Marchan 1,5 millones y decenas de miles hacen huelga contra la austeridad y desigualdad en Francia

por Anthony Torres y Alex Lantier
7 diciembre 2019

En la acción industrial más grande en Francia en décadas, decenas de miles de trabajadores ferroviarios, gubernamentales y de educación se declararon en huelga ayer. Un total de 1,5 millones de personas marcharon o participaron en la huelga contra los planes del presidente francés Emanuel Macron de recortar las pensiones.

La huelga es parte de un amplio resurgimiento internacional de la lucha de clases contra la desigualdad social y la represión militar-policial.

Los trabajadores en huelga en Francia se unen a los movimientos de protestas de masas en Irak, Líbano, Chile, Colombia, Hong Kong, Argelia, y huelgas entre los maestros y trabajadores automotores de Estados Unidos, así como los trabajadores ferroviarios británicos. Ayer en Francia, los trabajadores de los Ferrocarriles Nacionales (SNCF), los maestros y los trabajadores del transporte público de París, hospitales, aeropuertos, energía, puertos, así como estudiantes y abogados marcharon juntos.

Manifestación en París

La huelga demostró el enorme poder social de la clase trabajadora movilizada en lucha. El tráfico ferroviario se detuvo en Francia, con solo uno de cada 10 trenes de alta velocidad (TGV) y entre el 3 y el 5 por ciento de los trenes Express Regional en funcionamiento. Según la gerencia de SNCF, el 85,7 por ciento de los conductores de trenes y el 73,3 por ciento de los controladores declararon que estaban en huelga.

En París, el transporte público también prácticamente se detuvo. La Autoridad Independiente de Transporte de París (RATP, por sus siglas en inglés) anunció que 11 de las 16 líneas de metro estaban cerradas y que solo un servicio limitado estaba disponible en las demás.

Los huelguistas bloquearon los depósitos de combustible, y los trabajadores de 7 de las 8 refinerías de petróleo de Francia estaban en huelga, amenazando a largo plazo causar escasez de combustible en todo el país.

Según las estadísticas presentadas por el ministro menor del servicio público, Olivier Dussopt, el 32,5 por ciento de los trabajadores del Gobierno (incluidos los de educación, correos y de la antigua France Telecom) se unieron a la huelga. Entre los maestros de escuela, el 51,15 por ciento de los maestros de primaria y el 42,32 por ciento de los maestros de secundaria también se declararon en huelga. Muchos niños se quedaron en casa o tuvieron que ser llevados a centros de servicios de emergencia administrados por las autoridades de la ciudad.

La huelga afectó gravemente a varios aeropuertos franceses importantes, incluidos los principales aeropuertos de París, Niza, Marsella, Lyon, Toulouse y Burdeos, debido a las huelgas de múltiples categorías de trabajadores, incluidos los controladores de tránsito aéreo en el sur.

La huelga continuará en múltiples industrias durante los próximos días. Fuentes sindicales dijeron que el tráfico ferroviario se vería gravemente afectado hasta el lunes, y las aerolíneas dijeron que cortarían el 20 por ciento de sus vuelos el viernes. Se espera que muchos maestros estén en huelga hoy. Una asociación de camioneros, lOTRE, había anunciado anoche que realizaría 15 bloqueos hoy para protestar contra los aumentos de impuestos del Gobierno de Macron sobre el combustible.

Los huelguistas marcharon en los cientos de miles en toda Francia. Los sindicatos anunciaron que hubo 250.000 manifestantes en París, 150.000 en Marsella, 100.000 en Toulouse, 40.000 en Lille y decenas de miles en Montpellier, Burdeos y Nantes, así como 285.000 en total en aproximadamente otras 40 ciudades. En varias ciudades, las autoridades se negaron a proporcionar a la prensa cifras sobre el número de manifestantes.

Otra sección de la protesta

Sin apoyar formalmente a las burocracias sindicales, varios conocidos manifestantes de los "chalecos amarillos", incluidos Éric Drouet, Priscilla Ludosky y Maxime Nicolle, llamaron a sus partidarios a que se unieran a las protestas.

Estallaron enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes en varias ciudades, incluidas Lyon, Nantes, Rennes y París, donde las fuerzas de seguridad impidieron que gran parte de la marcha se moviera, luego los atacaron, primero en República y luego en la plaza de la Nación.

El Gobierno de Macron organizó un despliegue masivo de la policía, comparable a los de las mayores protestas de "chalecos amarillos" en diciembre pasado, pero que no tenía precedentes para una protesta social organizada por los sindicatos.

La revista L’Express informó que "en general, se desplegarán 108 unidades de intervención de seguridad en Francia: 60,5 policías militares móviles y 47,5 policías antidisturbios. Serán abrumadoramente asignados, aparte del área de París, al sur, sureste y norte, dejando al norte, al oeste y al suroeste con poco personal. Se desplegarán 180 equipos motorizados de BRAV (Brigadas para la Represión de Acciones Violentas). En términos de medios técnicos, seis cañones de agua estarán preparados para la acción, y tres drones sobrevolarán París".

