Capitana Marvel: dinero, feminismo, militarismo y cineastas previamente “independientes”

por David Walsh
25 marzo 2019

Dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck; escrita por Boden, Fleck y Geneva Robertson-Dworet 

La producción y el estreno de Capitana Marvel, la nueva aventura de ciencia ficción y superhéroes de Marvel y Disney, tienen una serie de características notables, pero ninguna de ellas tiene que ver con el drama, la acción o los personajes de la película.   

Brevemente, Capitana Marvel sigue, de forma enrevesada, a Carol Danvers (Brie Larson), una piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que absorbe una gran fuente de energía, lo que la convierte potencialmente en “una de las heroínas más poderosas que el universo ha conocido”, según la publicidad del filme.   

Brie Larson en Captain Marvel

Sin embargo, seis años después, ella sufre de amnesia, no sabe quién o qué es y se ha convertido en miembro de la represora Fuerza Estelar, al mando de su mentor Yon-Rogg (Jude Law). Los mutantes Skrulls, el enemigo aparente, obligan a Danvers a aterrizar en los EE.UU. a mediados de los años 90. Pero no todo es lo que parece. Danvers descubre secretos sobre sí misma y sobre una “guerra galáctica” entre dos razas alienígenas.   

No mucho de esto es interesante, aunque es ruidoso y está “lleno de acción”. Capitana Marvel, como película, es predecible, vacía y tediosa. Las escenas más “sensibles” en la Tierra, centradas en Danvers y su amiga afroestadounidense Maria Rambeau (Lashana Lynch) e hija (Akira Akbar), son posiblemente las más artificiales y menos convincentes. 

El primer hecho realmente notable sobre el nuevo filme, como era previsible, es el dinero.

Disney, la distribuidora de la película, es la compañía de medios más grande del mundo, con unos US$100 mil millones en activos. Con un valor de mercado de US$152 mil millones, es la 53a compañía más grande en el mundo, justo detrás de Total (petróleo y gas), Merck (productos farmacéuticos), Banco de China (uno de los cuatro bancos comerciales de propiedad estatal más grandes de China), Unilever, DowDuPont y BP. 

Los informes de prensa indican que la producción neta combinada y los costos globales de mercadeo de Capitana Marvel alcanzan los US$300 millones. Hasta la fecha, la taquilla mundial del filme asciende a US$774 millones. 

Capitana Marvel es realmente “entretenimiento corporativo”—o sea, el proceso por el cual fue creado impide que sea entretenido o esclarecedor en ningún sentido significativo. 

Este tipo de cine a gran escala, patrocinado oficialmente, cuyo éxito es promovido y seguido con avidez por los medios de comunicación y las publicaciones de negocios en particular, se cruza y superpone inevitablemente con otros aspectos de la cultura del sistema estadounidense. En el caso de Capitana Marvel, esto significa, específicamente, militarismo y feminismo. 

La Fuerza Aérea de los EE.UU. participó en la producción de Capitana Marvel

Brie Larson, Jude Law y Algenis Perez Soto en Captain Marvel

De hecho, Task & Purpose informó que Marvel Studios puso en marcha el inicio oficial de la producción “con una foto de Larson y la brigadier general de la Fuerza Aérea Jeannie M. Leavitt, entonces comandante del ala 57a y la primera mujer piloto de combate del servicio, encima de un F-15 en la Base de la Fuerza Aérea Nellis, en Nevada”.

“Para prepararse para su papel, Larson”, según The Wrap, visitó la base de la Fuerza Aérea “y participó de combates aéreos simulados. El estreno del filme incluyó testimonios de hombres y mujeres de la Fuerza Aérea y un sobrevuelo de los Thunderbirds de la Base Nellis”. 

Task & Purpose, un sitio web que sigue de cerca al ejército estadounidense, también citó los comentarios por correo electrónico de Todd Fleming, jefe de la División de Difusión Pública y Comunitaria de la Secretaría de Asuntos Públicos de la Fuerza Aérea: “La Fuerza Aérea colabora con cualquier número de proyectos de entretenimiento para garantizar que la representación de los aviadores y de la misión de la Fuerza Aérea sea precisa y auténtica. Nuestra colaboración con ‘Cap. Marvel’ [sic] ayudó a garantizar que el tiempo del personaje en la Fuerza Aérea y su pasado se presentaran con precisión. También resaltó la importancia de la Fuerza Aérea para nuestra defensa nacional”. 

