Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

40. El Décimo Congreso del Comité Internacional

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
26 febrero 2019

Cap ítulo anterior | Capítulo siguiente

Este es el cuadragésimo de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó a l trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Dos acontecimientos políticos interconectados dominaron el Décimo Congreso del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en enero de 1985, aunque ninguno de los dos fue discutido. El primero fue la devastadora crisis política dentro del Workers Revolutionary Party. El segundo fue la supresión de las diferencias políticas que habían surgido dentro del Comité Internacional durante los tres años anteriores.

La degeneración política del WRP fue la médula de la crisis del Comité Internacional. La sección británica no solo había abandonado su responsabilidad de darle dirección política, teórica y organizativa al movimiento mundial; ahora era la principal fuente principal de la política revisionista y desorientación del CI. Su labor dentro del Comité Internacional se había convertido en una operación mundial de demolición. Para Healy el Comité Internacional ahora existía solo como fuente de ingresos y de prestigio político. Fuera de esas consideraciones pragmáticas, estaba opuesto a su existencia. Para Slaughter, el CI no era más que una distracción ocasional y una útil agencia de viajes para sus vacaciones de verano.

Ninguno de los principales delegados británicos al Décimo Congreso —Healy, Banda y Slaughter— tenía un conocimiento al día del movimiento obrero internacional ni de la vida cotidiana de las secciones del CI fuera de Reino Unido. Ninguno de ellos leía sistemáticamente los periódicos ni los documentos de las secciones del CI. Durante el Congreso se supo que un documento importante de los camaradas canadienses había permanecido en el escritorio de Banda durante más de un año sin haber sido leído. Por lo general, nunca contestaban las cartas de las secciones del CI y de simpatizantes de otros países. Healy, quien había mantenido una correspondencia extensa con la Workers League entre 1966 y 1974, solo le escribió dos cartas breves a David North en la década siguiente. Sin embargo, Healy les escribía regularmente a varios líderes nacionalistas burgueses de Oriente Próximo.

Desde 1975, los dirigentes del WRP redujeron a un mínimo sus visitas a las secciones internacionales. Antes de la ruptura con Wohlforth en la Workers League, Healy visitaba Canadá regularmente para poder mantener estrechos contactos con los principales miembros de la organización estadounidense. Pero después de 1974 Healy no volvió al continente norteamericano para reunirse con el Comité Central de la Workers League. Una vez en 1979, fue a Alaska para visitar a Vanessa Redgrave cuando esta estaba filmando la película mediocre Bear Island. Se había fijado una reunión con la Workers League en Toronto para cuando Healy volviera a Londres. Los norteamericanos habían pagado adelantos después de que encontraron un alojamiento apropiado. A última hora y sin ninguna explicación, Healy canceló la visita y volvió directamente a Londres.

Las relaciones con las otras secciones no eran mejores y, en algunos casos, peores. La Bund Sozialistischer Arbeiter (BSA, Liga de Obreros Socialistas), sección alemana del Comité Internacional, no recibió ninguna visita de Slaughter después de 1975. Sus dirigentes no tenían la oportunidad de conducir una práctica política sistemática en Alemania. En cambio, fueron usados para organizar, año tras año, largas marchas por Europa, que inevitablemente terminaban en concentraciones en Londres y que servían a las necesidades políticas inmediatas del WRP. La sección británica saqueó decenas de miles de marcos de las reservas de la BSA. En 1980, Healy apareció en Múnich para una exposición de imprentas y obligó a los jóvenes camaradas alemanes a comprometerse a comprar una prensa offset de bobina que costaba cientos de miles de libras esterlinas. Tuvieron que negociar préstamos masivos que inmovilizaron a esta organización, la cual se vio obligada eventualmente a cancelar el contrato por impago. El WRP, sin embargo, negoció la terminación del contrato con la compañía de imprentas y obtuvo significativas ganancias. La Comisión Internacional de Control se enteró posteriormente que Healy les había mentido a los alemanes sobre la suma del arreglo final con la compañía Solna y se quedó con 35.000 marcos (10.000 libras esterlinas).

