El gobierno del PSOE en España desecha los presupuestos “antiausteridad” acordados con Podemos

por Alejandro López y Paul Mitchell
23 noviembre 2018

El gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en España ha abandonado el borrador de los presupuestos de 2019 que había acordado con el partido pseudoizquierdista Podemos el mes pasado y no lo presentará ante las cortes.

El PSOE se mantiene en el poder con el apoyo de Podemos y de los nacionalistas regionales. Los nacionalistas catalanes se negaron a ratificar los presupuestos, dejando al gobierno en minoría del PSOE sin la mayoría, después de que los fiscales del Estado confirmaran los cargos de sedición contra los dirigentes separatistas por declarar la independencia el año pasado.

No poder aprobar los presupuestos significa que el presupuesto de austeridad de 2018, redactado por el anterior gobierno del derechista Partido Popular (PP) y adoptado en mayo por la administración entrante del PSOE y apoyada por Podemos, será ahora revertido. Incluía recortes masivos a los servicios públicos y aumentos para la policía y el ejército.

El presidente del gobierno Pedro Sánchez declaró, “Seré claro: no vamos a engañar a los españoles. Si no hay nuevos presupuestos el gobierno llevará a cabo las reformas presupuestarias por medio de Reales Decretos-leyes”.

Sánchez ha sugerido que podría convocar elecciones anticipadas para mayo de 2019, espoleado por políticos del PSOE que señalan a las encuestas diciendo que hay un 10 por ciento de aumento en el apoyo electoral del partido, que llega al 32 por ciento, que es probable que se refleje en las elecciones regionales del 2 de diciembre en el feudo del partido, Andalucía.

El abandono de los presupuestos revela una vez más las afirmaciones fraudulentas de Podemos de que se alinea con el PSOE para empujarlo hacia la izquierda. Cuando se llegó a ese acuerdo sobre los presupuestos, el Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, lo proclamó como una ruptura con los años de austeridad y como prueba de que “cogobernar” con el PSOE puede funcionar. Aseguró a todo el mundo que era “un punto de partida para una nueva época en la política económica española, que pensamos que resultará en un gobierno de coalición”.

Insistió, “Hay que construir una alternativa al neoliberalismo mediante el gobierno. La política no trata de tener el programa más radical, sino sobre conseguir resultados. Claramente, me habría gustado conseguir más de lo que hay en este acuerdo, pero en la política no eres lo que pones en tu programa sino lo que logras”.

Apodado vicepresidente del gobierno por los medios, Iglesias se propuso “conseguir resultados” (que rápidamente resultaron ser inalcanzables) actuando como intermediario con los independentistas catalanes, suplicándoles que retiraran el asunto de los presos políticos de la mesa de negociaciones y que apoyen los presupuestos.

Miguel Urbán, miembro del Parlamento Europeo y dirigente de la facción pablista Anticapitalistas en Podemos, que justifica todas las capitulaciones del partido, declaró que el principal logro del acuerdo era “parar la rueda de la austeridad, y mostrar que es posible no solo simplemente parar la rueda sino también por lo menos empezar a hacerla rodar en dirección contraria”.

El W orld Socialist Web Site advirtió en su momento que el acuerdo entre el PSOE y Podemos sobre los presupuestos era una maniobra política que no estaba “concebida para pasar” ni para que se luchara por ella, pero era la base para que los dos partidos aparentaran estar contra la austeridad bajo condiciones de ira social y lucha de clases en ascenso.

El PSOE es desde hace mucho tiempo un partido burgués que, desde que asumiera el poder por primera vez en su forma contemporánea en 1982, ha estado imponiendo políticas de austeridad y guerra. Podemos no solo lo sabe, sino que es un aliado cercano del gobierno de Syriza de Grecia, que ha devastado los niveles de vida de la clase trabajadora griega por orden de la Unión Europea. Su sola preocupación real en forjar un pacto con el PSOE es conseguir posiciones de poder en el Estado por sí mismas.

