Central Obrera Boliviana entra en régimen golpista de extrema derecha

por Andrea Lobo
18 diciembre 2019

La semana pasada, la Central Obrera Boliviana (COB), la principal organización sindical del país, acordó a que uno de sus principales líderes entrará en el Gobierno "provisional" de extrema derecha liderado por Jeanine Áñez e instalado por un golpe militar respaldado por Estados Unidos.

El martes, Vitalino Mamani, secretario de organización de la COB y miembro de su Comité Ejecutivo, fue juramentado como viceministro de Trabajo, marcando una nueva etapa en la participación de la COB en el golpe que derrocó a Evo Morales el mes pasado.

Después de varias masacres de trabajadores y campesinos y el continuo despliegue de fuerzas especiales y paramilitares por parte del régimen para perseguir a líderes de las protestas y pueblos indígenas, la decisión de la COB es una traición criminal e histórica contra la clase trabajadora. Constituye una prueba irrefutable de la bancarrota del programa nacionalista de los sindicatos y de todas las organizaciones pseudoizquierdistas que afirman que estas organizaciones completamente podridas pueden ser "recuperadas" o "reformadas".

El ministro de Trabajo "provisional", Óscar Mercado, confirmó que la decisión fue respaldada por la COB y Áñez. Declaró: “[Mamani] no necesita mayor presentación. Es una persona muy respetada en el medio que sin duda va a ser un aporte sustancial en el trabajo de este Ministerio".

La COB ayudó a canalizar levantamientos revolucionarios de trabajadores entre 2000 y 2005, producidos contra la privatización del agua y por la nacionalización del petróleo y gas, detrás de la elección de Morales y su partido Movimiento al Socialismo (MAS). Sin embargo, en mayo de 2005, los sindicatos llevaron a cabo una huelga general ante rumores de un golpe militar contra el predecesor derechista de Morales, Carlos Mesa.

La COB se convirtió en la columna vertebral del Gobierno del MAS. Ante la caída de los precios de los productos básicos en 2013, la COB pronunció su "independencia" del MAS para canalizar más fácil la creciente oposición detrás de los inútiles llamamientos al Gobierno de Morales, mientras implementaba la desregulación del mercado laboral y el uso de la tierra, así como medidas de austeridad social.

El propio Vitaliano Mamani marcó este cambio en abril de 2014 como presidente de la Confederación de Fabriles de Bolivia declarando que las fábricas, en gran parte de textiles, no tienen “la capacidad para pagar el 10 por ciento de incremento salarial para la masa salarial y 20 por ciento al salario mínimo", lo que sugiere que "las empresas deben aumentar su capacidad de producción y ampliar los mercados internacionales", lo que solo podría hacerse reduciendo aún más los costos laborales.

En agosto de este año, los mineros de San Cristóbal, la mina más grande del país y propiedad de la transnacional Sumitomo, llevaron a cabo una huelga de 20 días. La COB traicionó las demandas de compensaciones perdidas en los últimos 12 años y contra las jornadas de 12 horas, tras mantener a cientos de mineros acampando fuera del Ministerio de Trabajo al tiempo que los aisló del amplio apoyo de la clase trabajadora.

Esta supresión de la lucha de clases fue aprovechada por la oligarquía local y el imperialismo estadounidense, que utilizó el crecimiento de la oposición popular después de que Morales ignorara el resultado del referéndum de 2016 en oposición a su búsqueda inconstitucional de otro mandato para movilizar a sectores de la clase media y una minoría de trabajadores en apoyo a la extrema derecha.

En julio de 2019, Mamani declaró que la COB se oponía a las manifestaciones organizadas por la extrema derecha, describiéndolas como "violentas" y organizadas por "políticos neoliberales" y "logias elitistas". Luego, una interrupción en los resultados de las elecciones generales del 20 de octubre fue utilizado por las organizaciones de extrema derecha dirigidas por el empresario santacruceño Luis Fernando Camacho para intensificar las protestas, acusando al MAS de fraude electoral. En ese momento, Mamani dijo que la COB esperaría y respetaría el resultado final oficial.

La Administración de Trump rápidamente declaró que el MAS se había robado las elecciones, incluso antes de que los resultados finales mostraran que Morales había recibido la ventaja de 10 por ciento necesaria para evitar una segunda vuelta. Luego, el 10 de noviembre, la Organización de Estados Americanos (OEA) patrocinada por Estados Unidos emitió un informe preliminar alegando fraude sin proporcionar ninguna evidencia.

Minutos después, la COB se reunió con Morales y le pidió su renuncia. Esto dio un velo "civil" para que los militares repitieran este llamado ese mismo día, lo que llevó a Morales a renunciar, esconderse y eventualmente buscar asilo en México. Cuando decenas de miles de trabajadores salieron a las calles para oponerse al golpe y se encontraron con una represión militar asesina, la COB se vio obligada a amenazar el 12 de noviembre con convocar una huelga general indefinida contra Áñez. Sin embargo, silenciosamente abandonó la amenaza y se reunió con funcionarios del Gobierno. El 15 de noviembre pidió a “oficialistas y opositores" a darse la mano.