Un funcionario de seguridad anónimo de alto rango dijo que estaba "muy preocupado" por la protesta de París y afirmó que "estamos en una situación preinsurreccional".

En París, las fuerzas de seguridad movilizaron vehículos blindados, cañones de agua, así como soldados y policías antidisturbios armados con rifles de asalto para barricar el palacio presidencial del Elíseo y otros lugares estatales. Entre 6.000 y 8.500 policías antidisturbios fueron movilizados. A las 8 de la noche se habían producido 90 arrestos, incluidas 71 detenciones preventivas, además de 11.490 individuos que habían sido detenidos preventivamente y registrados.

La huelga del 5 de diciembre es el producto de una nueva etapa en la lucha de clases, con una radicalización de capas cada vez más amplias de la clase obrera internacional. El llamado a la huelga se inició en el SNCF, donde los sindicatos temen perder el control luego de que dos grandes huelgas espontáneas paralizaran los ferrocarriles en otoño contra la privatización del SNCF, así como los recortes salariales y la introducción de dos niveles salariales. Sin embargo, una vez que se lanzó el llamado, secciones cada vez más amplias de trabajadores intentaron aprovechar la oportunidad para unirse a una huelga legalmente aprobada.

Esta movilización refleja una oposición amplia y creciente a las políticas de la Unión Europea (UE): la congelación salarial del sector público y el ataque drástico a las pensiones y otros derechos sociales. Macron está eliminando múltiples fondos de pensiones especiales y avanzando hacia la jubilación basada en "puntos", sin un valor monetario preestablecido. El Estado ha rechazado las aspiraciones de más igualdad social y mejores condiciones de vida para los trabajadores con desprecio, planeando recortes profundos a las pensiones, los seguros médicos y otros programas clave.

Existe una oposición generalizada entre los trabajadores al orden social capitalista, así como la desconfianza legítima hacia los sindicatos, que están negociando los recortes con Macron y, hasta ahora, no habían organizado acciones de huelga significativas desde su elección en 2017.

En términos más generales, ninguno de los problemas que impulsaron la huelga de ayer tiene un carácter nacional. Tanto los bajos salarios como la austeridad social, la explotación de trabajadores en lugares de trabajo con poco personal, desigualdad social y la represión militar-policial de cualquier oposición a los dictados de los bancos son problemas internacionales que han movilizado a decenas o incluso cientos de millones de trabajadores a nivel internacional este año. Resolver estos problemas requiere la expropiación de la aristocracia financiera multimillonaria que domina la vida económica a través de los mercados financieros internacionales.

Esto requiere que los trabajadores rompan con las burocracias sindicales, las cuales están arraigadas sobre bases nacionales, y que formen comités de acción, independientes de los sindicatos, para que puedan quitarles la lucha de las manos a los sindicatos y vincularla con las luchas de sus hermanos y hermanas de clase en todo el mundo.

Durante décadas, el "diálogo social" entre sindicatos, grupos de empleadores y el Estado en Francia solo ha servido para imponer regresiones sociales a la clase trabajadora. De hecho, altos funcionarios del Gobierno de Macron se apresuraron a promover a los sindicatos durante la huelga y dejaron en claro que sabían que las burocracias sindicales tenían la intención de aceptar los recortes de pensiones y estrangular cualquier lucha política contra Macron.

El jefe del grupo parlamentario de Macron en la Asamblea Nacional, Gilles Legendre, dijo, "ningún sindicato cree seriamente que (Macron) lo abandonará". Es decir, los sindicatos están, de hecho, buscando un compromiso podrido con el Estado y los grupos de empleadores para imponérselos a los trabajadores, lo que incluiría prácticamente todos los recortes presentados por Macron.

En la sala de guerra que instaló en el Ministerio de Transporte, el primer ministro Edouard Philippe declaró: “En general, las huelgas y protestas se han desarrollado según lo previsto. Muchas protestas se organizaron hoy en Francia, la mayoría va bien. ... Quiero darles mi respeto a los sindicatos por su éxito organizativo".

Dichos comentarios reivindican las advertencias hechas por el Partido Socialista por la Igualdad y su llamado a la creación de comités de acción, independientes de los sindicatos, para emprender la lucha. Los trabajadores no obtendrán nada de una lucha dentro de un marco puramente nacional, controlado por burocracias sindicales que están estrechamente vinculadas con el Estado. El camino a seguir es sacar la lucha de las manos de los sindicatos y asumir una perspectiva socialista, internacionalista y revolucionaria para unir sus luchas con las de sus hermanos y hermanas de clase en todo el mundo.

(Publicado originalmente en inglés el 6 de diciembre de 2019)