Where’s My Roy Cohn ( ¿Donde está mi Roy Cohn? ): documental sobre la mano derecha de McCarthy, el mentor de Donald Trump

por Fred Mazelis
15 octubre 2019

El título de esta nueva película documental alude a un supuesto enfado de Donald Trump al inicio de su presidencia, luego de que Jeff Sessions, fiscal general, se negó a defenderlo durante la investigación federal sobre los supuestos vínculos de Trump con la intromisión de Rusia en las elecciones de 2016.

Aunque Cohn había fallecido 31 años antes, Trump añoraba los servicios de ese miserable individuo que a los veintiséis años de edad se convirtió en el lugarteniente de Joseph McCarthy, el infame Senador de Wisconsin durante la cacería de brujas anticomunista de la década de 1950. Luego Cohn se transformó en el gurú de ese empresario neoyorquino de bienes raíces que ahora ocupa la silla presidencial. Muchos han señalado la similitud entre Trump y Cohn en política y estilo: sus mentiras descaradas, su mentalidad y tácticas mafiosas, su desdén hacia los derechos democráticos más básicos, y su hostil fanatismo anti socialista y anticomunista. Por lo tanto, es muy apropiado examinar el vínculo entre estos dos individuos.

Esta cinta, dirigida por Matt Tyrnauer, corresponsal de la revista Vanity Fair, añade pocos nuevos detalles de la vida de Cohn y en verdad no presenta ninguna seria explicación de la trayectoria de Cohn y de herencia. Sin embargo, ese legado —la actual representación de la política ultra reaccionaria asociada con su nombre— hace que esta película sea oportuna, porque abre la crónica histórica.

Roy Cohn (der.) con el Senador Joseph McCarthy durante las audiencias Ejercito-McCarthy

Algo puede aprender, la generación que todavía no había nacido cuando murió Cohn en 1986, de los noticieros, viejas entrevistas televisadas y otros elementos presentados en esta película. Entre los entrevistados para esta cinta están los periodistas David Cay Johnston, Ken Auletta y Sam Roberts; Anne Rolphe y David Marcus, primos de Cohn; y otros más. Hay cortas escenas con Mike Wallace, el corresponsal televisivo, y un fuerte choque verbal entre Cohn y Gore Vidal.

La cinta nos informa que Cohn nació en 1927 en una adinerada familia judía neoyorquina. Su padre era un juez. Todo sugiere que su madre fue la principal influencia durante su juventud y trayectoria a la madurez. Estudió en colegios particulares en Nueva York. Luego fue a la universidad y escuela de abogados de Columbia. Se graduó a la extraordinariamente joven edad de veinte años. A los veintiún años es nombrado asistente procurador federal, gracias a sus conexiones familiares.

En poco tiempo se integra al equipo fiscal encargado del proceso contra Julius y Ethel Rosenberg, ambos acusados de conspirar en espionaje atómico para la Unión Soviética. Como indica la cinta documental, se utiliza a Cohn, y también al juez del caso, Irving R. Kaufman, para inmunizar al gobierno de la acusación de antisemitismo.

Bien sabían las autoridades que un gran porcentaje de los judíos estadounidenses simpatizaban con el Partido Comunista y con la izquierda. Utilizaron este proceso para azuzar el antisemitismo y también, en el punto máximo de la Guerra Fría, para conquistar el apoyo y la obediencia de ese sector del pueblo judío que ocupaba importantes puestos en el gobierno, en los negocios y en las universidades. Cohn cumplía con una tarea especialmente asquerosa en el montaje de los Rosenbergs; más tarde saldría a la luz que había tenido conversaciones con el juez Kaufman, desobedeciendo la ética judicial, para insistir que los dos acusados fuera ejecutados.

La agresividad de Cohn durante el proceso de los Rosenbergs atrajo la atención del director de la FBI, J. Edgar Hoover, fanáticamente anticomunista. Hoover le recomendó a Cohn a Joseph McCarthy, quien, como líder del Subcomité Especiál Permanente de Investigaciones del Senado, se exultaba en la cruzada contra los que sospechaba de ser comunistas y sus partidarios en el gobierno, en los medios de difusión, y por dondequiera.

La carrera de Cohn con McCarthy se acabó en 1954, luego de las audiencias Ejército-McCarthy. El ejército lo acusó a Cohn de varios intentos inapropiados de obtener tratamiento especial para G. David Schine, su “amigo personal cercano”, quien fue contratado por el comité de McCarthy como consultor y reclutado al ejército en 1953.