Junto con Morales y el MAS, la COB ha adoptado la posición de que Áñez, quien fue inaugurada por los militares y con la bendición de Luis Fernando Camacho, representa a un Gobierno legítimo "de transición" para presidir elecciones el próximo año. Al no contar con un liderazgo político independiente de ambas facciones de la burguesía nacional, aquellas representadas por el MAS y Áñez, la ola inicial de resistencia de los trabajadores fue suprimida.

Luego, el 4 de diciembre, Mamani anunció que la COB no participaría en una asamblea del MAS para seleccionar candidatos."Mantenemos nuestra independencia del Gobierno de turno, los partidos políticos y de los empresarios". Sin embargo, menos de una semana después, Mamani fue juramentado como parte del Gobierno de Áñez.

Exponiendo la corrupta compra de poder en los círculos gobernantes, un audio filtrado muestra que el empresario potosino Marco Pumari solicitó $250.000 y dos aduanas a cambio de ser el compañero de fórmula de Luis Fernando Camacho en las próximas elecciones presidenciales.

Al mismo tiempo, en 2010, la Oficina de Democracia y Gobernanza de USAID informó que estaba gastando $7,25 millones de dólares anuales en programas administrados por el Solidarity Center de la AFL-CIO en 20 países, incluido Bolivia, para promover la influencia de los Estados Unidos en la burocracia sindical local.

Sin embargo, cualquiera que sea el papel desempeñado por la subversión del Departamento de Estado de EE. UU. y por la corrupción, la disposición de la COB de unirse a un régimen patrocinado por EE. UU. que acelerará brutalmente los ataques contra los derechos sociales y democráticos de los trabajadores deriva de la naturaleza procapitalista y nacionalista de los propios sindicatos.

Muchos historiadores burgueses han idealizado a la COB, diferenciándola de otros sindicatos, ya que "en su momento constitutivo no arrancó de demandas salariales, sino de la lucha por el poder", en palabras de José Baldivia Urdininea. De hecho, su existencia fue decretada por un Gobierno burgués para mantener el poder alejado de la clase trabajadora. En abril de 1952, el Movimiento Nacionalista Revolucionario burgués (MNR) dirigido por Víctor Paz Estenssoro, una semana después de ser elevado al poder por un levantamiento armado masivo que derrocó a la junta militar oligárquica, fundó la COB bajo la conducción del líder minero del MNR, Juan Lechín, para consolidar su dominio y evitar una revolución socialista.

A pesar de su influencia masiva en los sindicatos y su papel de liderazgo en las movilizaciones revolucionarias masivas hasta 1957, el Partido Obrero Revolucionario (POR) de Guillermo Lora se negó a luchar para que la clase obrera se separa decisivamente de Lechín y el Gobierno del MNR y tomara el poder, lo que habría proporcionado un impulso decisivo para las convulsiones revolucionarias de posguerra en América Latina.

Este fue el resultado de la perspectiva liquidacionista desarrollada desde 1951 por Michel Pablo, con quien el POR se alineó en 1953. Pablo había argumentado que los líderes nacionalistas pequeñoburgueses y burgueses, incluidas las burocracias sindicales, podían liderar una revolución socialista, rechazando efectivamente el papel revolucionario de la clase obrera y la necesidad de un partido marxista para llevarla al poder. Refiriéndose específicamente al MNR y fuerzas similares en América Latina, Pablo escribió en noviembre de 1951 sobre la "necesidad de subordinar todas las consideraciones organizativas de independencia formal o de otro tipo a una integración real en el movimiento de masas donde mejor se exprese en cada país".

En 1971, la COB, las diferentes facciones del POR, junto con el Partido Comunista estalinista, nuevamente subordinaron un levantamiento revolucionario de masas a la Asamblea Popular bajo el control del general Juan José Torres, quien se negó a armar a la clase trabajadora y fue derrocado por el general fascista Hugo Banzer.

En 1985, otro movimiento de protestas de masas culminó con una huelga general de 24 días en marzo y la caída del Gobierno de Hernán Siles Zuazo en agosto, pero Lechín nuevamente permitió el retorno al poder de Paz Estenssoro, quien aplastó las huelgas y despidió a unos 30.000 mineros como parte de una campaña de austeridad.

La burguesía nacional nunca desafió el lugar de Bolivia en el capitalismo global como una plataforma de mano de obrar y recursos naturales baratos, subordinada al imperialismo. Sin embargo, la falta de medidas reformistas en 1985 en comparación con 1952 fue el resultado de la globalización de las finanzas y el capital productivo, lo que socavó todos los programas y organizaciones de base nacional, incluidos los sindicatos.

Hoy, cualquier aumento limitado en el gasto social permitido por los altos precios de los productos básicos bajo Morales será brutalmente borrado por la oligarquía local y el capital financiero. Esto desencadenará un resurgimiento de las luchas de las masas bolivianas, cuyo éxito depende del desarrollo de organizaciones de masas opuestas a los sindicatos y la construcción de un partido internacionalista y socialista en la clase trabajadora para tomar el poder.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de diciembre de 2019)