El 79 aniversario del asesinato de León Trotsky

22 agosto 2019

Fue en este día hace setenta y nueve años que León Trotsky, el colíder junto a Vladimir Lenin de la Revolución Rusa, comandante del Ejército Rojo y fundador de la Cuarta Internacional, murió de heridas graves infligidas el día anterior por un asesino estalinista.

El crimen del siglo fue el producto de una operación internacional masiva organizada por la GPU, la policía secreta de la burocracia estalinista soviética. Involucró una conspiración para infiltrar agentes en el movimiento trotskista y en la casa de Trotsky, ubicada en el barrio Coyoacán de la Ciudad de México, para facilitar el trabajo sangriento del asesino de la GPU, Ramón Mercader.

El asesinato representó el apogeo de la reacción estalinista y fascista, un año exacto después de que Stalin firmara el pacto de no agresión con Hitler, proveyendo al régimen alemán nazi una mano libre para lanzar la Segunda Guerra Mundial.

Trotsky fue sido exiliado de la Unión Soviética en 1929 y se topó con lo que llamó “un planeta sin una visa”. México fue el único país que le ofreció asilo. Los asesinos de la GPU ya habían asesinado a muchos de sus colaboradores más cercanos, incluyendo al hijo de Trotsky, León Sedov, su secretario político, Erwin Wolf y al secretario de la Cuarta Internacional, Rudolf Klement.

En la propia Unión Soviética, la burocracia estalinista llevó a cabo los Juicios de Moscú de 1936-38, dirigidos a la exterminación de toda la oposición política. Los principales blancos fueron los simpatizantes de Trotsky, con cientos de miles de socialistas, el producto de un desarrollo inmenso de la cultura revolucionaria tanto en Rusia como internacionalmente, masacrados en lo que constituyó un genocidio político. Como escribió Trotsky en 1937, a partir de ese momento, un “río entero de sangre” dividió el estalinismo del marxismo auténtico.

Sin embargo, Stalin temió justificadamente que, con el estallido de la guerra y la crisis subsecuente en la URSS e internacionalmente, Trotsky podría verse elevado por un nuevo resurgimiento de la clase obrera que planteara un desafío revolucionario a la burocracia gobernante.

Como escribió Víctor Serge en 1937, “No hay otra explicación para las proscripciones enloquecidas que están destruyendo la estructura del régimen excepto el odio y el temor… El equipo sustituto ha sido matado a tiros como una precaución. Solo queda el Viejo… Con tal de que el Viejo viva, no habrá seguridad para la burocracia triunfante”.

Pese a que el asesino estalinista pudo poner fin a la vida del gran revolucionario clavándole un piolet en el cráneo, si el objetivo de Stalin era exterminar las ideas de Trotsky y el movimiento que había construido con base en esas ideas, entonces la operación fue un abyecto fracaso.

La Cuarta Internacional, fundada por Trotsky en 1938, no solo sobrevivió a Stalin y a su asesino, sino a la burocracia estalinista en su conjunto, la cual se liquidó a sí misma y a la Unión Soviética medio siglo después del asesinato de Trotsky.

Trotsky había advertido que, de no haber una revolución política de la clase obrera para que derrocara al régimen estalinista, la burocracia soviética destruiría la URSS y restauraría el capitalismo. Mientras que los analistas burgueses percibían a la burocracia estalinista como un componente permanente de la política mundial, y la pseudoizquierda y los revisionistas aplaudían a Gorbachov y Yeltsin como iniciadores de una “revolución política”, el análisis de Trotsky fue confirmado, y la Cuarta Internacional fue el único movimiento que previó y estaba políticamente preparado para este acontecimiento.

En cuanto a los Partidos Comunistas estalinistas que habían dominado y traicionado a la clase obrera en un país tras otro, se desintegraron, confirmando el pronóstico de Trotsky en 1938: “Los grandes eventos que caerán sobre la humanidad no dejarán respecto a estas organizaciones caducas ninguna piedra sobre la otra”.

En su batalla intransigente contra el estalinismo, Trotsky sentó las bases para el desarrollo de la estrategia revolucionaria en el siglo veintiuno junto a los cimientos programáticos y políticos de la lucha por el socialismo. Ninguna otra figura en la historia del movimiento marxista es tan relevante para la situación mundial actual y para las tareas que enfrenta la clase obrera internacional y su vanguardia revolucionaria.

La lucha librada por Trotsky contra la degeneración estalinista de la Unión Soviética y la Tercera Internacional se basó en una visión general y un entendimiento globales de la revolución socialista como un proceso internacional.

Todos los crímenes horrendos por los que Stalin será recordado y despreciado por generaciones futuras fueron llevado a cabo en defensa del repudio de la burocracia soviética de una perspectiva internacional socialista y su apoyo del “socialismo en un solo país”. La concepción autárquica del desarrollo de la URSS como un Estado nacional reflejó cómo la burocracia identificó sus propios privilegios con su dominio sobre el poder nacional estatal.

