Estibadores y mineros inician huelga nacional, según mueren 11 en medio de la represión militar en Chile

por Eric London
23 octubre 2019

Más de 11.000 soldados y carabineros arrasaron Chile durante las últimas 48 horas, disparando balas vivas contra los manifestantes y secuestrándolos de sus hogares por la noche en escenas que recuerdan el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Once personas han muerto y hay 300 heridos, la mayoría en Santiago. El Gobierno del presidente Sebastián Piñera afirma haber arrestado a más de 2.100 personas.

Muchos de los arrestados afirman que se les negó el acceso a abogados y enfrentaron acoso sexual por parte de soldados y policías. Un grupo de estudiantes le dijo a Prensa Opal que se vieron obligadas a quitarse la ropa cuando los soldados las rociaron con agua y gritaron "odiamos a los comunistas".

La represión fue ordenada desde los niveles más altos del Estado chileno. En un discurso el domingo por la noche a la nación, Piñera se hizo eco del dictador Augusto Pinochet, declarando: "Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable… que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite".

El movimiento de protesta se expandió ayer y atrajo a sectores más amplios de la clase trabajadora, que respondieron con horror a la represión, mientras circulaban videos en redes sociales de soldados disparándoles a los estudiantes en la oscuridad. Cientos de miles de personas se reunieron ayer en la Plaza Italia de Santiago cantando "soldados, fuera".

Los negocios estuvieron en gran parte cerrados en Santiago y en muchas ciudades de todo el país a pesar de que el Gobierno anunció el domingo que rescindiría el aumento de los precios del metro que inicialmente desencadenó las manifestaciones. El estado de emergencia sigue vigente y el Gobierno amplió su toque de queda nocturno ayer, y algunas áreas adelantaron su hora de inicio a las 6 p.m.

Los trabajadores portuarios marcharon en masa en varias ciudades, deteniendo la mayor parte de las exportaciones nacionales y cerrando 20 puertos como parte de una huelga nacional. Con el uso de chalecos amarillos usados para el trabajo, el mar de miles de trabajadores portuarios se parecía a los "chalecos amarillos" de Francia mientras marchaban por las ciudades de Concepción, Antofagasta y San Antonio.

Los mineros del cobre, la sección históricamente más militante de la clase trabajadora chilena, que produce el principal producto de exportación del país, también anunciaron una huelga nacional a partir del miércoles. Esta noticia hizo subir sustancialmente el precio del cobre. Chile proporciona aproximadamente un tercio del suministro mundial de cobre.

Un video que muestra a los mineros del cobre en el almuerzo ayer golpeando platos y cubiertos y cantando "¡paro general!" indica el estado de ánimo explosivo en la clase trabajadora.

Los principales sindicatos están tratando desesperadamente de evitar que la situación se salga más fuera de su control. La huelga prevista para el miércoles da espacio para que el Gobierno de Piñera use la fuerza para someter a estudiantes y manifestantes en las principales ciudades.

Aun así, los trabajadores de la masiva mina Escondida, propiedad de BHP Ltd., hicieron huelga durante 10 horas anoche, algo que los sindicatos se apresuraron a etiquetar como un "paro de advertencia" antes de la huelga prevista del miércoles, un reconocimiento de que los trabajadores no quieren esperar para hacer huelga.

También se filmó a un funcionario sindical diciendo en una reunión masiva escéptica de trabajadores portuarios ayer que "no hay necesidad de hacer escándalo y tirar piedras", implorando a los trabajadores que sigan la conducción del sindicato con respecto a la huelga y alegando que esta era la única forma de hacer la "revolución" que quieren.

El Partido Comunista estalinista también está desempeñando un papel activo para poner las manifestaciones y huelgas bajo control.

El prominente alcalde estalinista Daniel Jadue tuiteó que es "notable que el jefe del ejército tenga más prudencia que el presidente de la república", haciendo referencia a la declaración de Piñera de que el gobierno está "en guerra" con los manifestantes.

El Partido Comunista publicó ayer una proclamación que declara que "las falsas expectativas creadas de manera irresponsable por Piñera y la derecha son la causa de la ira acumulada y de la explosión social". Mientras afirmaba apoyar las protestas, el PC culpó a "elementos lumpen de criminalidad y violencia” en las manifestaciones y pidió nuevas elecciones.

