Los niños detenidos hablan: "Sólo quería alguien quien me abrace"

Desde el interior de los centros de detención de niños inmigrantes de Estados Unidos

por nuestros reporteros
3 noviembre 2018

En todo Estados Unidos, escondidos en vista plena en centros comerciales, entre las cuadras del centro y en medio de la expansión suburbana, un número récord de niños inmigrantes, más de 13,000, se encuentran en albergues supervisados por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Los representantes de los partidos republicano y demócrata describen los albergues como seguros e incluso agradables. La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, y el congresista demócrata, Eliot Engel, dijeron que los albergues eran "como un campamento de verano".

Pero varios niños inmigrantes a quienes hablaron con el World Socialist Web Site contaron una historia diferente. Estos jóvenes, todos centroamericanos separados de sus familias después de cruzar la frontera entre los Estados Unidos y México, fueron recientemente liberados de estos albergues y ofrecieron compartir sus experiencias bajo la condición de anonimato. Quieren que el mundo conozca las condiciones que soportaron, fuera de la vista y fuera de la mente, en las instalaciones ubicadas a unos 15 minutos de los hogares de millones de estadounidenses.

"Quería llorar todo el tiempo", dijo Jorge, un niño hondureño de 15 años cuyo nombre, como todos los citados en este informe, se cambió por razones de privacidad. Fue detenido en un refugio por más de dos meses. “El personal observó todo lo que hacíamos, reportaban todo lo que decíamos. Me volvía loco. Era una cárcel".

Para muchos niños inmigrantes como Jorge, el viaje comienza en los empobrecidos y violentos países del "triángulo norte" de El Salvador, Guatemala y Honduras. Hasta su reciente liberación, Jorge no podía recordar haber conocido a su madre, quien ha vivido en los Estados Unidos desde que era un bebé.

La madre de Jorge huyó de Honduras hace años en busca de trabajo, ya que no había suficiente dinero para alimentarlo a él y a sus hermanos. Ella le ha estado enviando a la familia grandes cantidades de su sueldo, y Jorge estaba desesperado por reunirse con ella.

"A veces llamaba a mi mamá y le gritaba, pidiéndole que por favor me sacara de este lugar. No podía conectarme con ella, aunque estaba más cerca físicamente que nunca de ella", dijo.

Jorge huyó de Honduras después del asesinato de varios familiares por la pandilla que controla su vecindario. Los hombres jóvenes son particularmente vulnerables a que se les dé la opción de unirse a la pandilla o ser asesinados. Jorge eligió la única otra opción: irse. Después de un viaje de una semana hacia el norte, fue atrapado en el desierto por la policía de inmigración, quien amenazó atacarlo con los perros.

Una guatemalteca de 16 años, Heidy, vino a los Estados Unidos con un primo, del que se separó cuando fue detenida después de cruzar el río Bravo. Su madre murió cuando ella era joven y su padre no está involucrado. Ella está acostumbrada a valerse por sí misma, pero no tenía familia inmediata en los Estados Unidos.

"Cuando fui arrestado por inmigración, pasé un día en La Hielera y dos días en La Perrera", dijo Heidy.

La Hielera, es el termino coloquial para las jaulas de detención temporal en las que los inmigrantes se mantienen después de ser arrestados. La Perrera es otra celda de retención compuesta por una cerca de alambre. Ambos se mantienen deliberadamente a temperaturas frías para que los inmigrantes se sientan lo más incómodos posible. Las luces brillantes se mantienen encendidas las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y los internos no tienen idea de si es de día o de noche.

"Había mucha gente en La Hielera", dijo Heidy. “Había bebés llorando todo el tiempo. Había tantos bebés y no se les daba de comer. De vez en cuando, cuando las personas intentaban dormir, los guardias venían y nos contaban, haciéndonos pararnos y alinearnos. Todos estábamos muy hambrientos también. Nos dieron solo una botella de agua muy pequeña y una manzana”.

Otra joven, Litzy, de 13 años, viajó a los Estados Unidos con una tía. Litzy se separó de su pariente al llegar y la pusieron en La Hielera y luego en La Perrera. "Después de los tres días estaba tan débil físicamente, adelgace mucho”, dijo Litzy. “Había excrementos en todos los baños y hacía tanto frío que no podías dormir, y además hay mucha luz. Te dan una pequeña manta de aluminio que no hace nada".

