Washington se apresura a culpar a Irán por ataques a Arabia Saudita

18 septiembre 2019

Presentándose una vez más como el juez, jurado y verdugo del mundo, el imperialismo estadounidense está avanzando imprudentemente hacia otra guerra en Oriente Próximo con implicancias catastróficas. Esta vez, Washington ha aprovechado los ataques del sábado contra instalaciones sauditas como pretexto para una guerra contra Irán.

La reacción del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, a estos ataques, los cuales disminuyeron casi a la mitad la producción petrolera del reino saudita y en seis por ciento la producción mundial, fue tan notable por su prisa como por sus peculiares palabras.

“Irán ha lanzado un ataque sin precedentes contra la oferta energética mundial”, tuiteó Pompeo a fines del sábado, añadiendo: “No hay evidencia de que los ataques vinieran de Yemen”.

Esta imagen publicada el domingo 15 de septiembre de 2019 por el Gobierno estadounidense y DigitalGlobe y comentada por la fuente, muestra el daño causado a la instalación petrolera Abaqaiq de la empresa saudita Aramco en Buqyaq, Arabia Saudita (Gobierno de EUA/Digital Globe via A.P.)

La acusación contra Irán por dichos bombardeos, que generaron incendios y destruyeron dos instalaciones de petróleo en el este de Arabia Saudita, no estuvo acompañada por evidencia alguna, fuera de la afirmación vacía de que “no hay evidencia” de que fueran lanzados desde Yemen.

Según la lógica predatoria del secretario de Estado, hay que descartar a Yemen porque los rebeldes hutíes, que controlan la mayor parte del país, se atribuyeron los ataques y tenían un claro motivo debido a la guerra cuasigenocida del reino contra la población civil de Yemen.

Los medios de comunicación masivos de EUA en su gran mayoría han reproducido las acusaciones de Pompeo como si fueran la verdad absoluta. El lunes, los noticieros vespertinos citaron a fuentes de inteligencia anónimas y sin evidencia que acusaron a Irán por los ataques. No cabe duda de que estas “pruebas” serán tan convincentes como las del golfo de Tonkín en Vietnam y las “armas de destrucción masiva” en Irak. Estos mismos medios prácticamente han ignorado los crímenes sauditas en Yemen.

Durante los últimos cuatro años y medio, Arabia Saudita ha estado librando una guerra cuasigenocida contra Yemen, el país más pobre de Oriente Próximo. La violencia ha cobrado más de 100.000 vidas yemeníes, en su mayoría víctimas de bombardeos interminables contra blancos civiles, y ha empujado a aproximadamente 8 millones de personas al borde de la inanición.

Washington es un cómplice directo de esta masacre. Ha provisto los aviones de guerra, las bombas, los misiles, el apoyo logístico y, hasta el año pasado, el reabastecimiento de gasolina en vuelo para los aviones bombarderos sauditas para llevar a cabo la carnicería ininterrumpida. Mientras tanto, la Armada estadounidense ha colaborado en el bloqueo naval que ha privado a Yemen de comida y medicinas.

Si lo que dicen los hutíes yemeníes es verdad, de que enviaron un enjambre de diez drones armados para atacar las instalaciones sauditas, entonces esta acción fue un claro acto de autodefensa mucho menor a la desproporcionada matanza infligida por el régimen saudita contra Yemen.

Mientras tanto, la nueva embajadora de Washington ante las Naciones Unidas, Kelly Craft, repitió los cargos contra Irán el lunes ante el Consejo de Seguridad de la ONU en una reunión sobre Yemen. Sin ofrecer más pruebas que Pompeo dos días antes y meramente repitiendo la fórmula de que “no hay evidencia de que los ataques vinieron de Yemen” describió el daño a las instalaciones petroleras sauditas como “muy preocupante”.

Como el Gobierno que representa, la embajadora ante la ONU —esposa del milmillonario magnate del carbón en Kentucky, Joe Craft, y una de las mayores donantes republicanas— claramente ve el petróleo derramado de la monarquía saudita como algo más preocupante de la sangre derramada de decenas de miles de hombres, mujeres y niños yemeníes.

El sábado por la noche, el presidente Donald Trump llamó al príncipe heredero Mohamed Bin Salman, el gobernante de facto del reino, ofreciéndole sus condolencias y apoyo incondicional al hombre expuesto como un asesino a sangre fría. Más allá del macabro asesinato y descuartizamiento del periodista que vivía en Washington, Jamal Khashoggi, en el consulado saudita de Estambul hace casi un año, Bin Salman también es responsable de las decapitaciones de al menos 134 personas en la primera mitad del año, 34 de ellos activistas políticos masacrados en masa el 23 de abril.

Trump anunció subsecuentemente que EUA estaba con las armas “aseguradas y cargadas” para vengar el petróleo saudita con fuerza militar. (Esta fue una variación de su afirmación en junio de que el Pentágono estaba “en cabina y cargado” cuando estuvo, según su propia admisión, a 10 minutos de lanzar ataques devastadores contra Irán después de que derribara un dron espía estadounidense sobre su territorio.)

