Las elecciones del 10 de noviembre en España y la lucha contra el autoritarismo

por Alejandro López
11 noviembre 2019

El domingo, España estará celebrando sus cuartas elecciones generales en otros tantos años, a seis meses de las últimas elecciones de abril pasado. Las elecciones expresan de manera pronunciada los temas políticos esenciales con los que se enfrentan los trabajadores en toda Europa y el mundo.

Para las elecciones generales anticipadas de abril pasado, las secciones europeas del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) publicaron una declaración, “Las elecciones españolas y la lucha contra el gobierno autoritario”. Caracterizaban las elecciones como un “espectáculo degradante, dominado por la promoción de las fuerzas fascistizantes por parte de la aristocracia financiera”.

Añadían, “La histeria oficial anticatalana y el surgimiento de[l partido fascista] Vox, [...] no refleja un apoyo masivo al neofascismo. Más bien, en España y en toda Europa, refleja la promoción de la extrema derecha por parte de los medios de comunicación, la élite política y el aparato represivo del Estado”. Concluían, “La historia muestra que la única forma de derrotar el giro de la burguesía europea hacia la política fascistizante es movilizar a la clase obrera en una lucha por tomar el poder y expropiar a la clase capitalista”.

Los hechos de los seis últimos meses han corroborado este análisis. A pesar de un aumento explosivo de manifestaciones y huelgas de masas —desde la industria automovilística estadounidense hasta Irak, el Líbano en el Medio Oriente, Argelia en el norte de África, Ecuador y Chile en Latinoamérica, y Cataluña en la propia España— la burguesía se ha estado desplazando constantemente hacia la derecha. Decidida a no hacer concesiones a las demandas populares crecientes de igualdad social y de poner fin a la represión, incita sin parar a las fuerzas fascistas.

Poco después de la declaración del CICI en abril, Vox entró al parlamento —la primera vez que un partido ultraderechista entró al parlamento español desde 1978 y el fin del régimen fascista en España. Al mes siguiente, el Tribunal Supremo emitió un fallo apoyando el golpe fascista de 1936 dirigido por Francisco Franco, describiéndolo como el “jefe del Estado desde el primero de octubre de 1936 hasta su muerte en noviembre de 1975”. Con este fallo sin precedentes, la más alta instancia judicial española afirmó que la proclamación de Franco como jefe de Estado en un golpe dirigido por una pandilla de generales fascistas el primero de octubre de 1936 fue legítima.

Este resurgir de las fuerzas ultraderechistas en el Estado español tiene lugar bajo la égida del presidente socialdemócrata del gobierno en funciones, Pedro Sánchez.

El gobierno en funciones del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Sánchez, respaldado por el partido pseudoizquierdista Podemos, intensificó la represión, supervisando un juicio farsa que condenó a nueve políticos catalanes a de 9 a 13 años de cárcel por convocar manifestaciones pacíficas y organizar un referéndum sobre la independencia. El PSOE entonces reprimió agresivamente las protestas de masas en Cataluña contra las sentencias, enviando a miles de policías a atacar a los manifestantes. Esta represión ha dejado hasta el momento más de 700 heridos y más de 300 personas detenidas.

Podemos demostró ser la rueda de repuesto de la campaña para preparar un giro hacia las formas fascistas de gobierno. Aterrado por las huelgas y protestas crecientes, trabajó para desmovilizar y estrangular la oposición política en toda España. Durante el verano, se negó a entrar en un gobierno dirigido por el PSOE, temiendo la ira en Cataluña por la sentencia contra los políticos catalanes que estaba por producirse, mientras se comprometía a defender las “políticas en asuntos de Estado” del PSOE.

Incapaz de formar gobierno, el PSOE convocó estas elecciones anticipadas basado en llamamientos a apoyar la represión policial en Cataluña.

La mayoría de los españoles no ve a Cataluña como un tema principal ni está de acuerdo con el abordaje agresivo del Estado. Las encuestas muestran que las principales preocupaciones de los votantes son el desempleo (56,9 por ciento), seguido por los partidos políticos (37,8 por ciento), problemas económicos (29,1 por ciento), la corrupción (30,5 por ciento), la sanidad (15,7 por ciento), la educación (11,1 por ciento), la inmigración (10,7 por ciento) y Cataluña (10,5 por ciento). Sin embargo, los partidos gobernantes publicitan sin parar el tema como encubrimiento político para aplicar políticas de austeridad y guerra, que son rechazadas por la gran mayoría de los trabajadores.