“[Capitana Marvel] no es parte de una estrategia de reclutamiento, pero esperamos que los espectadores que vean una heroína fuerte de la Fuerza Aérea, cuya historia está en consonancia con la de muchos de nuestros aviadores, la reciban positivamente”, dijo Fleming. 

El reclutamiento femenino no es un tema menor. El imperialismo estadounidense, preparándose alocadamente para la guerra contra Rusia, China y otros rivales, necesita nuevos y vastos suministros de forraje humano. Task & Purpose explica, “El foco en los aviadores [en Capitana Marvel] llega en un momento en que la Fuerza Aérea, como los otros servicios, está buscando la próxima generación de pilotos. La Fuerza Aérea, la Armada y la Infantería de Marina tienen una escasez de personal de un 25 por ciento, según un informe de GAO [Oficina de Responsabilidad Gubernamental] publicado este verano; la Fuerza Aérea, en particular, ha otorgado incentivos en efectivo como caramelos en un vano esfuerzo por evitar que los pilotos se marchen al sector privado. De hecho, el plan de la fuerza para aumentar su número de escuadrones en 76 y llegar a los niveles de la Guerra Fría requerirá un personal adicional de 40,000 miembros, lo que dificultará aún más las capacidades de reclutamiento del servicio. En la Academia de la Fuerza Aérea se alienta cada vez más a las cadetes a competir por los puestos de piloto para ayudar a llenar ese vacío”. 

Larson, que ha hecho todo tipo de comentarios inútiles (o peor) sobre #MeToo, presunto abuso sexual y su propio “activismo social”, como la mayoría de los ricos de Hollywood, ignora por completo el rol criminal del ejército de los EE.UU., la mayor fuente de terror y “abuso” en el planeta por un orden de magnitud de 100 veces o más. 

El heroísmo femenino en Capitana Marvel, por supuesto, ha sido recibido con aplausos. Entertainment Weekly señaló con entusiasmo que el filme “marcaría la primera vez que una mujer encabeza su propia película de superhéroes en el Universo Cinematográfico Marvel. También es la primera vez que una mujer dirigirá una película de superhéroes para Marvel Studios: Anna Boden codirigirá con Ryan Fleck, su colaborador en La última apuesta”. 

La esperanza es que Capitana Marvel haga “por las mujeres” lo que Pantera negra hizo “por los afroestadounidenses”—que es, por supuesto, nada en absoluto, excepto por una pequeña capa de prominentes ejecutivos de los estudios, escritores, intérpretes, etc. 

Captain Marvel

Este comentario de Deadline es típico: “Una fuente de las finanzas de la película cree que es bastante seguro que Capitana Marvel recaude mil millones de dólares alrededor del mundo y rompa el techo de cristal para las películas protagonizadas por mujeres en la taquilla mundial, superando los US$821.8 millones de Mujer Maravilla”. 

También es típico este titular de Vox: “¿Por qué el estatus de piedra angular de Capitana Marvel crea tanta presión para que tenga éxito?—¿Por qué Capitana Marvel representa más que solo una película de superhéroes?”. El artículo se propone responder estas preguntas importantes: “¿Qué significa una superheroína para Marvel Studios y MCU [Universo Cinematográfico Marvel]? ¿Cuáles son las conclusiones sobre el ya abrumador éxito de taquilla de Capitana Marvel? ¿Qué dice la película sobre el feminismo? ¿Qué habría pasado si hubiese fracasado? ¿Quién da forma a la conversación y narrativa que la rodean?”. 

La característica final y quizás más destacada de Capitana Marvel tiene que ver con sus escritores y directores (y, en segundo lugar, sus intérpretes: ¿qué hacen en esta basura Larson, Jude Law y el talentoso actor australiano Ben Mendelsohn, cuya actuación en La tierra de hábitos constantes elogiamos recientemente?). 

Señalamos anteriormente y en más de una ocasión la importancia objetiva de la “marcha larga” de muchos de los denominados cineastas independientes o artísticos hacia la producción de “blockbusters” vacíos. Mencionamos los ejemplos de Steven Soderbergh (La gran estafa, etc.), Alan Taylor (Terminator Génesis), los hermanos Russo (las franquicias Capitán América y Avengers), Kenneth Branagh (Thor), Christopher Nolan (Batman inicia, etc.), John Singleton (una entrega de Rápidos y furiosos), Lee Tamahori (007: Otro día para morir, una de las fantasías de James Bond), Marc Forster (otra de las películas de Bond, 007: Quantum of Solace), Sam Mendes (una más de Bond, 007: Operación Skyfall) y Patty Jenkins (Mujer Maravilla). 

