Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

41. Las diez estupideces de C. Slaughter

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
27 febrero 2019

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Este es el cuadraigésimo primer de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Se negaba cualquier concepción sobre el desarrollo desigual (de donde se deriva la ley del desarrollo combinado) de la economía mundial y de la lucha de clases. Por lo tanto, la resolución que fue escrita con prisas por Slaughter durante sus pocas horas libres, planteó las siguientes afirmaciones:

1. “Las leyes objetivas de la decadencia del capitalismo operan ahora sin obstáculos. Han abierto camino” (ibid., pág. 4).

Esto solo puede significar que todos los factores subjetivos —así como la intervención consciente de la burguesía— han sido superados y la economía capitalista cae como una catarata al abismo. Sin embargo, como la historia ha demostrado y como explicó Trotsky, la burguesía no es una víctima pasiva de las “leyes objetivas de la decadencia del capitalismo” sino que interviene dentro del proceso objetivo para contrarrestar e influir en la operación de estas leyes objetivas. Es solo dentro del marco de un estudio científico abstracto —como en el primer volumen de El Capital — que podemos estudiar el movimiento abstracto, “sin obstáculos”, de las leyes objetivas de la decadencia del capitalismo. En el tercer volumen, Marx trata con las formas más complejas a través de las cuales estas leyes son mediadas en la sociedad capitalista. En la sociedad, las leyes de la decadencia capitalista operan a través de las clases, las cuales recíprocamente interceden e influyen en su operación. Es necesario solamente resaltar que las leyes más esenciales que gobiernan la decadencia del capitalismo —la tendencia de la tasa de ganancia a declinir— no operan “sin obstáculos” sino que están sujetas a una serie de factores contrapuestos, tanto de carácter objetivo como subjetivo. Por lo tanto, la cita anterior, que constituye, por decirlo así, el fundamento “teórico” de todo el documento, es algo absurdo —que se derivó del repudio total por parte del WRP de la necesidad de cualquier trabajo serio en el desarrollo de perspectivas marxistas—.

2. “Es el dominio abierto de estas leyes objetivas de la crisis histórica del capitalismo, a escala mundial, lo que caracteriza esencialmente la situación política en todos los países” (ibid.).

Esta afirmación está basada en la primera y proporcionó el puente a la siguiente conclusión política:

3. “La clase capitalista se encuentra —y esto no tiene precedentes históricos— confrontada por una clase trabajadora que a pesar del creciente desempleo masivo está viviendo experiencias revolucionarias como una clase invicta. Junto a las masivas luchas revolucionarias de los mineros británicos y de otros trabajadores europeos está la creciente resistencia de las masas en América Latina, África, Oriente Próximo y Asia, impulsadas por la misma crisis irresoluble” (ibid.).

Esto sin duda no tiene precedentes históricos, porque nunca ha existido y nunca existirá una situación como la descrita en el párrafo anterior. Todas las conexiones entre los diferentes países y sus luchas fueron establecidas solamente a través del poder del idioma inglés. De una forma verdaderamente olímpica, el profesor Slaughter llegó a decretar que el desempleo ya no era un factor significativo de las condiciones concretas en la lucha de clases dentro de cada país.

4. “La realidad es que ya se han iniciado las batallas revolucionarias decisivas” (ibid.), pág. 5).

Esta afirmación fue presentada como una verdad universal aplicable a cualquier país. Significaba que aquellos que tomaran en serio este documento debían ver en cualquier lucha, sin importar cuán aislada o pequeña, una de las batallas decisivas de la revolución —esto es, con un significado inmediato de vida o muerte—. Por lo tanto, no había diferencia esencial entre una huelga de mineros del oro en Sudáfrica, manifestaciones masivas en Haití, y huelgas que implicaban a un pequeño número de obreros en los EUA. Tal perspectiva solo podía guiar el trabajo político hacia el más salvaje y torpe aventurerismo.

5. “Cada día es un movimiento del flujo revolucionario de los acontecimientos —no se trata de algo que se está acumulando  para el futuro—” (ibid.).

