Día de la Independencia de EUA de 2019: militarismo y el espectro de guerra

5 julio 2019

Los medios de defensa contra el peligro extranjero han sido siempre los instrumentos de la tiranía en casa. Entre los romanos, había una máxima sobre impulsar guerras cuando se percibiera una revuelta. Por toda Europa, los ejércitos mantenidos bajo el pretexto de defender han esclavizado al pueblo. (James Madison, junio de 1787)

La celebración oficial del Día de la Independencia de Estados Unidos, el 4 de julio, en Washington estará marcada por una presencia sin precedentes de los militares como fondo para el discurso de Trump dirigido a una audiencia de personas políticamente conectadas, incluyendo importantes donantes de campaña.

Según las órdenes de Trump, dos tanques M1-A1 Abrams y dos vehículos de combate Bradley (blindados) fueron enviados del fuerte Stewart, Georgia, para el evento. La movilización de estos masivos implementos de guerra por medio de trenes y un tráiler hacia Washington en la cubierta de la noche para evitar bloquear el tráfico, ha dominado las noticias de televisión estadounidenses por varios días.

Los vehículos han tomado posiciones estacionarias cerca del Monumento a Lincoln porque son demasiado pesados para cruzar la avenida Constitución o cualquier otra calle. Su presencia sirve un importante propósito político: darle a la celebración del Día de la Independencia en Washington un carácter militarista y represivo. Los mismos vehículos que irrumpieron en Bagdad en 2003 han sido enviados en apoyo a los esfuerzos políticos de Trump para construir un movimiento fascistizante basado en la represión y la violencia contra los inmigrantes.

Trump también contará con un despliegue aéreo para su discurso. Se volarán aviones de guerra de todo el país, según fuentes del Pentágono que hablaron con CNN. Estos incluyen F-35 de la estación aérea de la Armada en Lemoore, California; helicópteros Apache con cañones del fuerte Campbell, Kentucky; un bombardero furtivo B-2 de la base de la Fuerza Aérea en `

Missouri; y “Blue Angels” F/A-18 de la estación aérea de la Armada en Pensacola, Florida. Otros aviones de guerra como los Raptor F-22, VC-25, Osprey de rotor basculante y más F/A-18 llegarán de bases cercanas en Virginia y Maryland.

El “Saludo a Estados Unidos” está programado para la tarde, dos horas antes de los fuegos artificiales. Trump pronunciará sus declaraciones ante una audiencia seleccionada cuidadosamente que consiste de personas de alto nivel cerca del podio —los tiquetes fueron distribuidos por medio del Comité Nacional Republicano y la campaña de reelección de Trump— junto a miles de militares. Los organizadores dieron 5.000 tiquetes al Pentágono.

Para reforzar el carácter militarista del evento, un conjunto de líderes militares lo acompañarán en la plataforma. Pese a que cuatro de los cinco miembros del Estado mayor Conjunto se ausentarán, presuntamente para evitar ser mostrados como acólitos de Trump, sus adjuntos y muchos otros oficiales militares y civiles del Pentágono estarán cumpliendo su rol en la sección de aplausos para el discurso de Trump.

El 4 de julio de 2019 no ocurre en un vacío político. Trump está reafirmando su papel como comandante en jefe tras enviar al ejército a la frontera con México, donde está utilizando tanto a soldados como a la Patrulla Fronteriza para crear campos de concentración para los inmigrantes detenidos. Ha declarado una “emergencia nacional” para utilizar los fondos del Pentágono y construir su muro fronterizo, en desafío al Congreso. Además, acaba de lanzar su campaña de reelección con un discurso fascistizante repleto de racismo antiinmigrante y llamados a emplear violencia contra sus oponentes políticos.

La agenda política de Trump es profundamente impopular. Se enfrenta a los indicios de una renovada militancia en la clase obrera, como lo reflejan las huelgas de maestros y trabajadores industriales. Existe una oposición popular contra sus pasos hacia una guerra contra Irán y hay una simpatía amplia hacia los solicitantes de asilo y refugiados y un gran enojo por el trato sádico al que están siendo sometidos.

Es por eso por lo que la Administración busca cada vez más una base de apoyo para su supervivencia política en el aparato policial-militar, no en la política convencional electoral.

