Prazdnik (Día de Fiesta): filme sobre la desigualdad social en Rusia atrae un enorme público

por Clara Weiss
23 febrero 2019

Escrita y dirigida por Alexey Krasovsky

Prazdnik es una película escrita y dirigida por Alexey Krasovsky que encara de frente la desigualdad social de la antigua Unión Soviética y de la Rusia contemporánea. Más de un millón y medio ya la han visto a través de YouTube. Los creadores del film tuvieron que escoger esa plataforma como consecuencia de una campaña del Estado que impidió su presentación en salas de cine.

Prazdnik

La película toma lugar durante el sitio nazi de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, en el invierno de fines de 1941 y principios de 1942. Ese sitio, que duró 999 días y fue el más largo en la historia moderna, causó una terrible hambruna que acabó con la vida de más de un millón de personas. Ese sufrimiento sigue siendo una importante parte de la consciencia histórica del pueblo ruso.

En vivo contraste con ese sufrimiento, Prazdnik, se concentra en la familia Voskresenksy, que goza del privilegio de alimentos sin límite. Georgy (Yan Tsapnik), el jefe de la familia, trabaja para el partido gobernante en un laboratorio, supuestamente inventando un arma secreta para combatir a las tropas alemanas. El mismo Stalin se encarga de que tengan comida los Voskresensky, quienes viven en las afuera de la sitiada ciudad; tienen abrigos de piel y comen pollo. En cambio, la mayoría de los habitantes apenas consigue un pedazo de pan diario.

Denis (Pavel Tabakov), el hijo, incomoda la celebración familiar de Noche Buena (la fiesta más importante en Rusia) cuando se presenta con Masha (Asya Chistyakova), una muchacha pobre que no ha comido ni un trozo de pan desde hace varios días, para disfrutar de la celebración en familia. Muy enfadada por la presencia de Masha, Margarita (Alyona Babenko), esposa y madre de la familia Voskresensky, se desespera en esconder todo lo que pueda de los alimentos y ropas familiares.

Feroz es la representación satírica de los padres, particularmente de la madre. Se los representa de hipócritas, cínicos y cobardes, gente obsesionada con su confort personal, totalmente desconectada de las preocupaciones y vida de otra gente. Aunque se sienten completamente con derecho a sus privilegios, temen ser descubiertos y convertirse en objeto de la venganza de los otros.

En la película, la tensión social crece durante casi una hora, hasta explotar durante la cena.

Masha le pregunta a Margarita; “¿Así que el camarada Stalin les manda sus alimentos directamente?” “Sí Mashenka… ¿Se supone que nos muramos de hambre al igual que todos ustedes?” “Aun así, podrían compartir con la otra gente” [Margarita se ríe histéricamente] “¿Compartir?, ¿Cómo? ¿Qué daríamos? ¿Con que nos quedaríamos? Bien, le daría algo a los niños; sólo serviría para que ellos trajeran a sus padres. En dos días toda la ciudad estaría a nuestras puertas… ¿Sábes por qué tenemos tanto? Porque el Estado nos considera valiosos. Nos cuida. ¿Qué amor mereces tú? ¿Qué le has dado al mundo?... Sí, siento pena por ti, por ti, por tus padres, por todos los infelices del mundo; desgraciadamente no alcanza el pan para todos ellos”. Responde una Masha agotada: “Alcanzaría, si fuera dividido a partes iguales”.

La familia celebra en Prazdnik

Prazdnik dura poco más de una hora, pero deja una duradera impresión. Es una emotiva condena de la enorme división que social que existía en la Unión Soviética y que ahora existe en la Rusia actual; esa opinión es compartida por todos los que han visto el film.

En lo que cabe a la distribución de riquezas, Rusia es la más desigual de todas las principales economías del mundo. El uno por ciento más rico es dueño de un tercio de toda la riqueza. El cincuenta por ciento de abajo es dueño de menos del cinco por ciento de la riqueza. De una población de 140 millones, unos veinte millones viven en la pobreza extrema, existiendo paupérrimamente con menos de 175 dólares mensuales; al mismo tiempo los megarricos del país protegen sus enormes mansiones, en los adinerados suburbios de Moscú y otros lugares, escondiéndolas tras altos muros de las miradas de resto de la gente.

No sorprende, por lo tanto, que Prazdnik haya provocado reacciones casi histéricas de parte del gobierno ruso y de los medios de difusión. En el otoño del 2018 se lanzó una campaña sistemática para impedir la distribución del film. Un dirigente del partido Rusia Unida amenazó con prohibir la película. La prensa intento desacreditarla, supuestamente por ser un insulto a las víctimas del sitio de Leningrado.

Se han lanzado investigaciones criminales contra el director y el productor de la cinta, por “terrorismo y extremismo” (ese caso eventualmente fue abandonado), y una denuncia que la película fue producida con dinero de fuentes ilegales (investigación continuaba este 22 de enero). No les quedó otra opción a los cineastas que presentar el film al público mediante YouTube .

La reacción pública ha sido tremendamente positiva.

Alguién comentó que “esta película es alegórica al régimen actual, donde las autoridades estatales… compiten entre sí con sus yachts, automóviles y villas; los lujos las enloquecen mientras el resto de la población se aprieta sus cinturones, obligada a ahorrar para las más básicas necesidades, incluyendo comida y ropa, a trabajar sin descanso hasta la muerte para poder alimentarse y a escuchar cuentos de hadas sobre lo importante que es el gasto público en toda tipo de negociados para defendernos de todos los enemigos”.

Otro comentó: “Este film es muy contemporáneo. La actual élite de poder está compuesta de oficiales del partido y de miembros del Komsomol (club de jóvenes del partido)”.