La sección de Sri Lanka, una de las más antiguas del Comité Internacional, naciendo de la lucha contra la traición histórica del LSSP, fue visitada por última vez por un dirigente político del movimiento británico en 1972. Hubo visitas más recientes por parte de Alex Mitchell y Corin Redgrave, con predecible valor político para la Revolutionary Communist League (RCL, Liga Comunista Revolucionaria) de Sri Lanka. Las cartas de los dirigentes de la RCL frecuentemente no eran contestadas y no se les informó de la labor del CI ni de la mayoría de sus reuniones. Para el WRP, los recursos limitados de los trotskistas de Sri Lanka no justificaban gastar tiempo.

La sección de Australia recibió dos visitas en una década —sin contar la gira teatral de Vanessa Redgrave en 1982, que fue muy lucrativa para el WRP pero que casi quiebra a la Socialist Labour League (SLL, Liga Obrera Socialista). Lo que es más, la gira de Redgrave envenenó las relaciones entre la sección australiana y la comunidad árabe, ya que muchos la vieron como una oportunista que se aprovechó de la causa palestina para recolectar dinero.

Se destruyeron secciones prometedoras en otros países. Un grupo de miembros portugueses que había establecido relaciones con el CICI durante la revolución de abril de 1974 desapareció sin ninguna explicación. La sección española, que tras la muerte de Franco llegó a tener varias docenas de miembros activos, para 1985 había quedado reducida a tres miembros activos. El grupo de Irlanda simplemente fue abandonado. La actitud de Healy hacia la reconstrucción de un movimiento en Francia no fue menos criminal. Se instruyó a una camarada dedicada a que empleara todo su tiempo en Francia administrando una pequeña empresa, supuestamente para establecer una base firme para la construcción de una sección. Esa labor era supervisada directamente por Healy y no se podía discutir en el CICI.

Los camaradas jóvenes de las distintas secciones que mostraban promesa eran mandados a Londres para ser integrados en el aparato de Healy. Permanecían años allí. Más aún, sus actividades generalmente eran de carácter técnico y apolítico. Cuando por fin regresaban a sus secciones —generalmente después de haber sido denunciados por Healy por ofensas imaginarias— estos camaradas quedaban desorientados políticamente y la mayoría abandonaba el movimiento revolucionario.

Esa horrible práctica organizativa era inseparable del sabotaje político que llevaba a cabo la dirección de Healy, Banda y Slaughter. Actuando como una camarilla dentro del CI —nunca estaban en desacuerdo durante las reuniones del Comité Internacional—, en algunos casos hacían caso omiso a las interrogantes planteadas por las distintas secciones y en otros intervenían a propósito en la labor de estas para imponer líneas políticas desastrosas.

La línea ultraizquierdista desarrollada por el WRP en 1975 fue impuesta a las otras secciones de Europa y Australia donde existían partidos socialdemócratas. La demanda de derrocar a los gobiernos laboristas y socialdemócratas se convirtió en una estrategia universal con un impacto catastrófico para esas secciones. Esa política casi destruye a la BSA cuando el proletariado alemán demostró su hostilidad a esas tonterías ultraizquierdistas. La imposición de esa misma línea produjo cierta desorientación política dentro de la SLL australiana.

Hay que mencionar especialmente el papel de Banda —el autodenominado experto sobre la teoría de la revolución permanente— en socavar el trabajo de los camaradas de Sri Lanka. En 1972, Banda les dijo que su posición de apoyo al derecho a la autodeterminación de la nación tamil era un error y había que corregirla. En 1977, después de que el movimiento de liberación nacional tamil atrajera un apoyo masivo y estableciera su legitimidad, la posición anterior de la RCL quedó demostrada. Banda entonces sugirió que la RCL cambiara de línea. Sin embargo, cuando emergió una tendencia chauvinista procingalesa en la RCL que se oponía a esa corrección necesaria y tardía, Banda se alineó con la minoría derechista contra la dirección de la RCL. Antes del Décimo Congreso del CI, la RCL presentó un extenso documento de perspectivas basado en la teoría de la revolución permanente. Banda denunció a los camaradas de la RCL por haberlo cargado con un documento de 50 páginas —preguntándoles sarcásticamente si ellos pensaban que estaban preparando una tesis doctoral— y se negó a hacerlo circular entre los delegados internacionales.