Danny, un chico de 17 años de voz baja, dijo que tuvo la suerte de haber estado en La Hielera solo una noche. Algunas personas, dijo, habían estado allí por dos semanas cuando llegó, y parecían muy desesperados. Danny huyó de Honduras después de que pandilleros intentaron secuestrar a su hermana y obligarla a la esclavitud sexual.

Después de las estancias en la Hielera y la Perrera, todos los niños fueron procesados y enviados a albergues. Aunque felices de estar fuera de la Hielera y la Perrera, todos recuerdan estar desesperados salir de los albergues poco después de llegar.

Si bien los niños informan que algunos albergues son peores que otros, cada niño describió condiciones similares: vigilancia de seguridad extrema, falta total de privacidad, aislamiento de la familia y amenazas de los administradores de retrasar su liberación por cualquier infracción menor.

Los niños explicaron que no se les permitía estar al aire libre en áreas cercadas en el patio por más de un corto período cada día, no se les daba suficiente comida, siempre se les apuraba, no se les permitía mirar por las ventanas, no se les permitía tocarse o llamarse con apodos. Tampoco se les permitió sentarse con las piernas cruzadas en las sillas, poner los pies en los sofás o estirar las piernas debajo de los escritorios.

A las chicas no se les permitía cepillar el cabello de sus amigas o usar su propio cabello suelto, aparentemente por temor a las pulgas. Un niño dijo que tenía prohibido hablar de política y la situación de los inmigrantes en los Estados Unidos.

Estaban constantemente aterrorizados de romper estas reglas. Cada niño informó que los administradores dijeron que el castigo podría incluir retrasar su liberación por un mes o dos por cada infracción.

Según estos ex detenidos, el día promedio en un albergue es similar a un día en la cárcel. Primero, se ven obligados a levantarse a una hora muy temprana, a menudo antes del amanecer. Los administradores los llevan a las duchas, pero los administradores les interrumpen después de varios minutos para avisar que se les acaba el tiempo. Algunos niños informaron que les dieron champú barato pero no jabón. Otros dijeron que se vieron obligados a usar jabón de manos para lavarse el cabello.

Los niños son alimentados con el desayuno, que, como todas las comidas, deben comer extremadamente rápido o enfrentar castigo. "La comida no tenía sabor y no se puede pedir más", dijo Heidy sobre las condiciones en su albergue. Danny agregó: "Siempre quise más comida, pero la comida era mala. Te enfermas comiéndola. Me daba dolor de estómago".

Si no comes tu comida, puedes ser castigado. Si intentas compartir tu comida, puedes ser castigado. Los internos varones informaron que se sentían débiles al final del día debido a la falta de alimentos.

Después de aproximadamente una hora al aire libre, los niños asisten a clases. Algunos dijeron que no tenían libros de texto o cuadernos en sus instalaciones y que querían asistir a una "escuela real".

Litzy, la niña de 13 años, dijo que "las clases eran muy aburridas". Añadió: "Me encantaba la escuela, pero aquí no tenemos actividades. No nos daban tarea o bolígrafos, ni lápices después de la clase".

Litzy estuvo albergada durante varios meses. En esta etapa crítica del desarrollo cerebral de los niños, varios meses sin escolarización adecuada puede obstaculizar significativamente sus aspiraciones educativas, lo que a menudo es la razón principal por la que estos niños llegaron al norte en primer lugar.

Jorge describió que le dieron diccionarios inglés-español que estaban "destruidos" por el uso excesivo. Cuando le pedía nuevos diccionarios a los administradores, informó que le dijeron que los nuevos diccionarios serían demasiado caros.

Heidy dijo que su maestra se enojaba tanto que asustaba a los niños. Otro ex detenido dijo que los pisos de sus aulas eran antihigiénicas y no se limpiaban regularmente.

Después de la "escuela", los niños tienen tiempo libre, durante el cual deben sentarse en una habitación durante varias horas, a veces con música. Una vez cada varias semanas, los niños pueden ser llevados bajo la guardia para ver una película o ir al parque. Ocasionalmente pueden llamar a familiares, pero los niños informaron que la duración de tales llamadas es muy limitada y que un guardia espera cerca del teléfono y puede escuchar la discusión.