Aleksei Krasovsky, el director y guionista de la película señaló en una entrevista que ese es el mensaje preciso que trata de representar en la película.

Prazdnik es un film muy importante y la favorable reacción refleja importantes cambios en la vida política y social rusa. Junto con Arrítmia, la fantastica película de Boris Khlebnikov (2017), sobre la grave crisis del sistema sanitario ruso, esta nueva obra demuestra que a los artistas serios de Rusia les preocupa la crisis social y las vidas del pueblo trabajador.

Sin embargo, esa misma seriedad de la película y el sano impulso de los cineastas demandan un análisis crítico de sus ideas subyacentes. Prazdnik, a través de sus implícitas comparaciones con Leningrado durante la segunda guerra mundial, repite el mensaje de muchas bromas y dichos populares, que en Rusia nada nunca cambia para la gente común. No importa quien mande, la gente siempre estará oprimida y paupérrima.

Krasovsky explica en una entrevista: “Deseaba hablar de cómo ocurrió esa segregación entre los ricos (muchos de los cuales son ricos injustamente e inmerecidamente) y el resto de la sociedad. ¿Por dónde empezar?” Gente rica que no presta ninguna atención al sufrimiento, continua, “existían en ese entonces, existen ahora y temo que siempre existirán”.

Ese punto de vista pesimista expresa una gran confusión sobre la Revolución de Octubre y la Unión Soviética. Auque sea verdad que existe una relación particular entre la actual oligarquía parasítica y la burocracia soviética, una comparación meramente formal entre esos dos fenómenos ignora las diferencias esenciales entre los orígenes sociales e históricos de la Unión Soviética y los de la actual Federación Rusa.

La Unión Soviética fue el producto de la revolución más grande y más progresiva de la historia humana: La Revolución de octubre 1917, dirigida por los bolcheviques. Establecida en base al programa de internacionalismo e igualdad social, la URSS fue una tremenda hazaña de la clase obrera internacional. Sin embargo, el aislamiento de la Revolución Rusa, combinado con el retraso y la pobreza de ese país, pronto crearon las condiciones para que naciera la burocracia, con Stalin como su representante central. Esa capa social gozaba de enormes privilegios en comparación con la clase obrera. Hacia 1923 y 1924, la nueva burocracia comienza a apoyar un programa nacionalista de “socialismo en un solo país”, que contradice totalmente el programa de revolución socialista mundial, el fundamento de la toma del poder por la clase trabajadora.

El régimen de terror de los años 1930, cuando Stalin asesina a casi toda la generación de marxistas revolucionarios que habían hecho la revolución, incluyendo a treinta mil trotskistas y, en 1940, también a León Trotsky, delata el repudio de la burocracia contrarrevolucionaria a la Revolución de Octubre.

Sin embargo, millones de obreros y campesinos permanecieron fieles a la Revolución de Octubre y al Estado soviético, a pesar de los enormes crímenes del estalinismo. Es por eso que las masas estuvieron preparadas a aguantar una escasez tan enorme durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo el sitio de Leningrado, y a luchar por la defensa de la URSS contra el asalto nazi, pagando un precio extraordinario. Se estima que el número de víctimas soviéticas en esta guerra fue entre veintisiete y cuarenta millones de personas.

Es imposible considerar la relación entre la burocracia soviética y la oligarquía actual, sin tener en cuenta la traición estalinista de la Revolución de Octubre. Como analiza León Trotsky en La Revoluci ón Traicionada, la burocracia nunca fue una clase de poder; fue una casta parasítica, le robó a la clase obrera el control sobre el Estado soviético. A diferencia de una clase, la burocracia nunca jugó un rol independiente en el proceso de producción. Poseía, dice Trotsky en 1939, “todos los vicios de las antiguas clases de poder, careciendo de su misión histórica”.

Como casta parasítica, que teme más que nada a la clase obrera, la burocracia se ve obligada a un sinfín de embustes sobre la Revolución de Octubre. Desesperadamente intenta esconder sus privilegios. Su metamorfosis en clase de poder eventualmente requeriría de la destrucción de la Unión Soviética en 1991 y la restauración del capitalismo.

El resultado final de esa transformación fue la creación de la Federación Rusa y el nacimiento de la oligarquía. No cabe duda que en la Unión Soviética existía desigualdad social; muchas investigaciones demuestran que luego de la restauración capitalista esa desigualdad llegó a niveles nunca antes vistos en la historia.

La oligarquía nace de la burocracia estalinista. Al mismo tiempo sigue las tradiciones de la odiada burguesía derrocada en 1917 por la clase obrera y las masas campesinas; cosa que también explica la singular ideología de la oligarquía rusa, que a la misma vez glorifica los crímenes de Stalin y honra al régimen zarista. Es una clase históricamente putrefacta y destinada a ser derrotada, empapada de sangre y crímenes y comandando una sociedad capitalista brutal.

Históricamente, fundamenta ideas derechistas y anticomunistas el poner un signo de igual entre la Unión Soviética y las sociedades capitalistas. Generalmente es algo conectado a la noción de la Unión Soviética como “capitalista de estado”. Es de desear que estos cineastas eviten encarrilarse en esa dirección.

En verdad es un acontecimiento positivo su apasionado repudio de la desigualdad social, en Rusia y el resto del mundo. Sin embargo, tanto la lucha real contra la desigualdad social, como su análisis más profundo en obras culturales, requieren un serio estudio de la historia de la Revolución de Octubre y de las luchas del movimiento trotskista contra el estalinismo.

Vea Prasdnik, haciendo clic en YouTube. Está subtitulada en chino, inglés, italiano, polaco y ruso.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de febrero de 2019)