Esto significaba que en todo el mundo la situación revolucionaria ya estaba en su “noveno mes”, y que el movimiento de las masas en todos los países había alcanzado su más alto nivel de desarrollo.

6. “La lucha política —en la cual la clase trabajadora y las secciones del Comité Internacional están involucradas ahora— son luchas en las que la cuestión de la toma del poder está plantead a directamente y debe ser contestada” (ibid.).

Slaughter podía escribir estas palabras y —como Trotsky advirtió acerca de los académicos de clase media— las empacó en su maletín, se olvidó de ellas y se fue para la Universidad de Bradford a la mañana siguiente. Pero para aquellos en diferentes partes del mundo que leyeron esas palabras, su significado tenía implicaciones muchísimo más serias. Mientras que a Slaughter no le costó nada más que una tarde en su escritorio redactarlas, a genuinos revolucionarios les podía costar la cabeza.

7. “Las leyes objetivas predominan y la lucha por el poder están en la agenda en cada país, ya sea en una forma de desarrollo contenida en la lucha por organizar una huelga general en Reino Unido o de alguna otra forma” (ibid.).

Esta oración estableció la igualdad de todas las formas de lucha, no solo sin tener en cuenta su nivel de desarrollo, sino también algo no menos importante para la estrategia del CICI, las fuerzas de clase que predominan dentro de ella. Con la frase “o de alguna otra forma”, se creó una igualdad política entre la lucha de diferentes estratos sociales. Todos eran tratados con el mismo peso histórico y significado dentro de la perspectiva del Comité Internacional. Por lo tanto, no se podía permitir ninguna distinción entre las manifestaciones de los agricultores de los EUA y las huelgas de los empacadores de carne de Minnesota; entre las huelgas de los trabajadores ferroviarios de la India y la ocupación del Templo Dorado por parte de los sijs; o entre las bombas del IRA en Brighton y la huelga de los mineros. Todas estas luchas fueron presentadas simplemente como “formas” de la misma esencial universal. Por lo tanto, la perspectiva histórica del CICI fue decisivamente desviada de su rumbo proletario.

El escenario de la reunión del WRP marcando el asesinato de Trotsky, 8 de agosto de 1985

8. “El proletariado de los EUA, invicto, entra en luchas de naturaleza revolucionaria simultáneamente con el resto del mundo” (ibid.), pág. 7).

Cuando se escribieron estas palabras, el nivel de huelgas en los EUA había caído a su nivel más bajo en todo el período de la posguerra por tercer año consecutivo. No se había realizado ni una sola manifestación masiva de la clase trabajadora desde 1981. La militancia de los sindicatos, bajo el impacto de las continuas traiciones de la AFL-CIO, había decaído al nivel más bajo en más de una generación. A mediados de 1985, se inició en los EUA una serie de huelgas, incluyendo la primera huelga de siderúrgicos en 25 años. Eran en su mayoría de carácter defensivo, convocadas para resistir las exigencias de recortes salariales y otras concesiones en los contratos. Ninguna era de carácter político. Sin embargo, la resolución colocaba la lucha de clases en los EUA al mismo nivel que las de Sudáfrica, Brasil o Reino Unido. Si este hubiera sido el caso, se habría repudiado la perspectiva de la lucha por la formación de un partido obrero como el primer paso para el establecimiento de la independencia política de la clase trabajadora, ya que no habría habido necesidad de esta etapa intermedia de desarrollo.

De hecho, desde 1983 el WRP estuvo presionando a la Workers League para que abandonara su exigencia de la formación de un partido obrero en los EUA. El énfasis central asumido por la Workers League fue atacado por Slaughter en su carta de diciembre de 1983 y, en febrero de 1984, sin ofrecer ninguna prueba que sustentara su arremetida. Healy alegó que la Workers League estaba transformando la demanda de la lucha por un partido obrero en una meta estratégica y por lo tanto liquidando la lucha por la construcción de la Workers League en sí. Lo que Healy y Slaughter realmente querían era forzar que la organización norteamericana abandonara su orientación proletaria y virara hacia el movimiento radical de protesta de clase media en bancarrota.