Algunas de las audiencias fueron hechas públicas, como se ve en el video de la película documental. Fuertes diferencias tácticas en los grupos de poder estaban detrás de las acusaciones específicas contra Cohn. El proceso legislativo acaba cuando el Senado reprueba a McCarthy, golpe que sería fatal para su carrera política. McCarthy fallece unos pocos años después.

Cohn se vio obligado a renunciar a su puesto en el Senado. Pero el joven paladín anticomunista no desaparece. Al contrario, le esperaba una lucrativa carrera legal, como explica Where’s My Roy Cohn .

Cohn logra ser socio en el bufet neoyorquino de Saxe, Bacon y Bolan. Empresarios y diversos criminales de guante blanco demandan sus servicios. En las siguientes décadas utiliza sus acostumbrados métodos retorcidos para acumular una gran riqueza. Entre sus clientes estuvieron los New York Yankees y la Archidiócesis de Nueva York. En los años 1970 Cohn adquiere notoriedad como abogado para las grandes familias de la Mafia, incluyendo a las de Carmine Galante, John Gotti y Tony Salerno.

En ese tiempo Donald Trump contrata a Cohn. En 1973 la organización Trump había sido demandada por el Departamento de Justicia, por discriminación racial en el alquiler de departamentos que administraba en los barrios de Brooklyn, Queens y Staten Island, en la ciudad de Nueva York. Cohn lanzó una contrademanda improbable de cien millones de dólares. Aun luego de ser denegada la demanda, Trump logra llegar a un arreglo negociado unos años después. Cohn se convierte en el entrenador de Donald Trump, quien en ese entonces aun no cumplía treinta años.

En paralelo con sus riquezas, y a pesar de su mala fama, el ex edecán de McCarthy mantuvo su influencia significativa en las décadas de 1970 y 1980. Cohn conservó su acceso a la Casa Blanca durante las presidencias de Nixon y Reagan; a veces asumía el papel de consejero no oficial.

A fines de los 1970 conoce a Rupert Murdoch, quien había comprado el diario New York Post, antes de tendencia liberal; marcando así su entrada en la compra de medios de difusión de EUA. Cohn luego los presenta a Murdoch y Trump. Existe un vínculo más o menos directo entre el fiscal macartista, y el Fox News actual, el pregón semioficial de la Casa Blanca de Trump.

A Cohn nunca le faltaron amigos poderosos, tanto en los negocios como en el gobierno. La película ilumina esos vínculos mediante chocantes fotografías de Cohn en diferentes eventos sociales y políticos. Una lo muestra en compañía de Trump y del Ed Koch, alcalde de Nueva York, otra con el vicepresidente Hubert Humphrey y el ultra reaccionario Cardenal Francis Spellman (que le brindaba poderoso apoyo). Otro segmento muestra a Cohn en la el night-club Studio 54, codeándose con Andy Warhol.

Cohn pudo burlar o ser absuelto de las varias investigaciones federales en los 1970 y 1980 en su contra, seguramente con la ayuda de sus muchos amigos de los partidos Demócrata y Republicano. En 1986 ese apoyo se desmoronaba.

La división de apelaciones de la Suprema Corte del Estado de Nueva York, le quita su licencia de abogado, so pena de, entre otras cosas, robar el dinero de sus clientes, y, en una ocasión, de hacer que un cliente comatoso cambiara su testamento. El documental desenmascara ese último caso. Se trató de Lewis Rosenstiel, un multimillonario fundador de la empresa Schenley Liquors. Cohn levanta la mano de este hombre inconsciente y a punto de fallecer. La corte determinó que la resultante firma, que la cinta muestra cómicamente, era ilegible e inadmisible.

Cohn muere de SIDA cinco semanas luego de perder su licencia de abogado. La película señala con detenimiento que Cohn se negó hasta lo último admitir su homosexualidad o su enfermedad. Las expresiones derechistas de homofobia de Cohn hacen que eso sea importante. En los años 1950 le ayudo a McCarthy en la tal llamada Lavender Scare (Susto de Lavanda), en la expulsión de homosexuales de sus empleos federales, alegando que éstos eran un riesgo a la seguridad nacional. A raíz de esa campaña, miles de ellos sufrieron el ostracismo y las humillaciones; algunos se suicidaron.

Es necesario entenderlo a Cohn, no simplemente describirlo. En ese aspecto, la película Where’s My Roy Cohn es muy superficial. ¿Cómo se hizo tan importante cuando apenas pasaba de los veinte años? ¿Cómo fue que pudo vivir una vida de riquezas, privilegios y prolongadas influencias políticas aun después de haber sido deshonrado en las audiencias Ejército-McCarthy de los 1950? En la cinta, Cohn aparece en una entrevista del fin de su vida, donde se le pregunta si se arrepentía de mandar a ejecutar a los Rosenberg: “Si pudiera haber manejado la palanca”, contesta, “lo habría hecho yo mismo”.

