A instancias de Washington

Canadá arresta a alta ejecutiva china por “infringir sanciones”

por Keith Jones y Roger Jordan
8 diciembre 2018

Actuando a instancias de Washington, las autoridades canadienses arrestaron a una alta ejecutiva de Huawei Technologies, el gigante chino de telecomunicaciones, por presuntamente violar las sanciones económicas estadounidenses contra Irán.

El arresto y la inminente extradición de Meng Wanzhou a los Estados Unidos constituyen una provocación diplomática y geopolítica. Los mercados bursátiles asiáticos y otros mercados mundiales cayeron abruptamente el jueves, debido a su expectación de que el intento de Estados Unidos de arrestar y enjuiciar a Meng arruine las relaciones entre Estados Unidos y China junto a laa "tregua" de 90 días en la guerra comercial entre ambos países que el presidente estadounidense Trump y el presidente Chino Xi aceptaron al margen de la cumbre del G20 el pasado fin de semana.

Meng no es solo la directora financiera y una de las cuatro vicepresidentes de la mayor empresa privada de China y la segunda fabricante mundial de teléfonos móviles, también es la hija del fundador y actual presidente de Huawei, Ren Zhengfei.

Según los informes, Meng fue arrestada en Vancouver el sábado pasado, mientras cambiaba de avión. Sin embargo, su arresto solo se hizo público el miércoles por la noche. Ahora debe aparecer en lo que las autoridades canadienses llaman una audiencia de fianza.

El hecho de que el arresto de Meng fue una provocación calculada es subrayado por el momento en que pasó. El asesor de seguridad nacional estadounidense, John Bolton, dijo que sabía que Meng estaba en proceso de ser detenida cuando se unió a Trump para su cena el sábado con Xi y otros altos funcionarios chinos. Sin embargo, los estadounidenses no dijeron ni una palabra sobre el bombazo que estaban a punto de estallar con la ayuda de Canadá.

Como lo expresó Li Daokui, un destacado investigador de la Universidad de Tsinghua, “Imagínense que Sheryl Sandberg de Facebook fuera detenida en Japón o Corea a petición del Gobierno chino. Imagínense cuál sería la respuesta política en los Estados Unidos".

Los funcionarios estadounidenses y los líderes republicanos y demócratas del Congreso han aplaudido el arresto de Meng, lo que está totalmente en línea con la estrategia global estadounidense de arremeter contra el sector de alta tecnología de China y emplear sanciones para amenazar e intimidar a Estados, líderes políticos y rivales empresariales de Estados Unidos por todo el mundo.

"Los estadounidenses estamos agradecidos de que nuestros socios canadienses hayan arrestado a la directora financiera de una compañía de telecomunicaciones gigante china por violar las sanciones estadounidenses contra Irán", dijo con entusiasmo el senador republicano Ben Sasse, miembro de la comisión de servicios armados del Senado.

Las autoridades chinas, como era de esperar, han protestado con fervor sobre el arresto de Meng.

"Detener a una persona sin dar una explicación indudablemente ha violado sus derechos humanos", dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores en China, Geng Shuang. China, dijo Geng, "ha dejado en claro su severa posición ante la parte canadiense y la parte estadounidense, respectivamente, exigiéndoles que aclaren de inmediato el motivo de la detención, liberen inmediatamente a la detenida y protejan seriamente los derechos e intereses legales y legítimos de la persona involucrada".

El arresto de Meng tiene enormes implicaciones geopolíticas globales.

Primero, subraya la determinación de Washington de imponer sus sanciones punitivas e ilegales contra Irán. En los últimos meses, altos funcionarios estadounidenses han amenazado repetidamente con dirigirse personalmente a ejecutivos corporativos y banqueros, incluidos los de SWIFT y otras empresas con sede en Europa, si se niegan a servir como reclutas en la guerra económica de Washington contra Irán.

En segundo lugar, y aún más importante, representa una escalada significativa en el conflicto económico y militar-estratégico cada vez más profundo entre los Estados Unidos y China.

La compañía privada más grande de China, Huawei, es en sí un objetivo importante de Estados Unidos en este conflicto por razones comerciales y militares.

Washington ha estado exigiendo que sus socios en la red de espionaje global Five Eyes liderada por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés) de los EUA junto a Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, tomen medidas para limitar el papel de Huawei en sus redes de teléfonos celulares, y para excluir a la empresa del desarrollo de comunicaciones móviles 5G.

Esto está siendo justificado por razones de seguridad, es decir, bajo el alegato de que las autoridades chinas podrían trabajar con Huawei de la misma manera que la NSA lo hace con Microsoft, Apple y otros gigantes informáticos y de telecomunicaciones de EUA para crear "puertas traseras" que faciliten la vigilancia estatal.

Pero también hay enormes motivos comerciales y de seguridad militar detrás de la ofensiva estadounidense contra Huawei y el otro importante fabricante de telecomunicaciones de China, ZTE, la cual ha sido objeto de sanciones financieras y de otra índole de Estados Unidos por supuestamente infringir las sanciones estadounidenses contra Irán y Corea del Norte.

