Seis meses de AMLO: Jacobin defiende al presidente mexicano

por Alex González
13 junio 2019

Seis meses después de que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), asumió la presidencia, la revista Jacobin, afiliada con los Socialistas Democráticos de América (DSA), ha acelerado sus esfuerzos para darle a AMLO un disfraz para pintarlo como progresista o incluso como socialista.

Jacobin ha intervenido para promover a AMLO en el momento en el que la intensificación de la lucha de clases, las redadas masivas y deportaciones de inmigrantes, y el servilismo del gobierno mexicano a la Administración fascistoide de Trump han expuesto a su Gobierno como un enemigo de la clase obrera ante los ojos de millones de trabajadores en México y alrededor de Centro América.

Un artículo de Jacobin del 26 de mayo, “AMLO No Puede Hacer Esto Solo”, declara que AMLO es un gran progresista, pero que, a pesar de sus esfuerzos, está siendo atacado por el crimen organizado, los partidos de oposición, el capital doméstico y extranjero, e incluso el liderazgo de su propio partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). “Tanto las élites mexicanas como las internacionales quieren sabotear la agenda progresista de AMLO”, comienza el artículo.

Según Jacobin, AMLO posee “energía, carisma, y actividad frenética” y quiere “penetrar el castillo” pero supuestamente está “luchando contra un conjunto de fuerzas formidables” y “un partido que está siendo infiltrado por oportunistas”.

Andrés Manuel López Obrador

Con tal apoyo aplastante de las cualidades de AMLO, ¿cuál ha sido el verdadero récord de su Administración? Casi un año después de su elección y seis meses tras el comienzo de su Administración, su Gobierno solo ha profundizado e intensificado sus ataques contra la clase obrera, en muchos casos llegando más lejos que incluso los partidos abiertamente derechistas que gobernaron a México por más de 89 años.

Actuando como el títere servil de Trump, AMLO ha escalado los ataques contra los inmigrantes mientras que cínicamente declara que protege sus “derechos humanos”. En diciembre, su Gobierno acordó violar la ley internacional al aprobar la política de “Permanecer en México”. Esto ha forzado a los solicitantes de asilo a quedarse en campamentos en barrios y refugios improvisados en el lado mexicano de la frontera mientras que sus casos son procesados por las cortes estadounidenses.

Las deportaciones de México a Centro América se han triplicado bajo AMLO. Ha deportado a 80.000 obreros a sus países de origen. Las visas humanitarias se han desplomado de 11.000 en enero a 1.500 en marzo y casi cero desde entonces. Ante la amenaza del Gobierno de Trump de imponer una tarifa de cinco por ciento a los bienes mexicanos, AMLO declaró que quiere ser “un amigo del presidente Trump” y prometió “cooperación”. Esto solo puede ser la bienvenida a más ataques despiadados contra principalmente mujeres y niños centroamericanos para satisfacer a la base fascistoide de Trump.

Si en la fantasía de Jacobin ser “progresista” es atacar a los inmigrantes, entonces la afirmación de la revista de que AMLO es un “maestro consumado de organización de las masas” puede ser traducido como una represión de la lucha de clases en servicio a las relaciones de propiedad capitalistas y el imperialismo estadounidense.

Los comentarios públicos de AMLO sobre las huelgas espontáneas que recorrieron la ciudad fronteriza de Matamoros este año incitaron a los obreros a “considerar la situación de las empresas” y buscar un “balance”. La Administración de AMLO intervino activamente para frenar las huelgas, desde declararlas ilegales en las cortes federales a desplegar a tropas para atacar a obreros en los piquetes. AMLO también había denunciado a los docentes huelguistas en el empobrecido sur de México como “de derecha” y exigió que regresaran a sus trabajos y aceptaran sus recortes a la educación.

El resurgimiento de la lucha de clases ocurre bajo condiciones de condiciones de niveles históricos de desigualdad social. Un reporte reciente de las Naciones Unidas develó que la sociedad mexicana tiene niveles de desarrollo de Suiza en las áreas más ricas del país y Burundi de África en las más desposeídas.

Bajo estas urgentes condiciones, ¿qué le ha ofrecido la “agenda progresista” de AMLO a la clase obrera? Uno de los dos ejemplos nombrados por el artículo, un tren en la península de Yucatán, de hecho es fuertemente opuesto por la población indígena local por causar deforestación en el ecosistema de selva tropical más grande de la región fuera del Amazonas.

Los autonombrados “presupuestos de austeridad” de AMLO son tan rapaces que incluso han ganado el elogio del Fondo Monetario Internacional (IMF), el cual se especializa en otorgar préstamos en cambio de recortes masivos a programas sociales y privatizaciones. El 29 de mayo, la directora del FMI, Christine Lagarde, habló ante miembros del Congreso mexicano y alabó la “política fiscal prudente” de AMLO que aseguraría que “la inflación se permanezca baja”. El mensaje es claro: no habrá incrementos en los gastos sociales o propuestas significativas para incrementar sueldos.

Jacobin si hace una declaración cierta sobre el carácter del Gobierno de AMLO. En el artículo, la revista debe admitir que el gobierno mexicano se encuentra subordinado a la economía global y los caprichos del capital financiero doméstico y extranjero.

“La democracia no puede ser permitida en México si el resultado es un gobierno que va en contra de las corrientes económicas, aun levemente”, escribe Jacobin. “Y si persiste en tratar de hacerlo, mecanismos como tratados de libre comercio y los mercados financieros deben ser activados para darle un palmetazo a cualquier ‘suprema confianza en sí mismo’ que atreve tener”.

Si esta declaración es cierta, ¿por qué apoyar a AMLO y su programa nacionalista? A fin de cuentas, la sumisión de AMLO a Wall Street es precisamente la razón por la cual AMLO siempre será un títere de los poderes económicos dominantes de Washington. En la era de la globalización, cuando las plantas e inversiones pueden moverse a cualquier esquina del mundo, el marco para un programa nacional reformista ha sido totalmente socavado.

Esto es especialmente verdadero para un país históricamente oprimido como México. Toda la experiencia del siglo XX atestigua al hecho de que sin importar sus diferencias tácticas, la élite dirigente buscará acuerdos entre sí mismos y los poderes imperialistas mil veces para garantizar sus propios intereses que arriesgar la movilización de la clase obrera. El mismo artículo admite de AMLO “no ha llamado una solo movilización desde tomar el poder”. ¡Se esfuma AMLO el “maestro consumado de organización de las masas”!

Jacobin y el DSA apoyan a un político que se opone a la lucha de clases y busca cerrar un acuerdo con Trump a costas de obreros inmigrantes indefensos de áreas devastadas por más de un siglo de explotación por el imperialismo estadounidense.

Los verdaderos socialistas buscan movilizar a la clase obrera y luchan por su independencia política de todas las secciones de la clase dirigente en base de la lucha por la unidad de las clases obreras de EUA, México, y Centro América. Como escribió recientemente el WSWS, Jacobin no habla por la clase obrera, sino para “inversionistas liberales, académicos permanentes y bien remunerados y otras capas afluentes de la clase media-alta que creen sinceramente en que parte del dinero que se acumula en la cima de la sociedad capitalista debería distribuirse más equitativamente con aquellos entre el 10 y el 1 por ciento más rico”. En contraste, los socialistas llaman por el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas de las Américas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de junio de 2019)