Si no hubiera evidencia, como alega Washington, de que los ataques fueron lanzados desde Yemen, uno podría afirmar con igual o más justificación que tampoco hay evidencia de que no fueron lanzados por el propio Estados Unidos o su principal aliado regional, Israel.

El ataque contra las instalaciones petroleras sauditas ofrece la justificación bélica deseada por una sección importante de la oligarquía estadounidense y su aparato militar y de inteligencia, el cual está decidido a perseguir una guerra de cambio de régimen contra Irán. Tal guerra sería la más reciente en la prolongada campaña militar de Washington para revertir el declive de la hegemonía global del imperialismo estadounidense, particularmente afirmando el control irrestricto estadounidense sobre las reservas energéticas del mundo y el poder para negárselas a sus rivales.

Lo que piensan estas capas fue expresado en un editorial publicado el lunes por el Wall Street Journal, vocero del capital financiero estadounidense. El Journal advirtió que Irán estaba “probando al Sr. Trump tanto como los sauditas”. Continuó, “Están probando su resolución para llevar a cabo su campaña de ‘máxima presión’ y perciben su debilidad”. Indica con desaprobación que Trump no llevó a cabo ataques aéreos en junio después de que Irán derribara el dron estadounidense.

El Journal luego citó favorablemente los llamados del senador republicano Lindsey Graham de bombardear las refinerías iraníes para “romper la espalda del régimen” y sugirió que Trump “se disculpe con John Bolton, quien advirtió repetidamente que Irán se aprovecharía de la debilidad en la Casa Blanca”. Bolton, un antiguo promotor de bombardear Irán, renunció como asesor de seguridad nacional de Trump la semana pasada, presuntamente por diferencias en la política hacia Teherán.

El ataque a las instalaciones petroleras sauditas también le ofrece a Washington el apalancamiento para presionar a las potencias de Europa occidental —Reino Unido, Francia y Alemania— para que se alineen detrás de los objetivos militares estadounidenses. Como firmantes del acuerdo nuclear con Irán al que el Gobierno de Trump renunció, estas potencias han hecho gestos débiles para contrarrestar las sanciones de “máxima presión” de Washington en un intento para salvar sus propios intereses imperialistas. Pese a no respaldar las acusaciones estadounidenses contra Irán, es posible que exploten el ataque contra Arabia Saudita para atrincherarse detrás de la campaña bélica estadounidense.

Israel y el acorralado primer ministro Benjamin Netanyahu también tienen un sinfín de motivos para tramar una acción militar que provoque una guerra con Irán. En vísperas de la elección israelí el martes, la amenaza de una guerra plena contra Irán sirve los intereses políticos de Netanyahu, cuyo futuro político está irrompiblemente vinculado a la escalada de conflictos militares en Oriente Próximo. Más allá, el Estado israelí se había mostrado cada vez más preocupado por la aparente pérdida de apetito de las monarquías en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos para una confrontación con Irán.

Los recientes ataques de drones contra las milicias chiitas en Irak que presuntamente habían recibido armas iraníes fueron, según un reporte del sitio web Middle East Eye, realizadas por drones israelitas que operaban desde bases controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias, la principal fuerza patrocinada por EUA en Siria. Una colaboración encubierta entre EUA e Israel como esta pudo fácilmente haber estado detrás de los ataques contra las instalaciones petroleras sauditas.

Más allá de las circunstancias exactas de los ataques contra las instalaciones petroleras sauditas, están siendo explotados para arrastrar al pueblo estadounidense y toda la humanidad detrás de una guerra que podría expandirse rápido a nivel regional e incluso global.

Un bombardeo estadounidense contra Irán bajo el pretexto de ser represalias por los ataques contra Arabia Saudita podría provocar contraataques iraníes, hundiendo buques estadounidenses en el golfo Pérsico y destruyendo bases militares estadounidenses en toda la región.

La posibilidad de que mueran miles de soldados y marineros estadounidenses como resultado de las conspiraciones y agresiones de Washington amenaza con llevar al Gobierno estadounidense a arrogarse poderes de emergencia e implementar medidas policiales-estatales dentro de EUA en nombre de la “seguridad nacional”.

Esto no sería para nada una consecuencia imprevista. La marcha hacia una guerra está siendo impulsada en gran medida por el recrudecimiento de las tensiones sociales y la lucha de clases dentro de EUA. Esto se ha visto expresado en la huelga de 46.000 trabajadores automotores contra General Motors. Hay amplios incentivos para que la clase gobernante estadounidense dirija estas tensiones hacia el exterior en forma del estallido de un conflicto militar, creando así el pretexto para una represión masiva.

La amenaza de que un ataque estadounidense contra Irán conlleve una tercera guerra mundial tiene que ser enfrentada por una intervención políticamente consciente e independiente de la clase obrera para acabar con el imperialismo y reorganizar la sociedad sobre bases socialistas.

(Artículo publicado en inglés el 17 de septiembre de 2019)

Bill Van Auken