El ataque fascista contra Owen Jones, periodista del Guardian

21 agosto 2019

El asalto brutal contra el periodista del Guardian, Owen Jones, debe ser tomado como una grave advertencia sobre el peligro que representa la ultraderecha para la clase obrera.

Alrededor de las 3:00 a.m. el sábado, Jones dejó un bar en Islington, Londres, con seis amigos, cuando cuatro hombres “emprendieron en contra mío: uno de ellos me pateó en la espalda como haciendo karate, me lanzó al piso, comenzó a patearme en la cabeza y la espalda, mientras mis amigos intentaron jalarlos lejos de mí y los golpearon a puños por intentar defenderme”.

Jones subrayó que fue el blanco de un “ataque premeditado y políticamente motivado”. Ha sido repetidamente sometido a ataques por activistas de la ultraderecha, incluyendo asaltos físicos, y ha indicado que tiene evidencia “que sugiere los motivos políticos”.

Jones sufrió heridas relativamente menores, pero el ataque pudo fácilmente haber sido fatal dado que lo patearon en la cabeza. Y, pese a haber grabaciones de cámaras de seguridad y tener los nombres de los que lo han amenazado en el pasado, no se ha realizado ningún arresto. En cambio, la Policía Metropolitana emitió una declaración señalando que examinarían si este “ataque sin sentido” fue un crimen de odio. La prensa ya relegó la historia a sus páginas interiores.

Jones es solo la última figura izquierdista prominente en sufrir un ataque físico premeditado en Reino Unido. En junio de 2016, el fascista Thomas Mair asesinó a la parlamentaria laborista, Jo Cox, disparándole y luego acribillándola mientras gritaba, “¡Reino Unido primero!”. Cox era una de las principales promotoras del voto a favor de permanecer en la Unión Europea durante el referéndum que trascendía en ese momento.

En julio de 2018, Steve Hedley, el secretario general adjunto del sindicato de transporte ferroviario y marítimo, y su compañera fueron atacados de forma salvaje en un bar por un grupo de fascistas después de una manifestación de “Lucha contra el racismo” en Londres. Nuevamente, no hubo arrestos.

Ese mismo año, durante el juicio de Darren Osborne, quien asesinó a un musulmana e hirió a 12 otros cuando los atropelló con una camioneta rentada fuera de la mezquita en Finsbury Park en 2017, admitió haber planeado el asesinato del líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, y del alcalde laborista de Londres, Sadiq Khan.

En marzo, Corbyn recibió un puñetazo en la cabeza por un matón ultraderechista y simpatizante del brexit, John Murphy, frente a la Casa de Protección Social de la mezquita de Finsbury Park. Ninguno de los oficiales policiales presentes defendió a Corbyn. Murphy fue luego sentenciado a solo 28 días por un “asalto común”.

En abril, un miembro de la agrupación neonazi Acción Nacional, Jack Renshaw, fue imputado por planear el asesinato de la parlamentaria laborista, Rosie Cooper, con una réplica de 19 pulgadas de una espada romana Gladius en 2017.

Ha habido ataques políticamente inspirados contra víctimas menos prominentes. En octubre de 2018, Jade Unal fue atacada tras dejar una reunión del Partido Laborista sobre el brexit, sufriendo una concusión por cinco días. Sus atacantes dijeron que sabía dónde vivía, obligando a Unal y a su hija a esconderse. No hubo arrestos.

La naturaleza cobarde del ataque contra Jones confirma que la amenaza presentada por los fascistas no se deriva de un apoyo masivo. Los grupos involucrados cuentan con decenas o cientos de miembros. Lo que los fascistas tienen a su favor es que la clase gobernante y su aparto estatal los respaldan y protegen pase lo que pase, y los partidos principales y la prensa les dan credibilidad ideológica.

Jones identificó a la prensa y a la élite política como culpables de “el auge de una ultraderecha envalentonada, la cual es cada vez más violenta, y ataca a minorías y a las personas en la izquierda”. Citó titulares que retratan a los oponentes políticos del brexit como “traidores” como un ejemplo de la forma en que la prensa promueve a la derecha nacionalista.

La retórica pro- brexit ha sido un factor importante en atizar la violencia fascistizante en Reino Unido, incluyendo los ataques contra Cox, Unal y Corbyn. Sin embargo, el descenso cada vez más marcado del capitalismo en crisis se ve acompañado inevitablemente por el fomento de la reacción nacionalista en todos los países y por todas las facciones de la clase gobernante.

