberg gastó $40 millones en anuncios televisivos y en línea en California, $33 millones en Texas, $9,5 millones en North Carolina y $6 millones en Massachusetts. Es el único candidato en transmitir anuncios televisivos en Virginia y Alabama. Excepto su compañero milmillonario, Tom Steyer, ningún otro candidato demócrata ha gastado ni siquiera $10 millones en los 14 estados combinados.

Michael Bloomberg en el lanzamiento de su campaña “Mike por los Estados Unidos negros”, en el Museo Nacional de los Soldados de Búfalo en Houston [crédito: AP Photo/David J Phillip]

El impacto electoral de estos enormes gastos —una pizca de su fortuna de $60 mil millones— es difícil de estimar previo al voto del “Súper martes”. El 3 de marzo será la primera vez en que el exalcalde de la Ciudad de Nueva York esté en la papeleta de las primarias. Las encuestas sugieren que Bloomberg está cerca del 15 por ciento necesario para obtener delegados a la convención demócrata. De no conseguir los delegados necesarios para la nominación, su objetivo es combinarse con los otros candidatos “moderados” para bloquear una victoria del senador de Vermont, Bernie Sanders, quien encabeza las primarias.

Independientemente del resultado en las primarias, queda claro que los gastos de Bloomberg ejercen una vasta influencia en la élite del Partido Demócrata y en la prensa corporativa (que incluye significativamente Bloomberg News, parte de su imperio). Se puede afirmar con certeza que ningún otro candidato presidencial demócrata habría sobrevivido a los reportes en la prensa la semana pasada del apoyo de Bloomberg a los ataques policiales de “detención y cateo” a jóvenes de minorías, su atribución de la crisis de Wall Street de 2008 a prestamistas minoritarios, así como su trato abusivo de sus empleadas.

La semana pasada, emergieron reportes de comentarios de Bloomberg en 2015 sobre su política como de “detención y cateo” como alcalde de Nueva York en los que declaró que “95 por ciento de sus asesinatos y asesinos y víctimas de asesinatos comparten un modus operandi. Puedes nada más tomar la descripción, tomarle copia y pasársela a todos los policías. Todos son hombres de minorías, de 15 a 25”. Luego añadió, “La forma en que les quitas las armas a los muchachos es empujándolos contra las paredes y registrándolos”.

En respuesta, la campaña de Bloomberg respaldó inmediatamente tres campañas de candidatos afroamericanos para el Congreso.

Anticipando la crisis, Bloomberg ya se había reunido con un grupo de prominentes pastores negros que habían sido críticos de la política de “detención y cateo” pero que estaban dispuestos a absolver al candidato milmillonario si se mostraba lo suficientemente arrepentido —y generoso—. Como lo dijo Calvin Butts, el pastor de la Iglesia Abisinia Bautista en Harlem con una franqueza reveladora: “Utilizó su dinero, siendo esta una de las razones por las que lo sigo apoyando, para expresar su sinceridad”.

Como lo detalló un perfil detallado de 5.000 palabras en el New York Times el domingo, Bloomberg, quien gastó $270 millones en sus tres campañas exitosas para comprarse el puesto de alcalde de la Ciudad de Nueva York (2002-2013), construyó “un imperio de influencia” por medio de donaciones calculadas para un conjunto de grupos prodemócratas en la última década. Según el informe del Times:

Desde que dejó el ayuntamiento a fines de 2013, el Sr. Bloomberg se ha vuelto el donante político más importante del Partido Demócrata y sus causas. Su fortuna personal, derivada de una empresa de información y noticias financieras, se estima en $60 mil millones. Alimenta una red de asesores que dirigen la política de docenas de estados y ciudades; movilizan movimientos para enfrentar la violencia de armas de fuego y el cambio climático; reescriben leyes electorales y regulaciones sanitarias; y eligen a incontables políticos a cargos tan modestos como una junta escolar y tan altos como el Senado.

Esto incluye un monto estimado en $270 millones para campañas de control de armas, en gran medida por medio del grupo Everytown for Gun Safety (Toda ciudad por la seguridad de armas) financiado por Bloomberg. Ha inyectado granes sumas en el Sierra Club, Planned Parenthood, grupos que apoyan las escuelas concertadas y organizaciones similares, obteniendo casi el poder de vetar sus campañas.