Después de la cena, van a sus habitaciones, que a menudo no tienen puertas. No hay lámparas en sus habitaciones, por lo que la lectura es imposible después del anochecer, y no se permiten bolígrafos, lápices ni crayones.

Los niños también reportan haber sido tratados cruelmente por algunos guardias. El asalto sexual y físico ha sido ampliamente reportado en los centros de detención, así como en los albergues de detención de niños.

Heidy dijo que si bien algunos miembros del personal simpatizaban más con su situación, ella se estaba acostumbrando al tratamiento deshumanizante. Una vez, cuando Heidy estaba llorando, un personal le dijo que si no dejaba de llorar, sería castigada y su liberación retrasada.

Jorge dijo que no le gusto el hecho de que fueron obligados a recitar el juramento estadounidense de lealtad y pueden ser castigados por negarse. Danny, de 17 años, dijo que fue castigado por decir una mala palabra y que no se le permitió jugar al fútbol o escuchar música durante varios días. Las niñas reclusas informan que todas las niñas están obligadas a usar los baños en grupos, incluso cuando están en sus períodos menstruales.

Muchas de las reglas que los niños reportan se pudieran considerar castigo cruel e inusual. Litzy, de 13 años, dijo que quería poner una foto de su familia en su habitación, pero esto no estaba permitido. Esto hace que sea difícil manejar sus sentimientos de soledad. "Tenía muy mala ansiedad allí, era tan difícil. Solo quería un abrazo de alguien, pero no se nos permitió tocar a nadie".

Todos los niños se quejaron de aburrimiento constante y dijeron que algunos niños están detenidos por varios meses o incluso años. A menudo están cansados porque los guardias brillan linternas en sus rostros durante la noche para asegurarse de que no hayan escapado. Un niño informó que una amiga trató de ahorcarse en su habitación una noche. Otro niño dijo que fue ingresada en un hospital debido a la depresión y que le dieron muchas pastillas, cuyos nombres desconocía.

Los escapes son raros, pero ocurren. En julio, el Washington Post informó que una niña hondureña de 15 años intentó escapar de un albergue después de tres semanas encarcelada. Se escapó y escondió en un taller mecánico cercano. El Miami Herald escribió que estaba "completamente sola, la adolescente asustada acurrucada detrás de una caja de herramientas grande y polvorienta". Cuando la policía la encontró, había estado llorando durante una hora.

El informe inicial del Post sobre el escape explicó que aunque ninguno de los trabajadores en la tienda informó sobre el fugitivo, la policía se presentó y se la llevó. El periódico escribió:

“Fue una mañana ocupada en la grande tienda de autos que opera 14 bahías. Pero ella se quedó allí, llorando, durante más de una hora el viernes por la mañana, negando moverse. ‘Le estábamos dando agua y algo de comida, pero ella se quedó en esa esquina todo el tiempo’, dijo Elvis López, un mecánico de la tienda. ‘Parecía bastante asustada. Seguía diciendo que no quería volver’".

Muchos niños sin familia en los Estados Unidos temen no ser liberados hasta que cumplan 18 años.

Los niños son liberados de tales instalaciones solo después de que un familiar pase por un largo proceso de verificación de antecedentes para "patrocinarlos". Si bien las verificaciones de antecedentes generalmente sirven para asegurar que el niño sea entregado a un pariente legítimo, la administración de Trump también usa estas verificaciones de antecedentes para proporcionar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) una copia de las huellas digitales y el estado de inmigración del pariente patrocinador.

En una táctica deliberadamente intimidadora, el gobierno de Trump comenzó a deportar a familiares después de inscribirse para patrocinar a un niño. A mediados de septiembre, ICE dijo que había arrestado a 41 patrocinadores desde principios de julio.

La gran mayoría de esos arrestos, el 70 por ciento, fueron de familiares sin antecedentes penales. Como informó el Hill en octubre, "Debido a que alrededor del 80 por ciento de los patrocinadores son indocumentados, si los patrocinadores indocumentados no son permitidos cuidar a niños inmigrantes, según las cifras del año fiscal 2017, 33,998 niños adicionales permanecerán detenidos anualmente".

