Comandante estadounidense dice que el Pentágono está dispuesto a intervenir para defender la embajada en Venezuela

por Bill Van Auken
9 febrero 2019

En medio de las crecientes tensiones generadas por el golpe apoyado por Estados Unidos en Venezuela, el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM, siglas en inglés), responsable de las operaciones del Pentágono en América Latina y el Caribe, dijo a un panel del Senado que el ejército de Estados Unidos está preparado para intervenir en defensa de la embajada estadounidense en Caracas.

El pretexto falso de defender al personal estadounidense de las supuestas amenazas se utilizó como justificación en las dos últimas invasiones militares importantes, llevadas a cabo por el imperialismo estadounidense en el hemisferio: Granada en 1983 y Panamá en 1989.

El comandante de SOUTHCOM, el almirante Craig Faller, quien compareció ante el Comité de Servicios Armados del Senado junto con su homólogo de AFRICOM, el General de Marina Thomas Waldhauser, dejó en claro la participación activa del ejército de los EE UU en la operación en curso de cambio de régimen en Venezuela, iniciada el 23 de enero con el auto-juramento como "presidente interino" coordinado por Estados Unidos, por parte de Juan Guaidó, un legislador de extrema derecha anteriormente virtualmente desconocido. Washington lo reconoció de inmediato como jefe de Estado de Venezuela, declarando al gobierno del presidente Nicolás Maduro como ilegítimo. Varios gobiernos latinoamericanos de derecha, las principales potencias europeas y Canadá hicieron lo mismo.

"Creemos que la población está lista para un nuevo líder", dijo el almirante al panel del Senado, en el que tanto los demócratas como los republicanos expresaron su apoyo al intento de la administración Trump de derrocar al gobierno venezolano.

Presionado por los senadores sobre el estado del ejército venezolano, al que Washington apela incesantemente al cambio de régimen consumado mediante un golpe armado, Faller describió al ejército del país como "una fuerza degradada, pero sigue siendo una fuerza que permanece leal a Maduro". Prometió proporcionar más información durante una sesión a puerta cerrada sobre los esfuerzos de los EE UU para ganar secciones del comando militar para la operación de cambio de régimen.

El almirante vinculó el impulso estadounidense de expulsar al gobierno de Maduro a la estrategia de seguridad global del Pentágono de prepararse para los conflictos de "gran poder" con China y Rusia, ambos con armas nucleares.

"Rusia y China están expandiendo su influencia en el hemisferio occidental, a menudo a expensas de los intereses de Estados Unidos", dijo al comité. “Ambos permiten —y están habilitados por— acciones en Venezuela, Nicaragua y Cuba que amenazan la seguridad y la prosperidad del hemisferio, y las acciones de esos tres Estados, a su vez, dañan la estabilidad y el progreso democrático en toda la región. Como principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo, las actividades de Irán en la región también son preocupantes".

Acusando a China de “prácticas de préstamos predatorios” al otorgar al menos $150 mil millones de dólares en préstamos a países del hemisferio, expresó su preocupación de que Beijing pueda usar el control sobre los puertos de aguas profundas y de la infraestructura clave asociada con el Canal de Panamá para “mejorar su postura operativa global."

En un momento más sincero durante el interrogatorio del panel, el almirante declaró: "Es difícil vencer algo sin nada", reconociendo que la inversión de China en la región supera a la de Estados Unidos.

Faller también señaló el reciente vuelo a Venezuela de dos bombarderos rusos con capacidad nuclear, y dijo que estaba "destinado a ser una demostración de apoyo al régimen de Maduro y una demostración de fuerza a los Estados Unidos".

"Mientras aumentan las tensiones con Rusia en Europa", agregó, "Moscú puede aprovechar estos socios regionales para mantener las opciones asimétricas, para incluir el despliegue de personal militar o recursos".

El testimonio del almirante, que incluyo un llamado a una mayor financiación y más fuerzas para las operaciones militares de Estados Unidos en el hemisferio, dejó en claro que Washington ve a América Latina como un campo de batalla en una próxima guerra mundial, y está decidido a afirmar su hegemonía sobre la región a través de las operaciones de cambio de régimen y las invasiones militares absolutas.

Venezuela es el objetivo principal de esta campaña por una buena razón. Se encuentra en la cima de las mayores reservas de petróleo en la faz de la tierra, y el imperialismo estadounidense está decidido a arrebatar el control de estos vastos recursos para los conglomerados de energía de los Estados Unidos y negarlos a Rusia y China, quienes han otorgado préstamos y han hecho importantes inversiones en la petrolera estatal de Venezuela, PDVSA. A principios de esta semana, Guaidó emitió su "Plan de País" para Venezuela, dejando claro que lanzaría la industria petrolera de Venezuela, nacionalizada hace más de cuatro décadas, al control de empresas estadounidenses.

El almirante Faller anunció que viajará a Brasil el domingo para reunirse con el oficial militar del recientemente instalado gobierno del excapitán de ejército fascistizante, Jair Bolsonaro, que está colaborando con Washington en el golpe de Estado en Venezuela.