El PSOE se ha comprometido con la Unión Europea (UE) para imponer miles de millones de euros más en recortes sociales. Junto con los derechistas Ciudadanos y Partido Popular (PP), está usando el problema catalán para ahogar la oposición al militarismo y la austeridad, y desplazar la atmósfera política muy a la derecha. Las últimas encuestas de El País muestran que Vox podría convertirse en el tercer partido con 46 escaños en el parlamento de 350, tras el PSOE con 117 y el PP con 92.

La universalidad del giro de la burguesía hacia los partidos de la extrema derecha en los principales Estados miembros de la UE, que han apoyado, todos, la campaña anticatalana de Madrid, subraya la importancia de estos acontecimientos. En Alemania, el presidente del parlamento Wolfgang Schaüble ha condenado el pacifismo alemán que surgió de la derrota de los nazis en 1945, al tiempo que Berlín fortalece al neofascista Alternativa para Alemania. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ha aclamado al dictador fascista Philippe Pétain mientras lanzaba una represión sangrienta a los manifestantes de los “chalecos amarillos”.

Apoyar la liberación de los presos nacionalistas catalanes y defender a la población catalana contra la represión de Madrid es una tarea fundamental que los trabajadores y los jóvenes tienen ante sí en toda España y en otros lugares. Esto no implica ningún apoyo a los nacionalistas catalanes, cuya agenda independentista y políticas de austeridad trabajan para dividir a los trabajadores de toda España. Sin embargo, está claro que se los acosa como parte de una campaña para fortalecer un Estado policial fascista cuyo objetivo principal es la clase trabajadora.

Han pasado ya casi cinco décadas desde que el teórico antitrotskista del Secretariado Internacional pablista, Ernest Mandel, declarara autocomplaciente que “la gran burguesía europea ya se quemó los dedos seriamente una vez con un experimento fascista. […] Es mucho menos probable que repita la aventura, dado que la experiencia también dejó huellas profundas en las masas del pueblo, y la amenaza creciente repentina de un nuevo fascismo acarrearía ciertamente las reacciones más fuertes”.

Esta perspectiva histórica ha sido refutada. Tres décadas después de que la disolución de la Unión Soviética por parte de los estalinistas llevara a los propagandistas burgueses a proclamar el “Fin de la Historia”, la muerte del socialismo y el triunfo de la democracia liberal, las clases gobernantes de toda Europa están volviendo al fascismo.

Aunque millones de trabajadores están aterrados por esta perspectiva, ninguna lucha para defender siquiera los derechos más básicos es posible desde el interior de los partidos de la pudiente clase media alta, tal como el partido estalinista y pablista Podemos y su escisión Más País. A pesar de sacar más de 5 millones de votos en 2016, Podemos no organizó ninguna manifestación de masas contra la campaña anticatalana. En cambio, respaldó la sentencia contra los presos políticos catalanes y anunció sus simpatías por la policía. Durante la campaña, apeló constantemente a una alianza con el PSOE.

Su bancarrota es una justificación de la crítica del CICI del acuerdo contrarrevolucionario de 1978 en España, y una confirmación de la necesidad urgente de construir una alternativa trotskista. Basándose en la transición de 1978 del franquismo al régimen parlamentario capitalista, que sus antepasados políticos ayudaron a elaborar junto al régimen franquista, Podemos ahora se ha integrado totalmente en el giro del PSOE a la derecha. Está siendo castigado, enfrentándose a sus peores resultados electorales desde su fundación hace cinco años: las encuestas muestran que bajará de 42 escaños a 35.

El tema decisivo ahora es construir la vanguardia revolucionaria trotskista de la clase trabajadora. Ninguno de los problemas del militarismo, la austeridad de la UE y los conflictos nacionales suscitados por la burguesía, puede resolverse en un marco nacional y capitalista. El camino adelante es la lucha por unificar a los trabajadores españoles con los catalanes contra el regreso a las formas de gobierno autoritarias, como parte de la unificación de la clase trabajadora europea en lucha contra la UE capitalista.

La lucha por esta perspectiva requiere la construcción de un nuevo liderazgo político en la forma de secciones del CICI en España y en toda Europa.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de noviembre de 2019)