La crisis política en Sri Lanka: sus lecciones para la clase obrera internacional

17 noviembre 2018

La crisis política que ha estremecido Sri Lanka durante las últimas tres semanas merece la cuidadosa atención de los trabajadores de todo el mundo.

Los eventos en esta isla de 22 millones de personas fuera de la costa sur de India están siendo impulsados por los mismos procesos enraizados en el colapso del capitalismo global que están definiendo la vida política y socioeconómica internacionalmente.

Estos son los principales procesos:

Hace tres semanas, el presidente esrilanqués, Maithripala Sirisena depuso ilegalmente al primer ministro Ranil Wickremesinghe, el líder del Partido Unido Nacional (UNP, por su sigla en inglés), e instaló al expresidente Mahinda Rajapakse.

Este fue un giro abrupto que encendió inmediatamente las alarmas en Washington, ya que socavaba la prolongada campaña de EUA de atar a Sri Lanka, que presume las rutas marítimas más importantes del mundo, a su ofensiva estratégico-militar contra China.

A fines de 2014, el imperialismo estadounidense, apoyado por su cercano aliado regional de India, fraguó una alianza entre Sirisena —hasta ese momento un leal aliado de Rajapakse— y Wickremesingue, junto a su UNP. Pocas semanas antes de las elecciones presidenciales de enero de 2015 y unos pocos días después de renunciar al Gobierno de Rajapakse, Sirisena fue proclamado el candidato de “oposición conjunta” contra Rajapakse.

Como presidente entre 2005 y su derrocamiento en una operación de cambio de régimen orquestada por EUA en 2015, Rajapakse había contado con el apoyo pleno de Washington mientras libraba una guerra de exterminio contra la agrupación separatista LTTE en la que decenas de miles de civiles tamiles fueron asesinados. Sin embargo, entró en conflicto con Washington cuando aceptó grandes inversiones chinas, incluyendo en infraestructura.

El factor que desató el golpe constitucional del 26 de octubre fue la crisis provocada en círculos gobernantes por una oposición popular cada vez más grande y encabezada por la clase obrera a los dictados de austeridad brutales del Fondo Monetario Internacional impuestos por el régimen de Sirisena-Wickremesinghe. En los meses previos, los supuestos aliados, Sirisena y Wickremesinghe, buscaron alejar la atención de los agravios de las masas. Mientras tanto, Rajapakse realizó agitaciones a favor de regresar al poder, presentándose como un “caudillo” que azuzaría el chauvinismo antitamil para dividir a la clase obrera e impondría un “ajuste” proempresarial aún más agresivo.

Bajo condiciones en las que EUA ha transformado todo el sur de Asia y el océano Índico en una palestra clave de sus esfuerzos para encercar, aislar y subyugar a China, como lo simbolizó el reciente renombramiento del Comando del Pacífico a Comando del Indo-Pacífico, la crisis política y las disputas dentro de la burguesía esrilanqués no podían escaparse de la rivalidad geopolítica entre Washington y Beijing.

Incitado por EUA, la Unión Europea, Canadá y, llamativamente en menor medida, India, Wickremesinghe y su UNP han desafiado a Sirisena, rehusándose a reconocer a Rajapakse como primer ministro o el nombramiento de su nuevo gabinete.

Sirisena ha respondido con acciones abiertamente antidemocráticas. Cuando Rajapakse se mostró incapaz de encontrar apoyo de una mayoría de legisladores por medio de acuerdos tras bastidores, Sirisena ordenó ilegalmente la disolución del Parlamento y nuevas elecciones. Después de que la Corte Suprema decidiera no permitir esto, pese a que no se emitirá el fallo final hasta el 7 de diciembre, y que los legisladores realizaran un voto de censura contra Rajapakse el miércoles, Sirisena infringió la Constitución arrogándose el poder autocrático de instalar al primer ministro que quiera, independientemente de la voluntad del Parlamento.

Como comandante en jefe bajo la Constitución, Sirisena ha reclamado mayores facultades nombrándose titular de los ministerios a cargo de la policía y la prensa. En un paso aún más ominoso, se han desplegado soldados y tanques en suburbios de Colombo, además de escuadrillas policiales fuera del Parlamento y todos los ministerios.

Wickremesinghe y su UNP están explotando las acciones ilegales de la camarilla de Sirisena y Rajapakse pretendiendo ser defensores de la democracia. ¡Qué fraude tan monstruoso! Wickremesinghe no puede esperar ni un día más para volver a tomar las riendas del Estado con la ayuda de Washington, Londres y Nueva Delhi con el objetivo de seguir integrando a Sri Lanka en la campaña militar estadounidense contra China, mientras impone las medidas de austeridad del FMI contra los trabajadores y oprimidos del país. Cabe añadir que el UNP no está menos imbuido de chauvinismo antitamil que el Partido de la Libertad de Sri Lanka (SLFP, por su sigla en inglés) de Sirisena y Rajapakse. Fue precisamente el UNP bajo Jayawardene que lanzó la guerra civil contra los tamiles que arrasó por toda la isla entre 1983 y 2009 y fue el UNP que inyectó el chauvinismo cingalés en el ADN del Estado esrilanqués cuando retiró los derechos de ciudadanía a los trabajadores agrícolas tamiles durante la independencia del país.