La llegada al poder de Gobiernos ultraderechistas —en Estados Unidos, Brasil, Filipinas, Hungría e Italia— siempre conlleva un giro hacia el terrorismo fascista. El atacante de la mezquita en Christchurch, Nueva Zelanda, Brenton Tarrant aludió al atacante de la mezquita en Finsbury Park, Darren Osborne, como una inspiración para su asesinato de 51 musulmanes, así como al asesino en masa y ultraderechista noruego, Anders Breivik, quien mató en 2011 a ocho personas con una bomba en Oslo antes de matar a tiros a 69 participantes de un campamento de verano de la socialdemócrata Liga de Trabajadores Jóvenes.

En Alemania, el político democratacristiano Walter Lübcke fue asesinado el 2 de junio por un neonazi conocido después de que se pronunciara en defensa de los refugiados. En octubre de 2015, Henriette Reker, alcaldesa de Cologne, fue acuchillada durante un evento electoral. Desde 1990, al menos 169 personas han sido asesinadas por derechistas. Según cifras oficiales, ha habido 8.600 ofensas criminales de carácter derechista en los primeros seis meses del año, incluyendo 363 actos de violencia que hirieron a 179 personas. La policía ha identificado a 2.625 sospechosos, pero solo ha arrestado a 23.

En Estados Unidos, ABC News y Mother Jones han identificado el vínculo estrecho entre los tiroteos masivos y otros actos violentos con la retórica racista de Donald Trump. ABC News menciona al menos 36 casos criminales en los que le nombre de Trump fue invocado en conexión directa con los actos violentos, las amenazas de violencia o las acusaciones de asalto. Según Mother Jones, desde octubre, ha habido seis tiroteos masivos motivados por ideas ultraderechistas que resultaron en 41 muertes y al menos 52 heridos. Los simpatizantes de Trump han amenazado violentamente a las diputadas Rashida Tlaib de Michigan e Ilhan Omar de Minnesota, quien recibió la amenaza de “poner una bala” en su cráneo.

Los esfuerzos de la élite gobernante para cultivar a la ultraderecha tienen raíces objetivas. La brecha entre una élite fabulosamente rica y la gran masa de la población que tiene dificultades para sobrevivir nunca ha sido mayor. Las tensiones de clases internacionalmente han alcanzado un punto de quiebre. Temiendo el surgimiento de una oposición social y política, la clase gobernante está respondiendo en todas partes con un giro cada vez más brusco hacia formas autoritarias de gobierno, cultivando fuerzas ultraderechistas como un arma contra la clase trabajadora.

No es un accidente que el ataque fascista contra uno de los periodistas británicos más prominentes de “izquierda” sucediera justo a una hora de la prisión de seguridad máxima de Belmarsh, donde el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, está encarcelado. El trato dado a Assange es más brutal que incluso la golpiza sufrida por Jones. Ante una tortura psicológica y el impacto físico terrible de un aislamiento prolongado, la vida de Assange corre peligro. Si sobrevive, será enviado a EUA, donde encara una vida en prisión o la pena capital por el único “crimen” de practicar un periodismo que expuso los crímenes de guerra del imperialismo.

La hostilidad popular hacia la ultraderecha es abrumadora, pero actualmente no encuentra una expresión política efectiva. Para esto, debe encontrar un nuevo eje de lucha.

La llegada al poder de Hitler en los años treinta demuestra que el fascismo no puede ser opuesto por medio de apelaciones a los representantes supuestamente “democráticos” del capitalismo. Hitler recibió el control del Estado con el respaldo de los cabecillas del ejército, el empresariado y los principales partidos burgueses. Bajo condiciones de una rugiente crisis económica, fue encargado con subyugar brutalmente a la clase obrera.

Hoy día, por la misma razón, la ultraderecha disfruta la protección del Estado. Pero, esta conspiración puede ser derrotada y será derrotada dado que la clase obrera sea movilizada políticamente en defensa de sus intereses independientes. Esto significa conectar la oposición a la violencia fascista y a la viciosa campaña contra los inmigrantes y refugiados que escapan las guerras de saqueo colonial del imperialismo con la lucha en defensa de los trabajos y los servicios esenciales y por el socialismo. La base objetiva para tal movimiento ya está emergiendo en forma de una ola internacional de huelgas y protestas sociales en defensa de los derechos democráticos.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de agosto de 2019)

Chris Marsden