Aumenta la resistencia popular contra el golpe en Bolivia

por Andrea Lobo
16 noviembre 2019

Decenas de miles de trabajadores marcharon el jueves desde la ciudad predominantemente obrera e indígena de El Alto hasta la capital La Paz, a una distancia de 15 millas, exigiendo la expulsión del régimen golpista que ha asumido el poder en el país más pobre de América Latina. Los manifestantes continuaron confrontando la represión militar durante la noche.

Jeanine Áñez, la vicepresidenta derechista del Senado de Bolivia, se proclamó presidenta y nombró un gabinete de extrema derecha y un nuevo liderazgo militar para organizar la represión de la creciente resistencia al golpe respaldado por Estados Unidos que derrocó al gobierno del presidente Evo Morales el domingo.

Trabajadores y campesinos marchan en La Paz, Bolivia (Fuente: Foto AP/Natacha Pisarenko)

Expresando sentimientos generalizados entre los que protestaban, un trabajador indígena en El Alto le dijo a un periodista: “Estamos aquí luchando porque nunca más nos humillaremos ni nos arrodillaremos ante estas transnacionales que siempre nos han controlado y humillado hasta hoy”.

Después de pedirle a Morales que renunciara el domingo pasado, la Central de Trabajadores de Bolivia (COB), la principal confederación sindical, amenazó el martes con convocar una huelga general indefinida si el régimen de Áñez no “restablece el orden constitucional en 24 horas”. Sin embargo, no se han hecho más anuncios.

La tímida respuesta de Morales, el anteriormente gobernante MAS y sus instituciones alineadas como la COB ha expuesto sus temores de que una agitación contra el golpe se convierta en un movimiento político para derrocar el orden capitalista que han defendido durante 14 años.

Morales, quien fue sacado de Bolivia por la Fuerza Aérea Mexicana, escapando de una orden de arresto y amenazas de grupos de extrema derecha, ahora ha pedido “conversaciones con los cuatro partidos en el Congreso”, incluidos los que llevaron a cabo el golpe. Se ha ofrecido a regresar a Bolivia para ayudar a “pacificar el país” y ha pedido la intervención del Papa.

Los matones de derecha y la policía bloquearon el miércoles a miembros del Senado boliviano, incluida su presidenta Angela Salvatierra, del MAS, de ingresar a la legislatura. Bajo presión de los militares, Salvatierra había anunciado su renuncia, siguiendo el ejemplo establecido por Morales y su vicepresidente, despejando el camino para que Áñez se proclamara presidente, sin ninguna confirmación por parte de la legislatura nacional, en la cual el MAS tiene la mayoría de los escaños.

Temprano el jueves, los legisladores del MAS se reunieron y eligieron a Sergio Choque como presidente de la cámara baja. Choque es diputado por El Alto con antecedentes en la Federación de Consejos Vecinales (FEJUVE) en la ciudad que ha liderado en gran medida las protestas contra el golpe. Primero llamó a “todos los sectores movilizados a calmarse”, y luego promovió un proyecto de ley que ordenaba a los militares regresar a sus cuarteles, un intento de alimentar las ilusiones de que los militares obedecerán a las fuerzas que acaba de derrocar.

Al relatar su fuga a El País, Morales declaró que “Estados Unidos llamó al ministro de relaciones exteriores para decirme que podían llevarme a cualquier parte. Eso fue extraño para mí”. Optó por el asilo ofrecido por México, que no logró convencer a Perú de permitir que Morales usara su espacio aéreo para volar allí. Finalmente, los gobiernos de derecha en Paraguay y Brasil acordaron facilitar la fuga de Morales.

El régimen golpista ha desplegado bombarderos para sobrevolar manifestaciones masivas, tanques y Humvees [vehículo armado militar] para patrullar centros urbanos y la policía antidisturbios y helicópteros que han disparado munición real y gases lacrimógenos en las protestas. Las caravanas militares y policiales han aterrorizado los vecindarios de la clase trabajadora. Los medios de comunicación locales han informado en las redes sociales que muchos más han sido asesinados en las ciudades aledañas a La Paz y que varias estaciones de radio y televisión nacionales y locales han sido sacadas del aire.

