Enorme apagón afecta a cincuenta millones de personas en Argentina y Uruguay

por Rafael Azul
25 junio 2019

El domingo 15 de junio ocurrió el corte de luz más grande en toda la historia argentina, que afectó incluso a otras partes del cono sur. Argentina y Uruguay sufrieron el impacto más grande del apagón, que afectó casi todo el territorio de ambos países. Sectores fronterizos de Brasil, Chile y Paraguay también sufrieron de la falta de electricidad. El apagón fue total en Argentina, exceptuando a la provincia de Tierra del Fuego; en algunos sectores el apagón duró más de doce horas.

El transporte público estuvo casi totalmente paralizado. En Buenos Aires dejaron de funcionar los trenes subterráneos y el sistema de trenes urbanos. Los autobuses sufrieron demoras a causa de semáforos que dejaron de funcionar.

Parece que la causa de que se apagaran las luces fue un desequilibrio entre la energía disponible y la demandada, aun en un momento de muy baja demanda (el domingo a las 7:07 de la mañana), que causó una serie de cierres de usinas, creando esta calamidad.

Tentativamente se dijo que la cancelación de servició tuvo que ver con el desmoronamiento del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), que une las varias fuentes de generación de energía, y que incluye zonas en países limítrofes. Al principio, portavoces del Departamento de Energia Argentino especularon que la falla del SADI había resultado de algún acontecimiento meteorológico que dañó las líneas de transmisión.

Aunque aún no se sepa la causa exacta de este apagón, la razón fundamental es el desmoronamiento de la infraestructura eléctrica, causada por la crisis de décadas del capitalismo argentino y por altos niveles de corrupción.

El SADI une a los dos principales sistemas de líneas de alta tensión entre las usinas y las distribuidoras; estas envían electricidad a hogares y fábricas. La provincia de Tierra del Fuego se salvó del apagón por no estar ligada al SADI; también se salvaron algunas zonas del este uruguayo.

El día del apagón, oficiales del gobierno aparecían totalmente despistados sobre sus causas. Gustavo Lopetegui, el secretario del Departamento de Energía, expresó las disculpas del presidente Macri y de su administración. Les aseguró a todos que el presidente estaba al tanto de lo que acontecía. Lopetegui dijo que todavía no había información de qué había causado este acontecimiento extraordinario. Prometió información más completa en pocos días y le aseguró a su público que el sistema eléctrico nacional era “robusto”.

En verdad, y a pesar de las palabras de Lopetegui, no es ningún secreto que el sistema eléctrico argentino sufre de décadas de deterioro, no obstante enormes subsidios para mantener y mejorar su infraestructura. Como resultado de esa infraestructura que se desmorona más cada año, el número anual de apagones y de crisis de bajo voltaje en toda Argentina aumenta cada año. Ese apagón del quince de junio era totalmente predecible.

En cierto momento sugiere el Departamento de Energía que el desequilibrio estuvo ligado a problemas en las represas hidroeléctricas de Yacyretá, sobre el Río Paraná, y Salto Grande, sobre el Río Uruguay. Paraguay y Argentina comparten la electricidad de Yacyretá. Uruguay y Argentina comparten la electricidad de Salto Grande.

Según esa versión, toda la red se cerró como consecuencia de una falla en Yacyretá, que provocó un cierre de producción en Salto Grande, provocando reacciones en cadena mediante el SADI.

En través de las recientes décadas, muchos se han quejado de la falta de mantenimiento e inversión en el sistema eléctrico argentino. A pesar de grandes subsidios y enormes aumentos en tarifas eléctricas, no han ocurrido las inversiones necesarias.

La represa de Yacyretá, al centro de la actual catástrofe, ejemplifica esta crisis. Sea o no la causa de este apagón, la represa de Yacyretá necesita urgente atención. Este mayo, Ricardo Colombi, gobernador de la provincia de Corrientes, cauteló que algunas de las defensas de la represa ya se han perdido, a causa de la falta de atención y mantenimiento; dos de sus turbinas ya no funcionan y las otras funcionan al 75 por ciento de su potencial.

Colombi también advirtió sobre grietas en la represa. Más allá del apagón resultante de una rotura en Yacyretá, hizo sonar las alarmas acerca de que el desmoronamiento de la represa Yacyretá afectaría a “medio país” y pondría en peligro la vida “de millones”.

Pidiendo medidas de emergencia para arreglar Yacyretá, Colombi detalló algunas de las consecuencias de su desmoronamiento, señalando que una masiva candidad de agua fluiría y acabaría en minutos con las ciudades de Resistencia y Corrientes, también con Santa Fé y Paraná, ni que hablar de todas la poblaciones que existen en las márgenes del río, incluyendo el delta del Paraná y la Capital Federal (Buenos Aires está a mil kilómetros al sur de Yacyretá).

En los últimos 30 años se han hecho públicas en Argentina muchas advertencias sobre la falta de mantenimiento en el sistem eléctrico. No obstante importantes subsidios y enormes aumentos en las tarifas eléctricas, las inversiones no han ocurrido. En muchos casos el dinero se pierde en una maraña de corrupción y sobornos.

Es más, fieles a su enfoque proempresario y al nivel general de corrupción capitalista, una sarta de gobiernos consecutivos se ha lavado las manos en lo que toca a regular las empresas eléctricas y proteger sus ganancias. Yacyretá lo demuestra.

Desde que se comenzara a construir esa represa en 1983, durante la dictadura militar de Videla, hasta su inauguración en 1998, Yacyretá se convirtió en un clásico ejemplo de la corrupción y amiguismo que caracteriza el capitalismo argentino. Va incluida en esa red la familia Macri, mediante las empresas que maneja, que obtuvo cuantiosas ganancias de los contratos de Yacyretá, como indica una investigación del 2018 de Primera Edición, diario de la ciudad de Misiones.

En el 2016, como parte de su programa de “terapia de choque”, el gobierno de Macri anunció aumentos en el precio de la energía, el transporte, y el agua de entre el 200 y el 500 por ciento. En realidad, al llegar las facturas, el aumento en muchos casos fue más del mil por ciento. Esos tarifazos, que volvieron a repetirse en el 2017 y 2018, crearon un enorme descontento popular.

Como consecuencia del desmoronamiento de la infraestructura eléctrica, el número de apagones y de incidentes de disminución de voltaje ha aumentado año tras año, especialmente durante el verano. Aumentando el costo humano, en muchas comunidades los cortes de luz van acompañados de cortes de agua: se cierran las bombas de agua que requieren electricidad.

La clase obrera argentina que encara estos y otros ataques contra sus condiciones de vida, se encuentra cada vez más al borde de una enorme explosión popular.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de junio de 2019)