La guerra global contra refugiados

4 julio 2019

Una serie de eventos en las últimas dos semanas ha provocado enojo masivo hacia el maltrato y brutalidad sistemáticos contra los refugiados por parte de los Gobiernos capitalistas de todo el mundo.

Cientos de miles de personas han expresado su oposición al arresto el sábado de la alemana Carola Rackete, la capitana de 31 años de edad del barco rescatista de refugiados Sea Watch 3, a manos del Gobierno italiano y su ministro del Interior fascistoide, Matteo Salvini. El supuesto “crimen” de Rackete fue rescatar 52 refugiados africanos, incluyendo mujeres embarazadas y niños, atrapados en el mar Mediterráneo el 12 de junio y llevarlos de manera segura al territorio italiano de Lampedusa.

Por más de dos semanas, el Sea Watch no pudo encontrar un puerto de la Unión Europea en el Mediterráneo donde desembarcar. Ningún Gobierno de la UE, incluidos Francia, Alemania y España, aceptaba a la docena de refugiados, obligando a la tripulación a ir a Lampedusa, desafiando el veto ilegal del Gobierno italiano a todo arribo marítimo de solicitantes de asilo.

La orden de los jueces italianos de liberar a Rackete el martes por la noche fue una respuesta al inmenso desbordamiento de apoyo popular hacia ella en la clase obrera. Ayer, un comediante alemán creó un fondo para los costos legales del Sea Watch, recaudando más de 800.000 euros, mientras que otro fondo en una página de Facebook recaudó 400.000 euros de más de 25.000 donantes. Más de 330.000 personas firmaron la petición que llamaba a liberar inmediatamente a Rackete.

Sin embargo, el fallo italiano de ninguna manera da un paso atrás en la represión contra todos los que intentan salvar a los refugiados. Rackete será expulsada de Italia y sigue estando bajo amenaza legal. Italia presentó cargos contra Pia Klemp, la capitana del barco Luvempa que salvó a 14.000 personas y que fue arrestada en 2017 por “asistir e instar la inmigración ilegal”. Se enfrenta a 20 años en prisión.

Con una hipocresía aborrecible, los oficiales europeos, incluido Frank Walter-Steinmeier, presidente alemán del Partido Socialdemócrata, y Cristophe Castaner, ministro del Interior francés, han criticado levemente a Salvini y arrojado lágrimas de cocodrilo por los refugiados. Pero todos saben que es la UE, con Francia y Alemania al frente, la que ha erigido el “Fuerte Europa” con alambre de púas y ametralladoras, la que puso fin a las misiones de rescate en el Mediterráneo y la que convirtió el mar al sur de Europa en un enorme cementerio. Salvini solo expresa de la manera más abierta y cruda la política de toda la UE.

En 2015, la UE anunció la “Operación Triton”, mientras que entrenaba a milicias libias como una guardia costera que atraparía los refugiados que intentan escapar a Europa y regresarlos a los campos de concentración en Libia, donde hay evidencia documentada de tortura, violaciones, asesinatos y la venta de refugiados como esclavos. Mientras que la UE finalizó sus operaciones de rescate, los capitanes y tripulantes de las ONG humanitarias han sido objeto de persecuciones y de la pérdida de sus derechos de navegación.

En los últimos tres años, al menos 14.000 personas se ahogaron en el Mediterráneo intentando llegar a Europa. Un reporte publicado la semana pasada por la organización prorrefugiados española Caminando Fronteras halló que al menos 1.020 personas se han ahogado en 70 naufragios solo en el estrecho de Gibraltar entre Marruecos y España, y entre los meses de enero de 2018 y junio de 2019.

Ochenta años después de que los Gobiernos internacionalmente rechazaran a los judíos que escapaban del régimen nazi, devolviéndolos a una muerte casi segura en la Europa de los años treinta, la UE está adoptando una política de asesinatos masivos para enviarles a los refugiados un mensaje: posiblemente morirán ahogados si intentan ejercer su derecho legal y democrático al asilo en Europa.

En Estados Unidos, el Gobierno de Trump ha creado una red de campos de concentración para inmigrantes dentro del país y a lo largo de la frontera con México. Las condiciones son tan abusivas que el Dr. Lucio Sevier, un pediatra que visitó los centros para niños en Texas la semana pasada, dijo que eran “instalaciones de tortura”.