La Fiscalía ha reconocido que tres manifestantes han sido asesinados desde el lunes. En total, diez personas murieron y al menos 400 resultaron heridas desde las elecciones presidenciales del 20 de octubre, que mostraron que Morales ganó con la ventaja necesaria para evitar una segunda vuelta.

El Congreso, donde el MAS tiene las mayorías, no ratificó la renuncia de Morales, la de su vicepresidente ni la del presidente del Senado. Áñez fue “confirmada”, sin ningún quórum legislativo, por unos 20 senadores de la oposición, rodeada de miembros de las fuerzas armadas y la oposición fascista de derecha. A pesar de esto, el Tribunal Constitucional falló a favor de Áñez como la presidenta legítima del país.

Washington, que denunció a Morales por “robar” las elecciones el 22 de octubre, fue el principal instigador del golpe y el primero en reconocer a Áñez como “presidenta interina”.

Sin embargo, ansiosos por continuar con el negocio de saquear los vastos recursos de gas y minerales en el país, muchos otros gobiernos capitalistas han reconocido a Áñez, incluidos Brasil, la Unión Europea y Rusia, que tiene amplios contratos en Bolivia. Sergey Ryabkov, subsecretario de relaciones exteriores de Rusia, declaró que “Vemos todo lo que precedió al cambio de poder como acciones que equivalen a un golpe ... pero está claro que será percibida como líder de Bolivia hasta que se elija un nuevo presidente”.

Entre los reemplazados por Áñez estaba el comandante de las fuerzas armadas bolivianas, Williams Kaliman, quien había “sugerido” a Morales que renunciara el domingo y le colocó la banda presidencial a Áñez el martes. El diario argentino Infobae informó de “fuentes militares” que había demandas para que el ejército “actuara en las calles contra los manifestantes, pero algunos comandantes bajo Kaliman se resistieron”, lo que llevó a Áñez a asignar un nuevo liderazgo.

El nuevo ministro del Interior, Arturo Murillo, anunció de inmediato: “Hablé con el nuevo Ministro de Defensa [Luis Fernando López Julio], una persona muy interesante con quien trabajar como socio. Tendremos a los militares y la policía en las calles dando seguridad a la gente ... Todos los sediciosos irán a la cárcel; los perseguiremos”. La nueva Ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, anunció que “el Estado de derecho se utilizará contra aquellos periodistas o pseudoperiodistas implicados en la sedición”.

Mientras tanto, el nuevo ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, es el abogado de Luis Fernando Camacho, un empresario fascista de Santa Cruz que se convirtió en el rostro de las manifestaciones contra Morales desde las elecciones. Los grupos de extrema derecha liderados por Camacho y el segundo en las elecciones presidenciales, Carlos Mesa, se asociaron con la Organización de Estados Americanos (OEA) para explotar una suspensión de un día en el anuncio de los totales de los votos para alegar un fraude electoral, sin presentar ninguna evidencia.

El Centro de Investigación Económica y Política (CEPR) con sede en los Estados Unidos publicó un informe la semana pasada que indica que el resultado final no estaba en contradicción con la tendencia antes de que se detuvieran las transmisiones, argumentando que “no hay base estadística o probatoria para disputar el recuento de votos”.

Cuando se vio a escuadrones voladores de extrema derecha atacando a manifestantes y transeúntes indígenas en varias ciudades, Camacho utilizó la demagogia “antiestablishment” para aprovechar la creciente ira social entre sectores de la clase media y algunas capas de trabajadores políticamente desorientados.

Al destacar los peligros presentados por las capas fascistas que el imperialismo estadounidense eleva, tanto Camacho como Áñez han expresado durante mucho tiempo la perspectiva racista de la oligarquía terrateniente de las tierras bajas, que históricamente ha oprimido a la mayoría indígena del país y ha tratado de dividir a las capas oprimidas de la población.

“Sueño con una Bolivia liberada de los rituales satánicos indígenas; la ciudad no es para los indios; que se vayan a las tierras altas o al Chaco”, declaró Áñez en un tuit en 2013 que recientemente ha sido eliminado. En sus manifestaciones, Camacho continúa llamando a liberar a Bolivia de “Satanás” y “brujería”.

(Publicado originalmente en inglés el 15 noviembre 2019)