JP Morgan Chase registra mayor ganancia de cualquier banco en la historia de Estados Unidos

por Gabriel Black
20 enero 2020

JPMorgan Chase, el banco privado de mayor valor del mundo, ganó $36,4 mil millones en 2019, la mayor ganancia anual de cualquier banco en la historia de Estados Unidos. El anuncio, realizado el martes, aumentó las acciones de la compañía en un 2 por ciento. En el cuarto trimestre de 2019, la compañía recaudó $8,5 mil millones, también un récord, por lo que es la décima compañía más grande que cotiza en bolsa en el mundo, con una capitalización de mercado de $437 mil millones.

Morgan Stanley también reportó ganancias e ingresos récord para 2019, lo que provocó que el precio de sus acciones aumentara 6,6 por ciento el jueves.

La noticia de estas ganancias récord se produjo cuando los seis bancos más grandes de EE. UU. revelaron que ahorraron $32 mil millones combinados el año pasado gracias al recorte de impuestos corporativos promulgado por el presidente Donald Trump en 2017. Las ganancias inesperadas del menor pago de impuestos aumentaron desde 2018 para todos menos uno de los bancos. La reducción de impuestos de JPMorgan pasó de $3,7 mil millones en 2018 a $5 mil millones el año pasado.

Durante la firma de la primera fase del acuerdo comercial con China, al que asistieron varios ejecutivos corporativos, Trump se refirió a Mary Erdoes, una de las principales ejecutivas de JPMorgan Chase. Llamó el informe de ganancias del banco "increíble" y bromeó: "¿Dirán ‘Gracias, señor presidente’, al menos?".

Los recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos, promulgados solo con una oposición simbólica de los demócratas, son solo un factor en el aumento de las ganancias durante el año pasado. Cuando las acciones cayeron a fines de 2018, Trump intensificó su demanda de que la Reserva Federal revirtiera su política de aumentar gradualmente las tasas de interés a niveles más normales, luego de años de tasas cercanas a cero después de la crisis financiera de 2008. Actuando como el portavoz de Wall Street, exigió que la Reserva Federal comenzara a recortar las tasas una vez más para inyectar más efectivo en los mercados financieros.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell accedió servilmente a reducir las tasas de interés tres veces en 2018 y asegurarles a los mercados de que no tenía intención de subirlas otra vez en el futuro próximo. Entonces, comenzando a fines del otoño, la Reserva Federal comenzó a invertir decenas de miles de millones más en el mercado de préstamos a largo plazo, reanudando la operación de impresión de dinero conocida como “expansión cuantitativa”.

Esta garantía de facto de fondos públicos ilimitados para respaldar los precios de las acciones ha producido máximos históricos en todos los principales índices de EE. UU., enviando miles de millones más a las arcas privadas de los ricos y los súperricos.

Estas medidas son una continuación e intensificación de las políticas llevadas a cabo de manera bipartidista durante cuatro décadas para redistribuir la riqueza de la clase trabajadora a las corporaciones y la élite financiera. Han efectuado una reestructuración fundamental de las relaciones de clase en Estados Unidos, degradando drásticamente la posición social de la clase trabajadora. Los trabajos seguros y con salarios dignos han sido eliminados y reemplazados en gran medida por empleos de pobreza, a tiempo parcial, temporales y casuales, la llamada economía gig ejemplificada por corporaciones como Amazon y Uber.

Esta ofensiva de la clase dominante de décadas se aceleró en respuesta a la crisis financiera de 2008. El presidente Barack Obama supervisó la canalización de billones de dólares hacia los bancos y los mercados financieros con el fin de pagar las deudas de los banqueros y especuladores, cuyas actividades imprudentes y criminales habían llevado a la crisis, y hacerlos más ricos que nunca. Al mismo tiempo, impuso una reestructuración de la industria automotriz basada en un recorte salarial general del 50 por ciento para los nuevos empleados y una expansión de la mano de obra temporal y a tiempo parcial.

El sindicato United Auto Workers (UAW) ha participado activamente en este proceso, imponiendo el nuevo sistema laboral "flexible" de los contratos entreguistas de 2015 y 2019. Estos contratos de mano de obra prescindible y sin beneficios se han convertido en la nueva norma para las relaciones laborales en todo el país y el mundo.

Mientras tanto, los programas públicos a nivel estatal, local y federal se han reducido drásticamente. La educación, vivienda, el seguro Medicaid y los cupones de alimentos han sido particularmente afectados. Este proceso se ha acelerado bajo Trump, junto con la eliminación de las normas ambientales y de seguridad ocupacional, sin la oposición de los demócratas, quienes representan a secciones de la élite financiera y la clase media-alta adinerada.

