‘Los no deseados’: 80 años desde la tragedia del St.Louis

por Verena Nees
25 noviembre 2019

El dramático documental Los no deseados: la odisea del St. Louis (Dien Un gevollten: Die Irrfahrt der St Louis) que presenta la historia del buque donde viajaban hace ochenta años refugiados judíos huyendo de los nazis, es una cautivante obra de televisión. ARD, una de las principales redes de la televisión alemana, lo exhibió recientemente.

En 1939, los Gobiernos de Cuba, Estados Unidos y Canadá prohibieron la entrada a sus puertos del St. Louis, un buque marítimo que había sido construido por la empresa Hamburg-American (y nombrado en honor a la ciudad St. Louis, del estado de Missouri) tenía más de 900 pasajeros, hombres, mujeres y niños que huían de la Alemania nazi.

Britta Hammelstein en Los no deseados

Ben von Grafenstein, el director del filme, escogió cuidadosamente el título de los “No deseados”. ¿No nos trae a la mente que en la actualidad miles de personas “no deseadas” tratan de cruzar el mar Mediterráneo, huyendo de guerras, torturas y enorme pobreza, en un intento desesperado de llegar a las costas europeas? ¿No es que estos arriesgan sus vidas para cruzar fronteras militarizadas y vigiladas por guardias y pandillas, como entre México y Estados Unidos?

En mayo 1939, 937 pasajeros, casi todos judíos, se embarcaron en el St Louis, basado en Hamburgo, tan solo seis meses después del pogromo asesino de noviembre 1938 ( Kristallnacht — la noche de los cristales rotos) contra hogares, tiendas y sinagogas judías. Con la convicción de que lograrían escapar el terror nazi, dejaron todo atrás y gastaron todos sus ahorros para comprar sus boletos y sus visas de turistas para llegar a Cuba. Desde ahí, la mayoría quería emigrar a Estados Unidos.

Al llegar el navío diésel a La Habana el 17 de mayo, la corrupta dictadura cubana, patrocinada por los yanquis, rompió previas promesas y les niega permiso a los refugiados a pisar tierra firme; dizque se habían modificado las reglas de entrada cuando el buque todavía cruzaba el oceano Atlántico.

Parientes y amistados se congregan en el puerto de La Habana, saludan a los pasajeros y con sus manos y a viva voz; pero no se les permite subir al St. Louis. El guionista y el director han creado el personaje ficticio de Marta Stein (Britta Hammelsteine), quien viaja con su muy joven hijo. Su marido (Golo Euler) se había escapado de un campo de concentración y llegado a La Habana pocos meses antes y es parte del grupo en La Habana. Disfrazado de marinero, intenta abrazar a su esposa. Se lo impide un marinero nazi, el mismo que había abusado de Marta al principio del viaje.

Los no deseados

Después de negociar con el capitán Gustav Schröder (Ulrich Noethen), las autoridades cubanas aceptan permitir la entrada de sólo 29 pasajeros (dos familias y unos pasajeros con pasaportes españoles y cubanos) más un pasajero que había intentado suicidarse y fue transferido a un hospital de La Habana. Bajo amenaza de violencia de parte de las autoridades cubanas, el St Louis zarpa cinco días después.

El capitán Schröder dirige el barco rumbo a los Estados Unidos. Sin embargo, el presidente Franklin D. Roosevelt también le niega permiso a atracar puertos estadounidenses. También le niega el permiso el Gobierno canadiense del primer ministro William Lyon Mackenzie King, del Partido Liberal.

Cuando la empresa exige que el buque regrese a Alemania, los pasajeros se desesperan; encaran la gran probabilidad de ser enviados a campos de concentración. Discuten suicidarse en masa. Uno de los pasajeros hace ese intento desesperado. Se discute apoderarse del barco y obligarlo a cambiar de rumbo.

El capitán Gustav Schröder, fiel miembro del Partido Nazi desde 1933, actúa consecuentemente con sus principios de oficial naval de tratar a todos los pasajeros igualmente en aguas internacionales

“¿No deseas proteger a tu hijo en Hamburgo?”, pregunta Klaus Ostermeyer (Johannes Kienast), el primer oficial del barco, refiriéndose a que el hijo incapacitado de Schröder vive bajo la amenaza nazi de eutanasia. “Ese es otro asunto”, contesta Schröder; su conciencia no le permite participar en la muy probable muerte de 900 personas.