Se supone que Brasil debe ser uno de los puntos de entrada para la "ayuda humanitaria" organizada por Washington en un intento por provocar un enfrentamiento en las fronteras de Venezuela y provocar una revuelta en el ejército del país.

La embajada estadounidense en Bogotá anunció el jueves que los primeros camiones que transportaban suministros de ayuda llegaron a la ciudad fronteriza Colombiana de Cúcuta. La oposición de derecha de Washington y Venezuela bajo el liderazgo de Guaidó exige que el gobierno venezolano abra sus fronteras a un "corredor humanitario" que será operado conjuntamente por los Estados Unidos y el gobierno paralelo de Guaidó.

La postura estadounidense de preocupación por el sufrimiento de la clase trabajadora venezolana como resultado de la prolongada crisis económica del país y las políticas del gobierno de Maduro, que ha defendido los intereses del capital financiero extranjero y nacional a expensas de las masas, es absolutamente cínico.

La pequeña cantidad de ayuda que propone entregar no hará nada para revertir la crisis del país, que se ha profundizado drásticamente por el bloqueo financiero impuesto por Washington en 2017, seguido de lo que equivale a un bloqueo, de las exportaciones petroleras venezolanas impuestas en conjunto con el intento de golpe de Estado en curso.

La llegada de camiones a Cúcuta ha recibido una amplia cobertura por parte de los medios corporativos occidentales y estadounidenses, ansiosos por proporcionar propaganda para la operación de cambio de régimen al retratar a un despiadado Maduro que se niega a abrir las fronteras de Venezuela a las maquinaciones beneficiosas del imperialismo estadounidense.

A principios de esta semana, Trump reiteró que la intervención militar directa de EE UU sigue "sobre la mesa" para imponer los esfuerzos "humanitarios" de EE UU al país por la fuerza.

Otros altos funcionarios de la administración han aumentado las amenazas de intervención. El secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, hizo la absurda acusación en Fox News el jueves de que Venezuela alberga "células activas" del movimiento chií libanés Hezbolá y que "los iraníes están afectando al pueblo de Venezuela y de toda América del Sur".

Dada esta presencia de Hezbolá e Irán en Venezuela, que es una fantasía soñada por los elementos más derechistas del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos, Pompeo insistió: "Tenemos la obligación de reducir ese riesgo para Estados Unidos".

El mismo día, Elliot Abrams, el veterano criminal de guerra que se desempeñó como el principal defensor de los Estados Unidos de las dictaduras en El Salvador y Guatemala mientras llevaron a cabo guerras casi genocidas contra su propio pueblo y posteriormente fueron condenados en relación con la operación ilegal de financiar el ejército terrorista "contra" organizado por la CIA desatado en Nicaragua, dio una conferencia de prensa en el Departamento de Estado exigiendo que Maduro se fuera de Venezuela y rechazando cualquier diálogo o negociación sobre la crisis orquestada por Washington.

Un periodista que intentó interrogar a Abrams sobre su pasado sangriento fue silenciado repetidamente por el portavoz del Departamento de Estado.

El rechazo de Abrams de cualquier negociación fue repetido por Guaidó, quien aprobó una medida en la Asamblea Nacional de Venezuela rechazando cualquier diálogo que "prolongara el sufrimiento de la gente" y le dijo al periódico uruguayo El País que no participaría en ninguna conversación con Maduro. En la misma entrevista, Guaidó insistió en que una intervención militar extranjera para forzar la "ayuda humanitaria" a través de la frontera de Venezuela sería perfectamente legal.

Las declaraciones de Abrams y Guaidó se presentaron mientras un grupo de gobiernos latinoamericanos y europeos convocaron la apertura en Montevideo de un "Grupo de contacto" con el propósito de promover una solución pacífica de la crisis venezolana evitando una guerra civil o intervención militar extranjera.

Los organizadores principales de la conferencia fueron los gobiernos de Uruguay y México, con la participación de Ecuador, Bolivia y Costa Rica, junto con la Unión Europea (UE) y los gobiernos de España, Italia, Portugal, Suecia, Francia, el Reino Unido, Alemania y Holanda.

Federica Mogherini, el representante de relaciones exteriores de la UE, dejó en claro que las potencias europeas siguen apoyando el cambio de régimen, insistiendo que cualquier diálogo produzca elecciones nuevas y rápidas para reemplazar al gobierno de Maduro.

El presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, inauguró la conferencia diciendo que su propósito era "facilitar" una resolución pacífica de la crisis venezolana "sin intervención" desde el exterior. "La principal pregunta que se plantea en Venezuela es la de la paz o la guerra", dijo, y pidió que "la prudencia de la comunidad internacional prevalezca".

El rechazo de Washington a cualquier mediación de este tipo, y el propio apoyo de los imperialistas europeos al cambio de régimen como un medio para competir en la lucha por el petróleo de Venezuela, hacen que esos llamamientos a la "prudencia" sean completamente vacíos e inútiles. Si se quiere evitar una guerra por el petróleo venezolano, con el potencial de extenderse a un conflicto regional e incluso mundial, será solo mediante la intervención de la clase obrera en América Latina e internacionalmente.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de febrero de 2019)