9. “La confrontación revolucionaria de clases, la lucha por el poder, el desarrollo de toda una serie interconectada, desigualmente desarrollada, pero unificada, de luchas por el poder del Estado, está ahora unida y no meramente anticipada” (ibid.), pág. 8).

Esta oración es simplemente una variación sobre el mismo tema, pero con un poco más de confusión. En aras de su espíritu teórico, Slaughter añadió —unas gotas de tinta— las palabras “desigualmente desarrolladas”. Pero una vez que se afirma que las unificadas e interconectadas luchas por el poder del Estado están ahora unidas y no meramente anticipadas, las palabras “desigualmente desarrolladas” no son más que verborrea sin sentido. De todos modos, en ningún punto se ilustró con ejemplos históricos o presentes de la lucha de clases ninguna de estas afirmaciones. Por lo tanto, Slaughter no explicó la diferencia entre una lucha por el poder del Estado “unida” y una “meramente anticipada”. No indicó cuál momento histórico marcó la transformación de la lucha anticipada por el poder estatal en una que estaba realmente unida.

Las abstracciones suprahistóricas de Slaughter, desconectadas de los desarrollos reales de la lucha de clases, no fueron simplemente el producto de su empobrecimiento teórico. La dirección del WRP necesitaba este tipo de documento precisamente porque no podía tolerar ningún análisis concreto de las experiencias estratégicas del partido y de la lucha de clases internacional durante la década anterior.

10. “Todas las tareas políticas del Comité Internacional y sus secciones surgen de este contenido revolucionario de las luchas en las que la clase trabajadora está inevitablemente involucrada” (ibid.), pág. 9).

Con estas palabras Slaughter estaba intentando tejer una red muy amplia. Aunque hablaba de “todas las tareas...”, Slaughter no elaboró ninguna, ni para el Comité Internacional, ni para una sección … ni siquiera para una sola célula. Aunque intentaron transformar los Cuadernos filosóficos de Lenin en una plataforma faccional contra el Comité Internacional, ninguno de los charlatanes antimarxistas de la dirección del WRP era capaz de un análisis dialéctico genuino. No podían entender por qué Lenin citaba esta “bella fórmula” de la Lógica de Hegel: “No meramente un universal abstracto, sino un universal que reúne en sí mismo la riqueza del particular, del individual, del singular” (Collected Works, Vol. 38, pág. 99).

Es apenas sorprendente que en las postrimerías de su ruptura con el Comité Internacional, Healy y sus clientes renegados de la WIL de Grecia invocaran la autoridad de la Resolución del Décimo Congreso. Era el tipo de documento que podía suplirle a un demagogo pequeñoburgués suficientes frases aladas como para todo un año. En su estilo y contenido, la Resolución del Décimo Congreso tenía un parecido chocante con las que preparó Pablo para el Tercer Congreso de 1951:

La situación es prerrevolucionaria en todas partes en grados diversos y orientándose hacia la revolución en un período relativamente breve (“The Building of the Revolutionary Party”, SWP International Information Bulletin, junio de 1952, pág. 35).

El documento del Décimo Congreso marcó el clímax de la campaña antiinternacionalista de la camarilla de Healy, Banda y Slaughter. El repudio de este ejercicio reaccionario de fraseología pequeñoburguesa radical fue una tarea elemental de la facción trotskista dentro del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Siete meses después de la finalización del Décimo Congreso, los delegados del Comité Internacional fueron convocados a Londres para una asamblea realizada el 17 de agosto de 1985. La reunión fue dirigida por Banda y hablaron Healy, Corin Redgrave y Dot Gibson, el tesorero del WRP. Dijeron que estaban en una seria crisis financiera causada por inesperados cobros de impuestos realizados por el gobierno. No se hizo ninguna referencia a la crisis política que azotaba al partido —la deserción de Jennings, los alegatos contra Healy y la demanda de una Comisión de Control para investigar sus actividades—. Prometiendo que pagaría todos los préstamos, el WRP recolectó 84.000 libras esterlinas en promesas. Para ese entonces, según la crisis en la dirección llegaba a su desenlace, las relaciones con el CICI se habían degenerado al grado de extorsión y robo.