Bombardeo de centro de detención en Libia mata a por lo menos 44 refugiados

por Bill Van Auken
5 julio 2019

Decenas de refugiados africanos murieron o resultaron heridos cuando el centro de detención en el que se encontraban en un suburbio al oeste de la capital libia de Trípoli recibió un impacto directo en un atentado con bomba a tempranas horas el miércoles.

Funcionarios libios informaron que 44 de los refugiados habían muerto en el sitio y otros 130 quedaron heridos, pero que se esperaba que la cifra de muertos aumentara a medida que se retiraban los cuerpos de los escombros y porque muchos de los heridos sufrieron heridas graves. Los sobrevivientes del atentado fueron vistos el miércoles por la noche todavía acurrucados cerca del centro de detención bombardeado, aterrorizados de otro ataque y sin tener medios para buscar seguridad.

Las fotografías publicadas por los medios de comunicación libios mostraron una escena horrible, con el piso del centro de detención, en un edificio parecido a un hangar, lleno de cuerpos, miembros cortados, ropa, bolsas y colchones, y las paredes cubiertas de sangre.

Cuerpos alineados tras bombardeo de centro de detención para inmigrantes al este de Trípoli (crédito: ACNUR)

El ataque es el incidente más sangriento de una guerra civil reintensificada que ha afectado el país durante los últimos tres meses, matando a al menos 700 personas y desplazando a unas 90,000.

El Gobierno con sede en Trípoli culpó del ataque a los aviones de guerra que apoyaban al caudillo militar, el "mariscal de campo” Khalifa Haftar, cuyas fuerzas han sitiado a Trípoli desde abril en un intento por derrocar al presidente Fayez Serraj, respaldado cuyo débil régimen títere es respaldado por la ONU y depende de una colección de milicias islamistas.

Las fuerzas de Haftar, con sus bastiones en el este y sur de Libia, afirman actuar en nombre de un Gobierno rival ubicado en Tobruk basado en una Cámara de Representantes elegida en 2014. Insistieron en que el daño fue causado por un ataque de mortero de milicias que apoyan del régimen de Trípoli. Tomando prestada una cita del Pentágono, una declaración emitida en nombre del Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés) de Haftar declaró: "Nuestras fuerzas aéreas son meticulosas en sus ataques y toman en cuenta todas las medidas para proteger a los civiles".

El LNA había anunciado el lunes que llevaría a cabo más ataques aéreos en la capital libia, ya que "los medios tradicionales" de asediar la capital no estaban funcionando, según Al Jazeera. Se advirtió a los civiles que se mantuvieran alejados de las áreas de “confrontación”.

Por supuesto, los refugiados africanos, detenidos en contra de su voluntad y en condiciones inhumanas mantenidas por el régimen de Libia y sus partidarios de la milicia, no tenían cómo acatar esto. El hangar donde estaban encarcelados estaba ubicado junto a instalaciones militares pertenecientes a las milicias en el suburbio oriental de Trípoli, en Tajura.

Después de que su techo se dañara en un ataque hace dos meses, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) emitió una advertencia sobre la posición peligrosa de la prisión.

“Pedimos una evacuación urgente en ese momento; permanecieron detenidos dentro de ese centro y, lamentablemente, la gente pagó el trágico precio de eso con sus vidas anoche", dijo Al Jazeera Charlie Yaxley, portavoz de ACNUR para el Mediterráneo y África.

La escalada de ataques aéreos del LNA sigue a la toma de la ciudad de Gharyan, a unos 80 kilómetros al sur de la capital, por parte de las milicias que respaldan el régimen de Trípoli. El LNA había tomado la ciudad en abril y la había estado utilizando como base para su sitio en Trípoli.

Este revés para el ejército de Haftar se produjo después de la intervención más agresiva de Turquía en apoyo del Gobierno del presidente Serraj, proporcionándole armas y empleando aviones no tripulados que salían del aeropuerto de Trípoli en su nombre. El LNA afirma haber destruido tres de estos drones en la pista.

Mientras tanto, el LNA ha recibido un importante apoyo militar de la dictadura del general Abdelfatah el-Sisi en Egipto, así como de las monarquías petroleras del golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Tanto Egipto como los Emiratos Árabes Unidos han enviado aviones de combate para proporcionar cobertura aérea para el LNA. El objetivo de estos regímenes, que constituyen los aliados más cercanos de Washington en el mundo árabe, es instalar una dictadura dominada por los militares como la que existe en El Cairo.

Mientras que las potencias estadounidenses y europeas están comprometidas formalmente a apoyar al régimen títere del presidente Serraj en Trípoli, el presidente Donald Trump habló por teléfono con Haftar, después de haber lanzado su ofensiva en abril, discutiendo lo que la Casa Blanca describió como su "visión compartida" para Libia.

La CIA trajo a los Estados Unidos a Haftar, un exgeneral del ejército libio que se cambió de bando después de haber sido capturado durante la guerra de Libia con Chad, y vivió durante 20 años cerca de la sede de la agencia en Langley, Virginia. Fue enviado de regreso a Libia para unirse a la guerra de Estados Unidos y la OTAN que buscaba realizar un cambio de régimen en 2011 y que terminó con el derrumbe y el asesinato del gobernante del país, Muamar Gadafi a manos de una turba.

La semana pasada, se informó que las milicias leales al régimen de Trípoli capturaron misiles antitanques Javelin hechos en Estados Unidos después de tomar el control de una base del LNA. Los misiles estaban en cajas de envío cuyas marcas indicaban que habían sido proporcionados por Washington a los Emiratos Árabes Unidos.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebró una reunión a puerta cerrada el miércoles por la noche sobre la última atrocidad en Libia, pero no pudo emitir una declaración condenando el ataque porque el representante de los EUA se negó a firmarla sin la aprobación de Washington. Esto ocurrió bajo condiciones en las cuales varios Gobiernos y agencias han denunciado la masacre de refugiados como un crimen contra la humanidad.

La hipocresía de estas denuncias es impresionante. La matanza masiva que tuvo lugar fuera de Trípoli es el resultado directo de las políticas seguidas por todas las principales potencias imperialistas en su intento de apoderarse de los yacimientos de petróleo de Libia, los mayores del continente africano, y de su guerra mundial contra los refugiados.

La violación del país por parte de Estados Unidos y la OTAN en 2011, llevada a cabo bajo la falsa bandera de los "derechos humanos" y justificada como una respuesta ante una supuesta masacre inminente de disidentes en la ciudad oriental de Bengasi, mató a decenas de miles de libios y destruyó la infraestructura y las instituciones del país, preparando el escenario para ocho años de conflictos y una guerra civil interminables.

Mientras tanto, lo acontecido a los asesinados en Tajura, junto con los miles más en campos de concentración en toda Libia, es el resultado directo de una campaña reaccionaria emprendida por las principales potencias europeas. Han entrenado, armado y financiado a la guardia costera libia para interceptar a los refugiados que buscan escapar de la guerra, la opresión y la pobreza al cruzar el Mediterráneo. Aquellos que son capturados son devueltos a campos de concentración en Libia, donde son encarcelados en condiciones que han sido descritas como equivalentes a la tortura, en muchos casos recluidos como rehenes, vendidos como esclavos o asesinados.

Un papel particularmente desagradable y crucial en este ataque imperialista ha sido desempeñado por toda una cuadrilla de organizaciones, políticos y académicos pseudoizquierdistas en Europa y América que amplificaron y embellecieron los falsos pretextos de la intervención "humanitaria" para justificar una guerra de agresión imperialista contra un antiguo país colonial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de julio de 2019)