En un incidente descrito por el Times, el Center for American Progress, un centro de pensamiento del Partido Demócrata, editó un reporte sobre el sesgo antimusulmán en EE. UU. para eliminar un capítulo sobre el espionaje de mezquitas y comunidades musulmanas por parte de la policía neoyorquina, que mencionaba ocho veces el nombre de Bloomberg. Bloomberg le dio casi $2 millones a la organización.

Bloomberg es un antiguo demócrata que optó por la marca republicana en 2001 para competir para alcalde, luego buscó su reelección como republicano en 2005 y como “independiente” en 2009. Apoyó a los candidatos presidenciales republicanos George W. Bush en 2004 y John McCain en 2008. Regresó al Partido Demócrata solo como patrocinador en 2016, cuando apoyó a Hillary Clinton. Luego cambió su registro a demócrata.

En 2018, Bloomberg gastó más de $100 millones para apoyar a candidatos demócratas al Congreso por medio de su súper comité de acción política (PAC, siglas en inglés) y ha prometido gastar $1 mil millones este año para elegir a demócratas, gane o no la nominación del partido.

Entre aquellos que ahora están alabando a Bloomberg, hay docenas de alcaldes actuales y retirados, muchos de ellos afroamericanos, de ciudades como Filadelfia, Houston, Los Ángeles, San Francisco, Memphis, Tampa, Sacramento, Miami y Washington D.C. Esto solo demuestra el carácter totalmente corrupto y cínico de la política de identidades, la cual ha sido utilizada por una capa de la clase media-alta negra para obtener una proporción mayor de la riqueza y estatus dentro del 10 por ciento más rico, mientras las condiciones de la vasta mayoría de trabajadores y jóvenes negros se han seguido deteriorando.

La Associated Press reportó la semana pasada que Bloomberg hizo comentarios en 2008 culpando los intentos de restringir la práctica de “redlining” —la discriminación racial de los banqueros en contra de los barrios donde viven predominantemente minorías— por el colapso del mercado de garantías hipotecarias, que desató el derrumbe de Wall Street. Un vocero de la National Community Reinvestment Coalition describió esto como “un milmillonario defendiendo a otros milmillonarios y culpando a dueños de hogares de menores ingresos”.

En una conversación con la titular del Fondo Monetario Internacional de 2018, hecha pública el domingo, se puede escuchar como Bloomberg se opone a las leyes de salarios mínimos y defiende tomar las huellas dactilares de los beneficiarios de los cupones de alimentos. Describió el salario mínimo “uno de los impedimentos de la creación de empleos” que prefiere eliminar.

El domingo, el Washington Post publicó un perfil de 4.000 palabras de Bloomberg que documenta una larga serie de acusaciones por parte de empleadas, en gran medida sobre comentarios profanos y sexistas, en muchos casos humillantes y en otros amenazantes. Estas no son acusaciones al estilo de #MeToo (#YoTambién) sobre mala conducta persona, sino acusaciones de que Bloomberg fomentó un ambiente de trabajo hostil para las mujeres empleadas por él. Estas condiciones generaron docenas de demandas legales y numerosas conciliaciones judiciales de seis y hasta siete cifras.

Cualquiera de estos episodios hubiera destruido a otro candidato para la nominación presidencial demócrata. Pero, para Bloomberg y sus acólitos en la prensa, constituye un gran “¿Y qué?”. Ser un milmillonario derechista, dictatorial, vulgar, racista y sexista no es un problema para la cúpula del Partido Demócrata, con tal de que el dinero del milmillonario encuentre el camino a sus bolsillos.

Lo que domina el Partido Demócrata, tanto como el republicano bajo Trump, es la política de una oligarquía. Es desvergonzada y está a simple vista.

Los aristócratas financieros, los multimillonarios y milmillonarios, controlan el sistema bipartidista y dictan el curso de los eventos políticos escenificados que se llaman “primarias”, “convenciones” y “elecciones”.

Más tarde esta semana, Bloomberg y Bernie Sanders posiblemente compartirán la misma plataforma, si Bloomberg califica, como se espera que lo haga, para el debate demócrata del miércoles en Las Vegas, Nevada.

Sanders afirma que su campaña es un medio para transformar el Partido Demócrata en un instrumento de reformas progresistas, un arma contra el dominio de los superricos. La mera presencia de Bloomberg en el debate demostrará lo contrario: que la campaña de Sanders es una hoja de parra “progresista” para el partido capitalista estadounidense más antiguo, que representa a Wall Street y la CIA.

(Publicado originalmente el 17 de febrero de 2020)

Patrick Martin