Rechazando el discurso de Macron, los manifestantes contra el impuesto sobre la gasolina convocan nuevas protestas en Francia

por Alex Lantier
30 noviembre 2018

Los representantes de las protestas de Chalecos amarillos rechazaron el discurso de Emmanuel Macron el martes por la mañana, en el que trató de detener el movimiento supuestamente para atender las demandas de los manifestantes. Después de largas reuniones nocturnas con el ministro de Ecología, François de Rugy, anunciaron que mantendrían los llamados para volver a protestar el próximo sábado en París.

Después de las 10 p.m., Eric Drouet y Priscilla Ludosky, fundadores de algunos de los grupos de Facebook que llamaron a realizar los bloqueos de calles contra el aumento de los impuestos sobre el combustible de Macron que dieron origen al movimiento de los Chalecos amarillos, salieron de la reunión dijeron a los periodistas que no estaban satisfechos con el discurso de Macron ni con su discusión con De Rugy.

Drouet, un conductor de camión, dijo: "La sensación que tenemos hoy es que no hay un deseo real de mejorar la vida de las personas, esa es realmente la sensación profunda que tuvimos hoy". Agregó que los comentarios de De Rugy's fuero "demasiado indefinidos al final: dijo que intentaría transmitir el mensaje y básicamente solo eso. Dijimos lo que pensábamos sobre las declaraciones del presidente ante los medios de comunicación, que el pueblo francés no está convencido o incluso peor. Está empezando a molestar seriamente a los manifestantes de los Chalecos amarillos sobre el terreno".

Ahora las protestas continuarán, agregó: "Habrá un mitin como el sábado pasado en la avenida de los Campos Elíseos. Los Chalecos amarillos quieren continuar cada sábado en los Campos Elíseos".

Drouet rechazó las acusaciones de que los Chalecos amarillos fueron responsables de la violencia en la protesta del sábado pasado, correctamente culpando la agresión policial. Dijo: “Fue la firmeza del Ministerio del Interior la que creó todos los excesos que vimos el sábado. El hecho de que la policía antidisturbios cargara con gas lacrimógeno desde las 8 a.m. hasta el mediodía creó tensiones entre los Chalecos amarillos. Habría habido menos violencia todo el día si la policía hubiera actuado con más calma".

Los bloqueos y las protestas de los Chalecos amarillos se han vinculado gradualmente con huelgas en lugares de trabajo clave como Amazon, los puertos y las refinerías, y plantean directamente el problema de la ira masiva en la clase trabajadora contra la desigualdad social y la Presidencia de Macron.

El propio De Rugy reconoció esto en comentarios separados a la prensa después de su reunión con Drouet y Ludosky. "Sus demandas van mucho más allá de la cuestión ecológica y la cuestión del combustible", dijo, y agregó: "Por supuesto, no estábamos allí para proponer respuestas inmediatas".

El rechazo de las propuestas de la Administración de Macron por parte de los manifestantes y sus representantes intensifica una crisis política en desarrollo de dimensiones europeas. Después de haber ignorado provocativamente las manifestaciones durante más de una semana y haber lanzado un violento asalto policial contra el mitin del sábado en el centro de París que no pudo contener las crecientes protestas, Macron finalmente se sintió obligado a tratar de calmar la crisis al responder a las demandas de los manifestantes.

Un factor importante en esta decisión fue sin duda la popularidad de los Chalecos amarillos, en medio de las crecientes huelgas en las aerolíneas, puertos, refinerías de petróleo, logística y la creciente oposición a la austeridad en toda Europa. Un sondeo de BVA de este fin de semana encontró que el 72 por ciento de la población francesa apoya las demandas de los Chalecos amarillos de un mayor poder de compra y menos desigualdad social y una menor tributación de los trabajadores. El 59 por ciento quiere que las protestas crezcan.

Sin embargo, la decisión de Macron de dar un discurso sobre el movimiento de los Chalecos amarillos a un grupo de empresarios y dirigentes sindicales solo dejó en claro que tiene la intención de seguir sus políticas de derecha y no tiene nada que ofrecer a los manifestantes. Insistiendo en que no cambiaría de rumbo y que solo ofrecería concesiones simbólicas, se comprometió a mantener su impopular impuesto sobre el combustible mientras continúa con su agenda de interminables recortes sociales, aumentos en el gasto militar y obsequios fiscales a los ricos.

