Defender las jubilaciones contra Macron requiere una estrategia política internacional

por Alex Lantier
16 septiembre 2019

Esta declaración fue publicada en francés y distribuida a los trabajadores en huelga de trenes y autobuses de París.

Este mes, muchos sectores de trabajadores emprenderán acciones de huelga contra los drásticos recortes a las pensiones y las políticas estatales policiales del presidente francés Emmanuel Macron. El transporte público, los trabajadores de los hospitales, el servicio público, los trabajadores de Electricidad y los ferroviarios están preparando huelgas en medio de una ira generalizada entre los trabajadores y los jóvenes.

En la clase trabajadora, existe la determinación de evitar la reducción de las pensiones, lo que afectaría a millones de trabajadores. Una encuesta reciente encontró que el 62 por ciento de la población francesa quiere un movimiento de masas contra Macron, el “presidente de los ricos”.

Los sindicatos no han convocado las protestas de este mes para movilizar el inmenso poder de la clase trabajadora, sino para aliviar tensiones y sabotear cualquier lucha. Una vez más, han separado a los trabajadores según la industria e incluso según el sindicato al que pertenecen. El mayor temor del aparato sindical es el desarrollo de una contraofensiva unificada de toda la clase trabajadora por sus derechos sociales y democráticos.

Casi un año después de las primeras protestas de los “chalecos amarillos”, que estallaron por fuera de los sindicatos y sacudieron al gobierno de Macron hasta sus cimientos, se plantean preguntas críticas a los trabajadores y los jóvenes. El movimiento de los “chalecos amarillos” vio un flujo sin precedentes de ira popular hacia los sindicatos, su financiación por parte de la patronal y el Estado, y su bancarrota política e impotencia. Los trabajadores están en una trayectoria diametralmente opuesta a la de los sindicatos, que están negociando recortes a las pensiones, el seguro de desempleo y otros programas sociales críticos con Macron.

Macron ha demostrado durante meses de represión sangrienta de los “chalecos amarillos”, con la mayor ola de arrestos en la Francia metropolitana desde la ocupación nazi, que no va a dar marcha atrás. Contra los trabajadores, tiene detrás de él a los mercados financieros internacionales y a toda la clase dominante de Europa.

El camino a seguir para defender las pensiones y oponerse al avanzado impulso hacia el gobierno del Estado policial es recurrir a la clase trabajadora internacional. Después de décadas de la restauración del capitalismo por parte del régimen estalinista en la Unión Soviética en 1991, durante el cual la lucha de clases fue reprimida en todo el mundo o atada por las burocracias nacionalistas, esta está resurgiendo con fuerza explosiva.

Está en marcha un amplio resurgimiento global de la lucha de clases, impulsado por la creciente oposición a la desigualdad social y el militarismo. El año pasado hubo una ola de huelgas de profesores de secundaria en los Estados Unidos, las primeras huelgas masivas en ese país desde la década de 1980 y la primera huelga nacional de maestros en Polonia desde la restauración capitalista. Junto a los “chalecos amarillos”, han estallado protestas masivas exigiendo la caída de los regímenes militares de Argelia y Sudán y en Hong Kong contra la desigualdad social y por los derechos democráticos, desafiando al régimen estalinista chino.

El poder industrial colectivo de miles de millones de trabajadores en todo el mundo debe movilizarse contra la pequeña élite propietaria que se aprovecha de la austeridad, el militarismo policial estatal y la guerra. Sin embargo, esto requiere una ruptura organizativa y política decisiva con las burocracias sindicales de base nacional, que negocian los términos de la austeridad con la clase capitalista en todos los países.

Los trabajadores y los jóvenes necesitan sus propios comités de acción, controlados directamente por ellos e independientes de los sindicatos, y organizados a escala internacional. Estas nuevas organizaciones de base en los lugares de trabajo, las escuelas y los barrios obreros son la única forma de coordinar las luchas de los trabajadores y superar su sabotaje por parte de los sindicatos, que aíslan a los trabajadores según las líneas nacionales y los dividen aún más industria por industria.

Construir y sostener tales organizaciones de lucha requiere un giro hacia una perspectiva política marxista. La única perspectiva viable para los trabajadores organizados en comités de acción es la toma del poder por parte de la clase trabajadora internacionalmente y la expropiación de la aristocracia financiera bajo un programa socialista.