El diario español El País publicó ayer un titular, "La protesta social desborda a Piñera y sume a Chile en una grave crisis". El artículo planteó la profunda preocupación de que ninguno de los partidos políticos oficiales tenga suficientes seguidores en la clase trabajadora para reprimir las protestas.

“El desasosiego social que se ha expresado al menos desde 2006, cuando estallaron las primeras protestas de los estudiantes, no ha podido ser canalizado hasta ahora por ninguna fuerza política con representación en el Congreso. Tampoco por el Frente Amplio de izquierda, cuyos principales líderes fueron los dirigentes estudiantiles que encabezaron las movilizaciones en 2011”. El Frente Amplio se ha hecho eco de los llamados estalinistas a nuevas elecciones y ha demonizado de manera similar a los manifestantes “violentos”.

El movimiento en Chile se desarrolla como una lucha contra la podrida "democracia" chilena que mantuvo el control fascista de los militares. En los últimos días, los manifestantes han coreado: "esto no son unos 30 pesos, son unos 30 años", haciendo referencia a las tres décadas desde que Pinochet dejó el cargo en marzo de 1990.

La erupción de la violencia militar de esta semana expone la llamada transición a la democracia como una farsa. Tras aplastar la ola de huelgas de masas de finales de los años sesenta y principios de los setenta a través de la dictadura fascista, la clase dominante chilena respondió al creciente odio popular hacia la dictadura a fines de los años ochenta entregándole el poder a una alianza de partidos de "izquierda" llamada Concertación.

La Concertación, que incluía al Partido Socialista del expresidente asesinado Salvador Allende, aseguró la impunidad para el ejército chileno y permitió que el propio Pinochet regresara a Chile en 2000, donde fue recibido en el aeropuerto por la cúpula militar en un espectáculo en televisión nacional. El secretario del Interior del Partido Laborista del Reino Unido, Jack Straw, desempeñó un papel fundamental, otorgándole al exdictador una solicitud para escapar de la extradición para enfrentar un juicio en España.

Hoy, los partidos de la Concertación y del partido de Piñera, Renovación Nacional, anteriormente pro-Pinochet, son responsables de llevar a cabo esfuerzos de privatización que van más allá de lo que la dictadura de Pinochet pudo lograr. Esto ha producido los niveles más altos de desigualdad social en el mundo.

Los analistas económicos y las revistas de política exterior imperialista están preocupados por la posibilidad de que las manifestaciones contra la desigualdad social se extiendan por toda América Latina. El Washington Post se refirió ayer al espectro de una "primavera latinoamericana" similar a las revoluciones que sacudieron el norte de África y el Oriente Próximo en 2011.

Stratfor señaló: “Las protestas chilenas se producen inmediatamente después de disturbios similares contra la austeridad en Ecuador, que se desencadenaron por la eliminación de los subsidios al combustible. Con las economías regionales presionadas por el lento crecimiento y los Gobiernos aún buscando implementar reformas dolorosas a favor del mercado, la situación está madura para disturbios generalizados y perturbadores”.

Esto contrasta con el tono más colorido de hace menos de una semana en el Financial Times que publicó un artículo alabando a Piñera como el "líder milmillonario que predica las virtudes del mercado" y cuyo país es "un faro de estabilidad y buena gestión en un continente poco famoso por esto".

El FT citó a Piñera: “Mira a América Latina. Argentina y Paraguay están en recesión, México y Brasil en estancamiento, Perú y Ecuador en profunda crisis política y en este contexto Chile parece un oasis porque tenemos una democracia estable, la economía está creciendo, estamos creando empleos, estamos mejorando los salarios y estamos manteniendo el equilibrio macroeconómico".

Las preocupaciones sobre una creciente rebelión global de la clase trabajadora fueron expresadas ayer en un comentario por Brian Winters, vicepresidente de política de la Americas Society/Council of the Americas: "Todos los que siguen América Latina están viendo esto y diciendo: 'Oh, Dios mío, ¿Chile también?’”.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de octubre de 2019)