EE. UU. e Israel aumentan tensiones en Oriente Próximo tras asesinato de Soleimani

por Bill Van Auken
13 enero 2020

Una semana después del asesinato con misiles de drones por parte de Washington del general iraní Qasem Soleimani en el aeropuerto internacional de Bagdad, una serie de acciones de Estados Unidos y su principal aliado regional, Israel, han intensificado el impulso hacia una guerra a gran escala en toda la región.

El jueves, se informó que un ataque con aviones no tripulados estadounidense mató o hirió a más de 60 civiles en la provincia occidental de Afganistán de Herat, cerca de la frontera con Irán. Wakil Ahmad Karkhi, miembro del consejo provincial de Herat, confirmó las bajas masivas al noticiero TOLO, diciendo que los civiles fueron asesinados y heridos en un intento de Estados Unidos de eliminar al líder de una escisión del Talibán, conocido como mulá Nangyalai.

El Pentágono ha hecho un uso cada vez más indiscriminado de ataques aéreos a fin de arrasar con los talibanes, que controlan las áreas más grandes del país desde que el régimen que encabezaba fue derrocado por la invasión estadounidense hace más de 18 años. Los ataques estadounidenses mataron a 579 civiles solo en los primeros 10 meses del año pasado, un tercio más que en 2018.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, y el secretario del Tesoro, Secretary Steve Mnuchin en rueda de prensa en la Casa Blanca, viernes 10 de enero de 2020 en Washington. [Crédito: AP Photo/Evan Vucci]

Mientras tanto, los aviones de combate israelíes atacaron objetivos en la frontera entre Siria e Irak la madrugada del viernes, matando a ocho miembros de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, la coalición de milicias predominantemente chiítas considerada parte de las fuerzas armadas iraquíes.

El ataque aéreo tuvo lugar cerca del cruce fronterizo de Albu Kamal-Qaim entre Siria e Irak, la misma área que fue atacada por aviones de combate estadounidenses F-15E el 29 de diciembre y que resultó en la muerte de 25 miembros de la milicia iraquí Kata'ib Hezbollah y dejó más de 50 heridos. Esos bombardeos, llevados a cabo bajo el pretexto de tomar represalias por un ataque con misiles que cobró la vida de un contratista militar estadounidense, provocaron protestas furiosas que superaron los muros de seguridad de la Embajada estadounidense en Bagdad el 31 de diciembre.

Tres días después, un ataque estadounidense con drones mató a Soleimani, considerado la segunda figura más importante en el Estado iraní, junto con el comandante de las Fuerzas de Movilización Popular, Abu Mahdi al-Muhandis, y otros ocho iraníes e iraquíes. Este asesinato equivalió a un acto de guerra contra Irán y un crimen de guerra, punible tanto bajo el derecho internacional como el estadounidense.

El viernes, Washington también impuso una nueva ronda de sanciones contra Irán, intensificando aún más el bloqueo económico de "presión máxima", equivalente a un estado de guerra que se ha impuesto desde que la Administración Trump derogó unilateralmente el acuerdo nuclear de 2015 entre Teherán y las principales potencias en mayo de 2018.

Al anunciar las sanciones en una sesión informativa de la Casa Blanca, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, afirmaron que las nuevas medidas eran represalias por los ataques con misiles iraníes del martes contra dos bases estadounidenses en Irak, que no causaron víctimas y causaron pocos daños.

"Estados Unidos está apuntando a altos funcionarios iraníes por su participación y complicidad en los ataques con misiles balísticos del martes", dijo Mnuchin. "Estas sanciones continuarán hasta que el régimen deje de financiar el terrorismo global y se comprometa a nunca tener armas nucleares".

Según han demostrado los acontecimientos recientes, el principal proveedor de terrorismo en Oriente Próximo es el imperialismo estadounidense. En cuanto a las armas nucleares, el Gobierno de Teherán ha rechazado repetidamente que está procurando obtenerlas, mientras que un riguroso régimen de inspección impuesto en virtud del acuerdo de 2015 ha demostrado consistentemente su cumplimiento con el acuerdo, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, siglas en inglés), que fue desmantelado por la Casa Blanca de Trump.

En respuesta a la agresión de Estados Unidos y al rechazo de los signatarios europeos al acuerdo a desafiar la campaña de sanciones económicas de Estados Unidos, Teherán ha llevado a cabo una serie de medidas para reducir su cumplimiento de las restricciones impuestas a su programa nuclear. Tras el asesinato de Soleimani, el Gobierno iraní anunció que no acataría más restricciones sobre la capacidad de sus operaciones nucleares o su nivel de enriquecimiento de uranio.

Las nuevas sanciones se dirigen a los sectores de construcción, manufactura, textiles y minería de la economía iraní, junto con varios funcionarios iraníes individuales. Significativamente, entre aquellos sometidos a las sanciones secundarias se encuentra Pamchel, una empresa china que importa acero iraní.

En una indicación más de los objetivos agresivos del imperialismo estadounidense en la región, el Departamento de Estado rechazó el viernes un llamado inmediato del primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, a Washington para que envíe una delegación a Teherán para discutir la retirada de las tropas estadounidenses del país. En respuesta al asesinato de Soleimani y al-Muhandis, el Parlamento iraquí aprobó una resolución el 5 de enero pidiendo al gobierno que expulse a todas las fuerzas extranjeras.

En una lectura inicial de una conversación telefónica del jueves por la noche entre Pompeo y Mahdi, el Departamento de Estado no mencionó la demanda del primer ministro iraquí, afirmando únicamente que el secretario de Estado de EE. UU. había asegurado que Washington "hará lo que sea necesario para proteger al pueblo estadounidense e iraquí y defender nuestros intereses colectivos".

