Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

9. El Cuarto Congreso de marzo de 1979

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
17 enero 2019

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Este es el noveno de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó a l trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

La política adoptada en el Cuarto Congreso del WRP fue la culminación de cuatro años de estupideces ultraizquierdistas que habían hecho pedazos a las bases del partido en los sindicatos y el movimiento obrero. Mientras se reunían los delegados, la burguesía británica, conmovida por la ofensiva del “Invierno del Descontento” y convencida de que el gobierno de Callaghan había perdido el control de la situación, estaba preparando un golpe en el Parlamento para echar a los socialdemócratas e instalar el gobierno conservador más derechista del período de la posguerra. El Cuarto Congreso no tomó ninguna nota de estos acontecimientos. En vez de ello, Healy y Banda presentaron un documento que glorificaba la campaña frenética del WRP para hacer caer al gobierno laborista.

Partes extensas de las perspectivas del Cuarto Congreso estaban dedicadas a justificar la línea del partido desde 1975. Estas reproducían casi virtualmente todos los errores que Trotsky había analizado en el período 1931-32 durante la lucha contra el “tercer período” estalinista.

El documento decía:

Los dirigentes laboristas ya no se basan en la clase trabajadora. El gobierno lleva ya casi tres años gobernando sin el consentimiento de la clase trabajadora, sino en base a los elementos más reaccionarios de los partidos conservador, liberal, nacionalista escocés y el unionista del Ulster y, en el exterior, con el respaldo de los banqueros europeos y estadounidenses. …La continuación de este caduco gobierno laborista representa grandes peligros para la clase trabajadora porque oculta las conspiraciones de las fuerzas armadas, la policía y los derechistas (“The World Political and Economic Crisis, the Building of the Workers Revolutionary Party and the Struggle for Power”, págs. 29-30).

Cada frase desenmascaraba la total desorientación de la dirección del WRP. El decir que la socialdemocracia no se apoya en la clase trabajadora era negar sus orígenes históricos e ignorar su función política específica. En Reino Unido, más que en ningún otro país de Europa, la socialdemocracia es creación del movimiento sindical. Los marxistas reconocen desde hace mucho tiempo el hecho de que los líderes del Partido Laborista actúan como agentes políticos de la clase gobernante y por esta razón es científicamente definido como un partido obrero burgués. El valor de este concepto es que expone tanto la contradicción que domina la vida política de la clase trabajadora como el camino a seguir para los revolucionarios en la lucha por separar a las masas del Partido Laborista. Al afirmar simplemente que el Partido Laborista se apoyaba en los conservadores, el WRP ignoraba la esencia de la materia, es decir, la dependencia de la burguesía en los laboristas, poniendo al revés la realidad política y, como resultado, invirtiendo las tácticas del partido cabeza abajo.

En menos de tres semanas, precisamente porque habían perdido toda la confianza en la habilidad del Partido Laborista para contener a la clase trabajadora, los conservadores introdujeron una moción de censura para forzar la convocatoria de nuevas elecciones. Pero el Cuarto Congreso proclamaba jovialmente:

Solo una lucha resuelta de la clase trabajadora dirigida por el Workers Revolutionary Party puede derrocar a este gobierno laborista y proporcionar una perspectiva socialista para la clase trabajadora británica. …

La experiencia de la clase trabajadora y de nuestro partido ha demostrado que ninguna lucha contra los conservadores es efectiva sin una campaña implacable contra la amenaza del gobierno —y de todos aquellos que esconden su conformidad con el régimen de Callaghan detrás de la fachada de protesta y llamamientos reformistas pidiendo la expulsión de Healey y Callaghan— (ibid., pág. 33).

La esencia política de esta verborrea pomposa era el pesimismo pequeñoburgués y la postración ante la burocracia laborista. Concluía que era imposible luchar contra los dirigentes derechistas con la movilización de la clase trabajadora dentro del Partido Laborista y los sindicatos. Esa es la clave del contenido de clase de la línea política del WRP. Su campaña para derrocar al gobierno laborista no estaba basada en la creciente militancia de la clase trabajadora y su hostilidad hacia el reformismo, sino en la creciente frustración y desilusión de la clase media con la socialdemocracia. Por lo tanto, la convocatoria de elecciones generales fue un intento mal concebido de desviar la lucha contra el reformismo en el movimiento obrero mediante la imposición del peso social de la clase media en lo que inevitablemente se convertiría en un referéndum nacional sobre el gobierno laborista.

Thatcher

La política del WRP estaba llena de contradicciones desesperanzadoras. En primer lugar, Healy gritó hasta quedarse afónico exigiendo que los trabajadores derrocasen al gobierno laborista, el cual, según él, se apoyaba en los conservadores. Después, según la resolución del Cuarto Congreso:

Si hay elecciones generales, el WRP postulará sus propios candidatos, pero no vacilará en proponerles a las bases laboristas una lucha común para mantener fuera a los liberales y a los conservadores (ibid., pág. 32).

¡Lo que Healy nunca explicó fue por qué este tortuoso desvío electoral era necesario para conducir una lucha contra la socialdemocracia! ¿Por qué se le atribuían tales milagros salvadores a la campaña de las elecciones generales? Ni tampoco explicó por qué, según él, el partido debía proponer una lucha común por mantener a los conservadores fuera si es que el Partido Laborista se apoyaba en ellos.

Más aún, por qué insistía Healy en que las elecciones tuvieran lugar con la dirección laborista existente, siendo esta la única conclusión que se puede sacar de la oposición explícita del WRP a los “llamamientos reformistas pidiendo la expulsión de Healey y Callaghan” (Op. cit., pág. 33).

Esta línea demostró ser un error gigantesco —una aventura política que se dirigía hacia un derrotismo no visto desde que Shachtman propuso utilizar a Hitler para cambiar el gobierno de la Unión Soviética—. Las exigencias del WRP de deponer al gobierno laborista coincidían con las perspectivas de los conservadores, quienes correctamente captaron el ánimo de la clase media y forzaron la disolución del Parlamento a fines de marzo.