Declaró: "La lección que estoy sacando de los últimos días es que uno no debe cambiar el rumbo cuando ese rumbo es correcto, sino que debemos cambiar los métodos, porque mis conciudadanos han llegado a la conclusión de que este rumbo se está estableciendo desde arriba".

De hecho, tanto los métodos de Macron como su agenda política son dictatoriales, ilegítimos y rechazados por la gran mayoría de los franceses, al igual que las políticas similares en los otros países de la Unión Europea. Sus políticas de guerra y su implacable austeridad social, impuestas movilizando a la policía para emprender contra la oposición, se enfrentan ahora a su primera resistencia seria, surgiendo fuera del marco de los sindicatos y los partidos políticos establecidos.

Los manifestantes de los Chalecos amarillos se burlaron de los comentarios de Macron, y gritaron: "Macron mantiene el rumbo, nosotros también".

El discurso de Macron dejó en claro que su Gobierno se ha visto profundamente afectado por la creciente oposición entre los trabajadores y la movilización de los Chalecos amarillos. El resto de su discurso fue una mezcla incoherente de amenazas, arrogantes sermones dirigidos a la población y propuestas sobre cómo estrangular a los Chalecos amarillos atándolos a la colaboración entre Macron y la burocracia sindical.

Después de que las unidades de la policía antidisturbios provocaran amargos enfrentamientos con los Chalecos amarillos el fin de semana pasado, Macron advirtió que la represión se intensificaría. Frente a cualquier protesta donde haya violencia, dijo, "nuestra respuesta será el orden público y solo el orden público".

Macron criticó arrogantemente las demandas de Chalecos amarillos de reducir los impuestos y aumentar el gasto social como algo infantil e irrazonable: “No podemos reducir los impuestos y tener más servicios públicos, guarderías, escuelas, servicios públicos. ... Entonces, tenemos que enseñarles a las personas cuál es nuestro sistema". Añadió: "Debemos explicarle a la gente en qué se gastan sus impuestos. ... Si nadie lo hace, todos pensarán que es normal que las escuelas sean gratuitas o que el Estado pague cuando llegue el final de la vida".

De hecho, la demanda de los trabajadores por impuestos más bajos y más servicios públicos no es una demanda infantil, sino que implica la expropiación de la clase dominante capitalista. La razón por la que los impuestos a los trabajadores aumentan mientras se reducen los programas sociales en Francia y en toda Europa es que se está realizando una transferencia masiva de riqueza a los multimillonarios. Ya en 2010, una cuarta parte de la riqueza nacional de Francia estaba en manos del 1 por ciento más rico, y el 62 por ciento en el 10 por ciento más rico. Hoy en día, esta distribución es aún más radicalmente alta.

Después de que el multimillonario Bernard Arnault aumentó su fortuna en más de 20 mil millones de euros solo el año pasado, la ira social contra la aristocracia financiera y contra Macron, el banquero de Rothschild y presidente de los ricos, está alcanzando niveles explosivos. Sus aumentos de impuestos, los decretos unilaterales de la legislación laboral, la privatización ferroviaria, los recortes a las pensiones y la asistencia médica para financiar un ejército de la UE, y los recortes de impuestos para los ricos, son la expresión consumada de esta transferencia de riqueza a los superricos.

Macron también hizo una vaga propuesta de tres meses de "coordinación" entre los empresarios, los burócratas sindicales con los que estaba hablando, su Gobierno y ciertos Chalecos amarillos seleccionados para discutir la política ecológica. También hizo un llamado para cerrar las centrales de carbón y de energía nuclear y para gastar más en energías renovables, tratando de presentar su discurso como una contribución seria para salvar el planeta, aunque no pudo explicar cómo estas políticas ecológicas se coordinarían con las de otros países.

De hecho, el arrogante rechazo de los reclamos populares por parte de Macron subraya que no se puede resolver un solo problema, incluida la crisis ecológica, sin expropiar la riqueza de la aristocracia financiera capitalista en Francia y en todo el mundo.

Sin embargo, como presidente de Francia, su discurso dejó clara su orientación: ha escuchado el creciente enojo social y, cualquiera que sean sus demandas, ha decidido intentar pisotearlo, recurriendo a la represión desnuda. Las continuas protestas de los Chalecos amarillos son una respuesta inicial que apunta a la vasta oposición que se está acumulando ampliamente en la clase trabajadora a esta política.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de noviembre de 2018)