Las élites de poder se aprovecharon del rabioso anticomunismo de Cohn. Hay que entender la campaña anticomunista macartista, en que Cohn juega un importantísimo papel, en el contexto del periodo que siguió a la Segunda Guerra Mundial. La clase de poder estadounidense encaró una tremenda ola de huelgas durante los años que siguieron el fin de esa guerra. Al mismo tiempo tuvo que hacer frente a la Revolución China de 1949, al crecimiento de los partidos comunistas de Europa Occidental, como consecuencia del prestigio de la Unión Soviética (y a pesar de los crímenes del estalinismo), especialmente en Francia e Italia, junto con la revolución anticolonial en gran parte de Asia y África.

Otro importante objetivo de la histeria anticomunista consistió en domar al movimiento obrero, particularmente el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO), nacida de las batallas industriales de los 1930. Primordial para el cambio en la atmósfera política contra McCarthy en 1954 fue la imposición de una burocracia terriblemente anticomunista y proimperialista sobre las federaciones laborales, AFL (Federación Estadounidense de Trabajo) y CIO, que se unieron en 1955 en base a ese anticomunismo feroz y al apoyo al imperialismo yanqui en la Guerra Fría contra la Unión Soviética. La transformación de la burocracia AFL-CIO en un baluarte capitalista convenció a sectores de la clase de poder que ya no eran necesario el demagogo de Wisconsin, junto con el viperino Cohn, particularmente cuando éste atacaba los cimientos del estado capitalista, incluyendo a las fuerzas armadas.

Ya hemos indicado que Cohn no desapareció, a pesar del subsiguiente piadoso repudio liberal al macartismo. En esta época de desmoronamiento imperialista, la democracia es dispensable. Las clases dominante puede optar, cuando pueden, por estructuras que permiten el debate abierto dentro de los grupos de poder, junto con el fomento de ilusiones democráticas entre las masas. Sin embargo, este último siglo nos demuestra la facilidad con que esas estructuras democráticas pueden dejarse de lado.

Las amistades de Cohn en las altas esferas del poder fueron una señal de que sus métodos se mantendrían en reserva. La época macartista caducó; sin embargo, se siguió sintiendo el pacto con el diablo del liberalismo yanqui con las fuerzas anticomunistas más reaccionarias.

Esto nos trae a la presidencia de Donald Trump. Where’s My Roy Cohn? obviamente tiene por blanco a Trump en el balotaje del 2020. Si es que esta cinta contiene un mensaje, es que los autodenominados “progresistas” son la respuesta al peligro que emana de la Casa Blanca.

Es un mensaje que se basa en un embuste. El Partido Demócrata, uno de los principales partidos del imperialismo estadounidense, nunca ha sido defensor consecuente de los derechos democráticos. Los trotskistas del Socialist Workers Party (Partido Socialista de Los Trabajadores) fueron el objeto del primer proceso bajo la infame Ley Smith, durante la presidencia de Franklin Roosevelt en 1941. Después de la Segunda Guerra, el Partido Demócrata fue cómplice de la caza de brujas anticomunista, lanzada por Harry Truman a fines de los 1940, que los líderes del Partido Demócrata siguieron apoyando bajo el presidente Dwight Eisenhower. En las décadas siguientes ambos partidos, Demócrata y Republicano, están marcados por la sangre de millones de trabajadores y campesinos a través del mundo.

Comenzando con el robo de las elecciones del año 2000, ha quedado bien claro que, tratándose de la defensa de los derechos democráticos, dentro o fuera del país, ni la clase dominante ni sus principales partidos políticos le dan apoyo alguno. Ese es un hecho confirmado tanto en la presidencia de Trump como en la campaña del Partido Demócrata de atacarlo a Trump desde la derecha. Dentro de la Casa Blanca, Stephen Miller, de 34 años y principal asesor de Trump, ahora se pavonea como un resurrecto Roy Cohn. Trump, descendiente político de McCarthy y Cohn, habiendo llegado mucho más allá que su maestro, ahora azuza el desarrollo de un movimiento fascista. Pero, tan profunda es la crisis actual del capitalismo estadounidense que el mismo Trump, con cierta perversa justificación, puede alegar que él mismo es víctima de una caza de brujas, cuando el Partido Demócrata juega la carta de seguridad nacional en torno a Ucrania y Rusia.

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(Publicado originalmente en inglés el 7 de octubre de 2019)