El martes, la senadora demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, reportó en un viaje a un centro de detención en Texas, que las mujeres eran mantenidas en celdas sin agua y los guardias fronterizos les decían que bebieran del inodoro. Un día antes, ProPublica reveló un grupo de Facebook secreto de guardias fronterizos fascistoides que publicaban bromas violentas sobre los inmigrantes y amenazas sexuales contra Cortez antes de su visita.

El repudio popular y la oposición a las políticas de inmigración de tinte fascista del presidente Trump fue expresada en una manifestación de más de 200 judíos estadounidenses fuera del centro de detención de ICE en Nueva Jersey el domingo, cantando “¡Nunca más significa ahora!”. Treinta y seis de ellos fueron arrestados, incluyendo una joven manifestante que dijo sentirse “bien” porque sus abuelos, quienes lucharon contra los nazis, “hubieran querido que yo luchara contra los campos de concentración”.

El asalto global contra los refugiados se extiende mucho más lejos que Europa y EUA. El 27 de junio, el presidente Trump aplaudió las políticas antiinmigrantes del Gobierno de coalición liberal/nacional australiano y de la oposición del Partido Laborista. Trump declaró que “se puede aprender mucho” de la política bipartidista australiana bajo la Operación Fronteras Soberanas, que utiliza al ejército para interceptar y bloquear a todos los refugiado s que intentan llegar a Australia, en violación al derecho internacional.

El hecho de que el ataque contra los refugiados sea un proceso universal muestra que no se debe a las personalidades fascistizantes de políticos individuales, como Trump y Salvini. Es una manifestación particularmente putrefacta de otro colapso histórico del sistema capitalista de los Estados nación. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños están escapando el derrumbe social y los asesinatos masivos producidos por un cuarto de siglo de guerras en Oriente Próximo y África libradas por Estados unidos y sus aliados imperialistas de la UE.

Hay más refugiados en el mundo hoy que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Un reporte de la ONU publicado la semana pasada señaló que el número de personas desplazadas a la fuerza en el mundo casi se duplicó de 43,3 millones en 2009 a 70,8 millones en 2018. Cada minuto en 2018, 25 personas se ven obligadas a escapar de sus hogares. Un poco menos del 1 por ciento de la humanidad, una de cada 108 personas, son refugiados.

En 1940, dos años antes de que los regímenes fascistas europeos lanzaran el genocidio de judíos, la llamada “Solución Final”, el gran revolucionario ruso, León Trotsky, advirtió: “La sociedad capitalista en decadencia de hoy está buscando deshacerse del pueblo judío por cada uno de sus poros; 17 millones de individuos de los dos mil millones en el globo, es decir, menos del 1 por ciento, ¡ya no pueden encontrar un lugar en nuestro planeta! En medio de las vastas extensiones de tierra y las maravillas de tecnología que han conquistado tanto los cielos como la tierra para el hombre, la burguesía ha logrado convertir nuestro planeta en una inmunda prisión”.

Ante una crisis cada vez más profunda del orden global y una oposición política interna cada vez mayor, los Gobiernos capitalistas están promoviendo los tipos de nacionalismo y xenofobia que caracterizaron a la derecha fascista en los años treinta. La adopción universal de políticas draconianas contra refugiados es el medio por el cual la extrema derecha está siendo rehabilitada por las élites gobernantes en todo el mundo.

Como con el antisemitismo en los años treinta, las medidas autoritarias dirigidas contra los refugiados tienen como objetivo la clase obrera en su conjunto. Los campos de concentración hoy establecidos contra los refugiados pueden ser utilizados mañana contra los trabajadores y oponentes políticos de la guerra y el militarismo, la austeridad y la desigualdad social.

El poderoso apoyo para los refugiados en la clase obrera debe y tiene que ser movilizado. Pero la única forma de prevenir una recaída a la barbarie y la guerra es armar la oposición a estos ataques fascistizantes contra los refugiados con un programa conscientemente socialista e internacionalista. Esto significa rechazar todos los intentos de utilizar a los inmigrantes como chivos expiatorios por la crisis producida por el capitalismo y defender los derechos de cada trabajador a vivir donde quiera —con derechos de ciudadanía plenos, incluyendo el derecho a viajar y trabajar—.

Solo la toma de poder por parte de la clase obrera internacionalmente puede liberar los recursos de la sociedad del control de una oligarquía capitalista y garantizar un nivel de vida alto para cada persona en el mundo, libre de pobreza y opresión.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de julio de 2019)

Will Morrow