Después del Séptimo Congreso en 1977 —la última reunión del CI que abordó del todo los problemas de perspectivas internacionales—, la discusión política con los ingleses se hizo casi imposible. A partir del Octavo Congreso en 1979, cada reunión importante del CI fue convertida en una ocasión para provocaciones desleales montadas por Healy, asistido por Banda y Slaughter. Esas provocaciones tenían el fin de impedir toda discusión sobre documentos políticos y sobre la labor práctica de las secciones, así como de silenciar toda crítica del trabajo del WRP que podría estar fermentando en el CI. Pequeños incidentes sin significado político se exageraban para demostrar que una u otra sección era “hostil” al WRP. Analizando esas experiencias, es posible vincularlas a un intento claro de sabotear toda discusión política dentro del CI. El mismo Healy no tenía ningún interés en las cuestiones políticas fuera de Reino Unido. Más allá de raras excepciones cuando buscaba un pretexto para lanzar un ataque faccioso, este no leía los periódicos de las otras secciones.

La actitud de la dirección del WRP hacia el Comité Internacional estaba dominada por un chauvinismo casi increíble que controlaba todos los aspectos de sus tratos con otras secciones. Explotando la autoridad política, basada en su papel en la lucha contra el pablismo en los años sesenta, conscientemente subordinaron toda la labor del movimiento internacional a las necesidades prácticas inmediatas de la sección británica. Su propia participación en la vida interna del CI tenía un carácter privilegiado y excepcional. No preparaban informes políticos sobre su propia actividad. Mentían sobre la verdadera naturaleza de sus relaciones con la burguesía árabe y las escondían. Cuando asistían a las reuniones del CI, sus delegados iban y venían a su antojo. Solo hablaban a fondo sobre sus asombrosos logros organizativos —ventas de 17.000 ejemplares diarios del News Line, una militancia de casi 10.000 personas y muchísimos recursos. El secreto de su éxito, según ellos, lo resumían con la frase “sabemos construir”; cosa que contraponían a los problemas de todas las otras secciones. La inexperiencia de las secciones hizo que tomara un poco de tiempo, pero el CI finalmente averiguó lo que Healy construía —¡un chiquero centrista!

Hay que decir que la degeneración política del WRP en los años setenta había creado una situación que hacía imposible que se desarrollara el CI políticamente como una organización homogénea. Ninguna de las secciones formadas después de 1973 entró en el CI en base a un acuerdo genuino de principios. Las secciones del CI no funcionaban en base a un programa internacional común. De 1975 en adelante, Healy actuó deliberadamente en el CI para impedir una clarificación internacional genuina. Cuando aparecían diferencias, se las resolvía burocráticamente. En Grecia, los dirigentes que plantearon diferencias políticas —aunque incorrectas— fueron expulsados a través de acusaciones organizativas falsas. El dirigente que reemplazó a D. Toubanis también fue expulsado y también sin ninguna discusión sobre sus diferencias en el CI. Savas Michael fue el producto desgraciado de ese proceso, mejor descrito como supervivencia de los menos aptos. Más tarde, como ya explicamos, Healy y S. Michael elaboraron una línea internacional sobre el régimen iraní que contradecía directamente la posición programática oficial del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. La dirección del movimiento español, que se había desarrollado durante el período de clandestinidad, también fue expulsada cuando las diferencias fueron totalmente exageradas. En ese caso la maniobra estaba relacionada con los asuntos personales sórdidos de Healy.

Después de la escisión, Healy y su socio Michael trataron de retratar la oposición en el Comité Internacional como una rebelión ilegal contra las decisiones del Décimo Congreso —en la misma forma en que Pablo denunció “La carta abierta” de Cannon como un ataque contra “el histórico Tercer Congreso”. Michael de la Liga Obrera Internacionalista y E. Romero del grupo español emitieron un “comunicado conjunto” en el que justificaban su negativa a asistir a una reunión del CI organizada en base a los estatutos, declarando “nuestra lealtad al Décimo Congreso Mundial del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, porque es el cuerpo más alto del CI, y a sus medidas y resoluciones que solo puede cambiar otro congreso”. Exigeron que:

el camarada Healy, como dirigente histórico de este movimiento y líder del Décimo Congreso Mundial, y también como el luchador más sobresaliente por sus perspectivas, convoque una reunión de emergencia del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Nosotros no reconoceremos ninguna otra reunión de facciones convocada fraudulentamente en nombre del CI.

La historia no podía darle a Healy ningún castigo peor que ser recordado como el “luchador más sobresaliente” por las perspectivas del Décimo Congreso —que fue, sin duda, el documento más miserable de toda la historia del CI. En comparación, el Programa del Sexto Congreso del Comintern sería casi una obra maestra del marxismo.