El devastador costo humano del saqueo de la sociedad por parte de la oligarquía empresarial-financiera se refleja en la disminución de la esperanza de vida, el aumento de la mortalidad y las tasas récord de suicidios y drogadicción. Un estudio reciente de la Brookings Institution encontró que 53 millones de personas en los Estados Unidos, el 44 por ciento de todos los trabajadores, "ganan apenas lo suficiente para vivir". El estudio encontró que el salario promedio de este grupo era de $10.22 por hora, alrededor de $18.000 al año. Treinta y siete por ciento de los que ganan $10 por hora tienen hijos. Más de la mitad son el miembro de la familia con el mayor salario o "contribuyen sustancialmente" a los ingresos familiares.

Del mismo modo, un informe de Reuters de 2018 descubrió que el ingreso promedio del 40 por ciento inferior de los trabajadores en los Estados Unidos era de $11,600 por año.

Un estudio reciente realizado por Trust for America's Health descubrió que en 2017 "más de 152.000 estadounidenses murieron por muertes y suicidios inducidos por el alcohol y las drogas". Este fue el número más alto jamás registrado y más del doble de la cifra de 1999. Entre aquellos de 20 a 34, la principal edad laboral, las muertes por drogas han aumentado más del 400 por ciento en los últimos 20 años.

En el otro polo de la sociedad, el índice Dow Jones se duplicó con creces desde su punto máximo en 2007, antes de la implosión del sistema financiero. Entre marzo de 2009 y hoy, el Dow pasó de 6.500 a más de 29.000. El mercado de valores, respaldado por la política del banco central y del Gobierno, se ha convertido en el instrumento central para canalizar la riqueza desde la base de la sociedad hacia la cima. Como resultado, el 10 por ciento más rico de la sociedad ahora posee alrededor del 70 por ciento de toda la riqueza, mientras que el 50 por ciento inferior no tiene, efectivamente, nada.

En medio de esta orgía de acumulación de riqueza en la cúspide de la sociedad, cada demanda de trabajo, salarios, educación, vivienda, atención médica y pensiones dignas se topa con la respuesta universal: "no hay dinero". Cientos de miles de docentes han acudido en los últimos dos años para exigir la restauración de los recortes de fondos de las escuelas públicas y aumentos sustanciales en los salarios y beneficios. Ninguna de sus demandas ha sido satisfecha. Lo mismo se aplica a los trabajadores automotrices que hicieron huelga durante 40 días el otoño pasado para exigir el fin de los sistemas de pago de dos niveles y la defensa de los empleos.

La ganancia de JPMorgan de $36,4 mil millones en 2019 es más de la mitad del presupuesto de educación del Gobierno federal de EE. UU.

Mientras tanto, los estadounidenses están más endeudados con JPMorgan y los otros bancos que en ningún otro momento de la historia. La deuda colectiva del consumidor en los Estados Unidos se acercó a los $14 billones el año pasado. La deuda de la tarjeta de crédito superó los $1 billón por primera vez. La deuda automotriz es de $ 1.3 trillones y la deuda hipotecaria ahora es de $9,4 trillones. La deuda de préstamos estudiantiles ha aumentado más rápidamente, pasando de $500 mil millones en 2006 a $1,6 billones en la actualidad.

Estas son las condiciones, arraigadas en la quiebra histórica y la crisis del sistema capitalista, que han provocado un aumento global en la lucha de clases y el crecimiento del sentimiento anticapitalista y prosocialista. El año pasado se vio una expansión dramática de la lucha de la clase trabajadora que es solo un vistazo de lo que está por venir. India, Hong Kong, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Líbano, Irak, Francia, Chile y Brasil son solo algunos de los lugares donde han estallado las luchas de masas.

Lo que cada vez es más claro para cientos de millones de personas en todo el mundo es que los problemas sociales que enfrenta la humanidad en el siglo XXI (pobreza, deuda, enfermedad, calentamiento global, guerra, fascismo, asalto a los derechos democráticos) no se pueden resolver mientras esta elite financiera parasitaria y oligárquica continúe gobernando. Es el turno de la clase trabajadora estadounidense e internacional para unirse, tomar el poder y tomar el control de la riqueza que produce para garantizar la paz, la prosperidad y la igualdad para todas las personas.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de enero de 2020)