A esa lista uno puede agregar los ejemplos más recientes de Jon Watts (dos películas de Spider-Man), Taika Waititi (Thor: Ragnarok), Ava DuVernay (Un viaje en el tiempo) y Ryan Coogler (Pantera negra). 

En algunos de estos casos, los realizadores habían expresado anteriormente opiniones políticas vagamente opositoras o al menos una cierta preocupación por el futuro de capas más amplias de la población. 

El incentivo de grandes cantidades de dinero es obviamente un problema. Pero la pregunta más pertinente es: ¿cuáles son las condiciones sociales e ideológicas que hacen que escritores, directores e intérpretes sean susceptibles a este “incentivo”? No es inevitable. Los artistas, incluso en los EE.UU., han repudiado tales ofertas con desprecio. Casi inevitablemente, empero, esa resistencia estuvo arraigada en concepciones políticas y sociales y una oposición de izquierda, sostenida por la confianza en los mejores instintos de la población y su voluntad de lucha. Dolorosamente, esas concepciones y esa confianza están ausentes hoy en día. 

Los directores de la espantosa Capitana Marvel, Ryan Fleck y Anna Boden, no deberían ser totalmente desconocidos para los lectores de la WSWS, aunque el contexto—el Hollywood de gran presupuesto—puede ser inesperado. Hemos reseñado dos de sus filmes en el pasado, Half Nelson (2006) y Sugar: carrera tras un sueño (2008). 

The Atlantic señala con sorpresa que Fleck y Boden “trabajaron hasta ahora en el ámbito de las películas apacibles, sensibles e independientes”. Más que simplemente “apacible” y “sensible”, Half Nelson se centra en un profesor de secundaria izquierdista que trabaja en el colegio de una zona pobre de Brooklyn. 

Vale la pena citar un artículo del New York Times en 2006 sobre la realización de Half Nelson. La película de Fleck y Boden, escribió Dennis Lim, “es una alegoría política, un filme sobre un visionario potencial que quiere cambiar el mundo pero no consigue poner su vida en orden y a menudo es su peor enemigo. No es forzado interpretarlo como un comentario sobre el estado lamentable de la izquierda estadounidense”. 

“‘Eso era más o menos consciente’, dijo el director de la película, Ryan Fleck, sobre el subtexto político”. Fleck y Boden “comenzaron a escribir Half Nelson … hace cuatro años, cuando el gobierno de Bush se preparaba para invadir Irak y el movimiento antibélico cobraba impulso. ‘Parecía que íbamos a protestas cada dos semanas’, dijo recientemente el Sr. Fleck. ‘Pero al final no tienes la energía para hacerlo todo y sientes que estás haciendo muy poco. Un gran parte de la frustración estuvo en la incapacidad de lograr un cambio significativo’. 

“El espíritu activista llega naturalmente al Sr. Fleck, quien se crió con padres socialistas en una comuna de Berkeley, California. De niño lo llevaron a mítines y protestas. En su adolescencia leyó a Noam Chomsky y Howard Zinn”. 

En una entrevista con la revista Slant, Fleck, preguntado por la religión, respondió en tono de broma, “me criaron comunista”. 

Sugar: carrera tras un sueño, de Fleck y Boden, sobre un beisbolista dominicano que juega en las ligas menores de los EE.UU., era, comentó la WSWS, “sobre la inmigración y la aculturación, el capitalismo y la explotación, la hospitalidad y la soledad”. 

Ahora, una década después, Capitana Marvel. 

El artículo del Times de 2006 citado anteriormente contenía este pasaje: 

“El Sr. Fleck dijo que esperaba que sus futuros proyectos se mantengan, aunque de manera oblicua, arraigados en un sentido de justicia social. ‘Hacer cine es una suerte de pasatiempo vano cuando, quizás, todos deberíamos estar tomando las calles’, dijo. ‘Pero parece irresponsable no tener en cuenta la política de alguna manera’. 

“El idealismo de la Srta. Boden es más moderado. ‘No tengo una percepción tan exagerada de lo que puede hacer una película’, dijo ella. ‘Pero al menos puedes tratar de no poner por ahí algo en lo que no crees’. 

“El Sr. Fleck agregó: ‘Esa es una regla que intentamos seguir, no poner basura en el mundo’”. 

Lamentablemente, ahora la pusieron.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de marzo de 2019)