Washington está decidido a evitar que Beijing logre su objetivo de convertirse en un líder productos de alta tecnología para el año 2025, ya que esto afectaría la participación en el mercado y las ganancias de las compañías estadounidenses de alta tecnología y amenazaría la superioridad militar de los Estados Unidos.

Los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda ya han prohibido a Huawei en sus respectivas redes 5G.

El miércoles, British Telecom anunció que excluiría a Huawei de sus operaciones 4G, dos días después de que el jefe del servicio secreto británico MI6, Alex Younger, advirtiera que Londres tenía que tomar una decisión sobre cuán lejos ir en sus acuerdos con el gigante tecnológico chino.

Los medios japoneses informan que Tokio anunciará hoy una prohibición de compras gubernamentales de equipos Huawei y ZTE.

Canadá ha estado bajo una creciente presión de Washington de tomar medidas contra Huawei.

“Sigo instando fuertemente a Canadá a reconsiderar incluir a Huawei en cualquier aspecto de su desarrollo, introducción y mantenimiento del 5G”, dijo el senador republicano Marco Rubio, cuando aplaudió la detención de Meng.

En octubre, Rubio y el senador demócrata y vicepresidente de la comisión de Inteligencia en el Senado, Mark Warner, fueron coautores de una carta al Gobierno canadiense que decía que el acceso de Canadá al intercambio de inteligencia a través del programa Five Eyes podría ponerse en peligro si no excluía a Huawei y todas las “empresas chinas de telecomunicaciones dirigidas por el Estado” del desarrollo y despliegue de la red 5G del país.

En una declaración que sugería que todas las grandes empresas chinas se deberían ver como amenazas a la seguridad nacional, Warner y Rubio declararon: "Hay pruebas suficientes para sugerir que ninguna empresa china importante es independiente del Gobierno y del Partido Comunista de China, y Huawei, que el Gobierno y los militares celebran como un ‘campeón nacional’, no es una excepción".

Secciones del aparato de seguridad militar de Canadá, incluidos dos exjefes del Servicio de Inteligencia de Seguridad de Canadá (CSIS) y un exjefe del socio canadiense de la NSA, el Establecimiento de Seguridad de Comunicaciones, han apoyado estos llamados. Mientras tanto, el periódico más influyente del país, el Globe and Mail, ha publicado una serie de estridentes informes, basados en gran parte en insinuaciones y afirmaciones sin fundamento, quejándose de la creciente influencia política china en Canadá.

Esta campaña no solo busca presionar al Gobierno liberal para que tome medidas contra Huawei, sino también que frene sus planes de buscar un acuerdo de libre comercio con China.

El jueves, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, confirmó que sabía con anticipación sobre la detención de Meng, antes de hacer la afirmación absurda de que se trataba de un asunto puramente administrativo-judicial y que él y su Gobierno no participaron en una decisión con enormes consecuencias para los canadienses y chinos en relaciones interestatales globales.

Trudeau y su Partido Liberal han estado haciendo todo lo posible para congraciarse con la Administración de Trump para asegurar un Tratado de Libre Comercio de América del Norte que conserve en la mayor medida posible el acceso al mercado estadounidense para las grandes empresas de Canadá, así como su relación militar con Estados Unidos, de la cual depende la burguesía canadiense para hacer valer sus intereses imperialistas en todo el mundo.

Como parte de la revisión del TLCAN (o el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, como a Trump le gusta llamarlo), Canadá aceptó una disposición de Estados Unidos que prohíbe celebrar un acuerdo de libre comercio con una "economía que no sea de mercado", una clara referencia a China, sin la aprobación previa de Washington.

La complicidad del Gobierno canadiense en el arresto de Meng subraya que, debido a la rápida escalada de las tensiones económicas, militares y geopolíticas entre Washington y Beijing, Ottawa se está alineando firmemente detrás del imperialismo estadounidense. De hecho, el ejército canadiense ahora promociona el mar de China Meridional y el estrecho de Malaca, probablemente campos de batalla clave en cualquier choque entre Estados Unidos y China, como de vital importancia estratégica para Canadá.

Este cambio está motivado sobre todo por el entendimiento, que ha guiado la política imperialista canadiense durante los últimos tres cuartos de siglo, de que puede perseguir de la mejor manera sus propios intereses globales predadores en alianza con Washington y Wall Street.

Sin la intervención revolucionaria de la clase obrera internacional, la lógica del impulso cada vez más desesperado del imperialismo estadounidense para impedir el ascenso de China y apuntalar su propio poder a nivel global es una guerra catastrófica. En un discurso belicoso en octubre, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, acusó a Beijing de "perseguir una campaña integral y coordinada para socavar el apoyo al presidente, nuestra agenda y los ideales más preciados de nuestra nación”. En términos propios de la Guerra Fría, denunció a China de "agresión militar" y describió una estrategia de enfrentamiento diplomático, económico y militar contra China, declarando de manera ominosa: "No nos detendremos. No seremos intimidados".

(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de diciembre de 2018)