La oficina de Mahdi, sin embargo, emitió un comunicado diciendo que había acusado a Washington de violar la soberanía iraquí al traer tropas al país y llevar a cabo operaciones de drones sin el permiso del Gobierno. Le había pedido a Pompeo que "enviara representantes para establecer un mecanismo para implementar la resolución del Parlamento iraquí para una retirada segura de las tropas extranjeras en Irak".

Mahdi ha declarado públicamente que recibió una notificación media hora antes de los ataques con misiles de Estados Unidos contra los miembros de la milicia en la frontera iraquí-siria, que siguió adelante a pesar de su pedido de que se detuvieran. También declaró que tenía programado reunirse con Soleimani la mañana de su asesinato.

Una vez que se conoció el lado de Mahdi en la conversación, el Departamento de Estado respondió con un rechazo categórico a que Irak tuviera algo que decir sobre si las tropas estadounidenses se quedan o no. La declaración decía: "Nuestra presencia militar en Irak es continuar la lucha contra el Estado Islámico ... En este momento, cualquier delegación enviada a Irak se dedicaría a discutir la mejor forma de volver a comprometernos con nuestra asociación estratégica, no para discutir el retiro de tropas, sino nuestra postura de fuerza apropiada en Oriente Próximo".

Esta "postura de fuerza" ha crecido dramáticamente en las últimas semanas, con 750 tropas más enviadas a Bagdad para proteger la embajada de los Estados Unidos y otros 4.000 paracaidistas desplegados en la vecina Kuwait como una fuerza de intervención rápida.

La declaración proclamó la necesidad de una "conversación" sobre "nuestra asociación financiera, económica y diplomática", y declaró el deseo de Washington de ser "un amigo y socio de un Iraq soberano, próspero y estable".

La referencia a un "Iraq soberano" es ridícula en las condiciones en que Estados Unidos insiste en su "derecho" a ocupar militarmente el país contra la decisión expresa de su gobierno. En cuanto a "próspero y estable", el país todavía se está recuperando de la devastación causada por ocho años de una guerra estadounidense que se cobró más de un millón de vidas y demolió la infraestructura iraquí.

El país ha sido sacudido desde principios de octubre por las protestas masivas de los trabajadores y jóvenes iraquíes contra la desigualdad social, el desempleo, el fracaso de los servicios públicos esenciales y la corrupción del régimen político que surgió de la ocupación estadounidense.

Si bien el asesinato de Soleimani provocó que estas protestas disminuyesen cuando cientos de miles salieron a las calles en protesta por el crimen de guerra de Estados Unidos, crecieron nuevamente el viernes en Bagdad y en las ciudades sureñas de Basora, Najaf y Karbala. Los manifestantes corearon consignas contra la élite gobernante de Irak, así como contra Estados Unidos e Irán, exigiendo que el país no se convierta en un "escenario" para una nueva guerra.

Varios grupos de la milicia iraquí han pedido represalias contra las fuerzas estadounidenses en el país por el asesinato de Soleimani y al-Muhandis, y dos cohetes katyusha fueron disparados el miércoles en la Zona Verde, el distrito fortificado donde se encuentra la Embajada de Estados Unidos. Las tropas estadounidenses en el país, que el Pentágono reporta que son 5.200, pero que indudablemente están respaldadas por miles de contratistas militares y otras tropas más rotadas dentro y fuera de Irak, han detenido su entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes por temor a ataques "internos", y se están concentrando enteramente en defensa propia.

Si Washington impusiera una ocupación continua contra la decisión del Gobierno iraquí, el régimen ya inestable en Bagdad se debilitará aún más, mientras que las milicias como el ejército de Muqtada al-Sadr Mahdi probablemente reanudarán las operaciones, desencadenando una nueva guerra entre Estados Unidos e Irak.

Mientras los funcionarios de la Administración estadounidense proporcionan afirmaciones poco convincentes, contradictorias e infundadas de que el asesinato de Soleimani se llevó a cabo frente a la amenaza de un ataque "inminente", el Washington Post informó el viernes que las fuerzas de seguridad de EE. UU. habían intentado el mismo día asesinar en Yemen a otro comandante de alto rango de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

Según los funcionarios estadounidenses que hablaron con el Post, Estados Unidos dirigió un ataque contra Adel Reza Shahlai, quien estaba a cargo de organizar la limitada asistencia que Irán ha brindado a los rebeldes hutíes que luchan contra el asalto liderado por Arabia Saudita en el país que mató a casi 100.000 personas y dejaron a más de 8 millones al borde del hambre. Estados Unidos ha proporcionado las armas y el apoyo logístico para esta matanza.

Como informó el Post, la operación fallida de los EE. UU. en Yemen "genero dudas sobre si el asesinato de Soleimani la semana pasada" fue parte de una "operación más amplia que la explicada anteriormente, suscitando preguntas sobre si la misión fue diseñada para socavar a la cúpula de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica únicamente para prevenir un ataque inminente contra los estadounidenses como se indicó originalmente".

El informe citaba a un alto funcionario no identificado de los Estados Unidos que decía: "Si lo hubiéramos matado, estaríamos alardeando de eso la misma noche".

Todos los acontecimientos desde el discurso de Trump desde la Casa Blanca el miércoles han desmentido las afirmaciones de los medios de que la Administración de Estados Unidos está tratando de "reducir las tensiones" o tomar una "rampa de salida" de la confrontación militar. Las provocaciones militares de Estados Unidos continúan sin cesar, y los preparativos para una guerra total contra Irán, que amenaza con engullir todo Oriente Próximo y el planeta, solo se están intensificando.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de enero de 2019)