Sectores de los medios y publicaciones favorables a Podemos debidamente proclamaron un aumento propuesto del 22 por ciento del salario mínimo a €900 por mes, aumentos limitados en el gasto social, un aumento en los impuestos a la renta personal y corporativa a los que ganen más de €130.000 al año, así como la introducción de un nuevo impuesto a las transacciones financieras. Aun así, el acuerdo presupuestario fue cuidadosamente enmarcado para atenerse al marco de austeridad de la UE que contiene el gasto público más bajo como porcentaje del PIB desde 2007.

En el corto período que lleva en el poder, el PSOE ha renegado de una promesa electoral tras otra —negándose a revertir las reformas laborales anteriores del PP, que han aumentado el trabajo precario, las leyes antiterroristas y han aumentado enormemente el gasto militar. Está continuando las “devoluciones en caliente” de los trabajadores inmigrantes y los notorios Centros de Detención de Inmigrantes.

Un artículo de la revista Jacobin, reproducido en International Viewpoint, expresaba preocupación porque “el apoyo de Podemos al gabinete socialista español corre el riesgo de hacer de este un sostén de las instituciones contra las que antes se rebelaba”. Pero ello iba acompañado por la débil excusa, “Aun así también ha impuesto su propio sello a la agenda del gobierno”.

Declaró, “Un grado de crisis en el nuevo gobierno del PSOE, después de dos renuncias de alto perfil ministerial desde junio (y otra potencialmente en camino), ha permitido a Podemos un significativo grado de ventaja para negociar un acuerdo esta vez”. Concluía, “Con el PSOE sin ganas de elecciones anticipadas, según [el principal negociador de Podemos Ione] Belarra ‘tienen que reconocernos como socios en pie de igualdad’”.

El diario El País, favorable al PSOE, que dos años antes había ayudado a maquinar un golpe interno contra la dirigencia de Sánchez en el PSOE y fue un encarnizado opositor a Iglesias y Podemos, declaró que el “acuerdo con Podemos corrige siete años de austeridad presupuestaria” con “innegable valor político”.

Esta semana Juan Luis Cebrián, cofundador de El País y antiguo director ejecutivo del conglomerado mediático Prisa, les ha recordado a sus lectores que él era uno de los pocos que animó a cortejar a Podemos mientras este desmovilizaba las protestas antiausteridad de los indignados tras la crisis económica global de 2008 y se integraba en el aparato estatal. Advirtió de que España, donde “prácticamente todas las instituciones que emanan de la Constitución de 1978 han sido víctimas de una severa destrucción”, tenían que hacer algo ahora para “integrar” el resurgir del descontento —expresado sobre todo en las redes sociales— y brindarle “una ética civil auténtica”.

En una rueda de prensa de Podemos el lunes, los dirigentes del partido Pablo Echenique y Noelia Vera intentaron restaurar la menguada reputación del partido. Los sondeos sugieren que mientras que el PSOE ha sido el principal beneficiario de su confianza y brinda acuerdo con Podemos y los nacionalistas, Podemos, ahora relegado al cuarto lugar en las encuestas con el 17 por ciento de los votos, seguiría declinando. Echenique y Vera se quejaron de que Sánchez hubiera “tirado la toalla” y anunciara que se celebraría una sesión extraordinaria del Consejo Ciudadano Estatal del partido el viernes para discutir “la posibilidad de unas elecciones”.

La facción pablista [es decir, Anticapitalistas] del partido otra vez está rogando a la dirigencia que convoque protestas en las calles para controlar y disipar la ira social creciente. Después de una represión de cuatro años de la movilización social por parte de los sindicatos y Podemos, los niveles de actividad huelguística están otra vez en aumento incluyendo al transporte (Ryanair, aeropuertos, el taxi, Deliveroo, el metro), los minoristas (Amazon, H&M), correos, la sanidad pública, los servicios sociales y la educación.

Miguel Urbán advirtió en Jacobin, “Si creemos que simplemente somos mejores parlamentarios que ellos, ¡perderemos! Sin embargo, tenemos algo que ellos no tienen: movimientos sociales … son las calles las que involucrarán a las bases de los socialistas, empujándolos hacia una contradicción abierta con la jerarquía de su partido en asuntos clave como las reformas laborales. Nosotros en Podemos tenemos que pensar cómo podemos alentar tal[es] movilización[ciones], ayudándola sin instrumentalizarla”.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de noviembre de 2018)