Esta teoría retrógrada justificó la subordinación de la revolución mundial a los intereses del aparato conservador burocrático. Trotsky previó las consecuencias de esta política para la clase obrera internacional, la cual sufrió una serie de derrotas catastróficas que culminaron en la llegada al poder de Hitler en Alemania.

Desde el comienzo de la Oposición de Izquierda en 1923, el movimiento encabezado por Trotsky se fundamentó en la teoría de la revolución permanente que había guiado la Revolución de Octubre de 1917.

Esta teoría no partía de las condiciones económicas atrasadas y la relación existente de las fuerzas de clase dentro de Rusia, sino que asimilaba a la Revolución Rusa en su contexto mundial-histórico. Ante el desarrollo de una economía mundial y una clase obrera internacional, estableció que, en países con un desarrollo capitalista atrasado como Rusia, las tareas democráticas vinculadas con previas revoluciones burguesas solo podían ser completadas por la clase obrera. La clase obrera rusa estaría obligada a asumir el poder y adoptar medidas de un carácter socialista, pero esta revolución solo podía encontrar una salida a los límites impuestos por el atraso de Rusia dentro del marco de la revolución socialista mundial.

La lucha librada por Trotsky contra el estalinismo se desarrolló sobre la base de su estrategia de revolución socialista mundial, que halló su expresión política en la fundación de la Cuarta Internacional en septiembre de 1938.

Él había detallado esta concepción estratégica una década antes en su Crítica al Programa de la Internacional Comunista en que escribió:

“En nuestra época, la época del imperialismo, es decir, de la economía mundial y la política mundial bajo la hegemonía del capital financiero, ningún partido comunista puede establecer su programa procediendo solo o principalmente desde las condiciones y tendencias de los acontecimientos de su propio país. Esto también rige plenamente para el partido que controla el poder estatal dentro de las fronteras de la URSS. El 4 de agosto de 1914 sonó la muerte de todos los programas nacionales para el resto de la eternidad… En esta época, en mayor medida que en el pasado, la orientación nacional del proletariado solo debe y puede derivar de una orientación mundial y no viceversa. Aquí reside la diferencia básica y principal entre el internacionalismo comunista y todas las variedades de socialismo nacional”.

La insistencia de Trotsky en que una estrategia revolucionaria solo puede basarse en un análisis de la economía y la política mundiales lo vuelve en una figura completamente contemporánea, en condiciones en que la integración global sin precedentes de la producción entra en un conflicto cada vez más agudo con el sistema capitalista del Estado nación, y en que las luchas de la clase obrera solo pueden librarse con base en una estrategia y organización internacionales.

Trotsky no tendría ninguna dificultad en entender el mundo en el que vivimos hoy, el cual está sumido en todas las mismas contradicciones económicas, sociales y políticas que existían durante su vida y que se enfrenta a un resurgimiento global de la lucha de clases. Las élites gobernantes en todo el mundo están girando a la derecha, asistiendo e instando la aparición de fuerzas fascistas y ultraderechistas, incluso mientras las masas obreras giran a la izquierda. Y, como en los años que precedieron el asesinato de Trotsky, las principales potencias, con EUA a la cabeza, están expandiendo sus ejércitos en preparación para una guerra global.

La perspectiva esencial de León Trotsky al fundar la Cuarta Internacional, de que esta es la época de la agonía mortal del capitalismo en que la cuestión fundamental que encara la clase obrera es la construcción de una dirección revolucionaria, retiene toda su fuerza y urgencia.

Esta perspectiva y la continuidad de la lucha librada por Trotsky durante los eventos tumultuosos de la primera mitad del siglo veinte están encarnados hoy en el trabajo del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el World Socialist Web Site y la lucha siendo librada por los Partidos por la Igualdad Socialista en el mundo.

En oposición a la promoción del nacionalismo y las divisiones raciales y étnicas que impulsan a todo el espectro de la política burguesa, desde los fascistas y la ultraderecha hasta los liberales y la pseudoizquierda, el CICI está avanzando la estrategia basada en clase de la revolución socialista mundial.

Setenta y nueve años después del asesinato de León Trotsky, la lucha del CICI por defender y desarrollar el programa del socialismo mundial a la cual dedicó su vida está confluyendo con el crecimiento de la lucha de clases internacionalmente. En este aniversario, no solo rendimos tributo a la lucha inmensamente poderosa de Trotsky bajo las condiciones más difíciles. Hacemos honor a su memoria por medio de la intervención de nuestro partido en las luchas de la clase obrera internacionalmente para construir el Partido Mundial de la Revolución Socialista que Trotsky concibió.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de agosto de 2019)

Bill Van Auken