Esta política es en parte la razón por la cual la población de niños albergados se ha ampliado y la duración promedio de la estancia en custodia se ha duplicado desde 2016 a 59 días.

Heidy explicó que su liberación se retrasó dramáticamente cuando tres de sus familiares dijeron que no podían patrocinarla. Aunque los tres primeros indicaron que podían, se retiraron cuando se dieron cuenta de que podían ser deportados. "Tengo familia aquí, pero por un tiempo dejaron de responder a mis llamadas porque tenían miedo de dejar sus huellas dactilares", dijo.

Otros niños reportaron sentimientos de culpa porque temen estar poniendo en peligro a sus padres pidiéndoles que patrocinen su liberación.

Aunque los temas de estas entrevistas han sido publicados, sus vidas nunca serán las mismas. En muchos casos, las condiciones que enfrentaron los dejarán con un bagaje psicológico irreparable que llevarán con ellos para siempre.

Chris Fradkin, ganador del Premio Fulbright y psicólogo infantil, dijo al World Socialist Web Site :

“Se quiebra el espíritu para mantener el orden a través del miedo. Tener este régimen que es excesivamente preciso [sirve] para quebrar a estos niños y contener cualquier tipo de expresión o combinación de resistencia desde dentro.

“En cuanto a los niños, el impacto perjudicial de la detención está bien documentado. Produce niveles más altos de ansiedad, depresión y puede conducir una regresión del desarrollo. Esto puede tener un efecto de por vida en los logros educativos, en la productividad económica, el estado de salud e incluso la longevidad. ¿Se puede reducir la esperanza de vida? Sí.

“El castigo excesivo es como un campamento militar. La individualidad se elimina para crear un colectivo coherente. Es ‘despersonalización’. Ahora, también podrían afeitarse la cabeza. Hay un corolario con Auschwitz. Los nazis se afeitaron la cabeza y sus espíritus se redujeron. Eso es lo que intentan hacer aquí. Quieren hacerlo así, si los niños expresan algo que las autoridades consideren inapropiado, sufrirán por ello. Esto es atroz. Este es un crimen de guerra. Es intencional".

Las víctimas de estas políticas son los hijos de la clase trabajadora. Sus padres y familiares trabajan, tanto en los Estados Unidos como en América Central, como conductores de camiones y autobuses, trabajadores agrícolas, trabajadores de servicios y en fábricas y almacenes.

Algunos de los niños informaron que ellos y sus compañeros presos solían trabajar como empleados domésticos o trabajadores textiles en sus países de origen, sin ganar suficiente dinero para comer. Después de hacer el peligroso viaje al norte, su único "crimen" fue nacer en una parte del mundo sometida a más de un siglo de dominación y destrucción forjada por el imperialismo estadounidense. Para muchos niños, este legado de guerra es parte de la tradición familiar, ya que las historias de familiares y seres queridos asesinados por escuadrones de la muerte entrenados por los Estados Unidos y las dictaduras respaldadas por los Estados Unidos se transmiten de generación a generación.

Lo que el gobierno de los Estados Unidos les está haciendo a estos niños es un gran crimen social, paralelo al internamiento de los japoneses, la división de familias en las subastas de esclavos y la separación forzada de las familias nativas americanas en el largo genocidio contra los pueblos indígenas de Estados Unidos.

Se debe hacer una advertencia urgente a toda la clase trabajadora, sin importar su nacionalidad o estatus migratorio: una clase gobernante capaz de tratar a niños inocentes de esta manera es capaz de cometer delitos de una magnitud aún mayor.

Esta política oficial del gobierno, normalizada bajo la administración de Obama e intensificada bajo Trump, para castigar y traumatizar a los niños tiene una lógica peligrosa que conduce, a menos que se detenga, a una repetición de los peores crímenes del siglo XX, incluido el exterminio de los judíos europeos, Roma, socialistas y otros "indeseables".

Solo la revolución socialista, lograda a través de un movimiento unido de trabajadores de todos los países, puede detener este peligroso desarrollo y liberar a los miles de inmigrantes detenidos en todo el mundo.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de noviembre de 2018)