Esto implica una ruptura decisiva con los partidos pequeñoburgueses como la Francia insumisa y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), orientados a los sindicatos y sus conversaciones con Macron. Estas organizaciones descienden del estalinismo y de varios renegados del trotskismo. Promueven ilusiones de que las viejas burocracias sindicales nacionales, que inicialmente denunciaron el movimiento de los “chalecos amarillos” como fascista, pueden verse obligadas a montar una lucha genuina.

El dirigente del NPA, Olivier Besancenot, señaló en la escuela de verano de su partido que desde 2003, cuatro luchas contra los recortes de pensiones se han perdido en Francia. Hablando de protestas sindicales, dijo: “Sabemos que no funcionará”. Sin embargo, lo mejor que pudo hacer fue llamar a “todos los equipos sindicales de la lucha de clases política” a unirse con los trabajadores, los jóvenes y los manifestantes de los “chalecos amarillos” en un movimiento “más o menos al mismo nivel que las semanas más densas, en términos de la lucha de clases, que vimos el año pasado”.

Pero las protestas del año pasado tampoco fueron suficientes para detener los ataques contra los trabajadores. Mientras los trabajadores y los jóvenes entran en lucha contra Macron, hay que medir completamente la amplitud de los desafíos políticos con los que se enfrentan.

Una década después de que el colapso de Wall Street en 2008 casi derribara el sistema financiero mundial, el sistema capitalista está yendo hacia el fascismo y la guerra. Mientras Washington especula sobre atacar a Irán y Trump “bromea” sobre la cancelación de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el parlamento de Gran Bretaña se cierra, mientras la clase dominante debate implacablemente el Brexit. Los profesores extremistas de derecha alemanes respaldados por todo el establishment político legitiman a Hitler como “no cruel” para justificar la remilitarización de la política exterior alemana, mientras que Macron el año pasado elogió al dictador fascista Philippe Pétain como un “gran soldado”.

Las llamadas a una lucha “apolítica” en tales condiciones son frívolas y están en bancarrota. Los trabajadores se enfrentan a una lucha política.

Los “chalecos amarillos” mostraron coraje y determinación, pero también los límites de lo que podría lograr una lucha espontánea “apolítica” sin perspectiva. Si bien suscitaron una enorme simpatía entre los trabajadores en Francia y en todo el mundo, no pudieron liderar un movimiento internacional más amplio. Casi un año después del estallido de su lucha, un Macron extremadamente impopular sigue en el poder y en la ofensiva contra el nivel de vida de los trabajadores.

Todo el marco del “debate” aceptado por los sindicatos y todos los partidos oficiales (que no hay dinero para pensiones, atención médica, educación y otros derechos sociales de la clase trabajadora) es mentira. El dinero existe, pero está monopolizado en manos de una pequeña élite corporativa.

La respuesta es la reorganización socialista de la sociedad: la expropiación de las fortunas amasadas ilícitamente de la élite corporativa y financiera y la transformación de los principales bancos y corporaciones en servicios públicos, controlados democráticamente por la clase trabajadora para satisfacer las necesidades sociales, no el beneficio privado.

La alternativa histórica al impulso de la burguesía hacia el fascismo, la guerra y el empobrecimiento de la clase trabajadora es el movimiento trotskista, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI). El impulso de Macron para desmantelar todos los programas sociales construidos en medio del colapso del gobierno fascista en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los partidos estalinistas bloquearon la toma del poder por la clase trabajadora, justifica la lucha del CICI por la revolución socialista mundial.

La sección francesa del CICI, el Parti de l'égalité socialiste (PES), fue fundado en 2016, casi medio siglo después de que la antigua sección del CICI, la Organización comunista internacionalista de Pierre Lambert, rompiera con el CICI y el trotskismo en 1971 para proseguir una alianza de “Unión de la Izquierda” con el Partido Socialista (PS), burgués. El PES contrapone a la perspectiva antitrotskista de base nacional de construir partidos oportunistas que busquen ingresar en los gobiernos burgueses, la lucha por construir una vanguardia marxista en la clase trabajadora en Francia que luche por el programa de la revolución socialista internacional.

Instamos a los trabajadores, los jóvenes y los intelectuales genuinamente socialistas que quieran emprender la lucha contra el capitalismo y por el socialismo a unirse al PES y construirlo como el liderazgo revolucionario de la clase trabajadora.

(Publicado originalmente en francés el 13 de septiembre y en inglés el 14 septiembre 2019)