El St. Louis en Hamburgo

Aun con espías de la Gestapo en el barco, Schröder trata varias veces de conseguir puerto seguro para sus pasajeros, colaborando con organizaciones de ayuda judía. Pacta con políticos y embajadores tramposos; aun intenta aparentar un accidente cerca de la costa inglesas. Martha Stern se convierte en su alter ego, la voz de su conciencia. Bien le describe la cruel persecución que habían encarado en Alemania los pasajeros judíos.

Poco más de un mes de haber zarpado del puerto de Hamburgo, el St Louis ancla en el puerto belga de Antwerp. Bélgica, Holanda, Francia e Inglaterra deciden repartirse a los refugiados, motivo de celebración en la nave. Un año después los nazis invaden Bélgica, Holanda y Francia. Recientes investigaciones revelan que 254 pasajeros perecieron víctimas del Holocausto nazi.

Gustav Shröder regresa a Hamburgo; los nazis no lo enjuician. Antes de morir, el Gobierno de Alemania occidental lo premia con la Cruz Federal de Mérito “por servir al pueblo y al país, al rescatar emigrantes”. Después de su fallecimiento, Israel lo incluye en su círculo de los “Justos de todas las naciones”.

Durante la odisea del St Louis en el océano Atlántico, otras dos naves con refugiados navegaban hacia Cuba, incluyendo el Orinoco, desde Bremer Vulkan, con 200 pasajeros judíos. También se les negó permiso para entrar a Cuba y Estados Unidos.

A diferencia de Schröder, sus capitanes obedecieron órdenes nazis y entregaron a los emigrantes a sus perseguidores en Alemania. No se sabe qué fue de ellos.

Ben von Grafenstein (Blindflug , Kasimir and Karoline) ha creado un emotivo filme que alerta a una nueva generación sobre lo vivido por los refugiados judíos. La película se basa en el diario y los archivos del capitán y en otros documentos y entrevistas con testigos, en un apasionado entorno cinematográfico. A la vez, el mensaje de esta cinta sirve para advertir: en el batallar en contra los partidos de la derecha extrema, como el partido racista alemán Alternativa para Alemania (AfD), en la lucha contra violentas acciones antisemitas, tal como el reciente ataque mortífero de Halle, de nada sirve aliarse a los mal llamados Gobiernos y partidos democráticos.

Los no deseados de Ben von Grafenstein

La alerta es minada en parte cuando la cinta concluye con una disculpa de parte Justin Trudeau, actual primer ministro canadiense. El 7 de noviembre del 2018 Trudeau pidió disculpas por la “falta de corazón” de los Gobiernos canadienses, ese entonces liderados por el mismo Partido Liberal que él ahora dirige. Al rehusarse a permitir la entrada en 1939, Canadá había sellado el “cruel destino” de muchas personas, dijo Trudeau.

En verdad, los Gobiernos capitalistas de todo el mundo ahora toman similares medidas descorazonadas contra todos los refugiados que buscan huir de guerras sin fin de parte de los Estados Unidos y de otras potencias mundiales. El mismo Trudeau, quien una vez hizo alardes de que su país ha aceptado más refugiados sirios que Estados Unidos, desde entonces ha apretado más la política canadiense de inmigración, reduciendo dramáticamente el número de personas asiladas.

Respondiendo a la crisis del capitalismo mundial y a la revolución social que se aproxima, las élites en el poder de todo el mundo se vuelcan a la guerra y al fascismo, con todo lo que eso implica —chauvinismo, racismo y antisemitismo—.

Un año después de la odisea del St Louis, escribía con mayor poder que nadie León Trotsky, el colaborador de Lenin en la Revolución rusa de 1917 quien luego organizó la Oposición de Izquierda contra Stalin:

“El decadente mundo capitalista está superpoblado. Cuando se trata de admitir cien refugiados más, se convierte en un enorme problema para potencias como Estados Unidos. En la época de aviación, telégrafos, teléfonos, radio y televisión, pasaportes y visas paralizan el viaje de un país a otro. La época del comercio mundial en declive es a la misma vez la época de la monstruosa intensificación del chauvinismo, especialmente del antisemitismo… En medio de las grandes extensiones de tierra y a las maravillas de la tecnología, que han conquistado los cielos y la tierra para la humanidad, la burguesía consigue convertir a nuestro planeta en una asquerosa prisión”. —León Trotsky: “Guerra Imperialista y la Revolución Proletaria Mundial” (1940)—.

(Artículo publicado originalmente en alemán el 11 de noviembre de 2019)