Protestas en Francia provocan llamados en la prensa a censurar Facebook

por Andre Damon
8 diciembre 2018

Durante las últimas tres semanas, cientos de miles de personas han participado en las manifestaciones de los “chalecos amarillos” en Francia contra la desigualdad social y la austeridad, exigiendo la caída del odiado Gobierno del banquero-presidente, Emmanuel Macron.

En todo el mundo, las páginas editoriales de los principales periódicos han respondido a las protestas con hostilidad. Al igual que con cada levantamiento popular, las élites y sus defensores están calumniando el desbordamiento de oposición popular en marcha como "alborotos", "turbas" y "desorden".

Además de tal esnobismo reaccionario, han agregado un nuevo argumento a su desprecio: que el Internet, y en particular las redes sociales, deben cerrarse, censurarse o "regularse" para evitar que los trabajadores organicen protestas contra sus condiciones sociales.

Por supuesto, este argumento es anterior a las protestas de los "chalecos amarillos". Inmediatamente después de las elecciones de 2016 en EUA, secciones de los medios de comunicación estadounidenses alineadas con el Partido Demócrata, incluyendo el New York Times y el Washington Post, comenzaron a exigir que Google, Facebook y Twitter censuren puntos de vista de oposición en nombre de la lucha de "noticias falsas" y "propaganda rusa".

Estos esfuerzos produjeron que los gigantes tecnológicos implementaran un régimen draconiano de censura en el internet, en el cual Facebook elimina páginas de izquierdas y antiguerra y Google reduce el tráfico a sitios de oposición.

Las medidas exigidas por los principales periódicos, los demócratas y las agencias de inteligencia no tenían nada que ver con detener las noticias "falsas" o la "propaganda extranjera", sino que pretendían silenciar la oposición de masas al capitalismo. El verdadero blanco de la censura en Internet es silenciar a los miles de millones de trabajadores de todo el mundo que utilizan Internet para expresar sus quejas y organizar una oposición.

Hasta este punto, los argumentos a favor de la censura no llegaron a las demandas directas de que se silenciaran las protestas populares. Pero con el aumento de la oposición popular en Francia, los defensores de la censura se han sentido facultados para descargar su bazo ante lo que creen que son las masas sucias que se atreven a usar Facebook para expresar sus opiniones.

El 3 de diciembre, Frederic Filloux, el exeditor de Libération, uno de los periódicos más populares de París, escribió una nota en Medium denunciando a Facebook por permitir que los manifestantes se expresen.

Facebook está "jugando un papel crítico en uno de los peores casos de disturbios civiles que se hayan visto en Francia", escribió Filloux. La infraestructura celular "barata y confiable" de Francia ha generado "innumerables selfies, videos y blogs en vivo, que alimentaron la ira y la fantasía". Agregó que "Facebook brindó un apoyo logístico increíblemente eficiente para cientos de manifestaciones grandes y pequeñas en todo el país”.

La libre y abierta expresión personal proporcionada por Facebook y otras plataformas de redes sociales es "tóxica", declaró. "Como un amplificador absoluto y radicalizador de la ira popular, Facebook ha demostrado su toxicidad para el proceso democrático".

Filloux pidió formas de "contener la capacidad de Facebook para difundir el peligroso cóctel de odio, noticias falsas y herramientas de ayuda logística que alimentan el fuego".

La implicación obvia de las declaraciones de Filloux es que Facebook debe ser prohibido o incluso censurado más agresivamente. Con este fin, pregunta: "¿Debería prohibirse Facebook por completo?".

Si Filloux no solicita directamente un proceso de acción de este tipo, es completamente táctico: porque Facebook sería reemplazado por "servicios completamente fuera del control de los Gobierno occidentales".

El argumento de Filloux ha sido recogido con aprobación en la prensa estadounidense. "No hay nada democrático en el surgimiento de los administradores de grupos en Facebook como portavoces de lo que pasa por un movimiento popular", escribe Leonid Bershidsky en Bloomberg.

Agrega: "Es hora de desechar cualquier ilusión restante de que las redes sociales pueden desempeñar un papel positivo en la promoción de la democracia y la libertad".

Bershidsky concluyó: "Una sociedad libre no puede prohibir Facebook, ni siquiera puede regular por completo su función de aumentar el odio, pero debe ser consciente del riesgo que Facebook y plataformas similares representan para las instituciones democráticas".

Escribe con una envidia apenas disfrazada sobre las dictaduras abiertas: "La amenaza para los regímenes autoritarios es menor: han aprendido a manipular la opinión en las plataformas con propaganda".

Cualquiera que lea su columna se llevaría la impresión de que el autor prefiere el curso autoritario por encima de “las muchedumbres" en las calles de París.

Pero quizás la expresión más desnuda de este argumento reaccionario fue presentada por Casey Newton, editora de Silicon Valley en The Verge, quien argumentó que la ira de los trabajadores franceses por la desigualdad social no se debe al crecimiento exponencial de las disparidades de riqueza, sino al hecho de que la gente publica al respecto en Facebook.

Escribe: “Piensa en cómo surgieron los chalecos amarillos. Se tomó una decisión política, y se discutió en Facebook. Un pequeño grupo comenzó a discutirlo en grupos. Los algoritmos de compartición viral y de algoritmos promovieron las publicaciones de grupo con mayor probabilidad de involucrarse en el servicio de noticias. En los próximos meses, la mayoría en Francia que usa Facebook tuvo un vistazo más oscuro y enojado de su país en su muro de noticias del que tal vez existía. Con el tiempo, la percepción se hizo realidad. Y ahora el Arco del Triunfo está bajo ataque".

Este es el argumento que hacen todas las dictaduras. El orden social actual es "el mejor de todos los mundos posibles", y si la gente no está de acuerdo, es porque están siendo confundidos por demagogos que deben ser silenciados censurando a la prensa. En el siglo veintiuno, estos argumentos dictatoriales no toman la forma de clausurar periódicos, sino de censurar y bloquear los medios sociales en línea y los sitios de noticias de oposición.

A medida que los trabajadores de todo el mundo entran en lucha, deben emprender la lucha para defender un Internet libre, abierto y sin censura. El World Socialist Web Site está llevando a cabo esta lucha y hace un llamamiento a todos los trabajadores y jóvenes que buscan oponerse a la censura del Internet a unirse a esta lucha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de diciembre de 2018)