Nada de esto ha prevenido que el partido burgués tamil proestadounidense, la Alianza Tamil Nacional (TNA, por su sigla en inglés), el JVP, un partido cingalés populista supuestamente de “izquierda”, y los distintos grupos pseudoizquierdistas se hayan atrincherado todos detrás de las fraudulentas banderas democráticas del UNP.

Solo el Partido Socialista por la Igualdad (PSI), la sección en Sri Lanka del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, insiste y ha insistido durante todos estos serpenteos y giros de las últimas tres semanas de riñas dentro de la clase gobernante, que la clase obrera debe movilizarse para reivindicar sus propios intereses de clase, de manera independiente de y en oposición a las dos facciones rivales de la burguesía.

En una declaración publicada el 31 de octubre, “La lucha por una solución socialista a la crisis política en Sri Lanka”, el PSI llamó a la clase obrera a oponerse a la “captura de poder” tanto de Sirisena-Rajapakse como de la UNP de Wickremesinghe. “Nadie”, declaró, “debería mantener ninguna ilusión de que estos representantes serviles de la burguesía esrilanqués defenderán los derechos democráticos ni sociales”.

“El golpe político”, continuó, “es una expresión intensa en Sri Lanka del recrudecimiento de la crisis económica global, la agudización de las tensiones geopolíticas, particularmente entre EUA y China y el resurgimiento de la lucha de clases internacionalmente”.

La declaración procedió a explicar que el Parlamento siempre ha sido una cortina de humo detrás de la cual la burguesía ha podido perseguir despiadadamente sus intereses a expensas de los derechos democráticos y sociales y de las aspiraciones de la clase obrera y las masas oprimidas Pero, hoy día, contra el trasfondo de crisis geopolíticas y un crecimiento de la oposición social, incluyendo, para el horror de la burguesía, la creciente unidad de clase entre trabajadores tamiles y cingaleses, se está cayendo esta fachada.

Cualquiera que sea la facción que prevalezca en esta enconada riña —el jueves hubo peleas de puños en el Parlamento—, el Gobierno sumirá un carácter cada vez más autoritario y comprometido a imponer brutalmente medidas de austeridad y haciendo valer los intereses predatorios de la élite capitalista. Rajapakse, debe subrayarse, ha declarado públicamente su voluntad a colaborar con Washington.

Sin embargo, a este punto, EUA ha despreciado sus apelaciones. El Gobierno de Trump está decidido a no permitir ninguna trabaja a su ofensiva contra Beijing. Para enfatizar esto, la embajadora estadounidense, Aliana Teplitz, atendió la sesión parlamentaria del miércoles para poder supervisar personalmente el voto de censura. En un acontecimiento relacionado, Facebook, que al igual que los otros gigantes tecnológicos opera estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses, eliminó una publicación de la página oficial del World Socialist Web Site en tamil que exponía los estrechos lazos de la TNA con Washington.

La única fuerza que puede asegurar los derechos democráticos, la igualdad social y una auténtica independencia del imperialismo es la clase obrera, movilizando tras de ella a los pobres rurales y urbanos en una lucha por un Gobierno de trabajadores y campesinos basado en un programa socialista e internacionalista.

Asimismo, la única antípoda progresista a la marcha estadounidense hacia la guerra es la movilización de la clase obrera internacional contra el orden social capitalista. El régimen del Partido Comunista de China, el representante de la oligarquía que emergió en los años noventa a raíz de la restauración del capitalismo, está buscando enfrentar a Washington por medio de su propia expansión militar y campaña en busca de influencia global económica y diplomática. En un paso que solo puede darle agua al molino de la propaganda imperialista estadounidense, el presidente chino Xi apoyó el golpe político de Sirisena del 26 de octubre.

Ante una crisis social cada vez más profunda y el recrudecimiento de las tensiones sociales, la putrefacción del orden parlamentario esrilanqués pone de relieve la urgencia de construir una dirección revolucionaria —el PSI (Sri Lanka) y secciones del CICI en todos los países— que pueda armar al movimiento incipiente de la clase obrera con un programa socialista que corresponda con la lógica objetiva y el carácter global de su lucha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de noviembre de 2018)

Los autores también recomiendan:

Fight for a socialist solution to the political crisis in Sri Lanka
[31 October 2018]

Keith Jones y K. Ratnayake