En uno de sus últimos tuits, Trump declaró que el propósito del despliegue de tanques y aviones de guerra era “mostrarle al pueblo estadounidense… al ejército más fuerte y avanzado en el mundo”. Esta es una revelación no deliberada: la audiencia objetivo para este despliegue de armas no es ningún posible adversario extranjero, sino la población estadounidense. Para decirlo sin ambages: Trump está escenificando una muestra de fuerza para intimidar la oposición potencial interna, particularmente de la clase obrera.

Ni el Partido Demócrata ni los medios liberales de la prensa alineados con los demócratas son capaces de una oposición auténtica al trayecto ultraderechista del Gobierno de Trump. Los demócratas han atacado principalmente a Trump desde la derecha, con las acusaciones fraudulentas de intervención rusa en las elecciones de 2016 y de que Trump es un títere de Moscú. Ni siquiera intentan alertar al pueblo estadounidense sobre la amenaza proveniente de la Casa Blanca para los derechos democráticos.

El Partido Demócrata ha limitado su oposición a la monstruosidad del 4 de julio quejándose sobre el costo, un tema recogido por la prensa. Marcando la pauta para la respuesta de la prensa, el New York Times publicó un “Editorial observante” el miércoles escrito por Alex Kingsbury, miembro de la junta editorial. Su título: “Dejen que Trump tenga su fiesta de cumpleaños para Estados Unidos”.

El comentario editorial combina la policía reaccionaria con complacencia, cobardía y falta de seriedad. Kingsbury admite la falta de precedentes para el evento de Trump, pero le resta importancia con una serie de chistes sarcásticos, como si Trump fuera una figura para ridiculizar en vez de una amenaza inmensa para los derechos democráticos.

Kingsbury urge a sus lectores a ignorar el evento de Trump y dejar “que el show, con sus sobrevuelos y vehículos blindados, soporte el peso de sus propias absurdidades y contradicciones”. Concluye, “El resto de nosotros tenemos la libertad que nos costó tanto ganar de cambiar el canal si queremos”.

Detrás de tal complacencia, el Times comparte la adulación de Trump del ejército, que Kingsbury describe como “una de las instituciones de la nación no partidistas y de mayor confianza”. Critica a un exoficial de la CIA y el Pentágono por advertir que “el 4 de julio debería reservarse para celebrar el software de nuestros ideales y libertades democráticas, no el hardware del mejor ejército del mundo”, respondiendo, “Quizás. Pero Estados Unidos tiene la capacidad de hacer ambas cosas”.

El Times y el Partido Demócrata, como Trump, hablan en nombre de una clase gobernante estadounidense que ve cada vez más hacia el ejército como su último bastión contra un mar de problemas, tanto internos como externos. No hay ni una pizca de compromiso auténtico por la democracia ni de oposición al autoritarismo en ninguna sección de la élite gobernante estadounidense que anima a los fundadores de la república estadounidense.

¿Quién en la prensa o el Estado podría recitar las palabras de James Madison citadas al principio sin autocondenarse?

El 4 de julio marca uno de los grandes eventos liberadores en la historia humana: la emisión de la Declaración de Independencia como el disparo inicial de la revolución democrática burguesa estadounidense. La Declaración, escrita por Thomas Jefferson, es un texto imperecedero, con palabras que han inspirado a los que han luchado contra la tiranía y la opresión por más de dos siglos.

Asevera, por primera vez en la historia, el derecho a la revolución popular: “Cuando cualquier forma de Gobierno se vuelva destructiva para estos fines, el Pueblo tiene el derecho de alterar o abolirlo, e instituir un nuevo Gobierno, estableciendo sus cimientos en estos principios y organizando sus poderes de tal forma que se considere más posible efectuar su seguridad y felicidad”.

¿Quién puede leer estas palabras hoy día sin ver, cambiando lo que se tenga que cambiar, una condena al estado presente de la sociedad estadounidense? Al final, la celebración militarista de Trump no es una expresión de fuerza, sino de debilidad y temor. Detrás de toda la presunción está el entendimiento de parte de la clase gobernante de que se enfrenta a desafíos para su dominio en todo el mundo, ante todo dentro de Estados Unidos.

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de julio de 2019)

Patrick Martin