La genealogía de ese documento no era auspiciosa. Originalmente fue escrito por Slaughter para la discusión en una reunión del CI en febrero de 1984, donde fue denunciado por la Workers League. Una sección adicional —que supuestamente trataba de la situación mundial— fue añadida para el Séptimo Congreso del WRP, que lo aprobó antes de que se realizara el Décimo Congreso del CI.

El documento es un monumento vivo a la supresión de toda discusión política dentro del CI por parte de Healy, Banda y Slaughter. Aunque el congreso previo del CI había ocurrido en febrero de 1981, el documento no podía discutir ninguno de los acontecimientos principales de la situación política y económica mundial de los cuatro años anteriores. Las experiencias estratégicas de la lucha de clases internacional y del CI y sus secciones no fueron mencionadas. Entre febrero de 1981 y enero de 1985 hubo tres guerras importantes: la invasión israelí del Líbano, la guerra de las Malvinas y la continua conflagración entre Irán e Irak. El subcontinente indio atravesaba un periodo de gran turbulencia; había ocurrido el asesinato de Gandhi y la crisis del Punjab; las masacres sangrientas en Sri Lanka y la expansión de la lucha tamil por la autodeterminación; una serie de golpes en Bangladesh y manifestaciones de masas en Pakistán.

En África había ocurrido un golpe en Nigeria, la intervención imperialista en Chad y, sobre todo, la expansión masiva del movimiento revolucionario en Sudáfrica. En América Latina y el Caribe, se derrumbó la junta argentina, la llegada al poder de un gobierno civil en Brasil, el crecimiento del movimiento guerrillero peruano, Sendero Luminoso, la invasión yanqui de Granada, y amenazas constantes de agresión imperialista contra Nicaragua. En Europa, el PASOK seguía en el poder en Grecia y el Partido Socialista había triunfado en las elecciones francesas, pero en los otros países del mercado común europeo predominaba la tendencia de regímenes de centroderecha.

En Australia y Nueva Zelandia los laboristas volvieron al poder, en Filipinas el asesinato de Aquino dio paso a la agonía final del gobierno de Marcos.

La crisis del estalinismo en la URSS y en Europa del Este cobró gran envergadura con la supresión de Solidaridad y con la constante crisis de dirección en la burocracia soviética, mientras la guerra de Afganistán continuaba. En China, la dirigencia postmaoísta continuaba sus medidas económicas derechistas y firmó un acuerdo prometiendo mantener el capitalismo en Hong Kong.

En Norteamérica, los conservadores asumieron el poder en Canadá y Reagan fue reelegido.

Por último, pero no menos importante, ocurrió la huelga de los mineros británicos.

Casi ninguno de estos acontecimientos fue mencionado. Los que sí lo fueron, recibieron a lo sumo una oración. Ningún acontecimiento político fue analizado concretamente —ni siquiera en aquellos países donde existían secciones del CI. La parte del documento sobre la situación objetiva mundial era poco menos de nueve pequeñas páginas con generalidades, trivialidades, banalidades y crudos errores teóricos.

La tesis central del documento era que existía en el planeta una situación revolucionaria universal y uniforme:

que se nota sobre todo en el hecho de que la clase trabajadora y todas las masas oprimidas han entrado en un curso de luchas contra el Estado capitalista, bajo condiciones en las que la necesidad de la toma revolucionaria del poder estatal confronta a las masas todos los días. Desde el proletariado de los países capitalistas europeos hasta los obreros de los Estados Unidos; desde las masas latinoamericanas hasta las del sudeste asiático, se ha establecido ese nivel común de lucha de clases revolucionaria ( Resolución sobre perspectivas internacionales, pág. 1).

Ese “análisis” no se estableció en base a un estudio específico o concreto de la lucha de clases de ningún continente. En cambio, se apoyaba en aún más alegatos basados en referencias abstractas al “desarrollo necesario de las leyes objetivas de las contradicciones históricas acumuladas del sistema capitalista mundial” ( ibid ., pág. 2).

Prescindió de cualquier análisis concreto de la crisis económica, basado en un examen serio del comercio mundial, la producción industrial, los niveles de empleo, el impacto de los desarrollos tecnológicos, etc. En cambio, la resolución simplemente decía que las contradicciones económicas “han roto la ‘represa’ de Bretton Woods con una fuerza irreprimible y esa represa no puede reconstruirse. Esa es la clave de la situación internacional y el contenido de la lucha política de todos los países” ( ibid ., pág. 3).